El pájaro de las tormentas

 

Eres como el pájaro de las tormentas, que se pasa la vida en alta mar al pairo de las corrientes; tú, te pasas la vida sin abrigo que te cobije, a merced de cualquier cosa que te depare la vida, sin escudo que te proteja de nada, ni de nadie, como diríamos coloquialmente, a pelo vamos.

El “paíño” que así le llaman, sólo es vulnerable cuando vuelve a tierra a anidar, tú en cambio, eres vulnerable en cualquier momento que alguien toque tu corazón, porque te dejas llevar por la corriente del sentimiento y entregas lo que tienes, sin más pudor que el que te da tu timidez.  Yo creo que te extinguirás muy pronto, pero de momento resistes, aunque si te digo la verdad, nadie sabe como lo haces.

Hay algo en tu mirada que deja traslucir solamente una pizca de lo que te sucede dentro, es enigmático y totalmente absurdo preguntarte que es, porque yo creo que no lo sabes ni tú; capaz de situarte en la barra de un nocturno cuchitril de mala muerte a fumarte todo el humo de cigarrillo que los demás abandonan a su suerte, mientras la cerveza caliente te repatea el estómago o de asomarte al primer paisaje que ponga un toque de melancólica dulzura en tu mirada, pero luego siempre vuelves a tu guarida, porque es allí donde te sientes seguro.

En mil batallas te metiste y mil derrotas llevas como medalla de tus méritos, sin embargo sigues al pie del cañón y yo me pregunto porqué, al fin y al cabo otros mejores que tú tiraron la toalla primero. Yo creo que cuando tengas la misión cumplida no te lo creerás ni tú, de tanto batallar contra la propia realidad, te has instalado en una especie de amarga irrealidad que te ayuda a seguir contra viento y marea.

Y mientras llega ese momento, como el pájaro de las tormentas, sigues en el aire azotado por mil vientos que bambolean tu vida, resistiendo los embates que la mala suerte te va poniendo, soñando con llegar a tierra y reposar tus alas, con la mirada instalada en cualquier horizonte que te diga que estás cerca y cuidando de lo que quieres sin que apenas se dé cuenta, porque tu haces las cosas sin que casi nadie se dé cuenta.

Definitivamente eres un “paiño” más; él pisa tierra para anidar, sacar a su cría adelante y volver a alta mar, a explorar horizontes que le den de comer, tú también tienes cría que sacar adelante y entretanto, mientras pasa el tiempo, miras los paisajes que alimentan tus sueños; lo malo es que tus alas cada día tienen menos plumas que sustenten tu vuelo y en una de estas te estrellarás contra el duro suelo de la realidad y a ver como logramos curar tamañas heridas.

La última vez que te vi en el espejo de la vida tenías el mismo semblante, tal vez algo mas triste – pero eso que importa – con alguna arruga más en el corazón, pero con la misma sonrisa – la verdad es que no sé como lo consigues – sin embargo todo indicaba que la última aventura en el proceloso mar de las tormentas te había dejado tocado del ala y eso que apenas te quedan alas que desplegar; en todo caso ahí sigues, contra viento y marea, como esperando que los hados te miren por una vez en la vida y hagan algo contigo.

Entretanto sigues saliendo a la vorágine de la cotidianidad, con los ojos avizor, buscando el sustento de tus ilusiones, sin darle reposo a tu sesera, pensando en lo impensable e inventando sueños para otros, que los tuyos están a punto de extinción ¡Si es que no tienes perdón! Aguantando tempestades que haces tuyas, desviándote del rumbo para explorar otras ilusiones, dejándote la piel y los huesos en aprender a sobrevivir a tanta desgana y viviendo al margen de tantas cosas que nadie te ofrece.

Como el pájaro de las tormentas, tu vida es larga en vivencias, pero corta en horizontes, los dos tenéis siempre los mismos, el sólo ve el mar y tú sólo ves lo que tus ojos te dicen que mires, lo malo es que miras con los ojos del corazón y esos engañan mucho porque siempre están dispuestos a dejarse engañar; supongo que alguno de los dos llegará antes a su cenit y espero que al menos seas tú el que llegue en mejores condiciones de reposo de todo, de descanso de tanto y sin faltarte una sonrisa en los labios, esa misma que siempre llevas contigo a todas partes, aunque tengas roto el corazón.

Como él, eres constante en la observación de lo que te rodea, pero me temo que el te gana en sabiduría – siempre está en lo alto, vigilante, en busca de su sustento – y tu le empatas en perseverancia, en definitiva los dos sois puros sobrevivientes de casi todo; si te digo la verdad es mas hermoso que tú – tienes que perdonarme pero para eso, no hace falta mucho – pero tú llevas contigo algo que el “paiño” nunca tendrá y son tus recuerdos, algunos muy bellos, otros muy amargos, pero sólo tuyos; aunque en esto soy un poco atrevido, puesto que hay quién dice que las aves también tienen recuerdos.

Si te digo la verdad, cuando pensé en escribir esto, te asocié a la paloma de Alberti, esa que se equivocaba de Norte y acababa en el Sur y todo porque tú siempre acabas mirando al Sur; pero luego leí algo sobre un pájaro de las tormentas, perseverante pero modesto, que sobrevive lánguidamente a todo, entre los algodones de las nubes y el bravío de las olas y acabé viéndote a ti.

Espero que como él, encuentres a alguien que te proteja de algo, que te cuide de tantas cosas, que te fije en tierra y te dé el calor suficiente para llegar a donde tengas que llegar, sin más alas rotas y con menos heridas en todas partes, eso sí, que te dé una buena reprimenda en cuanto hagas un amago de despegue sin paracaídas y todo porque creo que te mereces algo así, después de tantas batallas perdidas con la vida.

Y mientras llega ese momento – si es que llega algún día – sigue volando, haciéndonos a los demás las cosas un poco mas bellas y llevaderas, eso sí, posándote de cuando en cuando en tierra, aunque sea de nadie, para que  podamos respirar tranquilos y dejarte encima de la mesa un humeante café y alguna palabra que te reconforte de tanto esfuerzo.

Y ahora, cumplido el trámite de las palabras, me voy a escuchar alguna música que me traiga el olor de los vientos alisios, me transporte a alguna isla perdida en alguna parte y me deje palabras que pueda aprender a escribir en otra hoja de papel, que la vida sigue y tengo muchas cosas que aprender, aunque me temo que no me dará tiempo a saber todo lo que quiero.

Así que ahí te dejo, en compañía del pájaro de las tormentas, tu compañero de vuelo, deseando fervientemente que en tu próximo aterrizaje, traigas en el pico una hermosa canción de amor, un poema en tu retina y una sonrisa en tu corazón.

Jose ( Nuberu )

 

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