¿Qué harás después?
Porque siempre hay un antes y un después; el antes es la etapa en que todo es confuso, desconocido y la aventura de descubrir que hay detrás de cada palabra, de cada suspiro, de cada minuto, es un estímulo que nos invita a seguir descubriendo misterios, sentimientos, afinidades.
El después, en cambio, es más difícil de prever, es una incógnita sin despejar, es un laberinto lleno de dudas y contradicciones, de deseos que no se sabe si se cumplirán, de pequeñas frustraciones, de misterios que a veces nos asustan, el después es el futuro que nos aguarda, si es que decidimos seguir nuestros impulsos, nuestros sentimientos, nuestros sueños.
Y tú no sabes que pasará después, nadie lo sabe y eso tiene un doble filo que nos preocupa; si tenemos la certeza de acertar, si estamos seguros de lo que queremos seguiremos adelante, pero si las dudas persisten, nos apabullan, nos encogen el corazón es seguro que no habrá un después, al menos no será como a nosotros nos gustaría que fuese.
Tal vez no es lo que esperabas o tal vez si y eso te asuste más aún, es posible que no te atrevas a reconocer tu error y eso te lleve a lamentarlo mucho tiempo, o es probable que la sola idea de estar ante lo que llevas esperando tanto tiempo te asuste más que lo que queda por delante y haga que tus sentimientos se retraigan de nuevo.
Sea como fuere no sabes que harás después, como no sabías que tenías que hacer aún antes de que llegara el durante, nunca acertamos, nunca estamos seguros, nunca tenemos la certeza de saber que lo que queremos es lo que necesitamos, nunca vemos la claridad y eso nos reprime y nos ahoga.
Me pregunto si ese después es cosa de dos o tuya sólo, sea lo uno o lo otro es desconcertante llegar a una situación en la que no sabemos que pasará después de que pase lo que deseábamos que pasara, después de la espera, a veces tensa, a veces ilusionante, del no saber lo que tenemos delante de nosotros.
¿Qué harás después? Te preguntan y tu estás por contestar ¡Dímelo tú! Pero nadie te dice nada, porque nadie sabe nada de lo que ocurrirá, aún en el caso de que uno de los dos tenga sus sentimientos claros y sus deseos coincidan con los otros sentimientos, nadie sabe que pasará después.
Así que sólo quedan dos caminos; huir en dirección contraria o por el contrario huir hacia delante, aún corriendo el riesgo de estrellarnos de nuevo contra lo que no está previsto en ninguna parte, afrontando el peligro de lo desconocido y con la vaga ilusión de que todo salga bien.
Tremenda duda la tuya y la mía y la de cualquiera que se enfrente a lo desconocido, que hacer después de llegar a conocer aquello que tanto tiempo llevas esperando conocer, del misterio que a diario se abre ante ti, del deseo reprimido tanto tiempo, de la respuesta a tantas dudas, a tanta desconfianza a tanto temor, a tanta ilusión depositada en otro ser, en otro corazón, en otras manos que esperan las nuestras, las tuyas.
¿Qué hacer después? Cuando el corazón te indica una dirección y la cabeza te señala la dirección contraria, cuando el deseo de lo que quieres que sea es uno y el convencimiento de lo que necesitas es el contrario, cómo separarte de aquello que quieres o cómo seguir adelante con aquello que tú crees que no necesitas aunque lo quieras, esa es la cuestión que diría el poeta anglosajón.
Siempre habrá alguien que te diga ¡Y si sale bien! También estarán los eternos pesimistas que te murmuren ¡Estás loca, nunca puede salir bien! Pero la decisión es tuya y de nadie más y si aciertas o te equivocas tuya será la gloria o la disculpa, de nadie más y eso asusta un poco, la verdad.
Yo, cuando me llegue esa hora, si es que me llega, me dejaré guiar por mi corazón – aunque mi cabeza me diga que estoy chaveta - pero tú….¿Qué harás después? Ya sé que no debería hacerte estas preguntas, que siempre parezco el Pepito Grillo de turno, que siempre estoy dando la vara con preguntas que apenas tienen contestación, pero si no soy yo, serán otros, así que no importa quién deje la pregunta en el aire, lo que importa es la contestación, sobre todo cuando no hay contestación.
Yo de ti no me asustaría demasiado, teniendo en cuenta que al otro lado de alguna parte hay otra persona que tal vez se esté haciendo la misma pregunta que tú, que alguien estará encogido por la duda, atenazado por la ilusión, preocupado por saber si será tal y como lo había imaginado y soñado o por el contrario será un vuelta a empezar después de no haber empezado nada.
Qué haré sin ti, se preguntará alguien, mientras tu te preguntas que haré contigo; siempre hay preguntas con respuestas ambiguas e incluso debe de haber alguna sin ninguna respuesta, el caso es hacer camino, seguir, buscar hasta encontrar, vivir mirando a todos lados o sin mirar, sin más, pero vivir, sentir, desear, reír y llorar.
Si después no queda nada, siempre quedará el recuerdo, el momento aquél, los minutos eternos antes del encuentro, los minutos efímeros durante la experiencia, siempre quedará la sensación del vacío o el querer volver porque lo que dejamos atrás es lo que tanto tiempo esperábamos, o no; aún en el peor de los casos siempre queda el consuelo de lo aprendido, de lo vivido, de lo que se sintió, de lo que sentirá.
Si te digo la verdad yo espero que haya un después y que sea aún mejor que el antes o el durante; que ese después sea la antesala de lo que siempre soñaste, deseaste, buscaste y no acababas de encontrar, que la vuelta a la vida de siempre sea el preludio de la vida que queda por vivir, que los sentimientos que no acabaron de desbordarse sean la antesala de todos los que quedan por experimentar, que lo pasado sea eso, pasado y que el futuro esté en tu mente y en tu corazón, aunque no esté bien definido por aquello de las pequeñas dudas sin resolver.
¿Qué harás después? De momento mejor será pensar que harás durante la experiencia que te puede marcar, dejarte una profunda huella, de los momentos que se vivan porque se están deseando vivir, del goce de lo esperado, de la pasión tanto tiempo adormecida, de todos los besos guardados entre el celofán de los suspiros, de tantas caricias pendientes de dueño; luego, cuando llegue el después decidirás, pero no antes.
Y tu, que harás tú, me preguntas y te diré que no lo sé, que mis dudas son tus dudas, mis miedos los tuyos, mis ilusiones se parecen a las que tú tienes y mis sueños están tan indecisos como los tuyos, así que sólo sé que sé tanto como tú. Yo creo que es mejor que te lo diga cuando llegue el después, casi estoy seguro que entonces lo sabré.
Jose (Nuberu)