¿Que pasa contigo?
Al final haces balance – no uno de esos asépticos balances que hacen las multinacionales, si no el balance de una parte de tu vida – y de repente, sin que nadie lo espere o te lo pida, te pones a llorar como un niño de teta que reclama su ración diaria de comida materna.
Te preguntas porque lloras, pero ni tus ojos, ni tu corazón, ni siquiera esa parte de tu raciocinio que te pulieron en el Instituto, cuando estudiabas bachiller - ¡Dios, que bachilleres aquellos! – saben contestar la pregunta que les plantea ese corazón cansado de tantas batallas.
Y te consume la espera de tus pensamientos, esa espera a una respuesta que no tienes, mientras ese músculo que algunos con buen criterio llaman corazón se te deshace en mil pedazos porque su ritmo no encuentra la respuesta a tus estúpidas preguntas que tu mente calenturienta te plantea.
Te preguntas porque lloras – alguna vez te lo has preguntado???? - y te desesperas porque tu intelecto - acostumbrado a las gilipolleces de los profesores de turno y a la tan manida frase de “los hombres no lloran” - no te da las respuestas que esperas encontrar; para ti, una mente ordenada y seria en los asuntos de la vida, el mero hecho de no tener respuesta es algo que te cabrea, algo que no entiendes, para tu raciocino es algo que te causa un problema, y eso a tu edad, es una circunstancia que no debería de acontecerte.
Al final te dices a ti mismo ¡Vale tío, si es que eres un sensiblero, joder! pero no acabas de convencerte a ti mismo, algo te dice que esa no es la respuesta a tus preguntas y entre lágrima y lágrima y moqueo y moqueo, acabas por dejar de plateártelo y dejar que las cosas sigan su curso natural, es decir con una llorera de tres pares, pero sin saber a cuento de qué.
Yo te diría que es posible que estés en un momento de tu vida en el que echas de menos algunas cosas que no tienes –aunque siempre presumamos de no añorar algunas cosas que seguro que son fundamentales en nuestro jodido mundo interior - o tal vez te vengan a la memoria algunos acontecimientos de esa vida tuya, que en alguna ocasión te dejaron alguna huella; o porqué no, ese sentimiento que escondes a los ojos de todos, ese maldito sentimiento que te ahoga y que te impide respirar, cuando cierras los ojos y te dejas llevar por algo que otros llaman fantasía.
Sea el motivo que sea a mi me haces gracia así - de aquella manera, como se dice ahora - con los ojos humedecidos por el salitre de unas lágrimas que pugnan por buscar un lugar al sol, con esos suspiros entrecortados que acompañan siempre a ese estado de ánimo y por todos los pañuelos de papel que me llevas gastados desde que empezó tu periplo lloricón. ¡Pero que diablos te pasa tío!
Seguro que me dirás que has tenido un momento tonto, pero no cuela; deberías comportarte como lo que eres, una persona con algunos años encima - te juro que no le diré a nadie cuantos son – con alguna que otra experiencia y con algo que algunos llaman cerebro encima de los hombros, o sea que deberías de buscar respuestas concretas a tu lagrimeo y una vez encontradas ponerles remedio.
Sé lo que me vas a decir ¡Aplícate el cuento y sigue los consejos que le das a los demás! pero no te servirá de nada, al fin y al cabo te joda o no, sabes que es eso precisamente lo que tienes que hacer, así que ponte en faena chaval, que ya no estás en edad de merecer y el tiempo pasa volando.
Es posible que acabe consolándote la idea de que todo el mundo llora, aunque algunos lo reconozcan más que otros, pero estoy seguro de ellos o ellas tienen motivos poderosos para hacerlo, pero contigo...........¿Qué pasa contigo tío? Anda ponte la pilas y dedícate a pensar en el porqué últimamente no piensas nada pero andas todo el día con cara de bobo –seguro que estás pesando cosas, anda di que sí - y flotando entre nubes de algodón, seguro que entre alguna de esas nubecillas está la respuesta.
Ah¡¡¡¡ Y la próxima vez que te dé por ponerte así, avisa con tiempo para tener previsión de pañuelos en el cajón de la cómoda y deja de ponérmelo todo perdido de lágrimas, que no me quedan pañuelos para mi.
Jose (Nuberu)