Rastreando abismos
Te encuentras a ti mismo al borde de un precipicio del que no vislumbras el fondo, rastreando abismos que te resulten conocidos, cada uno diferente al anterior, pero abismos que te suenan hasta familiares, aunque yo no estaría seguro de que familiares lo sean mucho.
Alguien te dijo alguna vez que algún día te enamorarías de verdad, no de boquilla como tantos y tantas y tu te hiciste el indiferente; tal vez porque estabas seguro, muy seguro de tus propios abismos y de lo que encontrabas en ellos, pero ahora son otros los abismos que se cruzan en tu camino y esos no los dominas, no los conoces, no te resultan fáciles de explorar.
Siempre viviste al borde de cualquier precipicio, siempre en una cuerda floja invisible, pero siempre tenías donde agarrarte en caso de caída, un amigo, una barra de un bar, un paseo junto al mar o un poema mal escrito; sin embargo ahora no tienes a quién recurrir, todo transcurre en una especie de silencio pactado entre tus abismos anteriores y el que te aguarda.
Normalmente cuando alguien se encuentra ante un abismo tiende, de forma natural, a retroceder para no caer en él, tú en cambio, siempre te asomas como por curiosidad y eso acabará matándote; porque los abismos de ojos melancólicos, voz susurrante y cuerpo de mujer, son los más peligrosos y para esos no te veo muy preparado que digamos.
De todas formas no temas que te dé ningún consejo, en esas cosas lo mejor es equivocarse uno mismo y si uno se precipita sin paracaídas y en caída libre pues acabará aprendiendo la lección que sea, además tu eres experto en abismos, en soledades, en decepciones, en fracasos, así que alguna de esas experiencias te servirá en caso de caída.
Un simpático te diría que aprendieras antes a volar, pero eso amigo mío, lo tienes crudo, que volar a estas alturas de la película está difícil hasta con las compañías serias – me refiero a las compañías de aviación imberbe, no a otra clase de compañías – así que tendrás que asomarte sin el manual correspondiente y con un buen cojín que te amortigüe el golpe y la mala suerte que tienes es que esos cojines no los venden en ningún super.
Eres valiente chaval y te admiro – aunque no te lo diga nunca – porque con los años vividos, asomarte a ese abismo es de valientes, hay que ponerle.......bueno eso no lo escribo que sonaría mal, pero hay que ponerle; lo que te pediría es que procures que el estropicio sea el menor posible, que luego tus amigos de toda la vida no ganaríamos para tiritas.
Además es que hasta resultas simpático y todo, cuando te preguntan que haces últimamente, tu contestas con esa frase que acabarás poniendo de moda ¡Rastreando abismos estoy! ¡Coño eso acojona al más pintao! Luego ya, cuando entras en detalles – y que conste que de detalles pocos sueltas – uno se va dando cuenta de por donde te vienen los tiros y de que va el asunto de los rastreos.
Tú tómatelo como cuando de pequeños jugábamos a exploradores y tal; siempre acabábamos perdidos y sin brújula, así que por esa parte estarás tranquilo, que experiencia si tienes, eso sí, cuídate ese corazón, que de pequeño, pues uno tiene el corazón en plena forma y sin cicatrices, pero a partir de cierta edad el infarto emocional puede ser de órdago.
Aunque pensándolo bien, entre la emoción del riesgo, la posibilidad de que no te escoñes en el abismo – ten fe muchacho, hay quién dice que los milagros existen – y la oportunidad de que tus emociones se vean recompensadas con la dulzura de esa mirada, igual merece la pena rastrear ese abismo o abismos parecidos, que no se yo si se parecen o no.
Por si acaso lleva siempre contigo una brújula y un buen mapa, para que si te pierdes en él o la profundidad es demasiada para tu corazón, sepas donde está el camino de vuelta; en el fondo deseo ardientemente que en el fondo de ese abismo encuentres aquello que esperas encontrar y que te resulte grato, tan grato que no tengas que volver la vista atrás.
Si al final de tu rastreo, de tu exploración de lo desconocido, de tu aventura, de tus arriesgadas emociones, merece la pena, escríbeme una postal, así sabré que por una vez, tu experiencia de rastreador de abismos, ha tenido buenos frutos y eres tan feliz como puedas y quieras ser.
¡Cuídate chaval! Por cierto ese traje de explorador, con sus poemas y todo, te queda de maravilla; yo lo que tú me haría una foto, que seguro que quedarías muy guapo, aunque no se pueda ver el abismo.
Jose ( Nuberu)