¡Recuérdame!
Cuando pasen los años, quizás recuerdes aquél momento de tus ojos, cuando los llenaste de lágrimas para decirle adiós, tu mano en su pecho, tu mirada en la suya y tus lágrimas inundando los suspiros que se te escapaban a borbotones.
Tal vez ese recuerdo te haga daño, pero no lo olvidarás nunca, porque él era el último clavo al que podías agarrarte y sin embargo te despedías de él, porque tenías miedo al mañana; siempre estamos teniendo miedo al mañana, cuando el ayer nos dolió, sobre todo cuando nos dolió tantas veces y por el mismo motivo.
Me dirás que porque te lo digo ahora que aún está la herida abierta y que tus pasos pugnan por ponerse a correr en su busca y te diría que es ahora cuando veo el poso de la nostalgia en tus ojos, un poso amargo es cierto, pero además también se deja notar aquél miedo que te arrastró a la despedida; lo curioso es lo que dijiste cuando viste alejarse sus hundidas espaldas – como las de un héroe derrotado en su última batalla – casi querías gritar, pero te salió un murmullo ¡Recuérdame!
Es verdad que el misterio de lo que podría ocurrir – si ocurría otra vez – te ponía nerviosa, con ansiedad, esa ansiedad que luego se transformó en miedo y más tarde en llanto; te decías a ti misma que dos veces eran muchas veces para que en tu vida hubiera una tercera, eso sería demasiado para tu forma de entender tu vida y por eso le pediste que se fuera, aunque si bien es cierto las palabras te salieron, pero tu mirada decía lo contrario, pero él no supo o no quiso interpretarla.
Pero los pasos que aquél día diste hacia atrás, ahora te costará recuperarlos, porque el tiempo no se detiene – el jodido tiempo no sabe mirar atrás – así que es como si estuvieras clavada en aquella lágrima, que fue la primera de otra vez y que no será la última de cualquier día, al final uno no sabe distinguir ya las lágrimas del dolor o las de la alegría – que suelen ser pocas – porque todas las lágrimas tienen el mismo regusto agridulce.
Y el beso? Ese beso que aún te persigue cuando cierras los ojos y notas su aliento en tu boca y el perfume de sus labios en los tuyos, un beso que quería decir adiós pero que en realidad estaba diciendo ¡Te quiero, pero debo de alejarte de mi! Todos los besos de todas las despedidas son amargos, pero generosos, porque queremos que un poco de nosotros se vaya con ese aliento, pero el tuyo fue perpetuo, angustioso, ardiente pero frío – parece contradictorio pero tú sabes que no lo es – porque era el último beso que querías darle.
Es sencillo huir cuando se tiene miedo, cuando no se está seguro de nada, cuando no se tiene valor para lanzarse al vacío de las emociones – ya sé que esas heridas tardan en cicatrizar y que duelen – lo difícil es dejarse llevar y sentir que nada será igual, pero que todo será diferente después; es lo que hacemos casi todos, así que por ese lado no deberías de preocuparte, al fin y al cabo somos débiles y nos encontramos desamparados ante una vida que siempre acaba dándonos palos, entre momento y momento, mas o menos feliz.
Ahora, todo parece más sencillo, pero aquella tarde noche, entre tus manos quedó el sudor de sus manos y en tus labios el regusto amargo del que tu decidiste fuera el último beso para el último adiós. A veces, cuando miras a la nada, porque sin él te quedaste sin lo que más querías, te veo poner uno de tus dedos en esos labios que un día le besaron y sentir la huella de aquél beso que se quedó suspendido en el aire del adiós.
No dije mal cuando te decía que pasarán los años por tu vida y por la mía y por la de aquél que dejaste marchar y cuando pasen recordarás aquél momento, porque si te paras a pensarlo, fue uno de los momentos mas bellos que viviste, aunque también el más amargo de tu corazón; pero lo recordarás con todo el cariño que te dio y que un día rechazaste – aún recuerdo cuando oímos juntos la canción “Remember me” y tu desencajado rostro y tus lágrimas – pero eso es algo que pasó y que algún día recordarás.
Los recuerdos, como las canciones, quedan en la retina del corazón, así que cuando pasen los años, recordarás y tus labios es posible que musiten ese “Remember me” aquél angustiado ¡Recuérdame! que todavía suena en el silencio de tus labios.
Jose (Nuberu)