Recuerdas?

¿Recuerdas la primera vez que te vino el pensamiento de que le querías? Te asustaste y te dijiste a ti misma que eso no sucedería nunca ¿Recuerdas aquella primera vez, que cerrando los ojos para dejarte seducir por una melodía, te diste cuenta que cerrabas tu mano porque creías sentir la suya acariciándola y querías retenerla? ¿Recuerdas cuando te encontraste diciéndote a ti misma que las horas del día te parecían cortas porque su nombre siempre estaba contigo?

Siempre que te sucedía algo así te ponías frenética, echabas a andar hacia cualquier lugar con tal de hacer cosas que te obligaran a olvidar esos momentos de debilidad en tu interior. Pasear, ir de compras, al cine, con amigas que nunca te decían nada que no supieras de antemano que te iban a decir, o sea todo aquello que no hacías porque no te gustaba, pero que te servía de vía de escape a tanta duda.

Incluso una vez te fuiste a una agencia de viajes para evadirte de tus propias preguntas y cuando la encargada te pidió un destino para tu periplo sólo supiste responderle con un ¡Cuánto mas lejos mejor! Y acabaste soñando con él bajo la pálida luna de los beduinos, contando las estrellas que te faltaban para volver a verle y gritando al viento del desierto su nombre que el eco te devolvía.

Así y todo te negabas a ti misma y corrías en dirección contraria a tus propios pensamientos, pero los pensamientos son tercos y no se dejan arredar con las  pequeñas trampas que les solemos poner y los tuyos te perseguían hasta cuando mirabas el paisaje.

Cuando paseabas por cualquier bulevar, cuando tomabas el té en cualquier alfombra, cuando caías rendida en tu cama e intentabas dibujar un sueño en tus ojos que te ayudara a descansar y a olvidar; pero él estaba ahí, en esos detalles que comprabas para tu regreso, en ese sol dibujado en un cielo azul, en esas olas que te traían el olor de otras olas, en la luna que te miraba en la noche, mientras tú la mirabas a ella para poder verle a él.

Regresaste, pero el regreso fue como el volver a empezar con la lucha contra ti misma, a hacerte las mismas preguntas, que te volvías a contestar con las mismas respuestas; entretanto su silencio te hacía mas difícil la decisión de decirle que no le querías – si al menos te dijera, te exigiera una respuesta a la pregunta de sus ojos, tendrías un motivo – pero él te miraba sin decirte nada, si bien es verdad que esos ojos suyos te lo decían todo.

Recuerdo tu cara en aquellos días de febril y ajetreado ir y venir hacia ninguna parte buscando un escondite para tus sentimientos; pero es difícil esconderle los sentimientos a tu propio corazón, tal vez ocultarlos a los ojos de los demás sea sencillo, pero cuando se trata de engañar a tus propios deseos y emociones la cosa se complica, porque todos tus rincones están ocupados por aquello que sientes, aunque lo intentes enterrar bajo mil argumentos.

Y ahora estás en la fase de asumir que el corazón no tiene escapatoria cuando no quiere escapar, porque se encuentra a gusto donde está y como está; está claro que te molesta porque siempre fuiste una mujer de ideas claras y decisiones drásticas cuando se trataba de tu propia vida, pero ahora entre el deseo y la duda, te quedas navegando en el medio de una mar desconocida y de una embarcación que no dominas y eso te perturba.

¿Recuerdas la primera vez que le  miraste a los ojos? Aquella mirada te quedó clavada en la retina y los días fueron pasando lentamente, mientras la vorágine de tu piel se estremecía cuando tus ojos destapaban por unos momentos aquella mirada. ¿Recuerdas como se revolvía tu cuerpo entre las sábanas cuando pensabas que no querías pensar, desear, sentir? Y sin embargo tu piel y tu boca sedienta de besos te delataba, pero aún así te negabas a admitirlo.

Algún día de estos tendrás que dejar de protestar contra tu interior y admitir que le quieres, que le deseas, que le necesitas – es fácil, sólo tienes que seguir los impulsos de tu corazón – y que no puedes vivir sin verle, sin oírle, sin tenerle. Ya sé lo que me dirás con tu acostumbrada parsimonia y seriedad - me hará daño, sufriré y no quiero sufrir, no quiero volver a soñar sufriendo -  ¿Pero quién no sufre cuando se enamora? ¿Dime, quién no llora cuando ama?

Yo te diría que todo el mundo lo hace, pero también sonríe, disfruta, vive y experimenta sensaciones que nunca vivirá y sentirá de nuevo; te diría que merece la pena sentir, porque quién no siente no vive, sólo camina sin rumbo definido y sin vivencias en su corazón y eso es demasiado triste.

Así que déjate de hacer cábalas sobre tus sentimientos y tus ocultos afanes y ámale como se supone que deseas hacerlo, como se supone que deseas que él te ame a ti, déjate llevar por la marea de la vida y déjate arrastrar hacia las profundidades de la pasión; las heridas, si las hay, ya las curarás cuando el ocaso asome en la ventana de tu vida, pero la medicina serán las flores que en el balcón de tu corazón te recuerden, que alguna vez amaste sin medida y con toda la pasión de que fuiste capaz.

¡Ve, corre hacia tus sentimientos¡ Luego, cuando el tiempo pase, tus recuerdos serán otros muy distintos y yo te haré la misma pregunta.......¿Recuerdas? Y tus ojos sonreirán y palpitará tu corazón.

Jose (Nuberu)

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