El silencio que nos acoge

¿Te has fijado en el silencio que nos acoge y nos rodea? Ese silencio que te envuelve cuando te quedas sola, que no buscaste pero que te acompaña al acabar el día, o simplemente al comenzar alguna de tus mañanas.

Es el silencio de aquella despedida, cuando pronunciaste aquél ¡Te quiero pero no puede ser! Y todo se hizo silencio a tu alrededor; el que te abraza cuando quieres llamarle,  pero no puedes porque piensas que no debes y te quedas inmóvil y en silencio.

Es el silencio cuando esperas y nadie llega, o ese otro que te rodea cuando alguien se va y te quedas sola, con un gesto en la mano y una lágrima en tus ojos; tal vez en la oscuridad de tus noches sueñes y te entregues al placer solitario y efímero, pero después del último estertor de placer, cuando tus labios ansíen una caricia, un susurro musitado,  te das cuenta del silencio que te abraza.

No hay en ese momento nadie que pronuncie en tus oídos un te quiero, ninguna mano rozará tu cuerpo después de tu último gemido, ninguna respiración acompasará tu respiración y se hará el silencio, ese que te acompaña aún después de haber gozado del placer de tenerle sin tenerle; y tus brazos se extenderán en busca de su cuerpo, pero sólo abrazarán ese silencio que se apodera de ti.

Y en tu silenciosa soledad llevas una culpa, la culpa de no haber pronunciado aquella frase que unos ojos te pedían, la culpa de no haber mirado cuando te miraban, de no haber amado cuando a ti te pedían a gritos una palabra de amor. Mientras tus ojos emiten lo que será el último parpadeo del día, tú intentas rebelarte contra eso y musitas un nombre, pero nadie te responde porque solo hay silencio a tu alrededor.

Ese sí, ese que nos acoge, cuando lo que deseamos es que nos acojan unos brazos y nos besen unos labios, pero nos damos cuenta que estamos solos, acaso acompañados del silencio que todo lo envuelve y es como un grito que clama contra una soledad, esa que un día tu decidiste vivir, pero que no contabas que fuera tan infinitamente silenciosa.

Entonces vendrán los ¡Porqués! Porqué estamos solos, solas, con el silencio como único testigo de nuestras vidas, siempre a nuestro lado, como recordándonos lo que quisimos ser o hacer y no fuimos o hicimos; simplemente a solas y en silencio, día tras día, noche tras noche: y así hasta que decidamos afrontarlo con valentía y rebelarnos contra él.

Pero algunas veces, ese decisión llega demasiado tarde y tendremos que acostumbrarnos a tener al silencio como compañero de nuestras efímeras horas; mientras desayunamos, comemos, paseamos, soñamos o dormimos, siempre con él como único compañero de equipaje.

Al principio es como un descanso después de haber estado en mil fragores, en mil sucesos  - unos buenos y hermosos, otros malos y para olvidar- y ese silencio nos hacía sentirnos mejor; pero con el paso del tiempo se nos hace una pesada losa que nos oprime y nos acongoja; y si no hacemos nada para remediarlo, nos envolverá para siempre.

Da igual que estés rodeada de amigas y amigos, entre la multitud o a solas en tu cuarto, con la música o la televisión a toda pastilla, siempre estará ahí ese silencio que nos acoge. Luego, cuando apagues el dial de tu radio mientras parece que resuenan en tus oídos las últimas noticias o la última canción, será el silencio el que se apodere de ti.

Sólo hay un consuelo, la última imagen de su rostro antes de entregarte en brazos del sueño, pero es una imagen difusa y silenciosa, cuando en realidad querrías el bullicio de su cuerpo provocándote, llamándote mientras sus manos y sus labios gritan tu piel y sus ojos te incitan a gemir y expulsar el aire de tus pulmones como se te estuvieras ahogando, pero de placer.

Ya te dejo, en silencio te dejo, en el tuyo, que es parecido al mío y al de tantas personas que se encuentran bajo el pálido y difuso manto de ese silencio que nos acoge a casi todos, por no decir a todos, en algún momento de tu vida, de nuestra vida, de sus vidas.

And the sign said, "The words of the prophets 
are written on the subway walls 
And tenement halls." 
And whisper'd in the sounds of silence. 

(Los sonidos del silencio – Paul Simón)

Jose (Nuberu)

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