Sobrevivirás

 

Estás acostumbrado a caminar por las cenizas del vértigo y el dolor desconocido, imprevisible, de vagar en el rumbo equivocado, de virar sin timón o contra el viento, entre el vértice del lado oscuro de la vida y la eterna pregunta de a quién entregar lo que llevas en tu zurrón, casi siempre solo, pero caminando al fin y al cabo, así que supongo que sobrevivirás.

Lo malo es que acabar dependiendo de nadie – con lo fácil que es depender de algo, o mejor de alguien – te sitúa en el punto de mira de todas las utopías, ese artículo pasado de moda que ya nadie quiere, porque no le encuentran ninguna utilidad.

Sobrevivirás una vez más, siempre lo has hecho, con alguna que otra pregunta nueva en el libro de los recuerdos, alguna herida nueva o tal vez una vieja herida que vuelve a sangrar; pero hay caminos que se recorren, aunque sea sin compañía, senderos que pisar, paisajes que explorar con los ojos del alma, así que seguro que después de esa pausa, con lágrima incluida asomando en la pupila, mirarás hacia ninguna parte y sobrevivirás.

Al final seguro que acabarás contándolo, como siempre, ante el testigo de lo que nunca fue, porque no pudo ser y la extraña mirada que te dedicó aquel sueño que nunca tuviste porque no era tuyo y porque no te dejaron tener sueños y mira que te gusta soñar.

Claro que después tendrás que ponerlo en un papel, leerlo despacio y corregir tus inveteradas faltas de ortografía, porque hay palabras que escribir que no vienen en ningún diccionario conocido o por conocer, palabras que están entremezcladas con tus ausencias, tus dudas – tus eternas dudas – y tus decisiones, equivocadas o no.

Sobrevivirás al hastío del que vive sólo, a la incertidumbre del inseguro futuro, a la falta de todo; te sobrevivirás a ti mismo, porque así está escrito en alguna parte, en esa parte a la que no acabas de llegar y que te apetece para poder, al menos, cambiar alguna que otra frase de tu vida, de la que te queda claro, porque la otra, la que ya tienes vivida, esa no hay manera de cambiarla.

Tal vez me cruce contigo en alguno de esos trillados caminos que otros recorrieron, esos que no vienen en ningún mapa de los conocidos, entonces te saludaré como si te conociera de toda la vida e intentaré aprender de tu mirada todo lo que ella me quiera enseñar.

Supongo que alguna vez te preguntarás de que sirve sobrevivir, pero siempre habrá alguien que te explique que ese es el misterio que queda por resolver y que la duda ofende y también que la derrota no es esto, que aún está por llegar y además no avisa, nunca lo hace, por eso es más dolorosa si cabe.

Sí, sobrevivirás porque tienes todas las trazas de saber hacerlo, de estar acostumbrado a seguir el rumbo que se presente; estoy seguro que sobrevivirás porque, entre otras cosas, eres un chico muy obediente en esto de vivir al margen y te han dicho alguna vez que el que resiste gana y tu te lo creíste a pies juntillas y en ello estás después de tanto tiempo, de tantos tropezones, de tantas cicatrices.

En cada capítulo de ese deambular tuyo, lo más parecido a una vida, habrá un apartado dedicado a los que se creen unos ganadores, algún que otro apunte que les recuerde que aquí casi nadie gana nada, algún boceto que les explique a los venideros algún truco para no sufrir demasiado y sobre todo – conociéndote un poco – una pequeña guía para poder extraer lo bueno que se nos regala después de pasar por alguna parte.

Ahora mismo te veo con esa mirada que es el sinónimo de la espera ante lo que sucederá, ese rictus medio sonrisa y medio preocupación, sólo estoy esperando ese gesto de tu mano, cuando se dirige hacia tu sempiterna mochila, como comprobando que todo está en su sitio y que se puede partir cuando alguien te diga que tienes que hacerlo.

Sería hermoso y me alegraría – sobre todo por ti -  que esta vez pudieras quedarte, al menos el tiempo suficiente, para que alguien dibujara mariposas en tu corazón y adornara con sonrisas tus manos; el tiempo suficiente para que tu curtida piel se acostumbrara a una caricia y tus labios saborearan el color de un beso.

Y si sobrevives a eso, entonces significará que estás preparado para el reposo de todo lo acontecido y lo que queda por acontecer; entonces escribirás en el quicio de esa puerta que se te abrió, el capítulo mas bello de tu supervivencia, ese poema que narra las horas sin contar, porque a uno no le apetece contar las horas de la felicidad.

Jose (Nuberu)

1