Tatareando una duda
(Sé todo de tu vida….pero no sé nada de ti…. “Santa Lucía” Miguel Ríos)
Estaba yo pensando como serán tus mañanas después de una de esas noches en que parece que has estado en alguna guerra o que alguna guerra ha pasado por tus noches, una de esas mañanas en que no sabes si sonreír porque la vida te sonríe o decides mirarte en el espejo a ver si te reconoces – normalmente y te lo digo por experiencia, el susto es mayúsculo – así que mejor te imagino tatareando alguna de esas canciones que te sabes de memoria.
¿Te has fijado en la letra de Miguel? Pues eso me pasa cada vez que te veo, que tengo la sensación de saber todo de tu vida y al poco rato me entra la duda de si verdaderamente sé algo de ti, supongo que a ti te pasará lo mismo, pero eso ya es problema tuyo; el mío es adivinar ese futuro tuyo rastreando los entresijos de tu pasado.
Pero el subtítulo me viene de perillas para explicarte como me siento cada vez que te veo, porque es cierto que sé todo de tu vida pero no se nada de ti, creo que me pasa contigo lo que le pasa a todo el mundo con todo el mundo, que siempre quedan retazos importantes de la vida de uno, escondidos entre la maraña de nuestras vidas y de nuestros sueños.
Me pregunto a menudo como serás de verdad, sin esa capa de desconfianza que te has puesto encima para despistar al enemigo, me pregunto si es cierto que no eres capaz de amar, de sentir, de palpitar con una mirada, de sonreír para que te sonrían, me pregunto si no tienes sueños que compartir, deseos que cumplir.
En el fondo –corrígeme si me equivoco - creo que conozco un poco de ti para poder afirmar que solo es una fachada para protegerte de los extraños, para poder sentirte segura después de tantas inseguridades, una barrera que impida que te roben de nuevo el corazón, una protección contra las dudas y de eso has hecho una forma de vivir.
Conste que no me parece mala forma de vivir si así te va bien, pero escudriñando un poco en esa mirada tuya, me da que sigues necesitando lo que necesitamos todos, unas manos que nos cojan de la mano, unos brazos que nos abracen y unos ojos que nos quieran como necesitamos, que no lo reconozcas forma parte del escudo, pero sé que es así, porque así ha sido siempre.
Te pareces un poco a mi cuando canto, como no me sé la letra de las canciones, las tatareo; así te veo, tatareando una duda eterna, sin letra que nos diga lo que tenemos que contestar cuando nos dicen que nos quieren, sin saber como comportarnos cuando queremos, pero no podemos enamorarnos o al revés, cuando podemos pero no queremos.
Yo soy un mal ladrón, así que por mi no tienes que preocuparte, que siempre me pilla la policía y me quita el botín sin ningún pudor; tengo que reconocer que me gustaría robarte el corazón – aunque me persiga la brigadilla – pero me da que es una joya demasiado cara para mi, además seguro que me pongo nervioso y saltan todas las alarmas.
De niño pensaba que las personas mayores estaban todas locas, porque se enamoraban y sufrían por ello, porque la chica nunca se enamoraba del chico adecuado, porque el chico siempre se enamoraba de la chica que no tocaba, en fin que hasta que no me hice mayor no descubrí el intríngulis del asunto, pero lo de los escudos y las capas de barniz para despistar me pilló de sorpresa, te lo confieso.
Ahora que soy mayor – no te rías que es verdad – me doy cuenta que en estos asuntos no ha cambiado casi nada, que aquello de “chico quiere a chica que quiere a otro chico que a su vez quiere a otra chica “ es tan viejo como el mundo y que nosotros seguimos en nuestros trece – mira que somos tozudos los mayores cuando crecemos – y acabamos enamorándonos de quién todo el mundo nos dice que no debemos.
Sé todo de tu vida y no sé nada de ti dice la canción, al final me doy cuenta que no sé nada de nada, sobre todo de la vida que llevo, de la que llevas tú, de la que se trae entre manos todo el mundo o sea que estoy en la inopia como quién dice.
Algo si sé, lo reconozco, que no me importaría pagar el precio de ninguna cárcel si la dueña de las llaves de esa celda fueras tú, así que me da que me voy a aficionar al oficio de ladrón, estudiaré los planos de esa fortaleza tuya, me encomendaré al patrón del ladrón de corazones y me embarcaré en la aventura de intentar enamorarte mientras yo ya lo estoy.
Y si me pillan en el intento – es que me han dicho que la policía no es tonta - les contaré un cuento que hable de la noche que te vi por primera vez, seguro que me comprenderán y si no lo hacen es que están ciegos o no saben mirar.
Jose ( Nuberu)