El timo del destino
Te han estafado la vida con una sola frase dicha al soslayo de una cama, con esas palabras que no hieren pero duelen, sobre todo cuando encierran una mentira a medias. Te sientes como esos buhoneros del tocomocho, que se quedan pensando que si el negocio era bueno, donde estaba la trampa.
Y es que nunca segundas partes fueron buenas dice el refrán, sobre todo cuando uno está enamorado de alguien que no lo está; te creías que los celos refuerzan los sentimientos, sin saber que los celos son la expresión del fracaso, los reyes de la duda, la metáfora de cualquier cosa que no se llame amor.
Lo malo es que estas estafas, las que se refieren a los sentimientos no admiten reclamaciones, no hay recibo, ni justificante, ni contrato al por mayor, así que sólo te queda la rabia acumulada entre los rincones de tu frustración y ni siquiera el recuerdo del olor de las sábanas vacías te llega a recompensar el esfuerzo que entregaste muchas noches e incluso muchas mañanas escondidas y prohibidas al azar.
Han pasado los años y han cambiado las cosas, pero tu sigues con la misma cara de la primera vez que se te fue entre despedidas de esas que alguien llama sin rencor, pero que encierran algún que otro rencor, alguna desesperanza, algunos reproches almacenados en el alma.
Cuando lo conociste tu eras, seguramente, una mujer hermosa con mucha vida por delante y que se ponía el mundo por montera si se trataba de vivir experiencias que te sacaran del hastío; a buen seguro que él era un buen mozo, de culto atractivo y deseos musculares encendidos en algún gimnasio; ahora en cambio los dos estáis en la madurez de lo inmaduro, en la frontera de lo que se va poco a poco y claro, en estas jodiendas, la estafa duele más, porque hay menos tiempo para recuperar la inversión.
Seguramente el destino es aliado de la estafa que sufres, porque ese jodido anda suelto donde menos lo esperas y siempre se alía con el más canalla y en contra del más ingenuo, en este caso ingenua, así que en estas estás, lamiendo la herida del corazón, sin disculpas que llevarte al alma y con cara de no saber por donde tirar, aún sabiendo donde habita el sujeto que llevó a cabo tamaña felonía.
Y todo para qué; para vivir el fruto prohibido que se nos escapa, para sentir lo que antaño era una especie de quimera, para gozar de los placeres que se nos van con los años, para sonreír de nuevo, después de haber perdido casi todas las sonrisas; no está mal la idea, pero alguien debería de redactar algún recibo que nos permitiera reclamar lo que nos arrebataron.
Me gustaría verte los ojos para poder atisbar algún rastro de tristeza, pero me da que sólo vería una perdida mirada cargada de incredulidad y de rabia, en el fondo cuando uno se entrega y le estafan así, se pregunta donde está el error, si es que lo hay, donde empezó a fraguarse la historia de un adiós, donde se quedaron las horas entregadas sin preguntas, donde reclamar la devolución de los apasionados besos que se entregaron como garantía.
Luego lo piensas y llegas a la conclusión de que mientras tu regalabas tu alma, él sólo pretendía tu cuerpo – es un suponer, no te creas – o al contrario él quería aquello que no podías darle mientras tu le entregabas todo lo que tenías para dar; complejo asunto este, pero lo que queda es la frustración de sentirse engañada por un estafador de poca monta, alguien al que no merecía la pena entregar ni siquiera un suspiro de esos que te sobran.
De todas formas supongo que habrá alguna manera de llegar a un acuerdo respecto a la indemnización y esas cosas, que la vida está muy chunga y no es cosa de ir perdonando deudas, ni callando estafas de andar por casa; entretanto te recomiendo que pongas el corazón a remojo, te seques las lágrimas de la ira, dejes de fruncir los labios y vuelvas a las andadas y te pongas a soñar.
La próxima vez que te cruces con unos ojos, asegúrate de pedirles el carné de honradez – aunque dicen que no quedan personas así en el turbulento mundo del amor – y exijas el certificado que te garantice que lo que te venden no es otro tocomocho de esos que traen las crónicas de sucesos del corazón; lo digo por la salud de los bolsillos de tus ilusiones y por el bien de tus ojos que ya no están para derramar lágrimas pasadas por agua.
Hay que amar con rabia, me dijiste un tarde aburrida y efímera, no te creí, pero ahora veo que algo de razón tenías, porque los sueños o se persiguen con rabia o no nos llevan a ninguna parte, si acaso al dolor de lo que se pierde en un instante, habiendo durado tantos instantes como tiene la vida.
Y en tanto sigues colgada del péndulo del futuro, asida a los recuerdos que atesoras, esperando a que alguien te rescate con una pizca de ternura en tu paracaídas, dedícate una canción que hable de pájaros de barro que pueden volar y sigue guardando en tus ojos un poco de melancolía, así podrán brillar sin el disimulo de cualquier rimel caro.
El billete de ida ya está sin plazos que cumplir, el de vuelta puede ser el que te lleve allí donde alguna vez quisiste estar y no pudiste; en todo caso te deseo un feliz viaje y que las sonrisas que perdiste por los rincones de la vida, vuelvan a relucir en los labios de tu boca y en ese guardado rincón de tu corazón, que sólo se abre de vez en cuando para tomar el aire.
De todas formas no desesperes, ponte arrebatadoramente atractiva y luce tu mas sensual sonrisa, porque nunca se sabe donde está la esquina donde encontrar aquello que se busca y se pierde tarde o temprano y hay que estar preparado para lo que venga, si ha de venir alguna vez; que tengo mis dudas.
Jose ( Nuberu )