Un mundo en tus manos

 

Debe de ser toda una experiencia eso de tener un mundo en tus manos; un mundo que no te pertenece, porque no lo quieres, pero que por alguna poderosa razón llegó a ellas y ahora está cautivo de ti, el mundo de otro ser, de otra alma, de otro corazón.

¿Que se siente al poseer tamaño poder? ¿Cuáles son los pensamientos que le vienen a uno cuando se sabe que en sus manos está un mundo con el que se puede jugar, experimentar, al que se puede aliviar o destruir, amar o repudiar?

Ahora podrías contestar a esa pregunta, contarme esas sensaciones que uno percibe cuando se está en posesión de algo tan sutil, tan frágil y tan hermoso como es tener un mundo, que no es el tuyo, en tus manos; que es lo que pasa por tu cabeza al pensar, al sentir, que eres dueña de otra vida que no es la tuya, de otro pedazo de corazón que no late a tu compás, pero que late porque quiere latir junto al tuyo.

Supongo que ganas te darán de experimentar con él, de averiguar hasta donde resiste el empuje de tus ideas, de tus caprichos, de tus deseos; ganas de saber la reacción de ese otro mundo, cuando le exiges que haga por ti lo que tú no estás dispuesta a hacer por él, deseos tendrás – supongo, porque todo es un suponer – de inventar mil diabluras, de pintar mil expresiones en su cara.

A veces sentirás miedo de tanto poder, angustia por lo que pueda pasar, curiosidad por lo que se pueda sentir, alegría por tener esa potestad, ansia de experimentar aquello que en una situación normal, no se puede experimentar porque faltan argumentos.

En estos apuntes de una crónica del mundo que posees, me parece adivinar un esfuerzo porque no se note mucho que la verdadera razón es mantener las defensas en su sitio, el escudo reluciente y dispuesto para la batalla, la retaguardia bien cubierta y la vida que llevas controlada, no vaya a ser que se te fugue con el mundo que aprisionas y te quedes sola de nuevo.

Un mundo tienes en tus manos y lo que hagas con él es cosa tuya – supongo que también del dueño de ese mundo que atesoras – pero acuérdate que los mundos son delicados y efímeros, que como este que nos ha tocado vivir, puede acabar tocado del ala, diluirse, esfumarse como el humo del cigarro que ahora tienes en tus dedos y desaparecer.

Y como aquellas viejas civilizaciones, aquellos mundos que nos precedieron, nunca podrán volver a recuperarse, a disfrutar de sus momentos y sus pasiones; cuando se acaban nadie sabe donde van a parar, porque sus heridas suelen ser mortales de necesidad, así que es mejor no apretar demasiado la mano que los aprisiona.

Hay quién dice que es mejor que cada cual viva en su propio mundo y asomarse de vez en cuando, disfrutar de los paisajes que se contemplan, intercambiar deseos y emociones y luego cerrar la puerta y quedarnos ensimismados y a solas con nuestro mundo íntimo y muchas veces secreto,  porque no queremos que nadie se adueñe de sus misterios.

Pero la historia que vivimos esta llena de mundos, de vidas que se cruzan, se miran y se quieren respetándose, dando al otro lo mejor de uno, llenando otra vida, ese otro mundo, de generosidad y cariño; todos sabemos porque lo hemos vivido en la vida de otros, que cuando así es, dure lo que dure la experiencia, salimos un poco mejores y un poco mas enriquecidos en esto que se llama vivir.

Por eso es importante no atesorar mundos ajenos como si fueran una colección de figuritas de porcelana a las que podemos cambiar de sitio cada vez que nuestro corazón se aburre o se duerme por falta de motivos, no debemos tratar ese mundo que se nos ofrece como si fuera una mera mercancía de la que podemos desprendernos como si fuera un mueble que queremos tirar, porque nos ha venido la idea de cambiar el decorado de nuestra vida.

¡Si me pides que te abrace, déjate abrazar! ¡Si me pides mi  mundo, dame a cambio una pizca siquiera del tuyo! Debería de ser así de simple, pero me imagino que cuando alguien tiene un mundo en sus manos, le entra la vorágine del poder hacer sin dar, de poder ir y venir sin rendir cuentas, de poder dejarse querer sin querer a nadie – supongo que es lo más fácil – de pedir a cambio de no regalar.

Un mundo en tus manos tienes, delicado y frágil, cándido y misterioso en la medida que cada mundo es una sorpresa que se nos ofrece, así que no abuses de tu poder, deja al menos un resquicio a algo que se parezca a un sentimiento, dale un poco del tuyo para que se enriquezca con él, despréndete de algo para poder recibir.

Unas manos como las tuyas, que algún día acariciaron otro corazón – otros corazones -  no deberían estar tan encallecidas por los desencuentros como para dejar el rastro de una herida en ese mundo que ahora posees y está en tus manos; deja un pequeño resquicio en tu alma para que el rocío de eso que se te ofrece, pueda empapar un poco tu atormentada alma.

Nadie sabe lo que puede nacer de la simbiosis de dos mundos totalmente contrapuestos, del choque – a veces brutal e ilógico – de dos formas de ser, de dos maneras de pensar, de dos formas de vivir y sentir, lo que si se sabe es que cuando alguien pretende adueñarse de otro mundo – de otra vida, de otro corazón, de otro sentimiento – debe abrir su alma, aún a riesgo de perder parte de su propia identidad.

¡Un mundo en tus manos! Atesóralo, disfrútalo, mímalo, vívelo y tendrás toda una vida – la que sea, la que dure, que las vidas duran lo que duran – para sentir de nuevo en los huecos de tu silencio y tu razón; algún día, podrás contar en alguna parte, que fuiste dueña de todo un mundo y que fuiste feliz.

Jose ( Nuberu)

1