Una caracola marina

 

Algún día, sin darte cuenta, encontrarás tus pies descalzos acariciados por alguna ola con sabor a sal y junto a uno de los dedos de esos pies tuyos, hallarás una hermosa caracola marina y doblarás tus rodillas para recogerla depositándola en tus manos, la contemplarás con esa mirada tuya cargada de nostalgias y ternuras y la acercarás a tu oreja.

Será entonces cuando oigas el murmullo del mar musitándote algo en tu oído, oirás el canto de esa caracola marina que el mar, la mar, depositó a tus pies y ese canto, el canto de las sirenas que volvían locos a los viejos marinos, te traerá los sonidos de mis nostalgias.

Estoy seguro de que cuando sientas en la piel de tus manos la caricia de ese nácar, construido a lo largo de todos los años que la mar le ha concedido, encontrarás una parte de mis manos acariciando las tuyas y su canto serán las palabras de amor que en mis noches te dedico, aún cuando tu no puedes escucharlas, porque tus dolores, esos que te has construido a lo largo de estos años, te  impedirán oír mis cantos de sirena, esos que cada noche intentan decirte que te quiero.

Pero estoy seguro - como lo estoy de que el mundo es mundo - de que por mucho que tu no quieras hacerlo, me dejarás en algún rincón de tus rincones queridos, para mirarme de vez en cuando y recordar que un día de alguna perdida noche, me amaste y te amé y ella, esa caracola, te dirá todas las cosas que no pude decirte porque no había tiempo.

Y te fijarás en todos los surcos que la mar dejó a lo largo de sus bordes y olerás todas las mareas que olieron mis pupilas al pensarte y sentirás todas las caricias que mis manos desearon darte sin poder rozar la piel que querían rozar, será entonces cuando por unos segundos – estoy seguro -  me echarás de menos como yo te echo de menos a ti.

Cuando eso ocurra, entonces, solo entonces, será mi hora, la hora de mi pequeña venganza, una venganza cargada de amor y melancolía, será la hora en que no puedas evitar el sentir de que un día te quise como nadie te quiso y si en ese nocturno momento una lágrima resbala por tus mejillas, entonces sabrá mi corazón, que en algún momento de nuestros momentos, tu me quisiste como yo te quiero.

Un día, en alguna perdida ola de alguno de tus infinitos viajes, tus pies sentirán la caricia de una modesta, pero hermosa caracola marina y tu sabrás  que dentro de ese caparazón, estarán todas las palabras de amor que un día quise decirte al oído, y su rumor te dirá lo que una noche no me dejaste decirte, porque tenías miedo de las palabras.

Pero no debe de preocuparte, al fin y al cabo esa caracola, sólo es un presente de un pasado que no fue y de un futuro que algún día nos aguardó, es el regalo de mi mar, de mis olas, del salitre que mis pies acumularon en las horas que te pensé mientras contemplaba los horizontes que nos separaban y nos separan.

Alguien te dirá que sólo son cantos de viejas sirenas y que esos seres sólo querían perder las almas de aquellos que se paraban a escucharlos, pero en el fondo de alguno de los rincones de tu corazón, sentirás que ese canto que la mar te envía en mi nombre, es el canto de mis sentimientos, dejados en tu orilla en forma de caracola marina, para que ella te haga saber cuanto te quise aquél día y cuanto te quiero esta noche en que mis dedos recorren las palabras que quiero escribirte.

De regalos está mi viejo zurrón lleno, de regalos está tu vida cargada, pero no hay regalos suficientes para expresar lo que un viejo sueño representa,  el sueño de poder abrazar una sirena con un rostro que sea tu rostro, de una piel que sea tu piel, con labios como los que yo deseo besar, que no son otros que los tuyos, con ojos que saben mirar como seguro que miran los tuyos, que una vez, en mi lejanía los presentí y eran unos ojos muy hermosos.

Y cuando esa mano que tanto deseo acariciar con las mías, deposite la vieja caracola en tu estante de los recuerdos, sólo te pediría que esa mirada tuya,  cargada de tantas nostalgias, se fije en esos pliegues de amor que te envío y tus dedos envíen un beso a las olas que un día la acariciaron, para que me lo hagan llegar un día de no se sabe cuando.

Algún día, en alguna perdida playa de las de tu vida, una caracola marina te acariciará la vida y al oír sus rumores se inundarán tus ojos de mil nostalgias y sabré, en ese preciso instante, que por un efímero momento pensaste en mi como yo pensé en ti, cuando le pedí a las olas que te la hicieran llegar.

Luego, en algún perdido lugar, de los que sueles frecuentar en tus viajes, tus ojos mirarán algún perdido horizonte y la raya que nos separa, te recordará que al otro lado de la estrella que preside ese firmamento que te contempla, estarán mis ojos mirándote, con todo el amor que pueden mirar.

Jose ( Nuberu)

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