Una tarde otoñal

 

Supongo que alguna vez en tu vida  - yo confieso que más de las que me gustaría -  te habrás acurrucado en tu sofá favorito, o en tu sofá a secas, que nadie por estos pagos tiene más de uno, pondrías una de tus canciones favoritas y cerrando los ojos, te dispondrías a soñar con algún hermoso sueño.

¡Sí, claro! En uno de esos días vagos y lluviosos en los que no apetece hacer nada, solo vagabundear por cualquier rincón y dedicarse al placer de no hacer nada; una de esas tardes en las que deseas estar con quién quieres, pero su ausencia se hace nostálgica y sólo puedes abrazarte a ti misma en la penumbra de cualquier cuarto, donde el calor de una pequeña manta haga las veces de ese abrazo que te falta.

Te resulta familiar la idea verdad? Cerrar los ojos, dormitar y quedarte durante unos segundos con la imagen de su rostro pegado al tuyo y sintiendo sus brazos que te rodean y te protegen de tantas cosas “Oye mar...... escúchame....quiero bailar contigo........para ser tu isla” y esa melodía presidiendo el momento mágico en el que por un leve instante, vuelves a estar con él, en sus brazos.

Tal vez afuera, la lluvia golpee tus cristales y el viento te recuerde que el día es frío y desapacible, pero tu te sientes en un pequeño paraíso en el que sólo habitan tus sueños, la música que te acompaña y te reconforta, la manta que te protege – mejor sería que unos brazos hicieran esa labor, pero no hay y uno se aguanta – y transportada a algún momento que viviste o que alguna vez soñaste vivir.

Me gustaría imaginarte así, el cuerpo abandonado al placer de la nostalgia, los ojos semicerrados y en la comisura de tu boca un suspiro que pugna por brotar “Oye mar........abrázame.......y cuéntame tu vida.........” me gustaría coger tu mano en ese instante y que tú la reconocieras como la mano que estás deseando apretar, acariciar y que te acaricie.

Pero no puedo hacerlo, así que me tengo que conformar con imaginarlo y plasmarlo en un papel que algún día te llegue, para que sepas que a pesar de todo, una tarde de otoño, lluviosa y aburrida, te vi así y mis ojos se inundaron de todas las caricias que no te di.

Me queda el consuelo que en el mismo instante que así te imagino, la misma canción llega a tus oídos y a los míos y la misma caricia recorre nuestros sentidos “ Oye mar............espérame..........quiero volver contigo......a mi antigua isla......” así que me siento delante de un papel – como siempre hago desde hace tiempo – y dejo palabras en él, que me hagan llegar hasta ti, aunque sea en la distancia.

Y mis manos recogerán en silencio una pequeña esquina de tu manta, para cubrirte con ella, abrigar tu desarraigo y despedirme con un beso en la frente, que te recuerde al despertar, que estuve allí, a tu lado a pesar del mar, a pesar del tiempo, a pesar de todo.

En realidad todo el mundo estuvo así alguna vez y más de una vez ha deseado todo el mundo esa pequeña caricia que supone saber que alguien nos abrigará en el frío de nuestras noches, en las esperadas madrugadas, en las tardes de otoño en las que nadie sabe que hacer, porque nadie tiene nada que hacer; así que no me cuesta grandes esfuerzos imaginarte en esa tesitura y sentir lo mismo que sientes tú, aunque el abrazo sea otro que el mío.

Es una tarde otoñal, como hubo muchas en nuestras vidas y como más habrá a medida que nos sintamos mas solos o menos acompañados – que es lo mismo pero de otra manera – una tarde en la nos reconfortaremos con nosotros mismos, porque el abrazo que falta lo suplimos con el calor de nuestro propio cuerpo y con los sonidos que nos empapan el corazón.

“Oye mar........escúchame.............quiero vivir contigo..........” pero ya no escuchamos la melodía, porque nuestros cerrados párpados están por otra labor y el cerebro nos lleva de un lugar a otro, de un sueño a otro, de una caricia a un beso que buscan nuestros labios en el vacío.

Y nos revolvemos en el sofá buscando esa postura que nos haga mas llevadera la espera de no se sabe qué, como si quisiéramos estirar los brazos y retener el momento, encogiendo nuestras piernas como recordando el vientre que una vez nos abrazó como nadie nos abrazará jamás.

Y algo nos dice que nos neguemos a despertar, algo nos pide que hagamos infinito ese momento, porque sólo así podemos estar con quién queremos estar de la manera que nos gustaría estar; lo malo es que tenemos que despertar y enfrentarnos al hoy o al mañana, sin saber que es mejor, si el hoy que está a punto de dejarnos, o el mañana que no sabemos como vendrá.

Así que te dejo en tu sofá acompañada de tu sueño, no sin antes dejarte una mirada que te diga al despertar, que te acompañé y te cubrí para que no pasaras frío y te besé sin que supieras que eran mis labios los que te besaban, una mirada que te deje un te quiero suspendido en el aire, para que la melodía que está a punto de acabar lo deposite en tus adormilados oídos.

“Quiero volver contigo...............escúchame........abrázame......” que tengas dulces sueños, aunque yo no esté en ellos.

Jose (Nuberu)

 

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