El viaje de tus nostalgias

 

El tiempo cada día te pertenece menos y vas dejando que el destino te marque los pasos cotidianos, el ritmo, los horarios, eso te va liberando de esas tensiones que te son tan familiares porque van contigo allá donde tu vas; es tu huída hacia no sabes donde y además sin equipaje que te resguarde de los avatares que te aguarden.

El peregrinaje en busca de esa tranquilidad que te permita respirar de vez en cuando, aunque a veces te preguntes de qué sirve respirar si no tienes el aire que buscaste; la ronda sin giros conocidos, el cruce de caminos sin señales que te guíen, la búsqueda de una paz que te han dicho que existe pero que no acabas de encontrar y así estás, en el viaje de tus nostalgias, embarcada en la tarea de llegar, sin saber donde tienes que llegar.

Guardas en tu interior, muy escondidos, algunos tesoros que encontraste a lo largo de tu camino, pequeñas vivencias y sensaciones que algún día de tu azarosa vida, te sirvieron para colocar una sonrisa en el fondo de tu corazón; alguna vez, como en un descuido, recuerdas un paseo de una mano casi desconocida, de un lugar donde reposó tu frente, de un pecho que latió a tu lado, de unos labios que rozaron tus mejillas.

Sólo entonces encuentras ese minuto de paz que te permite seguir viva, porque a veces te preguntaste de qué sirve seguir viva; solo entonces puedes olvidar lo que no sientes porque ya no quieres sentir o porque ya lo sentiste y te dejó exhausta y sin horizonte en tus ojos.

Es como esa sensación de ir río abajo, arrastrada por la corriente y sin orilla fija en la que quedarte, pero sigues adelante y a veces miras hacia atrás preguntándote donde se equivocó tu corazón, porque te has propuesto que no vuelva a equivocarse; tienes la suerte – a pesar de que alguna que otra vez te parezca una carga -  de tener a tu lado el mejor sueño que nunca hayas podido tener, el mayor desafío que te planteó la vida, la aventura más hermosa que nunca habrás podido soñar y eso, a pesar de los pesares, te reconforta de muchas cosas.

Y sin embargo todas las mañanas te levantas con la sensación de que te falta algo, de que no hay calor en esas sábanas vacías, de que no hay latidos con quién compartir tus latidos, de que nadie te aliviará el resquemor de tus labios de tanto añorar un beso que vuelva a despertar tus dormidas pasiones y sin darte tiempo a sopesar los pros y los contras te lanzas a la dura faena de llegar hasta tu próxima noche.

A veces, sólo a veces, te paras a pensar si ya no volverás a soñar, si ya nunca tendrás un sueño como aquél que tuviste una vez y que se te diluyó entre los dedos del alma, a veces te interrogas a ti misma en busca de respuestas que permitan a tus sentidos volver a vivir una ilusión, un proyecto de sentimiento, una oportunidad a tu castigado corazón, pero descartas la idea porque no quieres proyectos que aten ese pequeño espacio que has recuperado para ti.

El tiempo cada vez te pertenece menos – como a todos los que pasamos por aquí, por esta especie de tránsito – y las alternativas ya no son el horizonte en el que se puedan apoyar tus sueños, porque no ves alternativas, o simplemente porque te quedas con las que hay, que son las tuyas y no quieres compartirlas con nadie porque no te apetece o porque no hay nadie con quién mirar hacia alguna parte.

Sabes que algún día de todos los que te quedan, escribirás un adiós, aunque lo que estás deseando es escribir una carta de bienvenida y la duda te corroe porque no sabes que es mejor; tal vez lo que te hace falta es recibir un poema de esos que acarician, una palabra que te explique lo importante que eres, un susurro que te indique que alguien está suspirando por ti, una mano que coja la tuya cuando tus manos necesiten el dulce tacto de otra mano.

Por eso te encuentras en el viaje de esas nostalgias tuyas, que no es como tus otros viajes, que no se parece a ningún otro viaje que hayas podido hacer o que hagas en un futuro; aquí no hay maletas que preparar, ni horarios que cumplir, ni paisajes que mirar, porque el paisaje lo llevas dentro, escondido en al baúl de tus nocturnos sueños.

Me gustaría poder entregarte todo aquello que necesitas que te entreguen, pero a modo de regalo, porque los regalos se dan sin pedir nada a cambio y además no se tienen que devolver, para eso son regalos; me gustaría saber que alguna vez, algún día, en algún tiempo, encontraste lo que tanto deseas encontrar, lo que tanto necesitas disfrutar, eso que nos hace decir que hemos encontrado ese bien tan escaso y oculto que se llama felicidad.

Tal vez pasen los años sin que encuentres ese hueco que te pertenece, sin que el horizonte que buscaste alguna vez se muestre ante tus ojos, tal vez no puedas parar en la hospedería donde se encuentre la cama que acoja tus sentidos o el paisaje que tus ojos están deseando encontrar, pero eso nadie lo sabe, porque nadie sabe donde está el lugar que cambie su vida, nadie sabe donde se encuentra el sueño que le está aguardando.

Entretanto, yo seguiré mirándote de lejos, con la esperanza lista para entregártela envuelta en un hermoso papel de regalo, con las flores frescas en el jarrón de mis nostalgias y con un papel en blanco donde escribir alguna que otra palabra que te sirva para continuar, aunque tu camino no te lleve hasta donde mi corazón te está aguardando.

Si alguna vez pasas por la vieja plaza donde se encuentra el viejo café, busca la mesa más apartada de la más apartada esquina y si tienes tiempo, siéntate a mi lado para compartir un café conmigo, así podré entregarte el arrugado papel donde escribí aquél poema que hablaba de ti y de mi y de tantas otras cosas.

Jose (Nuberu)

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