El
viajero imaginario
Parece que te estoy viendo, sentado en tu sillón favorito – en realidad a parte de ser el favorito, es el único que tienes – con la mirada extraviada inventando uno de tus periplos de viajero imaginario, uno de esos viajes que te sueles sacar de la manga y que leyéndolos, tal parece que estuviste allí.
Perdido en una gran ciudad, en una de esas plazas que están cerca de todas partes y lejos, muy lejos, de cualquier lugar; mapa en ristre, mochila al hombro y una botella de agua caliente a medio beber en una de tus manos, mirando a todas partes, pero sin mirar.
No sé con que nos sorprenderás esta vez, pero seguro que ayudarás a mas de uno y de una, a adentrarse en algún sueño perdido, en el que el protagonista no será la ciudad en sí, al contrario, lo será la búsqueda de algo que alguien pretenderá encontrar en ella; una sensación, unos ojos, un trabajo, una ilusión perdida o a punto de llegar, tal vez un amor desconocido y fugaz.
Y de tu mano uno se sentará en una terraza de cualquier calle, contemplando el paso de las gentes e intentando escudriñar sus rostros, en busca de algo que le descubra una pequeña parte de sus escondidas vidas, oyendo sus lejanas conversaciones y fijándote en sus multicolores ropajes.
Esa muchacha – mujer, hombre, da igual – con la sonrisa en sus labios, posiblemente indicativa de la alegría de la vuelta a casa o tal vez caminando hacia un encuentro de felicidad presentida. Ese anciano, sentado en algún banco, con gesto cansado pero de ojos vivaces, que dibuja en su rostro toda una vida que ahora trata de recordar; esos jóvenes ruidosos y pandilleros que entre bromas y risas se dirigirán hacia alguna parte donde retozar con su juventud.
Y contemplar el paso de gentes de muchas razas, de muchas religiones, que habitan en la misma ciudad; una ciudad acogedora o inhóspita, pero igual para todos sin distinciones. Habrá entre todos ellos, sueños realizados o a punto de realizarse, esperanzas a la vuelta de cualquier esquina o simplemente una vida – en una tapia cualquiera se puede leer una frase que alguien dejó como recuerdo de su paso ¡Vive, pero vive ahora, no lo dejes para mañana! - que te hace sonreír y también pensar.
Sin embargo todo eso no te distrae de tu verdadera razón, de tu mirar curioso y algo crispado, de tu incesante búsqueda del pasar del rostro que has ido a buscar; nunca estás seguro de si sucederá o no, porque estás en cualquier lugar de cualquier ciudad, pero no pierdes la esperanza de que sea la ciudad en la que ella está y que ese momento llegará, porque una vez existió ese momento, una vez sucedió y ahora tus esfuerzos sólo están encaminados a que ella vuelva a pasar por allí por donde una vez pasó.
Será tal vez por eso que recorres calles y plazas con la esperanza de volver a verla y así disfrutar de nuevo del hermoso color de sus ojos mientras sus manos revoloteaban en el aire a la búsqueda de las tuyas y porque todas las calles y todas las plazas se parecen si uno no ve en ellas lo que ha ido a buscar.
A veces te adentras en alguna calle perdida y medio oscura que te recuerda otra calle de otro lugar que visitaste una vez; una cuesta de empedrados caminos que se parece a aquella cuesta donde unos ojos pícaros y vivaces se dirigían hacia ti; una sombra a la vera de alguna fuente, que te empuja a mojar tus dedos en ella y reposarlos en tus labios, como alguien en otro lugar similar hizo una vez.
Entretanto uno va disfrutando de los paisajes que se reflejan en las ventanas de tus ojos, paseando por las arboledas en la orilla de algún río, con el reflejo del sol que se apaga lentamente sobre el agua; o tal vez cuando esos adormilados párpados tuyos no dejan de mirar los carteles que van marcando la ruta de tu imaginario viaje, como la primera vez que te acercaste a ella.
Así, recostado en tu sillón, sigues siendo ese viajero imaginario, que con la sola referencia de lo que tus ojos vieron un día y los sueños que te siguen acompañando allá donde vas, recorres los lugares que te gustaría recorrer con ella y de paso los demás nos recreamos en ellos, porque sabemos que cuando recorres esos paisajes, esas ciudades, esas plazas y esas calles, lo haces con los ojos del corazón.
Jose (Nuberu)