
Historia del Athlétic Club. Volver a empezar.
Si el Athlétic Club no desaparece se debe
fundamentalmente a tres factores. Primero, el club era el dueño de San Mamés.
Teniendo donde jugar podía plantearse una vuelta a la competición. Segundo, al
ser los jugadores del Athlétic de la tierra, de Vizcaya, no fue complicado
reunir una plantilla, aunque, eso sí, su calidad no estaba en absoluto
contrastada. Tercero, hubo gente dispuesta a asumir responsabilidad en el club y
tirar del carro.
Así, cuando en la temporada 1939-40 se
reanudan las competiciones deportivas el Athlétic está en condiciones de
asumir el reto en la Primera División de la Liga. División de la que, por
cierto, nunca ha faltado nuestro club. En las nuevas circunstancias no se hace
mal del todo. En la Liga se obtiene un honroso tercer puesto. En la Copa no se
pasa de octavos. Pero el balance es positivo: el Athlétic ha vuelto.
En 1940, en un amistoso entre las selecciones
de Vizcaya y Guipúzcoa debuta un jugador rojiblanco del que dicen que promete.
Su nombre es Telmo Zarraonaindía, el gran Zarra. En la temporada 1940-41 debuta
con el primer equipo. Otra novedad importante esta temporada es la del nuevo
entrenador, Juan José Urquizu, un antiguo jugador rojiblanco. Con Urquizu como
entrenador harán su aparición en los campos de deporte algunos de los mejores
jugadores que han vestido la camiseta rojiblanca: Gaínza, Iriondo... y por
supuesto el gran Zarra.
A causa de la política gubernamental el Athlétic
Club se convierte desde el 13 de Enero de 1941 en el “Atlético de Bilbao”.
El cambio de nombre no hizo ninguna gracia porque el nombre propio del club,
desde que nació y hasta hoy, es Athlétic Club. Repetidas veces solicitó la
Directiva que el club volviera a su nombre tradicional. Y al final se consiguió,
aunque pasaron años antes de eso. Más de una vez me he preguntado cómo
hicieron llamarse en esa época al Rácing de Santander o al Spórting de Gijón,
por ejemplo.
Con Urquizu al timón y semejante promoción
de jugadores, el Athlétic logra en la temporada 1942-43 los dos primeros títulos
de la nueva era: un doblete, Liga y Copa, para que nadie dude de que el Athlétic
está de vuelta. Tomen nota de la delantera de aquel equipo: Iriondo, Panizo,
Zarra, Gárate y Gainza. La mejor de la historia del club. Una delantera
impagable, literalmente. ¿Quién podía, entonces o ahora (si estuvieran en
activo), pagar el traspaso de alguno de estos cinco? Unos pocos años después
esta delantera sufriría una pequeña variación: Iriondo, Venancio, Zarra,
Panizo y Gainza, la delantera que se sabían de memoria todos los aficionados
españoles al fútbol.
Los años 40 son años muy buenos para el Athlétic.
Consolida su posición como uno de los grandes del fútbol, con una plantilla de
ensueño, y con un palmarés de títulos envidiable. Son estos años los que
permiten también fijar de forma consciente y por primera vez la política de
fichajes del club, basada en la contratación de jugadores de la tierra, es
decir, Vizcaya. Esta política marca un hecho diferenciador de la del resto de
clubes, que comienzan a respetar al Athlétic por lo que aún hoy es respetado:
sin recurrir al mercado de fichajes, trabajando con la gente más cercana, el
Athlétic gana títulos y se hace respetar en el terreno.
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El equipo ganador de la Copa de 1950 posa para la prensa en el césped de San Mamés. En el centro de la imagen, sujentando el trofeo, el gran Zarra. |
A finales del año 49 llegan de visita a
Bilbao tres equipos argentinos, nada menos que Newell´s Old Boys, el San
Lorenzo de Almagro y el Rácing de Buenos Aires. Los tres equipos le ganan al
Athlétic, que sigue fiel a su estilo de fútbol frente al estilo de fútbol de
los argentinos.
Y es que los años 40 marcan otra transición
en el fútbol. Finalizada la Segunda Guerra Mundial, reanudadas las
competiciones nacionales, el fútbol ya no es lo que era. Las naciones de Sudamérica,
que no se han visto envueltas por ninguna guerra, han seguido desarrollando el fútbol.
Los clubes ya sí se dedican a buscar sistemáticamente (antes era el joven el
que se acercaba al club y decía “quiero jugar”) a jóvenes dotados para
este deporte, a los que incorporan a sus plantillas. Además varían los
sistemas tácticos. La defensa de tres o de cuatro (con dos defensas laterales)
elimina una de las armas del “fútbol británico”, la carrera de los
extremos cada uno por su banda, hasta el área. Ahora hay un defensa cuya misión
es justo tapar a los extremos. La estrategia no es tan importante, se busca más
al jugador capaz de controlar el balón y conducirlo hasta donde sea necesario,
si hace falta al otro extremo de la cancha.
Si alguno ha visto en la película “Evasión
o victoria” la escena en la que Pelé le dice a Michael Caine cual es su táctica
para meter gol, ya se hace una idea de lo que ha cambiado el fútbol.
En Centroeuropa también están cambiando las
cosas. En Checoslovaquia y en Hungría una nueva generación de jugadores y de técnicos
van a revolucionar el fútbol europeo con sus nuevos sistemas: 2-3-3-2 y
2-3-2-3. Se trata de un fútbol menos individualista como el sudamericano. Al
contrario, la disciplina del posicionamiento es importante. El equipo es lo
primero y el buen jugador juega para el equipo, ésa es la norma. Todos estos
cambios eclosionarán en el Mundial de Suecia de 1958, pero ya a finales de los
40 se podía ver que las cosas iban a cambiar no tardando mucho.
Todo esto es fácil de ver a posteriori. En
1950 pocos en el fútbol español eran capaces de verlo. Sobre todo porque en el
Mundial de ese año nuestra selección queda en cuarto lugar, nuestro mejor
resultado en un Mundial. ¿Porqué hemos de preocuparnos?
En ese Mundial Zarra marca uno de los goles más
famosos de nuestra historia a Inglaterra, tenida universalmente por la mejor
selección del mundo. Ciertamente, como demostró Brasil, no lo era... pero
nosotros ganamos a los ingleses.
En 1953 Zarra se retira del fútbol activo. La
afición le despide con una de las ovaciones más grandes que se recuerdan en el
antiguo campo de Chamartín, hoy de Santiago Bernabeu. La retirada de Zarra
marca la inflexión de una época en el Athlétic. Aquella maravillosa generación
de futbolistas surgidos tras la guerra está desapareciendo, la edad no perdona.
El relevo generacional se suma a la aparición de los cambios en el fútbol que
antes he indicado, y que en España se traducen en la presencia sobre el terreno
de dos de los mejores futbolistas de la historia: Kubala y Di Stéfano, el uno
representando a la escuela centroeuropea, el otro a la escuela americana. Cada
uno con su estilo y los dos con talento sobrado para jugar al fútbol.
Renovarse o morir. El Athlétic ficha a un
entrenador checo, Daucik, procedente del Barcelona (donde no lo había hecho
nada mal: cuatro Copas). No se dio mal con el nuevo entrenador: tercer puesto en
la Liga y campeones de Copa. Al año siguiente la cosa mejora: doblete de Liga y
Copa, para que no haya dudas. Ambos trofeos los recoge el capitán, Piru Gaínza,
que tiene el récord de finales de Copa ganadas: siete. Se dice pronto. Asimismo
Gainza tiene el récord de goles marcados en un partido de Copa: ocho de un
total de doce que marcó el Athlétic.
En la temporada 56/57 tiene lugar un
acontecimiento revolucionario: se ponen en marcha las competiciones oficiales
internacionales. En principio son tres: la Copa de Europa para los campeones (y
en algunas temporadas los subcampeones) de las Ligas; la Recopa para los
campeones de Copa y la Copa de Ferias para los primeros clasificados de las
Ligas nacionales. Este hecho vuelve a marcar el comienzo de una era en la
historia del fútbol, y una inflexión para los clubes.
Con el comienzo de las competiciones
internacionales el fútbol se convierte definitivamente en un deporte de masas,
de muchedumbres. Las Ligas, los Mundiales, ahora estos torneos... hacen que el fútbol
sea un deporte que, a diferencia de otros, puede ser visto por los aficionados
dos o tres veces por semana. La televisión permite que el fútbol llegue hasta
el rincón más apartado del país más subdesarrollado. Millones de personas en
toda Europa viven pendientes de la retransmisión del partido de su equipo. Y de
la mano de esto viene el dinero. Mucho dinero. Dinero de las televisiones, de la
publicidad, de las taquillas, de los traspasos. Dinero para fichar a jugadores
de élite (eso que antes se llamaba un “crack” y ahora un “galáctico”)
que permitan conquistar esos torneos, y seguir ganando dinero. Porque ahora no
es el fútbol el que mueve al dinero. Es el dinero el que nueve al fútbol, en
una pirueta que aleja a los clubes de fútbol del deporte y los acerca más al
negocio puro y duro.
En este nuevo mundo del fútbol el Athlétic,
con su filosofía de plantilla y con su tradición de gestión del club sin pérdidas
ni quebranto económico, no está en condiciones de competir. Cualquier club (se
vio en el 86, y se está viendo ahora en el fútbol español) puede endeudarse
hasta las cejas para fichar a un “crack” de allende nuestras fronteras que
mete goles igual que yo bebo cervezas. El Athlétic, fiel a su política de
fichar jugadores “de la tierra”, no puede ni endeudarse ni fichar a ese
“crack”. Si lo hiciera, ya no sería el Athlétic Club, el club canterano y
de administración austera, sin dispendios. Sería otra cosa. Y la inmensa mayoría
de los que seguimos al Athlétic ya no reconoceríamos como el club de nuestros
amores a ese Athlétic derrochón y que prefiere a un Shevchenko (por caro e inútil
que nos sea) antes que a un Urzáiz.
Peor aún. El dinero de otros clubes hace que
el jugador que pacientemente se ha ido formando en el Athlétic, en el momento
de su madurez deportiva puede alejarse del club en un solo día. Así pasó en
el 57 con Garay (cinco millones y medio de los de entonces pagó por él el
Barcelona) y quizá pase mañana con Joseba Etxeberría (creo que la puja está
ahora en 20 millones de Euros).
En este mercadillo en que se convierte el fútbol
(a veces mas que mercadillo, en auténtica cueva de Alí-Babá o en patio de
Monipodio) el Athlétic juega con desventaja. Así son las cosas, no puede
decirse de otro modo.
Por eso no es de extrañar que desde esa
temporada hasta la actual la cosecha de títulos del club, aunque ha seguido, no
sea tan espectacular como en los años previos.
Pero esto es fácil decirlo teniendo
perspectiva. En aquella temporada 56/57 en que el Athlétic debuta en la Copa de
Europa eliminado al Oporto estas preocupaciones no estaban cerca de las mentes
de los aficionados.
El nivel competitivo del club se mantiene
estable durante la segunda mitad de los años 50 y durante los 60. Es en esta época
cuando en el fútbol español se empieza a distinguir entre los clubes
“grandes” y los “modestos”, pero no por la historia o el patrimonio
futbolístico acumulado, sino por su capacidad para defenderse en las
competiciones, españolas o europeas, y también, y cada vez más importante,
por su capacidad para gestionar recursos y movilizar ese dinero sin el cual el
club ya no funciona deportivamente. El Athlétic permanece entre los primeros
durante estos años aunque la cosecha de títulos, tanto en España como en
Europa, es magra: dos Copas (más tres subcampeonatos), y en la Liga, un segundo
puesto como mejor clasificación.
Al comienzo de los años 70 la afición del
club ya empieza a ser conscientes de los vientos que soplan en el fútbol español
y de que con la política del club siempre se partiría en desventaja. ¿Se
pretendió cambiar entonces la política? No. Porque la tradición creada por el
modo de hacer del club le identifica tanto como la camiseta rojiblanca y el
estadio de San Mamés. Nadie deseaba, ni desea, dejar de reconocer al Athlétic
por como es.
Es a finales de los años 60 y principios de
los 70 cuando eclosiona por toda España el movimiento peñista del Athlétic.
Curiosamente, cuando la afición toma conciencia de lo que se avecina es cuando
más crece ésta, cuando se agrupa en peñas y se organiza para apoyar y animar
al club. Curioso ¿no? Pero es que los aficionados del Athlétic somos así.
El movimiento peñista cobra fuerza en poco
tiempo. La primera peña (la Juvenil del Athlétic, en Bilbao) nace en el 69, y
en Marzo del 73 ya son suficientes como para organizar el 1er
Congreso de Peñas en Bailén, siendo la peña de Bailén la anfitriona.
Hay plantilla y hay afición, lo que no está
mal en tiempos de crisis. ¿Falta algo? Por supuesto, la cantera.
En la temporada 69/70 el Athlétic toma una
decisión crucial. De hecho, para un club como el nuestro, una decisión de vida
o muerte. Se toma la construcción de construir Lezama como semillero de los
futbolistas del futuro. Las instalaciones comienzan a funcionar la temporada
siguiente. Se acomete además una remodelación de los equipos de categorías
inferiores para ponerlos al servicio de San Mamés a través de la herramienta
de Lezama.
El puente entre el decenio de los 60 y los
70 va a ver como surge una nueva generación de futbolistas que eleva el nivel
competitivo del club por encima de los años anteriores. Son los años en que
aparecen los hermanos Rojo, Villar, Sáez, Irureta, entre otros. Los aficionados
ya llevaban un tiempo viendo bajo los palos a José Ángel Iríbar “el
Chopo”, y a un chaval joven llamado Javier Clemente al que una lesión truncó
su más que prometedora carrera. Más adelante aparecerán Carlos, un goleador
de la estirpe de los buenos, y Daniel Ruiz “Dani”, uno de los mejores
extremos derechos de la época, con olfato de gol incluido.
Así afrontaba el Athlétic su entrada en los 70.
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