CRIPTONITA VERDE
Hoy me siento frágil. Como los cristales de un copo de nieve. Ellos son tan vulnerables que la simple tibieza de una mano los atomiza. Estoy fastidiado por esto: si hay algún flanco de mi humanidad que me enoja, ese es el de la vulnerabilidad. No es que crea que lo único que puede hacerme daño es la criptonita verde. Sucede algo así como si las pocas reservas que ayer conservaba al acostarme, no se hubieran conservado. Peor aún: parece que se esfumaron. Me siento a escribir y no tengo nada que contar. El día está algo nublado y agradable. Unos 18 grados Celcius hacen preludiar un buen día de primavera, los árboles tiran sus primeros brotes, mientras el verde de las hojas tiernas le da una frescura adicional a la luz que se cuela por la ventana. Un día anodino como el de ayer y el de mañana. La rutina se enseñorea de las horas. Exactamente como 1 x 0 = 0. Cuando termine de escribir esto, lo guardaré, lo subiré a la página usando el consabido Ctrl + E, Ctrl + C y Ctrl + V. Y habrá terminado mi jornada de escritor. Después, responderé algún que otro mail y mientras tanto, le echaré un vistazo a los lectores que tuvieron la generosa actitud de ojear (conste que lo escribo sin hache y no es necesario que explique el motivo) mis textos.
Sí, hoy me siento frágil, vulnerable, como si la única realidad fuera la de esta pantalla, porque la otra anda por otros carriles..........................................................
BOLEROQue perdure este momento. Sígueme entre arpegios en crepúsculo. La noche comienza en la nota más alta de la escala. El viento susurra sus registros bajos. La luna, el sueño de un silencio repentino. Mira cómo el azul trepa en corcheas soñolientas. Escucha, oye, siente... ¿No percibes el perfume de la menta allí donde acaba el teclado? Un pájaro rezagado anida en la armonía.
Lo único que te toca en turno es cerrar los ojos, esperar que juegue contigo el terciopelo del poniente y dejar caer tus dedos hacia el fondo de una octava. Después, con el último acorde cristalino de la fuente, terminaré en clave de fa al roce de tus muslos...
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PRELUDIO
Puntual, la flor muere en sus colores para entregarle al rocío sus esencias últimas. El sol, jadeante entre las sombras que lo acechan, esparce el brillo apagado del ocaso sobre la hierba fresca. Una luciérnaga con prisas sobrevuela las ramas bajas de los sauces... La brisa atrae el canto de unos teros en fuga.
Preludio de la noche, un violín perezoso cede con gracia sus notas extrañamente sordas al fragante aire de la puesta.
Preludio de la noche, unos ojos grises se pierden entre beatitudes.
Un grillo afina displicente sus élitros para sumarse a la cadencia.
Luego, el silencio...
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Abulia.
Es el frío
que adormece,
sosiega,
hiere,
amodorra,
mata,
hasta
la sutilidad
del sueño
no deseado.
*RIEN: En francés, "Nada"