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2. Un tema ignorado y censurado

3. La simpatía por Cuba

4. La guerra hispanoamericana de 1894

5. Una oportunidad de romper con el pasado

6. Revanchismo y confrontación

7. El país en la incertidumbre

8. La Proclama Miles y las esperanzas

9. Los juegos del gato y el ratón

10. Las veleidades de Soto Villanueva

11. El trunco ajusticiamiento de Soto Villanueva

11.España se fue de bruces

Parte II

1. La desilusión y el discurso anarquista

2.El eco local: «Todo comenzó en el Casino»

3. La Zorra: ¿una revista anarquista

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La Necesidad de Una Academia de Historia en El Pepino

Por Eliut González Vélez

Cuando hablamos de una academia dedicada al fomento y la expansión de cualquier rama del saber humano, aludimos a una institución que promueve la excelencia como su sello de calidad. El término académico se refiere a un estilo o manera de acercarse a estos campos del saber con rigurosidad (precisión), con estricto orden, atendiendo a las fuentes para la construcción e interpretación de las ideas, a la transparencia y la honestidad del vocabulario, a la elegancia y armonía del fraseo a fin de construir una obra pulida y primorosa.

Trasfondo Histórico

Este estilo de tratar y considerar el saber humano tiene su génesis en un campo que Akademos, el atleta y héroe griego, legó a los atenienses para construir un gimnasio y que en sus comienzos fue sembrado de árboles, algunos frutales, de estatuas, altares y santuarios. Allí, en Atenas, Platón solía reunirse con sus discípulos a filosofar y es de esta práctica que la academia toma el aspecto de academia filosófica.

Luego, la institución de la academia toma auge en la Italia renacentista como una asociación de sabios, literatos, eruditos en diferentes materias y campos. Más tarde, el término se fue ciñendo a las asociaciones profesionales dedicadas al fomento y la expansión de cualquier rama del saber humano.

La primera institución de esta índole no llevó el nombre de Academia sino de Museo y fue fundado en el siglo III, antes de Cristo en Alejandría, por Tolomeo Soter, museo que reunía a filósofos, matemáticos, retóricos, poetas, gramáticos y otros.

Durante la Edad Media los musulmanes establecen en Córdova instituciones semejantes, llamadas Aljamas. En Europa, desde 1270 con la fundación de la Academia de Bellas Artes de Florencia, vienen a existencia muchas otras. En el 1714, por la Real Cédula de Felipe V, surge en España La Real Academia de la Lengua cuyo objetivo fue bien determinado, desde el principio, en su divisa: un crisol puesto al fuego: Limpia, fija y da esplendor, y ello, al idioma castellano, velando por su propiedad, por su claridad y su pureza.

Agustín de Montiano Luyando, secretario de Felipe V, literato e investigador y quien dirigía un notable grupo de personajes asiduos concurrentes a la Real Biblioteca de Madrid, peticiona al Rey, y éste, mediante el Real Decreto del 18 de abril de 1738, crea la Real Academia de la Historia. Sus miembros tendrían los mismos honores y prerrogativas que los Académicos de la Lengua.

Sillones Académicos

Los sillones académicos fueron señalados de acuerdo al alfabeto del idioma castellano de 24 letras de aquel entonces y se asignó a cada sillón una letra en mayúscula. Posteriormente, ante la necesidad de agregar más académicos, se añadieron 12 sillones más correspondientes a las primeras 12 letras minúsculas. A estos primeros 36 académicos se les denominó académicos de número que serían los que tendrían voz y voto y administrarían la institución. Y para incluir representantes de las lenguas regionales se agregó indeterminado número de sillones académicos lo que da origen a los académicos correspondientes o corresponsales.

Los Honores y Prerrogativas de los Académicos

En el inicio de La Academia los mismos fundadores se sometieron a un proceso de calificación y perfeccionamiento para ocupar, con honestidad y por méritos propios, los sillones académicos. Ellos mismos crearon su propia normativa a la luz de la normativa de La Academia de la Lengua.

Para obtener un sillón en La Academia el candidato debía de poseer ciertas competencias a ser reconocidas por sus pares, los académicos. La rigurosidad comenzaba con acrisolar al candidato para ver si llenaba las condiciones. Esas condiciones estarían resumidas en un carácter, en una manera, en un estilo de hacer historia. Se buscaba en el candidato la rigurosidad (precisión) el orden exacto, la atención a las fuentes para la construcción e interpretación de las ideas, a la transparencia y honestidad del vocabulario, a la elegancia y armonía del fraseo en una obra histórica pulida y primorosa.

Una vez el candidato pasaba con éxito por este tamiz y fino cedazo se le reconocía y se le incorporaba a La Academia como un académico, como un riguroso y normativo estudioso de la historia. Se investía con el título y se le otorgaba una medalla de oro. Luego, entonces, podía ocupar el sillón de académico. Este es un honor y un mérito trabajado que se obtenía mediante el cultivo de un carácter y estilo académico. Desde el principio, los sillones académicos no fueron creados para ser ocupados mediante favores o dispensas del rey o de la nobleza. ¿Qué haría un académico de título en medio de un grupo de académicos de carácter y de estilo? No haría otra cosa sino el ridículo, sería el hazmerreír.

En el caso de La Academia el reconocimiento de las prerrogativas viene como consecuencia del honor. El Académico estará facultado oficialmente para mantener vigente la institución promoviendo la armonía y la solidaridad entre los socios, para dar consejos catedralicios, para apoyar a los candidatos a académicos a superar y mantener la normativa de hacer historia, para fomentar una cultura de estudio de la historia en el municipio o en la nación, entre otras.

Trasfondo Histórico en Puerto Rico

Un grupo de puertorriqueños, bajo la iniciativa del Lic. Vicente Géigel Polanco, tuvo a bien incluir en la Constitución de La Academia, “someter los descubrimientos y conclusiones históricas al juicio y a la crítica de La Academia, por medio de memorias debidamente preparadas y documentadas por los estudiantes investigadores”.

Fue para el 29 de agosto de 1934 que se fundó La Academia Puertorriqueña de la Historia en Asamblea Constituyente celebrada en el salón de actos del Ateneo Puertorriqueño en San Juan de Puerto Rico. Esta institución se constituyó en un foro de estudiosos dedicados al conocimiento riguroso y a la reconstrucción documental y crítica del pasado de la Historia en general y de la Historia de Puerto Rico.

De esta fecha acá esta Academia ha ido elevando el nivel de rigurosidad que requiere la investigación histórica y estimulando una cultura de investigación histórica entre los estudiantes universitarios. Son miembros, en la actualidad, de esta institución historiadores de la talla de Fernando Bayrón Toro, Carmelo Delgado Cintrón, José Vélez Dejardín, Ricardo E. Alegría y Luis González Vales.

Subiendo de Nivel

Las generaciones nos han prodigado historiadores competentes que se formaron fuera de las aulas escolares y universitarias. Fueron tan talentosos que se educaron como autodidactas y han escrito obras insuperables que son clásicos. Afortunadamente, en nuestra época las escuelas y universidades ayudan a formar estudiantes con estilo riguroso en el estudio de la historia. Sin embargo, podríamos lograr una mayor superación y ser más productivos si encausamos nuestras aspiraciones individuales como estudiosos de la historia dentro de un colectivo institucional como lo sería una Academia de Historia.

La creación de una Academia de Historia contempla grandes beneficios personales, grupales, municipales, nacionales e internacionales. Cuando un estudioso de la historia se une a otro, ambos crecen, se desarrollan y se superan. Cuando unos cuantos se agrupan y establecen una normativa en el estudio de la historia, el carácter y el estilo académico se va ampliando. Se va notando en lo que escriben y publican. Otros, al interesarse en venir a ser parte del grupo de estudiosos de historia, se enterarán de lo que la normativa les exige y el grupo le dará el apoyo con los seminarios, los talleres y experiencias que hagan falta hasta que logren superar la norma.

La graduación se logra cuando ese grupo de amantes del estudio riguroso de la historia investigan en conjunto con el fin de dotar al municipio y a la nación de obras medulares necesarias para formación de ciudadanos en los siguientes aspectos: identidad cultural, sentido de pertenencia y solidaridad, acción ciudadana, valoración de la cultura de trabajo y su relación con los procesos económicos, participación efectiva en la democracia, desarrollo de estima propia, valoración del patrimonio cultural y natural, atención y tolerancia a la diversidad cultural, uso efectivo de la tecnología, interdependencia entre grupos y pueblos y el fomento de las relaciones interpersonales.

Ya como Academia, sus integrantes pueden crear las condiciones para recoger toda su producción inédita o publicada y en conjunto con los archivos históricos establecer un Centro de Investigación con el fin de cultivar una cultura por el estudio de la historia municipal, nacional e internacional.

Proyecto Para Crear La Academia de la Historia de San Sebastián del Pepino

Para nosotros, los pepinianos, está a nuestro alcance crear una Academia de Historia. Contamos con unos cuantos excelentes investigadores de historia, de ciencias sociales y de humanidades; y con unos cuantos escritores y profesores de historia, ciencias sociales y humanidades que tienen el deseo de agruparse, crear una normativa académica a la luz de las Academias de Historia más antiguas y someterse al crisol de ella.

Contamos con la asesoría y el apoyo de La Academia Puertorriqueña de la Historia y de la Real Academia de Historia de España con las que tenemos relaciones en vías de ser formalizadas.

Contamos también con otros pepinianos que desean el apoyo de estos compañeros y Academias para alcanzar la normativa y ser parte de La Academia.

Todos compartimos el interés de fundar La Academia porque queremos producir y aportar, porque El Pepino tiene necesidad de recuperar y reconstruir su historia, de aprenderla, de enseñarla y transmitirla a sus generaciones venideras.

Referencias

Academia Puertorriqueña de la Historia, Constitución de la Academia Puertorriqueña de la Historia, San Juan, 2003.

Departamento de Educación, Programa de Estudios Sociales, Panamericana Formas e Impresos, Colombia, 2003.

Sainz de Robles, Federico Carlos, Diccionario de la Literatura, Gráficas Ema, Madrid, 1982.

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