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Propuesta cultural / Eliut González
Vélez
El Pepino de hermanos y el desafío de los
nuevos Compontes
Familias Confirmadas y
Pioneros en Pepino / Eliut González Vélez
El capitán Brackford / Sobre una
novela de Eliut González Vélez
Sobre los Cabrero, Prat y la historia
pepiniana /por Manuel Fernández Cabrero
Comentario sobre la Formación de la
etnia pepiniana / por Ramón Luis Cardé Serrano
Los Segarra y los López de Victoria
/ José A. Segarra y Gerena, M. D.
Caminante solitario / de Ramón Luis
Cardé
Reflexión sobre Caminante
solitario / por Eliut González Vélez
Indice / Partidas Sediciosas de
1898
1. Introducción
2. Un tema ignorado y
censurado
3. La simpatía por
Cuba
4. La guerra
hispanoamericana de 1894
5. Una oportunidad de romper con el
pasado
6. Revanchismo y
confrontación
7. El país en la
incertidumbre
8. La Proclama Miles y las
esperanzas
9. Los juegos del gato y el
ratón
10. Las veleidades de
Soto Villanueva
11. El trunco ajusticiamiento de Soto Villanueva
11.España se fue de
bruces
Parte II
1. La desilusión y el discurso anarquista
2.El eco local: «Todo comenzó en el Casino»
3. La Zorra: ¿una revista anarquista
________
La Necesidad de Una Academia de Historia en El Pepino
Por Eliut González Vélez
Cuando hablamos de una academia dedicada al fomento y la expansión de cualquier rama del saber
humano, aludimos a una institución que promueve la excelencia como su sello de calidad. El término
académico se refiere a un estilo o manera de acercarse a estos campos del saber con rigurosidad
(precisión), con estricto orden, atendiendo a las fuentes para la construcción e interpretación de las
ideas, a la transparencia y la honestidad del vocabulario, a la elegancia y armonía del fraseo a fin de
construir una obra pulida y primorosa.
Trasfondo Histórico
Este estilo de tratar y considerar el saber humano tiene su génesis en un campo que Akademos, el
atleta y héroe griego, legó a los atenienses para construir un gimnasio y que en sus comienzos fue sembrado de árboles, algunos frutales, de estatuas, altares y santuarios. Allí, en Atenas, Platón solía reunirse con sus discípulos a filosofar y es de esta práctica que la academia toma el aspecto de academia filosófica.
Luego, la institución de la academia toma auge en la Italia renacentista como una asociación de
sabios, literatos, eruditos en diferentes materias y campos. Más tarde, el término se fue ciñendo a las
asociaciones profesionales dedicadas al fomento y la expansión de cualquier rama del saber humano.
La primera institución de esta índole no llevó el nombre de Academia sino de Museo y fue fundado en
el siglo III, antes de Cristo en Alejandría, por Tolomeo Soter, museo que reunía a filósofos, matemáticos, retóricos, poetas, gramáticos y otros.
Durante la Edad Media los musulmanes establecen en Córdova instituciones semejantes, llamadas
Aljamas. En Europa, desde 1270 con la fundación de la Academia de Bellas Artes de Florencia, vienen
a existencia muchas otras. En el 1714, por la Real Cédula de Felipe V, surge en España La Real Academia de la Lengua cuyo objetivo fue bien determinado, desde el principio, en su divisa: un crisol puesto al fuego: Limpia, fija y da esplendor, y ello, al idioma castellano, velando por su propiedad, por su claridad y su pureza.
Agustín de Montiano Luyando, secretario de Felipe V, literato e investigador y quien dirigía un
notable grupo de personajes asiduos concurrentes a la Real Biblioteca de Madrid, peticiona al Rey, y éste, mediante el Real Decreto del 18 de abril de 1738, crea la Real Academia de la Historia. Sus miembros tendrían los mismos honores y prerrogativas que los Académicos de la Lengua.
Sillones Académicos
Los sillones académicos fueron señalados de acuerdo al alfabeto del idioma castellano de 24 letras de
aquel entonces y se asignó a cada sillón una letra en mayúscula. Posteriormente, ante la necesidad de
agregar más académicos, se añadieron 12 sillones más correspondientes a las primeras 12 letras
minúsculas. A estos primeros 36 académicos se les denominó académicos de número que serían los
que tendrían voz y voto y administrarían la institución. Y para incluir representantes de las lenguas
regionales se agregó indeterminado número de sillones académicos lo que da origen a los académicos
correspondientes o corresponsales.
Los Honores y Prerrogativas de los Académicos
En el inicio de La Academia los mismos fundadores se sometieron a un proceso de calificación y
perfeccionamiento para ocupar, con honestidad y por méritos propios, los sillones académicos. Ellos
mismos crearon su propia normativa a la luz de la normativa de La Academia de la Lengua.
Para obtener un sillón en La Academia el candidato debía de poseer ciertas competencias a ser
reconocidas por sus pares, los académicos. La rigurosidad comenzaba con acrisolar al candidato para
ver si llenaba las condiciones. Esas condiciones estarían resumidas en un carácter, en una manera, en
un estilo de hacer historia. Se buscaba en el candidato la rigurosidad (precisión) el orden exacto, la
atención a las fuentes para la construcción e interpretación de las ideas, a la transparencia y
honestidad del vocabulario, a la elegancia y armonía del fraseo en una obra histórica pulida y
primorosa.
Una vez el candidato pasaba con éxito por este tamiz y fino cedazo se le reconocía y se le incorporaba
a La Academia como un académico, como un riguroso y normativo estudioso de la historia. Se
investía con el título y se le otorgaba una medalla de oro. Luego, entonces, podía ocupar el sillón de
académico.
Este es un honor y un mérito trabajado que se obtenía mediante el cultivo de un carácter y estilo
académico. Desde el principio, los sillones académicos no fueron creados para ser ocupados mediante
favores o dispensas del rey o de la nobleza. ¿Qué haría un académico de título en medio de un grupo
de académicos de carácter y de estilo? No haría otra cosa sino el ridículo, sería el hazmerreír.
En el caso de La Academia el reconocimiento de las prerrogativas viene como consecuencia del honor.
El Académico estará facultado oficialmente para mantener vigente la institución promoviendo la
armonía y la solidaridad entre los socios, para dar consejos catedralicios, para apoyar a los candidatos
a académicos a superar y mantener la normativa de hacer historia, para fomentar una cultura de
estudio de la historia en el municipio o en la nación, entre otras.
Trasfondo Histórico en Puerto Rico
Un grupo de puertorriqueños, bajo la iniciativa del Lic. Vicente Géigel Polanco, tuvo a bien incluir en la
Constitución de La Academia, “someter los descubrimientos y conclusiones históricas al juicio y a la crítica de La Academia, por medio de memorias debidamente preparadas y documentadas por los
estudiantes investigadores”.
Fue para el 29 de agosto de 1934 que se fundó La Academia Puertorriqueña de la Historia en Asamblea
Constituyente celebrada en el salón de actos del Ateneo Puertorriqueño en San Juan de Puerto Rico.
Esta institución se constituyó en un foro de estudiosos dedicados al conocimiento riguroso y a la
reconstrucción documental y crítica del pasado de la Historia en general y de la Historia de Puerto
Rico.
De esta fecha acá esta Academia ha ido elevando el nivel de rigurosidad que requiere la investigación
histórica y estimulando una cultura de investigación histórica entre los estudiantes universitarios.
Son miembros, en la actualidad, de esta institución historiadores de la talla de Fernando Bayrón Toro,
Carmelo Delgado Cintrón, José Vélez Dejardín, Ricardo E. Alegría y Luis González Vales.
Subiendo de Nivel
Las generaciones nos han prodigado historiadores competentes que se formaron fuera de las aulas
escolares y universitarias. Fueron tan talentosos que se educaron como autodidactas y han escrito
obras insuperables que son clásicos. Afortunadamente, en nuestra época las escuelas y
universidades ayudan a formar estudiantes con estilo riguroso en el estudio de la historia. Sin
embargo, podríamos lograr una mayor superación y ser más productivos si encausamos nuestras
aspiraciones individuales como estudiosos de la historia dentro de un colectivo institucional como lo
sería una Academia de Historia.
La creación de una Academia de Historia contempla grandes beneficios personales, grupales,
municipales, nacionales e internacionales. Cuando un estudioso de la historia se une a otro, ambos
crecen, se desarrollan y se superan. Cuando unos cuantos se agrupan y establecen una normativa en
el estudio de la historia, el carácter y el estilo académico se va ampliando. Se va notando en lo que
escriben y publican. Otros, al interesarse en venir a ser parte del grupo de estudiosos de historia, se
enterarán de lo que la normativa les exige y el grupo le dará el apoyo con los seminarios, los talleres y
experiencias que hagan falta hasta que logren superar la norma.
La graduación se logra cuando ese grupo de amantes del estudio riguroso de la historia investigan en
conjunto con el fin de dotar al municipio y a la nación de obras medulares necesarias para formación
de ciudadanos en los siguientes aspectos: identidad cultural, sentido de pertenencia y solidaridad,
acción ciudadana, valoración de la cultura de trabajo y su relación con los procesos económicos,
participación efectiva en la democracia, desarrollo de estima propia, valoración del patrimonio cultural
y natural, atención y tolerancia a la diversidad cultural, uso efectivo de la tecnología,
interdependencia entre grupos y pueblos y el fomento de las relaciones interpersonales.
Ya como Academia, sus integrantes pueden crear las condiciones para recoger toda su producción
inédita o publicada y en conjunto con los archivos históricos establecer un Centro de Investigación
con el fin de cultivar una cultura por el estudio de la historia municipal, nacional e internacional.
Proyecto Para Crear La Academia de la Historia de San Sebastián del Pepino
Para nosotros, los pepinianos, está a nuestro alcance crear una Academia de Historia. Contamos con
unos cuantos excelentes investigadores de historia, de ciencias sociales y de humanidades; y con
unos cuantos escritores y profesores de historia, ciencias sociales y humanidades que tienen el
deseo de agruparse, crear una normativa académica a la luz de las Academias de Historia más antiguas
y someterse al crisol de ella.
Contamos con la asesoría y el apoyo de La Academia Puertorriqueña de
la Historia y de la Real Academia de Historia de España con las que tenemos relaciones en vías de ser formalizadas.
Contamos también con otros pepinianos que desean el apoyo de estos compañeros y
Academias para alcanzar la normativa y ser parte de La Academia.
Todos compartimos el interés de fundar La Academia porque queremos producir y aportar, porque El
Pepino tiene necesidad de recuperar y reconstruir su historia, de aprenderla, de enseñarla y transmitirla
a sus generaciones venideras.
Referencias
Academia Puertorriqueña de la Historia, Constitución de la Academia Puertorriqueña de la Historia, San Juan, 2003.
Departamento de Educación, Programa de Estudios Sociales, Panamericana Formas e Impresos, Colombia, 2003.
Sainz de Robles, Federico Carlos, Diccionario de la Literatura, Gráficas Ema, Madrid, 1982.
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