Antología poética / selecciones de libros
de Carlos López Dzur
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Notas sobre el magisterio en Pepino desde principios del Siglo XIX al XX

Notas sobre el magisterio en Pepino desde principios del Siglo XIX al XX

Radiografía sicológica y existencial de la pepinianidad (I)

Radiografía sicológica y existencial de la pepinianidad (2)

Mantillita / Tipos Populares

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Escritores y poetas de San Sebastián del Pepino

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Baila, hombre tristep> La palabra amorosa

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Nabi Kalu

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La palabra amorosa

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La piedra de unción

Los peludos

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Consejos para la traición perfecta

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El solitario que inventaba el ser

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Heideggerianas / Libro completo

Tercera parte

Los peces

Semele

Pajarracos

Lunaridad

Orientación

La ira

31 de marzo de 1282

Bendición de la zorreada

Zorro viejo

Zerstreuung / Dispersión

La alegría

Zu-sein / Habérselas

Los niños de la concha

Numerata pecunia

Fiereza

Echarse al mundo

Las prostitutas

Pertenencia

La tea encendida

La posibilidad del amor

La gente que me gusta

Intemerata

Besorge

Para más puro darse

Ante la seguridad y la expectativa

Autenticidad

El lenguaje nos bautiza

Materialidad / Sachheit

El parto

Desove ontológico

El parto de la sustancia

Utiles a la mano

Eurídice

Temporalidad

Historicidad

Los madrugadores

El Uno que no sirve para nada

Mangelhaftigkeit (1)

Mangelhaftigkeit (2)

Realidades momentáneas

No lo dejaron ser

Geschreibe

Los días de angustia

Los fanáticos

Los entorpecedores

Náusea

La violencia

En la sombra

En aguas profundas

A gatas

Don Nadie y su modorra

Soñar despierto

La palabra malvestida

Los mentirosos (1)

Originariedad

El lenguaje como hembra

El qué del aquí

La pubertad de la palabra Para salvar el canto

Los lockeanos

La palabra amorosa

Contrato social

Serse por anticipado

El fondo oscuro del vacío

La canción angustiada

Schickung / Destinación

Novelería

Percepción óntica

Aquelarre

El gorgojo vibrátil

El acaecer

Estética práctica

El arte

El poeta que nadie quería

Romance de Mara

Heidegger y la historia

Madre Ibris Arbol nutricio

La existencia es libertad

El preguntante

Existenzialität

Un-Zunhause / No-en-su-casa

Un-Zunhause / Frag. 9

Verfallen / El Decaer

Ladrón de mis secretos El canto invocativo

El mercader

Primacía

Esfuerzo

Láctame

Endopatía

Meditar el ser

¿Qué es el ser?

El ser

La familiaridad

Nosotros, los impuros

Eigentlichkeith

Cuesta mucho dolor

La caída

Lupercales

Los salvajes

La posibilidad del amor

La gente que me gusta

Intemerata

Besorge

Para más puro darse

De la Antología

Texto 1

Texto 2

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Heideggerianas / Libro completo

Tercera parte

Los peces

Semele

Pajarracos

Lunaridad

Orientación

La ira

31 de marzo de 1282

Bendición de la zorreada

Zorro viejo

Zerstreuung / Dispersión

La alegría

Zu-sein / Habérselas

Los niños de la concha

Numerata pecunia

Fiereza

Echarse al mundo

Las prostitutas

Pertenencia

La tea encendida

La posibilidad del amor

La gente que me gusta

Intemerata

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Para más puro darse

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Los madrugadores

El Uno que no sirve para nada

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Los días de angustia

Los fanáticos

Los entorpecedores

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La palabra malvestida

Los mentirosos (1)

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La pubertad de la palabra Para salvar el canto

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La palabra amorosa

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Lot y el esquizoide

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Unionismo y Anexionismo

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Carlos López Dzur

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Antología

Yo no sé que es la hermosura

¡Yo amé la luz para decir Existo,
pero jamás dije soy
hasta hallarte en el agua
y querer tu cuerpo como pez
servido a mi diario regocijo!

Yo no sé qué es la hermosura.
Aún no. Todavía.

Tus canciones de gibón,
territoriales, de pronto me llamaron.
Te espié largamente.
Eres tersa y hermosa como niña.
Eres linda y hostil,
benévola a veces, violenta
como ninfa del bosque.

En el punto fijo de la estética incipiente,
en este azar de solicitud
o rencor, me sorprendiste.
Supe que frotaría con miedo
el gozo de los ojos
y que me encenderías como chavisca
de lámpara en el viento
pues andarías conmigo.

Voy a echarme a las aguas
y agarrarte los senos o las nalgas.
En el manantial, si muero,
(porque nunca lo intenté)
llegaremos al fondo,
a flor de sedimento.
¡Y penetraré en tus algas,
comeré líquenes,
haré sexo contigo!

15-7-1980 / (EHE)

60.

a una chica de Veracruz que amo

Leticia, no puedes ser más deseada
si no cuando te encimas sobre mi mirada
desafiando con tus pechos
a mis ojos, a mis ganas de besarte.
¡Ay, no lo hagas!
... pero házlo, ya que te he dicho
¡tantas veces que me gustas!
Tus veinte años se han vuelto
mi capricho y mi agasajo.
¡Y esos túrgidos senos
me cautivan, encubiertos, ocultos
en tu blusa;
yo les busco el misterio y la medida
y la sutil palidez y sus sabores!
Te quiero por tenerlos;
y me muero por besarlos todavía;
y agradezco que los tengas en misterio
¡y que alimentes con ellos
mi alegría!

7-5-1999 / (EHE)

Las prostitutas

a Rocío

Cuando saltas delante de mis ojos,
cuando irrumpes, ente manifiesto,
y das en las pupilas,
eres un golpe de la brisa con aroma
y una mariposa y una noche y me encantas.
Por lo general, evocas el perfume
y la tibia forma del muslo
y la armazón de huesos
relajados y fluídos.

Tu estómago cubrirá mi piel
como arcilla que se lava en barranqueras,
o cascada que baña dulcemente,
aunque huelas a yagrumo a mis espaldas
y te pierdas como gacela, apurada
por tu rumbo de malezas o escondrijos.

No me gustas por eso
porque te vas y tu encuentro es más breve
que el silencio y menos duradero que la aurora.

... pero me gustas, zorra,
porque conservas la astucia de vulpeja
y husmeas la madriguera de la calle
en la ciudad mundana y en la plaza
del cuidado circunspecto, te temporas.
Te surtes con vestidos de lujo
y de marrana, si te place.
Te engalanas, asqueada
o cómplice, del orgasmo ajeno.
Te obsequias provocante y provocada.
Azuzas con lockeano sensualismo,
te enciendes como motor de sexo, talonera.

¿Pero dónde, mujer, serás tú más amada?
Me gustas, nulípara, y no quiero pagarte
porque en tí está escondido todo lo que quiero
primariamente mío, hormonalmente santo,
tus críos con su lenguaje puro
a menos que los vendas,
lo mismo que a tu cuerpo.

Te hallaré como el zorro
que no vende ni compra su presa.
La persigue.
Se cerciora si conservas o escindes
tu luz de fe y malicia,
tu fuego-amor e instinto,
tu pez ígneo de lealtad
en los montes sagrados de los días.

No vayas por fuego fatuo y por ventaja
a los ojos del salvaje, que él no paga;
él muerde, acosa, organiza,
desespera, se angustia
y en su mundo no existen las monedas
ni el fascinum ni el escarnio;
no pagará las deudas no debidas
ni fundamentadas,
menos al nacón de las monedas.

Como el salvaje, satisfecho del rito,
pezuñas clavadas por astucia y por deseo,
soy el preguntante del te quiero.

Que la necesidad carece de ley,
pues me gustas por necesidad y por ella,
desde ella, contra tí y tus pareceres,
voy a zorrearte
con colmillos debajo de tu ombligo,
venceré la urdimbrada de tus noches.
Con hocico agudo lameré de tus tetas.
Donde tengas un corral, destenderé
tu cama, rasgaré tus máscaras,
por olor puro de tu aliento,
por sudor sagrado
de tu sangre, vulpeja.

Que la necesidad tiene cara de hereje.
Que huirás de mí, que no querrás aullido
entre los pobres, alarido en soledad
de madriguera, ¡pues, pobre de tí
y tu oropel y tus tesoros de recompensa
en numerata pecunia!
vanas cosas son
si un salvaje te descubre,
que no sea yo,
que voy a preguntarte si me quieres,
que voy a subirme a tus muslos
y tus nalgas hasta que pierdas
el cobre y te delates
salvaje o malnacida
del estero
y el pantano.

13-4-1975

31. Me gusta cómo te mueves (1)

Me gusta cómo te mueves.
Excitas al tálamo.
Lo vuelves un chincual
sobre la superficie del colchón.
Y las hormigas rojas, pequeñas y malignas,
que son tu ahí
se han engendraron, multiplicándose.
¡Ahora son mías como escozores!

Un día que tu cola raspó el córtex
aparecieron con los besos y las noches.

Tu cola muerde y se retira, ponzoñosa.
De las esporas asexuadas
verificas el punto fijo.
Lo calas donde más duele, te hundes.

Y revientas tu ademán de cumiche
sin que nada prometas al niño
con esperanza de sol,
que no tiene aguijón, como tú.

Más negra no ha de ser,
la compresión infinita;
te decaes porque el alma
de tu joroba volcánica huye
y el aliento tan ígneo y tuyo
es el puñal que visita las collejas
y el débil nervio
de las flores animales,
mi jardín, mis valles, mis cayos.

¡Pero me gusta que seas curro y majo!
y con el sarape de Tlaxcala,
surtido en tí sobre los hombros,
te enaltezcas
como si fueran necesarias dos paraboides
en el Este y el Oeste
de tus cumbres ligeras, libres,
como manos de Céfiro.

9-15-1990

Vayamos al Cingulum

The destruction of the cingulum bundle, which links frontal lobes and cingulate gryrus with the anterior temporal lobe, reduces the symptoms, as do the drug such as clomipramine, which specifically block the reuptake of serotin: Dr. Neil R. Carlson

Para hacer la paz con ellas
y acabar la obsesión por el dominio
(que a ambos grupos corroe, machos y hembras)
¿qué mejor que ir a las colchas mismas,
a las campiñas neuronales, al quid de la folla?
Encharcado en glucosa hasta las trencas,
me pregunto: ¿qué es preciso
(y estoy ya con la bayoneta encendida,
mas no calada en bruto), sí, qué es preciso?
... ¿Que sea el deseo quien decrete la lid?
¿Que vayamos en cinga a los ganglios basales?
¿Que nos provoque una vieja, la mujer que guste,
y nos corra de la casa, nos suspenda en la cama,
que nos eche del tálamo?...
¡Yo pregunto: qué es preciso para acabar la guerra?

En los lóbulos frontales se dispersa la emoción,
sí, ahí... se asoma pues, y hablamos de políticas
cuando es asunto de corazón y piel y ser sinceros...

Pues... si es que hay más, ¡preparad el coñón!
jijas de la jijurria, y veamos quién invade a quién
y quien llora por paz, venga pues
con sus peludas tarántulas a sacar vientre
del mal año, que las miserias sexuales al fin y al cabo
las vencemos aprendiendo a cocinar
y hacer manuelas, puñeteros
por el oprobio de las solas estructuras
del dominio y el desprecio.

¡Sí, vengan, peludas, diciéndonos todos sus venenos,
llenen sus vasos de honra, con ínfulas cachaperas,
que un día tendrán su evolutiva verga de contento!
¡Ay, sin miserias de tantra, vibra hasta el capricho
y desaliento! y se aprende a no ser y a malquerernos...

Para hacer la paz,
que caiga el templo y la beata y la virgen
y la espera y la modestia
y, si es por estrés, o demasiada glucosa,
o por el aire impuro,
que un malrayo nos parta
desde el metabolismo.

¡Que venga, relamidos por años, a gatas,
colchita de CCK, el ataque de pánico,
y nos clave en lo más íntimo de las collejas
témporo-lobulares, sus espadas viles
e inmisericordes, que nos encaren ellas hasta destruir
el Cingulum Bundle,
el monte de raíces,
el canto del comienzo.

2-4-1992

56. Ha nacido esta lujuria gratamente (EHE)

Antes de que llegaras
yo era un loco de verano.
Un chiflado mataperro con mis días.
Vivía por estas playas
(que parecen tan simples:
sol y arena, agua y caminos)
y, de súbito, cayó del más alto nidajo
de la palma, el melón lactoso,
tu presencia
y me llevaste a la mejana de la fuente:
la sensación, Tu Carne.

Para los hechos singulares
(que yo dí por creídos, asentados
virtuosamente verdaderos)
buscaste las segundas intenciones,
la oscura gramaticalidad,
el sendero verificador de desviaciones.

Golpeaste el idealismo subjetivo
sin piedad, estremeciéndome
e hicíste del espíritu de Berkeley
una masa apestosa de mabinga
por la que siento lástima.
Despojaste al paisaje de sus bragas.
Todo ultrajaste con asco y placer.
Díste propiedades caprichosas
a lo que vestido estuvo
de inmaterialismo;
calidades sustanciales
a lo que había inmanifestado
y vírgen en mi mirada,
pero vedado a mi tacto.

Por eso ha nacido esta lujuria
gratamente,
pero me duele ir a imitarla
y ejercer songa.
Me ha tomado tiempo
tener tu sangre fría.

Bajo el sol de mi islilla
fui tonto y piadoso,
imperaba una inocencia
que no comprenderías;
pero sin esta experiencia a posteriori
de quererte, Melpómene,
todo sería tautológico y arcaico
bajo el sol y mis días.

*

58.

Voy a ir donde jamás
me permití,
a olerte de este modo.
Con la curiosidad de una serpiente
morder en lo prohibido.
Me gustará
si hay escamas, mi tacto será
como otros ojos en lo desconocido.

Cuando digas seré
te habré tomado en cuenta.
Fundarás mi lenguaje.
Me darás otros símbolos.
Sabré más los colores, los sonidos.
Investigaremos tejidos de limo.
Sabré si eres de cristal
como las aguas,
si hay tótem que te prohíba
si te alcanzo,
si eres lo bello
(por mí, desconocido).
¡Te sabré tanto!
Me serás todo
porque tu belleza cimenta
mi ser en tí.

21-3-1980

*

La magia del beso

Yo no sé si es por amor que estoy agradecido
de que un beso signifique tanto en nuestras vidas.

Tal vez no es por amor
que cada detalle de ternura tuya me embelesa.

Tu hermosura no ha dicho en plentud
las cosas que hay en el fondo de tu alma.

O cualquiera sea el espacio de piel.
que mejor conozca lo inefable
y se comunique con este asombro,
delicioso y mudo, y curiosidad por tí
(a quien doy más caricias que palabras).

Agradezco, empero...
hoy no a los besos...

Doy gracias
¡porque vives palpablemente, caramba!
Evocas algo más noble que el pan
y más profundo que cualquier tristeza.

Y, siendo así, se te toca, se te estrecha,
se te siente en la carne, se te besa...
y se es feliz, más de lo que se quiere.

Yo no sé si es por amor que descubro
la deuda que clama interiormente,
sin saldo de cuentas todavía.

Tu ser es necesario, inevitable, universal,
biológico y estás unida a mi deseo
no sé con qué tamaño de bondad,
no sé si por amor.

Has nacido tantas veces, aunque yo
no te haya conocido ni sepa que eres réplica
de mujer en singular, con apellidos,
con habitaciones de mundo y roles públicos;
además Mujer Eterna...

Como la una, invocas a mi piel
sin hacer preguntas.

Yo no sé si es amor lo que nos lleva,
entonces, a asomarse al corazón ajeno
y llegar e irse, dejando dulces biografías,
pero te agradezco que fluyas
y que magnifiques tus besos inolvidables
y que no te expliques, ni con la gente ni conmigo.

Odio el amor de rutinas, o predecibles vuelcos,
pero amo tanto al beso que dice: Gracias.

Por la chispa que das, por breve sea,
ya sea, o no sea, por amor, te he amado.

Un beso tiene magia cuando entrega vida,
alegría, pasión, celillos, travesura, erotismo,
capricho, inquietud, trémulos pálpitos.

Yo no sé si es amor, pero no son templanzas
del cerebro, oscuro, estéril, impasible,
no son saltos ni argucias de vacío organizado.

Gracias por la grandiosidad que se crece
a pesar de mí y a pesar tuyo,
al besar por gusto de hallar raíz y cosmos.

Gracias por la transparencia eléctrica de Eros,
por contener señales de lo vivo,
por el contacto de labios, primitivo, del beso.

(Publicado en "El Perro Andaluz", España,
y en "Starlite Cafe", 12 de septiembre de 1998)

*

33. / Me gusta cómo te mueves... (2)

¡Me gusta cómo te mueves,
pajarraco, y cómo engendras
la hipérbola con magnitud dinámica!
La acción de tu amor, así descrita.
¡Cómo giras, me gusta,
con un punto de contacto en mí,
insinuándote a la cochambre de mi calle!

Tú, colocado arriba, esfera;
yo, de tronco, angulado,
sección de tus puños cerrados
cuando abro mis manos de vegetal,
sediento;
tú, arriba, paraboloide;
yo abajo, vasija de cucho,
receptiva al estiércol sublime
de tus rotaciones;
tú, en la Constante de Plank,
enojado por el valor mínimo
de las secciones que intersecas;
pero aún feroz, echando madres
de bariogénica energía por los bofes,
metido hasta las trencas en orgasmo'
yo, en curva para esquivar la pena
de que te irás
hacia los mismos confines
por donde llegaste.

Te esperan otros cuerpos celestes.
Tú, en chifla
porque existe la elipse;
yo, cundango,
porque existe la espora
y el virus, la bacteria, líquenes
de bragas azules y verdosas,
y un mar que nos separa
y un cielo arrebolado de piedras
que golpean las espaldas
de mi mundo; en fin, mi geografía
que no te pertenece.

9-15-1990 / (EHE)

*

La niña del deseo

Tú y yo debemos querernos
de todos los modos posibles,
como amigos, hermanos,
amantes, desconocidos.

Pero sin tí (y la niña que me llama...)
no hay lágrimas ni ojos tapatíos
ni mi visita ni mi sombra
ni ceniceros para mi cigarro
ni uñas pintadas ni colorete rosa
ni rojos labios, maquillaje...
ni cautivantes nalgas
ni insuantes pasos,
así caminas.

Nadie dice que hay leguis de moda
ni grandes aretes ni enormes relojes.
Ni sostén de boutique ni pantaleta
a media pompis.

Sin tí, ni mariachis ni canción
ni corazón bajo mil llaves
ni camioneta gris

ni placer sobreviente.

Contigo, aunque seamos distintos,
la humildad se anuda;
la garganta, suspira.
Tu piel se sueña y se antoja
y somos uno-con-otro
y yo que soy distante, me aproximo.

Tu cuerpo es claro
a pesar de tus máscaras.
Me siento amado
y mi piel se abandona a tu llamado.

Por tí me desnudo
y bajo mi corazón a tus bragas
y te miro como una bestia de la tierra
a la que daré críos y amor y canto.

Del libro Tantralia

Soy tu amante (1)

*

Te servíste de mi piel exterior.
Soy tu juguete.
Te gustó mi mansedumbre
más elemental y pupilaria...
Soy tu amante, nada más:
¡tu amante!

Puede que para otros sea difícil,
no para mí; lo digo fácilmente,
te amo aunque no me entiendas,
me gustas vino tras vino,
cerveza tras cerveza.
Y no que esté borracho,
sólo que impera tu sabihondez rancia
para inventar escrúpulos y yo no los hago.

Te acepté como eres:
con tu vulgar inocencia y ambición destrampada.
Estás llena de mundo, de sexo,
de coquetería, obvias formas
con juventud y gracia.

Serás la luna abierta, desde hoy,
en mis días tristes, rutinarios,
despersonalizados y oscuros...
¡Te surtes en carne y en el amor te agotas
y yo te veo llorar y residuar
con el placer que sabes!

He aprendido de tí, amante mía.
¡Gozo y sufro con tu mundo y tu llanto,
comparto ty secretos y tu vergïenza
en otros hombres!

Del libro Tantralia

*

Soy tu amante (2)

Tus prudencias deseadas
y trascendentales se confunden,
pero eres lo que eres:
una desvergonzada estrella del deseo,
la pública deidad entre mariscos.
Los mafiosillos de machista estampa
vienen por tí.

¡Tú sí tienes azúcar, de verdad, chula!
Tiviri-tiviri, panchanguera, pompi loca,
festejo social, cantas lujuria.

Eres el mejor trofeo, la noche, la hembra,
y por dólares te adquieren otros hombres.
¡Menos yo!

Se te paga, pero... ¿te vendes?
No todas las veces, no todas.
Y de tu boca rota, sapos, ¡zape, zopilotes!
...cómo echas tu rollo y me gustas
brava e insolente, ¿lo sabes? en ocasiones.

Desde lo más hondo del ser y tu mar,
bajo tu nalgatorio, en tí y dentro,
hallé una niña, triste y violentada,
¡llena de máscaras!
que está buscando amor
y aún no lo halla, pero te quiero...

*

Amor in mundus (1)

Antes yo hablaba de amor.
Lo definía.
Lo tenía en la boca como una cuchara.
De pronto me quedé sin alimento.
y la palabra amor se quedó en el caldero
con las letras refritas y trilladas.
Las sustancias vacías se secan
en diccionarios viejos.
Sobre el amor, ya no sé ni añado nada
con gesto filosófico.
Queda una sartén
de truncas referencialidades.

Pero, contrario a ayer, ya no me saben
ni una de ellas, exquisitas.

El amor se pudrió sobre una mesa
servida con sublimidades.
Se hizo duro a los labios como sería un mendrugo
que en por algún ayer fue pan y ternura.

*

Amor in mundus (2)

El amor es un féretro hecho de palabras
si a la mujer no se la ama sobre el trigo;
por eso no te nombro más, Amor,
para amarla hecho una espiga
y echar a la borda teoremas
cuando la beso.

Que no se adorne ni la mínima espesura
de su cuerpo; ya boté cacerolas
llenas de tecnología;
ya me deshice del mantel de los sistemas.

Mi boca está guisando amor sin las recetas.
Mi cuerpo está mordiendo el vientre
con hito de rodillas, sabrosas y brutales.
Está brotando semen por mis poros.
Un cotidiano placer de vuelta y media
se revuelca en tu colcha,
Amor, in mundus.

Diciembre 1990

*

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