De la Academia al Ateneo:
Respuesta de Carlos López Dzur
a Eliut / Foro
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Estimado Eliut: Leí tu carta y el artículo De la Academia al Ateneo: Un desarrollo que se adelantó a los tiempos. No me sorprende lo que has afrontado al impulsar la idea ni los términos con que han podido referirse al proyecto de la Academia. Sin embargo, esa última reflexión contenida en «De la Academia al Ateneo» (sobre el inicio de un ateneo en vez de lo primero) me parece acertada y pudiera que origine entre los pepinianos la simpatía y comodidad indispensable con la tarea.
La investigación académica requiere, además de la preparación adecuada, tiempo, recursos para la investigación y la elaboración, etc., cosas que mucha gente que ama al Pepino y su cultura no cuenta, o las tienen limitadamente. La conformación de la Academia es una etapa que, por las exigencias cualitativas del conocimiento y praxis cultural, vendrá después, lo que no impide que, por la libre, asociados o no a grupos de apoyo, unos pocos se adelanten y cumplan esos cometidos.
En la etapa en que estamos —una casi informal e instintiva, lírico-folclórica de nuestro ser y formación cultural— convocar al objetivo académico es arduo. No se cuentan con las condiciones óptimas y sólo académicos de un segmento minoritario preparan el terreno. De modo que el Ateneo es más viable, realista, aunque posponer la fundación de la Academia no implica que, por sus objetivos, fuese innecesaria. Obviamente, a veces para mejor servir y ganarse el favor y entusiasmo de un sector popular se tiene que suavizar la marcha, entender de dónde viene ese pueblo creador, pero que aún debe transitar un poco más en el mundo cultural. Acuérdate que en las colonias hay muchos espejismos y la gente se entretiene con lo fácil, subjetivo y retardario.
Sé que la resistencia inicial a la Academia, aún por pepinianos culturalmente aptos, pero recelosos, se disipará en el curso de una experiencia como ateneístas con su propio proyecto interno, con los preceptos que ya has elaborado para definir sus propósitos y estructura organizativa, más obtensibles e inclusivos que la Academia.
No desmayes. El quehacer cultural como es todo lo auténticamente espiritual es duro y lento, pero siempre compensador a la postre.
Hay que buscar modos para integrar a los adolescentes al trabajo cultural, vinculándolos a un diálogo con generaciones precedentes. Esto es, inducirlos a que, con la ayuda de los viejos, familiares adultos, vayan interesándose en las genealogías, en elaborar relatos sobre las percepciones intergeneracionales, que describan su época y las ideologías que les da fondo emocional y dirección en lo cultural y en lo sociopolítico y que autoreflexionen sobre las problemáticas que los adultos no vivieron, hoy que hay tantos mecanismos de escapismo, rebeldía, sexomanía, pandillas y drogas.
No somos un pueblo tan decadente como para no dialogar y volver a vernos en la belleza del alma y la voluntad espiritual que nos dieran cimientos.
CARLOS LOPEZ DZUR,
2 de septiembre del 2004
Orange County, California
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