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Entrevista con Carlos López Dzur
Cuando Carlos López Dzur me obsequió los primeros ejemplares de la revista Sequoyah que él fundara junto a un grupo de profesores de Irvine y San Diego, yo colababoraba con artículos y entrevistas para un semanario de Santa Ana. El director y jefe de la publicación, El Reportero Gráfico, Ignacio Vega Estrada tenía una amistad de años con López y me lo presentó con galas de elogios para él por su sencillez como persona, pero también con una pizca de miedo e incredulidad ante su genio intelectual.
La manera como López Dzur comunica sus ideas fascina, asusta un poco, pero siempre conmueve. Es un anarquista confeso. El es persuasivo, irreverente, pero si una arriesga la visión de su propia cultura convencional por querer participar de lo que él dice, se encuentra con la necesidad de recomenzar el aprendizaje de su vida. Nacho Vega daba el aviso, con su peculiar lenguaje de chilango: «Si Carlitos te echa el rollo, húyele porque te hará alucinar».
Y hacer que yo alucine, o que cualquiera lo haga, es la premeditada voluntad con que él comparte y se abre en diálogo. Dijo, por ejemplo, que «me gusta escuchar (no hablar, que es distinto) hasta por los codos, que me hablen sobre una y más pendejadas, no importa lo que sea, siempre estoy dispuesto a escuchar y aprender; no te creas que ando con gente intelectual, de las que desconfío más; el problema es que hablo poco y no porque sea un hombre de pocas palabras, lo que sucede es que yo, cuando hablo y lo hago sin ninguna timidez, lo hago desde dónde soy más útil y, por supuesto, cuando más me place». Su trinchera de poeta, su A-LUZ-Sinación, es su lugar predilecto.
«La literatura se hizo para éso»; para creer oir, ver o sentir, nuevas fases de pensamiento y nuevas cosas que no se hallan en el discurso cotidiano, a pesar de que están en la consciencia y son reales.
López Dzur dice que el «alucinar del poeta, el alucinar que me adjudica Nacho, tiene que ver más con cautivar irresistiblemente al lector y en echar luz a la zona de los desastres, a los deseos reprimidos, a los caminos de la excesiva fatiga del trajín cotidiano, o a las tensiones emocionales, privadas y públicas, que son exteriormente creadas, que al asunto del Sínodo; no se relaciona con engañar o con embotar los órganos sensorios, propios o ajenos; a-luz-cinar es proyectar LUZ, iluminar un camino».
Contrario a lo que esperé, que yo le informara que Nacho dijo que él, 'Carlos, como poeta, alucina todo el tiempo' y 'contagia con su rollo', no lo molestó. López Dzur lo convirtió en su motivo para reflexionar sobre el término alucinar, al alegar que, utilizando una licencia poética («de la cual los poetas no tenemos necesidad de pedir, porque todo lo que hacemos con el lenguaje es una contínua infracción, la eterna delincuencia que no justificamos, ni que requiere que pidamos permisos a nadie») lo escribiría como: A-luz-sinar.
Por de pronto, no recordó unos poemas suyos que titulara A Luz Sinar y Entre encinos de luz. Yo insistí en oírlos, en pedir que los recordara. No pudo. Carlos transmite la sensación de una persona que ama la soledad, su voluntad privada y que no le gusta perder un minuto de su valioso tiempo en explicaciones para las que no está preparado.
Simplemente, se limitó a decir que en Andalucía se utiliza una expresión, pasar el sino que significa pasar muchos trabajos y disgustos, y con la expresión andaluza él describe los efectos del lenguaje cotidiano, que son subproductos del lenguaje del sufrimiento y las problematizaciones innecesarias. «Tenemos un sino social y sinodal, un Destino social que nos hace sufrir innecesariamente. Ese 'Sino', definido como hado, es nuestro fatalismo... Fatalismo es echarse por el camino de Don Nadie... El lenguaje sinódico, lenguaje diario, no está expuesto a la luz, aún no ha sido llevado a ella, por lo que, más bien, se quedó destinado a los concilios y asambleas de los poderosos. En el lenguaje cotidiano, solemos, consciente o inconscientemente, estar secuestrados... Sin embargo, es la poesía la que recaptura y libera de ese lenguaje del Sínodo, se lo roba, lo rescata y lo conduce a donde realmente pertenece, a la experiencia íntima; el SINODO-A-LA LUZ nos da ocasión de ver las cosas a-la-luz-sinar y entrar al proceso de liberación, que es la a-luz-sinación por el poema. Este es el tema de los poemas que ahora olvidé, pero un día vengo y te los leo».
A mi presentación informal con López Dzur en el restaurante Norm's de la Calle 17, siguió la visita a Santa Ana de un periodista y escritor de Guanajuato, mi amigo Guillermo Razo Cuevas. Quise reunirlos en casa, presentar a ambos. Me comprometí a organizar una lectura de los poemas de López Dzur y una ceremonia de bienvenida a su revista Sequoyah. Yo quería grabar la experiencia de convivir con estos amigos y escritores, además de presentarlos. Cuando se cumplió mi deseo Carlos López vino con todos los poemas que quiso compartir esa noche y nos obsequió algunos de sus libros ya publicados. Razo Cuevas regaló a López una colección de 444 páginas de sus artículos recogidos en su volumen Periodismo en Libertad, publicado en 1985.
Durante una noche de bohemia, conversación y versos, Carlos López Dzur leyó poemas de libros ya publicados y otros en proyecto. De Heideggerinas, inédito, leyó uno, Arma del delito, que reabrió y rememoró la ocasión de nuestro primer encuentro y lo por él expresado como definición de la poesía: «poner el habla sinodal y pública en la luz de la experiencia interna». Arma del delito dice:
Ya que el lugar original
de la verdad no es el juicio,
ya que es necesario que se verifique
si el Dasein es y será eternamente,
saquen la evidencia que me ocultan,
dén su mentís, sepultureros,
que aún hiede el cadáver.
Repiten lo perseverado, dénse mañas
en la luz, pobres diablos,
que lo descubierto se destruya,
ya no sirve por su olor demacrado.
Abrid esos baúles donde todo lo escondido
se expone como falsa complicidad,
tributo sinodático que se paga al Obispo,
señor de todos los olvidos.
¡Destruyan el sentido común
tan sospechoso!
Yo quiero el cadáver a la vista,
al fin de cuentas, con todos los clamores
acusantes y, a la vista también,
el arma del delito.
10-12-1979 | De Heideggerianas
Ese cadáver mencionado, o lo que hiede, según López dijo, es el lenguaje diario, las propuestas sinodales. «Es una comparación arbitraria, pero a veces lo que se oye es repetición de juicios retenidos y lo que hiede de esa repetición de palabras y juicios es una fiebre sinocal; el lugar de la verdad no es el juicio ni el Sínodo, las estructuras del poder retenido y reteniente, sino la experiencia íntima, en la luz». Otro poema que nos adjuntó a unas breves antologías, en copias Xerox, su obsequio a los concurrentes, pero que él no leyó aunque lo aludiera varias veces y al que recomendó que lo leyésemos cuando tuviéramos tiempo, fue Más allá del uso, poema al que precede una cita de Martin Heidegger:
... el desmesurado olvido de la humanidad
se obstina, asegurándose a sí misma mediante
lo admitido por el uso que le es accesible
en cada caso: Martin Heidegger
Hay que olvidar al mismo olvido
porque el olvido es cómplice.
Hay que armar las sospechas
contra todo lo que es accesible.
Hay que inventar el golpe más incrédulo
y no confiarse en nada
ni con Nadie.
Sólo así el Zorro emerge,
el zorro bueno del Cimiento.
De Heideggerianas
Entre quienes comentamos el poema, concluimos que olvidamos el lugar de la poesía en nuestras vidas; somos cómplices del lenguaje utilitario, el que usamos todos los días sin compensaciones espirituales. Ese es el olvido que ya no es perdón ni buena voluntad, sino domesticación. «La experiencia íntima es nuestro Sínodo feroz, el lugar donde somos auténticos, armamos sospechas y autolegislamos», dice López Dzur. Fuera de esa experiencia, somos cómplices, perdonadores y agachones. «El buen poema es una invitación al pensamiento crítico; la poesía bobalicona está llena de lo que José Martí llamara las 'palabras coquetas', las infames pleitesías y, por tanto, esa poesía que yo ni hago ni me gusta pertenece al Sínodo externo y social y la influencia adoctrinatoria que ejercen sus lugares comunes».
Acerca de este punto, emplazado a decir qué es poesía y para que sirve, él prefirió leer un poema de su libro en preparación, Libro de la guerra. Un poema que llamó su crítica al Liberalismo burgués:
Vestidos con alarde democrático,
adornados de 'ven y participa, da tu voto',
el Uno va al bailongo, al azar, elegante,
por la danza del díme y el direte
¡y a los comicios, comediante,
que el Gran Cómico espera!
El debate político es la cena de lujo,
cadena de oro, cocktail y abrazo presuntuoso.
Han reducido a pantomimas el proceso.
Distorsión es la sustancia
de la espuma, destilante.
La cartera más rica ha forjado el banquete,
sirve el champagne, te lleva al foro.
La agenda está movida por dinero.
El pobre es la última pulga
en el traje de levita del payaso:
los discursos son los chistes
de este coro de seres lastimosos.
3-5-1990 | De Libro de la guerra
CLD: Este texto que leí es uno en el que el poeta, el que puede ser cualquiera de nosotros, se coloca como copiloto en la cabina del avión o del buque. Digo copiloto porque él no va al mando. El piloto es siempre un Chingonazo Burgués y toma cuidado del asunto de quién es realmente el que le sirve de copiloto... El poeta que entra a la 'carlinga de mando' es un ayudante del ayudante, es decir, tiene poco poder, pero es de confianza... y, siendo así, al copiloto se le echará muy fácilmente de la cabina de mando. Será fácil excluírlo a conveniencia y esconderlo en un rincón, allá entre la cabina de pasajeros, en la cocina o en la cola... En esta etapa del quehacer público, el comando de lo social, el poeta es tradicionalmente menos que un copiloto... Lo que quiero decir es que la poesía no es la invitada de honor y la bien llamada de las actividades. La poesía es el agasajo de antes de las 12:00 de la noche; la Cenicienta de la imaginación, la hermana no querida a la que se le impone su horario, aún en el día de sus mayores galas...
Tengo muchos poemas que tratan sobre aviones y barcos, marineros y pilotos que son motifs sobre el asunto de la Dirigencia y la Participación en el poder y en la sociedad, es decir, textos sobre el paso de la democracia gentilicia al Estado coactivo... Definir lo que es un viaje es importante porque ir, navegar o volar, hacia donde no se quiere es secuestro, no es viaje... Creo que a esos textos los insertaré en El hombre extendido porque el hombre que se extiende e inmigra es el personaje de mis viajes y, en especial, del Viaje a lo Social... Diré que el viaje ideal al que se pilotea es la ida, por opción, hacia la experiencia íntima, ir hacia la libertad y hacia la a-luz-sinación, implicándose el reprocesamiento del lenguaje mismo; por otro lado, la a-luz-cinación no es optar por el autoengaño ni la extraterritorialidad, sino una percepción desde un estado más alerta como el que tienen los zorros y las águilas...
CDávila: ¿Viaje a la extraterritorialidad?
CLD: Oh, recordé a Nietzsche, extraterritorialidad en el sentido de transmundanería... Nietzsche dice que los símbolos son todos los nombres del bien y del mal y que es una estupidez pretender arrancar una absoluta sabiduría de eso. Es una virtud o el comienzo de una que se hable del espíritu y de los sentidos; pero, hay que recordar que estos son instrumentos y juguetes y que detrás de ellos está el verdadero ser y el vientre de todo ser...
CDávila: ¿Has llegado a una conclusión de lo que es el Ser o el vientre del ser?
CLD: No. Yo sólo hablo sobre un Viaje hacia dos direcciones básicas, la experiencia íntima y social y digo, como Nietzsche y Heidegger, que podemos utilizar los símbolos, los mitos y las virtudes, es decir, lo que designamos los 'instrumentos y juguetes a la mano', y hacerlos recursos de orientación e interpretación. Mucha gente, viéndose con instrumentos a la mano, los toma demasiado en serio. Lucra con ellos más allá de la mínima justicia. Es la gente que utiliza estos instrumentos para oprimir. Otro gente se fanatiza con los juguetes y terminan alienándose con ellos. Son los que juegan sin madurar jamás. En ambas conductas hay un error. Para mucha gente religiosa que no quiere hacer daño a nadie, Dios y sus ángeles, lo místico y sus alegorías, son juguetitos para darse diversión y dicha a título personal. Ellos así podrán ser muy virtuosos y alcanzar estándares morales en ciertas instancias, pero, al no comprometerse con un viaje a lo social, son transmundanos, cómplices de instrumentalistas, egoístas sin querer... ¿De qué vale al hombre decir 'Dios es amor', o 'No matarás', y tolerar a una sociedad colmada de odio, robo y violencia? si esperara que sea Dios quien venga, mil años después, a poner orden, aniquilando a todos... Con el juguetito de Dios y sus leyes sublimes, el género humano ha superado en sus crímenes al panteón y sacerdocio del naturalismo primitivo, ha inventado cruzadas e inquisiciones, ¿por qué?
Mi pregunta es: ¿En qué puede ser el poeta (que se autoproclama benévolo) distinto al creyente que juega hasta sus últimas consecuencias con sus alegorías y sus mitos? ¿Se han preguntado eso? ¿Está él más cerca al que descubriera los instrumentos de poder que al que descubrió sus juguetes a la mano?
CDávila: ¿Cómo contestarías a esa pregunta, Carlos?
CLD: Ya lo hice. El poeta es un intérprete y reelaborador de mitos. A veces él no puede crear mitos que sean socialmente triunfantes (porque muchos de sus mitos son admitidos, aunque no suficientemente influyentes, por razones de poder)... Bueno, todo depende de quién te lee si es que te han dado la oportunidad de dispensar tu palabra o si hay el acceso a tu mito... El poeta abre el mito, desgaja y pela la fruta y la da a probar. El no puede hacer más porque participar de un mito requiere de un proceso de catharsis del participante, abrir la boca y comer. Siempre el poeta está dispuesto a copilotear, a sugerir nuevas direcciones; el poeta como alimentador zorrero, sugiere 'prueba el sabor de esta fruta'. Su función no es meter esa fruta en tu boca y atragantarte. A lo que el poeta no está dispuesto es a ser un secuestrador, un envenenador, el que te asfixia...
Hay un texto mío que sí recuerdo... perdón, no todo, pero que insinúa que el poeta como voz no coactiva se limita a pronunciar...
Por eso, aún el kalû sonoriza y pronuncia
y es Vate de Da'at, dándonos mantrams...
si es que el que oye respeta los tañidos
de una totalidad mayor, ¡ay!
la campana que es corazón profundo.
Frag. de Nabî-Kalû | De Tantralia
El mito para cautivar tiene que hacernos oír campanitas desde cierta distancia, no puede ser una amenaza atronadora, no puede asustarnos, tiene que ser como el tañido que llega desde lejos, del campanario del corazón profundo. De no ser así, estamos en el Show de Cristina en el espectáculo de la chusma a la que se instruye que grite bu bu bu, fuera fuera.
No sé si han visto ese circo romano, donde va lo más infeliz de la Tierra a ventilar sus trapos sucios, las penurias de sus almas, creyendo que alcanzarán alguna catharsis o lavamiento... y terminan exponiéndose al gran ridículo, al desprecio general. En los programas de consejos de las Grandes Harpías, en los talkshow, no hay comprensión ni oferta sanadora para los invitados, sino su linchamiento moral. Van por paga o por voluntad propia, a la hoguera, a la humillación pública. Un corifeo de opinantes, ya autojustificados en moralina barata, les espera para decirles a boca de jarro: Somos mejores que tú, eres un fracasado, ya no eres humano. Estos programas son la puesta en escena del drama barato de la traición humana: Don Nadie devora a sus propios hijos, el Acusador de sus hermanos se entroniza. Desde luego, Cristina, Carmen Salinas o cualquiera sean las 'Potestades del Aire', se llenan de dólares y ofrendan a Mamón...
El mito tiene mucho de ritual de lavamiento. Trae consuelo aún para esos hijos de rebelión, chusma despreciada, de los show baratos de moralina estupidizante, que ya he descrito con los nombres de sus autoras para que no quede duda sobre lo que hablo:
Alegrémonos, porque hay música
para los hijos de la rebelión
y la voz trágica de Melpómene
latiga en Lesbos con sus versos
y hay épicas caliópicas
y profecías del Nabî.
A veces las musas no tienen gentileza
que a gusto veneremos; pero...
¡son todo amor y cantan con nosotros
como el padre que disciplina al hijo amado!
Con maithuna dan testimonio del exilio:
galut kodesh.
Lavémonos los pies con agua de poesía.
Evitemos el encubrimiento que el polvo
de la Tierra y el olvido nos provee.
Vayamos de prisa a los ríos
donde Ella es ondina y sirena,
eco de infinita armonía.
Frag. de Nabî-Kalû | De Tantralia
CDávila: Has dicho en ese poema que 'a veces las musas no tienen gentileza / que a gusto veneremos' y, anteriormente, en el texto El Uno / Don Nadie, 'odiar es posible', ¿qué significa? ¿Que no hay mitos perfectos? ¿Cómo elegir el poema del consuelo, o el Zorro Viejo y copiloto / cantor que nos brinde confianza?
CLD: El poeta como zorro viejo, como copiloto del Viaje a lo social o como 'ladrón benévolo de nuestro corazón', se ofrece no como un marido o compañero de parrandas. No es siquiera un amigo con el que podamos contar. Puede que haya nacido siglos antes; puede que jamás se nos cumpla el deseo de verlo en persona como individuo de carne y hueso, aunque él sea coétaneo. Así que gozar de sus gentilezas, o saber de oídas de sus groserías y desplantes, será lo de menos...
Es difícil ser poeta y zorro viejo. Hay que probarse como buen odiador de la opresión, sin caer en esa tentación de exaltar el redencionismo. Este es el mensaje de la primera parte del poema Que nuestro nombre no vengan, es decir, que el poeta mismo no siga construyendo sobre el ego que dice 'Soy el Elegido':
Que en nuestro nombre
ninguno jure.
Todavía no.
El fin de la coacción está incompleto,
en pañales de corazón estremecido.
Y rivales de ese odio somos:
los acusadores de cada forma de opresión
miran los rostros nuestros, ¡ay!
que no juren por mis nombres,
todavía no.
Que en nuestro nombre no vengan | De Libro de la guerra
¿Cómo es posible que se crea en redentores que no redimen? La historia prueba que se quedan a mitad de camino. Que el problema sigue ahí. No hallo un sólo individuo, por más zorro, heroico, mártir y luchador, que haya sido que sea digno de ser llamado 'redentor' ajeno, 'redentor de patria', rendentor del espíritu social... Invocar por esos nombres es una arrogancia. Uno puede redimir, hasta cierto punto, a su persona, cumplir la responsabilidad mínima que tenemos con nosotros mismos; pero el día que comencemos a creer que redimimos otra cosa, se comienza a loquear... Puede que lo que suceda es que ya dejamos de ver a ese mundo que está ante nuestras narices...
El maltrato está ahí, siendo.
La autonomía del ser, raíz,
y quienes alentamos el gesto liberador,
tan débiles y sedientos estamos.
No todavía no,
los enemigos del interés egoico
y del control hostil, como niños son,
y los aplastan mezquinamente
por un mendrugo menos,
sin darles el pan.
Que no venga con sus actos
de golpes bajos y su falsa buena voluntad.
Biafra quiere más que caridad.
Somalía quiere aún más
que Christian Children Fund.
Que las revoluciones oscuras
desaparezcan, mucho mejor.
Que no vengan los homicidas
con consenso o sin él.
Que no vengan los héoes del aúpa
ni ángeles redentores ni mana
que de los cielos baje o se quiera.
Ni profetas de nuevo cuño
ni hijos de la Ley,
ni obreros del falso perdón
ni hombres blancos
de selectiva piedad
ni iluminados ni gurúes...
No. Que no vengan
porque son ladrones
que saben posar, tozudos del relajo,
inventores de magia y más allá.
Que no vengan los que en Todo
explican a Dios, los absolutistas
de la globalización,
los del Nuevo Orden Mundial,
los agoreros de diablos sociales,
los perseguidores de guerrillas
y gesticulación, los piadosos en las cumbres,
¡ay no! que no vengan con su Verdad.
¡Que nos dejen morir,
que nos dejen luchar!
Que en nuestro nombre no vengan | De Libro de la guerra
Este poema es un ejemplo de lo odioso que soy... odioso por exceso de sinceridad y por cautela. Esto es un carlancón lleno de incredulidad... yo creo que el poema es necesario. Estoy limpiando las veredas por donde voy a pasar como zorro... Es que mucha de la gente que habla sobre misericordia, redimir a los pobres y hambrientos, gente que dizque está haciendo mucho por la libertad y contra la opresión, es la misma que manipula el discurso con simulacros de piedad. Es gente que ya se ha santificado a sí misma...
CDávila: ¿Crees en la santidad? Me da la impresión que la redefinías en un poema que leíste?
La gente venera a santos que alguna vez fueron, moralmente, unos tal por cuales, libertinos y matones, espada en manos. Sin embargo, terminaron siendo mitos vivientes. O bien, parte de los más influentes mitos del Sínodo... Tomemos, por ejemplo, a San Agustín, el creador de la Filosofía del Espíritu y el primero entre los cristianos en hablar sobre la 'experiencia íntima'; yo lo considero un Zorro Viejo, pese a su juventud fornicaria y a sus accidentadas búsquedas de una verdad, sus mitos privados de libertad y de consolidación espiritual. El pasó del maniqueísmo al escepticismo, después transitó por una etapa estoica y, finalmente, arribó al cristianismo por la vía de las predicaciones de Ambrosio... Yo no creo que la Iglesia Católica esté ya en el espíritu de San Agustín, lo que es lamentable... es decir, yo no creo en la santidad de la Iglesia, pero creo en la excelencia de ciertos valores... Quizás no sea San Agustín lo que más hiede del lenguaje sinodal de la iglesia como institución humana... Los mitos, como todo sistema de creencia, tienen sus limitaciones; los juguetes se rompen, los instrumentos caducan. De ahí la importancia de renovar constantemente los códigos del lenguaje y el marco paradigmático al que el poeta aporta un mito.
Ninguno me ha querido conocer.
De casta aparte soy, prieto buey.
Hijo del dios visible, Kynikos.
¿Por qué torturan mi imaginación?
Soy la santidad, en rutas del agua
vertida en vida, en ser, en entidad.
Dulce y jugosa mi sangre es.
Como el árbol, crezco
y mi raíz es profunda
y hay más paz en mi sombra
que en las suyas, dejadme al menos
pasar hoy y no me vayan a golpear, no.
La autodefensa me atrae,
pero prefiero la tranquilidad.
Del Hombre extendido
Esta es una definición de la santidad: la Vida es Santa... y también es santa la mansedumbre, en sentido moral; mucho más porque es poderosa como la vida y se puede defender. Todo lo que tiene la virtud de la autodefensa es santo. Con la imagen del Buey de Kynikos están definidas dos cosas: la santidad de la materia que va en tránsito hacia la espiritualización, o como dije en el poema, 'la santidad vertida en vida, en ser, en entidad'. Todo lo que se aparta de la violencia es santo... Otra cosa que yo considero santa es la necesidad misma, el proceso y raíz del cambio.
Ver segunda parte
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