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El Pepino de hermanos y el desafío de los nuevos 'Compontes'

Por Carlos López Dzur

A manera de apuntes al margen, comentaré sobre el surgimiento de lo que el escritor y poeta Eliut González Vélez y yo coincidimos en llamar 'el Pepino de hermanos' y su relación con el cambio de soberanía, los valores transvalorados y los procesos de pepinianidad que nos interesan a todos. Nuestra cultura de postmodernidad, si ha de ser, o más bien regresar a lo trascendente, urge que identifiquemos tales procesos que la han forjado y los procesos que pretenden su reversión.

Utilizaré el término trascendente en el mismo contexto que Eliut González en su libro La formación de la etnia cultural pepiniana (2002): alejarnos de lo ordinario, fatuo, clasista, que degrada, desvincula y desvaloriza.

... sentirnos con una fuerza vital o virtud especial (valores trascendentes) como resultado de ser parte de El Pepino y de Puerto Rico... (elevándonos así) por encima de lo común y (proporcionando) a nuestras vidas un significado más elevado que a los que no tienen compromiso alguno... (loc. cit., p. 136)

Los valores trascendentes que le dieron origen a esta etnia cultural son los que la mantienen viva. Las costumbres y tradiciones evolucionan, sin embargo, los valores que le han dado origen siempre están presentes y son permanentes e inmutables. Entre estos valores están los valores de la fe, los valores de la familia, los valores patrióticos, los valores cívicos, los valores geográficos, los valores históricos, los valores de solidaridad y los valores de pertenencia (loc. cit, p. 133). 1

Admito este sujeto, el de un pepiniano trascendente porque no es él un simulacro hiperrealista del sujeto, como los del Trascendentalismo kantiano, que pretenden un más allá de las experiencias y las diferencias, un más allá de la etnia, la cultura, el sexo y la edad, hasta convertirse en el Sujeto apriorístico, fuera de todo territorio y morfología y, por tanto, anti-existencial por verse libre de todo sufrimiento, ansiedad terrestre, el drama real de lo histórico.

Haré una elaboración posterior, más sistemática y cuidadosa, de estos comentarios; pero adelantaré este bosquejo.

1. Miseria informativa, silencios memorantes; el colonizado sordo-mudo

Es parte del intercambio de ideas sobre la historia de la comunidad y literatura pepiniana que ya sostengo con varios pepinianos, que refiera algunos hechos que desafían el marco impuesto, el rompecabezas de lo incompleto. Este rompecabezas es el producto de la miseria informacional que cundió en nuestra municipalidad al no quererse hablar autocríticamente sobre muchos de los problemas vividos, y del no atreverse muchos en la comunidad a dar su reevaluación de lo social.

La comunidad tuvo y tiene todavía el derecho de hablar sobre sí misma y su necesaria reconciliación; ayer, en el siglo pasado, fueron pocos los que lo hicieron y abundó más el dorar la píldora, como decía Tomás Blanco. Entre los políticos la práctica fue inflamar y echar condenas... pero, entendamos, fueron los siglos de las facultades omnímodas, los Bandos Negreros, las Libretas de Jornaleros y los Compontes del viejo imperio, las que provocaron ese miedo.

Después de 1898, con el nuevo régimen, los partidos coloniales han sido forjadores, por su esencia, de engendros inmaduros; pero el diálogo del que yo hablo concierne, por igual, al contenido cultural que emana del discurso orgánico propuesto antes y después por la hegemonía política e intelectual, su liderazgo en turno y, en grado menor, por la autoconsciencia de escritores y artistas individuales o marginales. Luis Rodríguez Cabrero, quien tenía mucha fe en el Teatro como medio educativo, saneador de costumbres, nos dijo en Pepino en faldetas (1899) que era la hora de madurar... La hora definitiva. Y el Círculo de Amigos y el Círculo Obrero que fueron las cosas que los directivos de las Partidas tuvo como de mayor valía, cuando llegara el momento de la paz, promovió el teatro.

Como pueblo, este diálogo sobre un prospectivo 'Pepino de hermanos' comenzó tardíamente y ha sido un largo monólogo.

Han sido varios siglos de negligencia, saboteos y carencia de cartas, documentos, biografías, genealogías, miedos públicos, institucionales y privados, ante la tarea de (re)construir, desde su base popular, la memoria histórica del pueblo de San Sebastián del Pepino. Su memoria más inclusiva y generosa. La hora de salir de las faldetas del colonialismo.

La gente que no habla a tiempo hace mucho daño a la tarea de historiarnos y conocernos. Dicho de una manera dura y crasa, la no colaboración es sabotaje moral e intelectual a nuestra historia. Yo toqué muchas puertas que se me cerraron en las narices de un portazo; pero ya no me importa, [descubrí que no son los indispensables de la Patria, como decía Martí].

Claro está, reconozcamos que muchas de las miserias informativas y documentales han sido resultado de trágicos accidentes. Los Fuegos de Castañer (1899) y Rubio (1906) desvastaron mucho de los archivos eclesiales y municipales, además de lo que, en antaño, dañaron los ciclones.

Adolfo de Hostos observó en una ocasión por qué hay tan incompletos archivos municipales, relaciondos a muchos pueblos, como el nuestro:

Durante el gobierno militar americano fueron enviadas por orden del Departamento de Guerra, 150 grande cajas de este archivo a la Biblioteca del Congreso en Washington, conteniendo material manuscrito e impreso. Afortunadamente, este material fue previamente seleccionado para el Gobierno Militar por el Dr. Cayetano Coll y Toste, quien retiró para Puerto Rico una buena parte de lo que consideró de interés histórico. Devuelto a Puerto Rico desde Washington, las cajas fueron dejadas en tránsito por estar mal rotuladas sobre un muelle de La Habana, en donde sufrieron pérdidas por haber quedado expuestas a los azotes de un ciclón. Llegaron a Puerto Rico unos diez mil legajos de este cargamento... y fueron depositadas en el mencionado Archivo Histórico, que dirigía el poeta Ferdinand Cestero. Desgraciadamente, fue este archivo pasto de las llamas unos cinco años después. 2

2. La primacía de lo sistémico del proceso

Yo soy un buscador y examinador de procesos. A mi no me gusta ver la historia de Puerto Rico y de sus municipios en un vacío, in vacuus vocis, sin contextos metropolíticos, porque sé que hay un poder estructural, extremado y vertical, que incidió en las colonias y es éste el que, en antaño, decidió quiénes serían los individuos nombrados por el Rey de España, o sus Ministros, o sus Gobernadores, para fungir como los funcionarios locales.

Además este poder vertical y su macroesfera determinaron lo que debíamos de creer, el tipo de Madre Patria a la que debíamos ser fieles, con mores y costumbres ... y esa fue la tristeza de muchos puertorriqueños que estuvieron preparados para otra cosa y crecieron ideológicamente, a veces sin la solidaridad de otros. No todos los que entendían y comprendían el coloniaje tomaron acción, aunque simpatizaban con lo nuevo.

El enfoque que identifica los procesos sistémicos e históricos en España es mi forma de evaluar sus ideologías y describir y sintetizar las inclinaciones / direcciones socio-políticas que tomarán las dirigencias designadas en nuestro país, su servicio o desdeñanamiento (trato directo, afinidad y lealtad afectiva) por determinadas clases, su accionar concreto en las colonias. Según estudio documentos o materiales útiles, ubico a candidatos en juego y cómo representaron en Pepino los intereses de su periodo y del gobierno que les permitió una participación in jure, o si la cumplió de facto para beneficio de su pueblo o su clase.

Al estudiar a Pepino, yo utilizo los módulos crítico-ideológicos (encarnados por peninsulares que fueron la oposición en España) pues ellos exponen / cuestionan las lealtades y seguimientos ante las hegemonías orgánicas-dominantes en el Imperio Español. Ideologías que servirán o sirvieron ya como modelos para los pepinianos. El juicio crítico de los estudiosos españoles sobre los procesos sistémicos es más confiable que los juicios timoratos que se dieron aquí. Donde se ha dado hasta el orto por Muñoz Rivera y se le ha cerrado a De Hostos la puertas en las narices. Hasta los más liberales intelectuales del siglo XIX, por ejemplo, se asustaron con el brote anárquico del '98, con la excepción de pocos. Hay liberales, aún independentistas, colonizados.

Yo creo que esta aproximación es mi aporte a la historiografía local, y la he planteado así porque lo que sacudiera a España, desde sus cimientos, también repercutió localmente, de alguna u otra manera. Lo que decidiera el elemento que inmigró como disidente, gente que huyó de España [para evitarse problemas y miserias] y el elemento que irrumpiría en el poder municipal local son el espejo del proceso total, el macro-contexto y su fuente originaria.

3. Casco Urbano: Urréjola y Norzagaray

El hecho de que el Caso Urbano de Pepino honrase al Gobernador Fernando de Norzagaray (1852-1855) no es gratuito; alguien en Pepino, no sé cuánta gente, tendría que estar detrás de esa designación, con esa lealtad al Gobernador y esa identificación y, siendo así, correr a fijar la memoria de bautizo, dar el nombre, por congraciamiento. Este fue su procedimiento.

Norzagaray fue el gobernador que inspiró el cambio de patronímico a este pueblo (antes orgullosamente admitido como el Pepino de los canarios). Don Fernando nació en SAN SEBASTIAN, en España, y tuvo entre sus admiradores locales a una gentecilla, muy identificada con sus raíces éuskeras, que dio esa lucha, en aras de tierras y favores del vasco Fernando de Norzagaray, esto es, visitándole en La Fortaleza.

Durante esa época del Concordato y las políticas financieras del Conde de San Luis, 3 en España, hay muchos planteamientos originados por el interés hacendatario; deseos de que se concedan permisos de población, fomento de inmigración, parcelas y señorazgos en las colonias y los Hernández, Echeandía, Cabreros, Arteaga, Pons y Mendoza, llegados a Pepino de seguro no estaban con las manos cruzadas porque fueron una gente acostumbrada a exigir, mandar y poseer fundos a gran escala, desde Perú a Venezuela.

Un ejemplo de los prohombres venezolanos que marcan sus influencias en los Echeandía y Mendoza en Pepino me lo comunica César Echeandía Tudela, radicado en Lima (Perú) y quien me remite estos datos; pero, hubo entre los Echeandía los que fueron herederos de próceres y libertadores; pues no todos son de la misma envergadura de los que rompieron con sus valores trascendentes. Quiero reparar en la complejidad de juzgarlos al dar esta biografía:

El coronel Manuel de Echeandía Valencia y Hurtado de Mendoza, prócer de la República de Venezuela y gran amigo del Libertador Simón Bolívar, nació en la Ciudad de Guarandá (hoy República del Ecuador). Fue bautizado en la Iglesia Parroquial de dicha ciudad el 9 de diciembre del mismo año. Murió en Caracas a mediados del siglo pasado, habiendo sido sepultado en la antigua Iglesia de San Francisco en la nave denominada de San Antonio en la fosa marcada con el número 8. Se casó en 1805 con Doña María de la Cruz Frías Abadiano y Oblemejías. 4

Me gustaría averiguar por qué una parte del sector urbano de Pepino se llamaría Urréjola y, ¿qué explicación habrá para este nombre vasco que definiera un sector territorial en el Pueblo? En materia de la devoción religiosa, pese a la acertada apreciación de Eliut González Vélez de que el santo San Sebastián fue objeto de veneración no sólo por vascos y navarrenses, sino por los mismos canarios de la Gomera, la gente elitista del País Vasco y Navarra, ya residente en Pepino, es la «después que establecieron su hegemonía (control) económica y política en el pueblo procedieron a impulsar el cambio de nombre», de la población de Pepino, al de su «Patrón, San Sebastián, más acorde con el prestigio, su clase social y su cultura». 5

Imaginamos ésto. Que haya hoy un grupo de pepinianos que se decidiera por promover el bautizo de una calle / edificio/ plaza / etc. / con el nombre Romero Barceló (el asesino del Cerro Maravilla) o con el de Pedro Roselló.

¿Quiénes diablos estarían detrás de eso?

Esa pregunta yo la hago cuando estudio la interrelación entre España / Pepino, porque el acto de trámite, o la demanda de asuntos similares, y las personas que lo activan, responden a la estructura del proceso colonial por el que se origina. El contenido de la petición cambia pero la forma / envase en el proceso es la misma.

Espartero y Cánovas del Castillo son gente con influencias muy grandes en la historia de Puerto Rico. Lo que ellos hicieron nos «marcó». ¿En qué consistió la influencia que desacreditó a Espartero después que la Reina se vio forzada a darle poder? ¿Qué impactos tuvo en Pepino?

Así lo que hay detrás, como proceso y acción / iniciativa histórica, en cada nombre de calle, nombramiento burocrático, etc. es importante para el estudio de las señales que España enviara a América Latina / Pepino / Puerto Rico a través de su proceso sistemético.

Yendo más al presente, al preguntarnos sobre el hecho de que una calle, plaza o barriada, o escuela, adquieriese oficial o extraoficialmente, los nombres de Betances, Baldorioty de Castro, Stalingrado, o Whitter, ¿qué lo explica? ¿Qué influencias, actos, intuiciones, lealtades identificatorias, hubo que promoviesen la fijación de esa memoria en el Pueblo, cuáles son las anécdotas detrás de la toponimia designada?

Unos mallorquines que arribaron a Pepino, por la vía de Lares, la familia Frontera, son parte de los orígenes del comercio pueblerino, igual que los Castañer, los Mayol, los Alberti y los Casanova, éstos, mallorquines de Mirabales? ¿Qué tal los Nieves?

Quisiera saber sobre las familias Beltrán / y Guerrero / de los barrios Aibonito del Pepino con esos nombres, de la misma manera que sobre los Nieves y Arocena de Mirabales, o sobre corsos en Mirabales como los Brignoni y Luiggi, o el mismo Pratts Canarolli. Me inquieta saber por qué, siendo Obispo de Puerto Rico (1848-1855) el clérigo Gil Esteves, a poco tiempo de su nombramiento, llegaron a Lares y Pepino los canarios del mismo apellido y emparentan con los Rodríguez?

El poder de la Iglesia Católica, aún ese poder que tuvo en el Pepino, tiene que ver con el Concordato suscrito por el gobierno de Bravo de Murillo con la Santa Sede, el 17 de octubre de 1851. Este es el inicio de una época en que el clero es subvencionado y se lo idemniza por los bienes eclesiásticos desamortizados.

Notas bibligráficas

1 Eliut González Vélez, La formación de la etnia cultural pepiniana (2002: Gráfica Metropolitana, Santurce, Puerto Rico), ps. 133, 136

2 Adolfo de Hostos, op. cit.

3

4 Tomás Echeandía Tudela, Carta personal al Website de San Sebastián del Pepino, Lima (Perú), enero 12, 2000.

5 González Vélez, op. cit., p. 38

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De la Academia al Ateneo / por Eliut González Vélez

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