El Hombre Extendido / Poemario Virtual
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Carlos A. L󰥺 Dzur

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Libro


34.

38.

Te fuiste otra vez.
¿Qui鮠darᠥl ᳰid
y mecerᬠcomo t򬠣ongrio del cono,br> qui鮠harᠵna pir᭩de para este ser
que se visti󠤥 cayarí ¹ va
en roja vergí±–í¾ºa y en chifla
por el monte
convertido en el chac mool
que mendiga y sucumbe.

Mira la bandeja vací¡¬
llena de tu ausencia.

Te fuiste otra vez
y el corazó® ¥s un vendaval
de chilmole y en vano
corto leñ¡ ¹ barro en los chacates
para hallar la luz y la espiga.

Mira có­¯ se queda la mujer.
Mira la rodilla golpeada del hombre.
Como Peniel, el á®§el,
torcí³´e mi cadera.
Al que besó ´µ correa
de relá­°ago divino, burlas de oquis.
Has puesto al rayo
en el bocado del lamento.
Te fuiste y fundaste
la angustia de uso diario.

Voy descoyuntado con mi mujer
a cuestas y ella canta
para el chacaneo
la miseria má³ oscura
porque si no está³ en mí¦£060;br> yo tampoco estoy en ella.

4-11-1990

40.

El asesino reventó ³µ antojo.
Fundó µ®a milicada de creyentes.
Escupió ¥® nuestros ojos.
Y no hubo una verdad en su cuchillo.
Empujarí¡ a la Maya
donde no hay hecho ni derecho,
sino el capricho de esa larva,
soy lo que han dictado
sus voces y sus ecos.

Soy el fantasma sabeliano
de un dios de horror que se esparce
como un torbellino
y tengo todos los nombres
y soy santo en las bocas
de los tontos y los sabios.
Francachelas de ratas en la podredumbre
han sido sus templos.

Como la casualidad no existe,
segò® ¨a predicado,
鬠me apres󬠭e cautiva, me condena.
Soy el feo y el soez de la creencia,
el ladr󮠹 el rufiᮬ
el santo y el excomulgado,
el tonto de los tontos.

Me ha convertido en necesidad
que nadie explica.
En parᳩto que surge de la Nada.
En el diablo que se niega el nóµ­¥no,

en el á®§el que no tiene alas.
En el alma que no tiene espí²©tu,
en el espí²©tu que no tiene alma.

Ahora soy infecto de fealdad,
ser oscuro, nucleó® ¥n el vací¯¦#060;br> que no proyecta luz.
¡Pero la casualidad tambi鮦#060;br> tiene su causa; me han elegido
para ser el malquerido!

5-6-1981

41.

¡Ay, si me quisiera
una fea como yo, la cacariza
idea del germen, la espiguilla,
una mujer que sangre lo que sangro!br> Si llegara esa espina
lo mismo que el cuchillo
a la porció® ¤el nervio,
a la má³ blanda molleja

donde estoy hecho un higo
y bien burlado y triste y tonto.

Donde ninguno paga con sus buenas monedas
me doblaron con espuelas
que rehollan, pisoteantes.

A veces me apu񡬡n con palabras
y el mí³´ico mocuñ¯ ¤e la trampa
me persigna.
Y con un sublime templo me encarcelan.

¡Ay, con la boca de un ᮧel,
me han mentido,
con el zarzo de los juncos
me han vestido de llaga, sin renuevo!
Y el lá´©go no cesa porque ella
no ha llegado para hablar a mi piel
de espina a espina, y sumirse
en la fosa, en el chisc󮬠amarme,
y sentirme desnudo, real,
como demonio!

¡Ay, si me quisiera la mujer
que vence a las muertes rutinarias
al matar al dios Don Nadie de los feos!
si trajera el poder de llevá²³elo todo
al acusador, al insensible,
al que burla, al que odia,
al que profesa lá³´imas
que no quiero;
¡ay, si llegara una vez
tan s󬯠y se asomara,
feo con fea, sin condiciones,
al quererme se fundara la esperanza
que me falta para odiar
a mis hermanos tan bonitos
y tal vez quererlos!
¡Ay, si viniera!

1-1-1989

42.

Ayer llegaste con el golpe del Eter
porque murió ¥® el puerto
el contramaestre de muralla.

Mi pueblo fue feliz.
Bebieron y bailaron en la noche
y sacaron un coral lleno de ojos
que parecí¡ tu esqueleto
o el á²¢ol de la muerte.

Habrí¡ jurado que eras tò¬¦£060;br> calcá²¥o p᪡ro del fondo del olvido,
tò¬ ¡nimal de corajina que te secaste
como un reptil del Erebo,
deformado por el Caos y las Tinieblas.

Pero no eras tò® ¦#060;br> Fue el censor que dijo al navegante:br> Echate a las aguas del cenote
y muere con las manos vací¡³
.
¡No eras tò¬ ³ino la mano mucí¬¡ga
en el lagar, el trago amargo
de tantas lunas tristes en Usumacinta.

Yo estuve allí ¶i鮤olo todo,
uno má³ con la tristeza de su pueblo.

Querí¡ morir ebrio de plenilunio.

9-16-1979

43.

Ahora sé ±ue el secreto
es una cuerda colgada de dos puntos.
Que tò ­¥ catenulas en las categorí¡³
y te curvas como un a priori
del sol por el que anduve
en la pureza trascendente.

¡Que equivocaci󮡦#060;br> Tò ®¯ me ves así®¦#060;br> Para tí ³oy un Seno caí¤¯,
reino de la mujer que espí¡³.
Para tí ³oy ontoló§©£o.

Desde arriba,
donde te hiperbolizas,
mi geografí¡ te parece fascinante.
Estoy menos denso que lo que imaginas.
Esto que llamas el Seno de mi cuerpo
es s󬯠mi isla rasa,
cayo lleno de arenales,
su piel anegadiza.

¡Lame y traga, pues,
descubre el p򢩳 del mangle,
atré¶¥te a ser efebo en la sustancia,
á®§el tormentoso!

4-5-1980

44.

B򳣡me en la fealdad.
Es mi desnudez la que darᦣ060;br> vida y descanso para tí ¦#060;br> a quien un escupido del odio
te saca del milagro y la ciega obediencia.

Como a mí¬´e han fundado en rebeli󮦣060;br> en las esferas de lo manifestado.

Estoy hecho un rival, indeseable,
en el altar donde lita tu garganta
rezos de gorgorero, sin delicia.
De mí °uedes chupar, mi monte es amplio;
estᠥl pico del Llambr󮦣060;br> bien encendido, en aquella esquina
tengo el Chimborozo;

ca鬥, matrero,
mira con ojos negros
el tronco de la masa.
Bebe de mis ramos blancos
la esencia de cayeput.
¡Te invito nuevamente
a los mirtales!

19-1-1990

45.

Comulgo con los dioses
que sorben su aroma grata
del hidrato y sus carbonos.
Que quieren cuerpos s󬩤os y diᦡnos.
Que se llevan un joropo de Tlaxcala,
de genuino ixcacihuite
y un tapiz de Chiautempan
para hilvanar con sol
una hoja, un tejido le񯳯, una flor
para las manos, el talle, el alma.

Quien me abraza con el regocijo
de saberme la envoltura celular
del mirto, chupa de mí¦£060;br> esperanza y canto.
Quien se acuesta en mi seno,

mi mujer tendrá ¤e oquis y regalo.

19-1-1990

46.

Por los montes sagrados,
por chavasca, por fuego,
voy al bosque y molesto a los sá´©ros.

Me gusta que me asusten y conmuevan;
escucho sus canciones y consejas.
Y coquitos en su nuca les ofrezco.
Y les presto calcetines y huipiles
y me burlo de ellos,
lo mismo que los amo.

Imito el colibrí¦£060;br> y les llevo tó²´¯las del pasto.
Y a򮠤ejo que me abracen y me besen; dicen que soy peque񯠣omo un p᪡ro.

En aguas litorales me ba񯠤esnudo
... y a las ninfas les gusta verme,
arrecho como 鬬 como sᴩro.
Les cuento a todas y a tí¦£060;br> los nombres pobremente inefables
de mis dioses y escarbo en los secretos
del agua que fluye y del mismo sol
que se bañ¡ £on reflejo y se diluye.

En las jorobas de este altar
tan inmenso, los bosques,
donde voy por chavasca,
lito y curcucho.

Enciendo los cí²£ulos de llamas.
Manoteo en esferas como en nalgas.
La recta, como la esfera,
no es para mí¦£060;br> una simple cuerda
ni un punto fijo
cuyo otro extremo recorre
una curva cerrada
para engendrar
el cono; no, yo curcucho
en la matriz de Ix Chel,
la tomo como superficie deliciosa
y la llamo la pradera de Ixcuina
y hago que no crezca la yerba
ni el piojo sobre ella,
mi colch󮬠mi cosmos.

2-1-1989

47.

Con palabras se encendi󠬡 chavasca
al tope del pilar del mundo,
có³­©co fuego, la fe de Dagda.
En este valle, al pie de la colina,
está ¬a explayada de los muertos frí¯³,
pᬩdos y t鴲icos.
Y Nemain todo lo mira
con pᮩco.

3-11-1980

48.

Dijí³´e la palabra Padre.
No sé £on qué ¢oca.
Es el alto t򮥬, tu boca,
tu lengua de fuego.

Padre que está³ en lo alto
del Irminsul,
due񯠥res de la esfera que rutila,
del pu񯠱ue azota el espacio
y subvierte la chispa y la entrega,

prometeica, como gr᮵lo de sol
a los hombres.

¿Qui鮠puede mirar a tus labios
y a tus besos í§®eos pegar los suyos
que sobreviva y lo cuente?
Sin decirte, dador de deseos,
¿qui鮠habrᠱue diga, no te amo?
¿Qui鮬 entre los hijos de la tribu,
alma de Teutatis, querrᦣ060;br> no verte, ni saludar tu sue񯬦#060;br> cuando hay noche y te duermes?
¿Y qui鮠sino t򦣰60;br> ves primero que el hombre
la llegada de Ella,
la Carroza de la Primavera
y qui鮬 sino t򬠬a fecundas
y traer᳠semillas al coraz󮦣060;br> de Nerthus, nuestra Madre?

6-15-1990

49.

La unidad del mundo es inagotable.
Sacaré ²aja del detalle
de su ramerí¡¦#060;br> y con ella, Mama Quilla,
fea como covacha de abandono,
me pondré ¡l tupe con la masa
(que es medida de la inercia)
y lavaré ³u rostro,
transformᮤola,
con gusto, de rositas.
Y entre nexos gravitatorios
será ¬lamada Esposa mí¡¬ deseada.

Yo iré ¡l infrarrojo profundo,
al rulé ¤e los tiempos,
al remoto azul,
y de la má³ larga longitud de onda,
en rí¯³ y relá­°agos,
que han de morir en los bosques
y en mis manos,
traeré ¬a selva, le haré £asa.
Jalaré ¬a mijarra,
zarzos de juncos y causalidades
para hacerla libre en lo contí®µo,
diosa manifestada de mis dí¡³.

Que la vean sentada como reina
en el m᳠alto monte, el P򢩳,
¡Que digan que la Quilla, ay madre,
está ¤e parto,
vestida de raíº¡
Que la vean en la rosa de los vientos,
en su ecuador y en tró°©£os,
soberana en los cuatro puntos cardinales;
libre de los Rompegalas Có³­©cos,
nunca má³ cautiva
del Determinismo predeterminado.

2-5-1980


Carlos A. L󰥺 Dzur

Pintores de San Sebastiá® del Pepino

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