34.
38.
Te fuiste otra vez.
¿Quié® dará ¥l á³°id
y mecerᬠcomo tò¬ £ongrio del cono,br>
quié® hará µna pirá©de para este ser
que se vistió ¤¥ cayarí ¹ va
en roja vergí±–í¾ºa y en chifla
por el monte
convertido en el chac mool
que mendiga y sucumbe.
Mira la bandeja vací¡¬
llena de tu ausencia.
Te fuiste otra vez
y el corazó® ¥s un vendaval
de chilmole y en vano
corto leñ¡ ¹ barro en los chacates
para hallar la luz y la espiga.
Mira có¯ se queda la mujer.
Mira la rodilla golpeada del hombre.
Como Peniel, el á®§el,
torcí³´e mi cadera.
Al que besó ´µ correa
de relá°ago divino, burlas de oquis.
Has puesto al rayo
en el bocado del lamento.
Te fuiste y fundaste
la angustia de uso diario.
Voy descoyuntado con mi mujer
a cuestas y ella canta
para el chacaneo
la miseria má³ oscura
porque si no está³ en mí¦£060;br>
yo tampoco estoy en ella.
4-11-1990
40.
El asesino reventó ³µ antojo.
Fundó µ®a milicada de creyentes.
Escupió ¥® nuestros ojos.
Y no hubo una verdad en su cuchillo.
Empujarí¡ a la Maya
donde no hay hecho ni derecho,
sino el capricho de esa larva,
soy lo que han dictado
sus voces y sus ecos.
Soy el fantasma sabeliano
de un dios de horror que se esparce
como un torbellino
y tengo todos los nombres
y soy santo en las bocas
de los tontos y los sabios.
Francachelas de ratas en la podredumbre
han sido sus templos.
Como la casualidad no existe,
segò® ¨a predicado,
é¬ me apresó¬ e cautiva, me condena.
Soy el feo y el soez de la creencia,
el ladró® ¹ el rufiᮬ
el santo y el excomulgado,
el tonto de los tontos.
Me ha convertido en necesidad
que nadie explica.
En parᳩto que surge de la Nada.
En el diablo que se niega el nóµ¥no,
en el á®§el que no tiene alas.
En el alma que no tiene espí²©tu,
en el espí²©tu que no tiene alma.
Ahora soy infecto de fealdad,
ser oscuro, nucleó® ¥n el vací¯¦#060;br>
que no proyecta luz.
¡Pero la casualidad tambi鮦#060;br>
tiene su causa; me han elegido
para ser el malquerido!
5-6-1981
41.
¡Ay, si me quisiera
una fea como yo, la cacariza
idea del germen, la espiguilla,
una mujer que sangre lo que sangro!br>
Si llegara esa espina
lo mismo que el cuchillo
a la porció® ¤el nervio,
a la má³ blanda molleja
donde estoy hecho un higo
y bien burlado y triste y tonto.
Donde ninguno paga con sus buenas monedas
me doblaron con espuelas
que rehollan, pisoteantes.
A veces me apu񡬡n con palabras
y el mí³´ico mocuñ¯ ¤e la trampa
me persigna.
Y con un sublime templo me encarcelan.
¡Ay, con la boca de un ᮧel,
me han mentido,
con el zarzo de los juncos
me han vestido de llaga, sin renuevo!
Y el lá´©go no cesa porque ella
no ha llegado para hablar a mi piel
de espina a espina, y sumirse
en la fosa, en el chiscó®¬ amarme,
y sentirme desnudo, real,
como demonio!
¡Ay, si me quisiera la mujer
que vence a las muertes rutinarias
al matar al dios Don Nadie de los feos!
si trajera el poder de llevá²³elo todo
al acusador, al insensible,
al que burla, al que odia,
al que profesa lá³´imas
que no quiero;
¡ay, si llegara una vez
tan só¬¯ y se asomara,
feo con fea, sin condiciones,
al quererme se fundara la esperanza
que me falta para odiar
a mis hermanos tan bonitos
y tal vez quererlos!
¡Ay, si viniera!
1-1-1989
42.
Ayer llegaste con el golpe del Eter
porque murió ¥® el puerto
el contramaestre de muralla.
Mi pueblo fue feliz.
Bebieron y bailaron en la noche
y sacaron un coral lleno de ojos
que parecí¡ tu esqueleto
o el á²¢ol de la muerte.
Habrí¡ jurado que eras tò¬¦£060;br>
calcᲥo p᪡ro del fondo del olvido,
tò¬ ¡nimal de corajina que te secaste
como un reptil del Erebo,
deformado por el Caos y las Tinieblas.
Pero no eras tò® ¦#060;br>
Fue el censor que dijo al navegante:br>
Echate a las aguas del cenote
y muere con las manos vací¡³.
¡No eras tò¬ ³ino la mano mucí¬¡ga
en el lagar, el trago amargo
de tantas lunas tristes en Usumacinta.
Yo estuve allí ¶i鮤olo todo,
uno má³ con la tristeza de su pueblo.
Querí¡ morir ebrio de plenilunio.
9-16-1979
43.
Ahora sé ±ue el secreto
es una cuerda colgada de dos puntos.
Que tò ¥ catenulas en las categorí¡³
y te curvas como un a priori
del sol por el que anduve
en la pureza trascendente.
¡Que equivocaci󮡦#060;br>
Tò ®¯ me ves así®¦#060;br>
Para tí ³oy un Seno caí¤¯,
reino de la mujer que espí¡³.
Para tí ³oy ontoló§©£o.
Desde arriba,
donde te hiperbolizas,
mi geografí¡ te parece fascinante.
Estoy menos denso que lo que imaginas.
Esto que llamas el Seno de mi cuerpo
es só¬¯ mi isla rasa,
cayo lleno de arenales,
su piel anegadiza.
¡Lame y traga, pues,
descubre el p򢩳 del mangle,
atré¶¥te a ser efebo en la sustancia,
á®§el tormentoso!
4-5-1980
44.
B򳣡me en la fealdad.
Es mi desnudez la que darᦣ060;br>
vida y descanso para tí ¦#060;br>
a quien un escupido del odio
te saca del milagro y la ciega obediencia.
Como a mí¬´e han fundado en rebeli󮦣060;br>
en las esferas de lo manifestado.
Estoy hecho un rival, indeseable,
en el altar donde lita tu garganta
rezos de gorgorero, sin delicia.
De mí °uedes chupar, mi monte es amplio;
está ¥l pico del Llambr󮦣060;br>
bien encendido, en aquella esquina
tengo el Chimborozo;
ca鬥, matrero,
mira con ojos negros
el tronco de la masa.
Bebe de mis ramos blancos
la esencia de cayeput.
¡Te invito nuevamente
a los mirtales!
19-1-1990
45.
Comulgo con los dioses
que sorben su aroma grata
del hidrato y sus carbonos.
Que quieren cuerpos s󬩤os y diᦡnos.
Que se llevan un joropo de Tlaxcala,
de genuino ixcacihuite
y un tapiz de Chiautempan
para hilvanar con sol
una hoja, un tejido le񯳯, una flor
para las manos, el talle, el alma.
Quien me abraza con el regocijo
de saberme la envoltura celular
del mirto, chupa de mí¦£060;br>
esperanza y canto.
Quien se acuesta en mi seno,
mi mujer tendrá ¤e oquis y regalo.
19-1-1990
46.
Por los montes sagrados,
por chavasca, por fuego,
voy al bosque y molesto a los sá´©ros.
Me gusta que me asusten y conmuevan;
escucho sus canciones y consejas.
Y coquitos en su nuca les ofrezco.
Y les presto calcetines y huipiles
y me burlo de ellos,
lo mismo que los amo.
Imito el colibrí¦£060;br>
y les llevo tó²´¯las del pasto.
Y aò® ¤ejo que me abracen y me besen;
dicen que soy pequeñ¯ £omo un p᪡ro.
En aguas litorales me bañ¯ ¤esnudo
... y a las ninfas les gusta verme,
arrecho como 鬬 como sᴩro.
Les cuento a todas y a tí¦£060;br>
los nombres pobremente inefables
de mis dioses y escarbo en los secretos
del agua que fluye y del mismo sol
que se bañ¡ £on reflejo y se diluye.
En las jorobas de este altar
tan inmenso, los bosques,
donde voy por chavasca,
lito y curcucho.
Enciendo los cí²£ulos de llamas.
Manoteo en esferas como en nalgas.
La recta, como la esfera,
no es para mí¦£060;br>
una simple cuerda
ni un punto fijo
cuyo otro extremo recorre
una curva cerrada
para engendrar
el cono; no, yo curcucho
en la matriz de Ix Chel,
la tomo como superficie deliciosa
y la llamo la pradera de Ixcuina
y hago que no crezca la yerba
ni el piojo sobre ella,
mi colchó®¬ mi cosmos.
2-1-1989
47.
Con palabras se encendió ¬¡ chavasca
al tope del pilar del mundo,
có³©co fuego, la fe de Dagda.
En este valle, al pie de la colina,
está ¬a explayada de los muertos frí¯³,
pᬩdos y t鴲icos.
Y Nemain todo lo mira
con pᮩco.
3-11-1980
48.
Dijí³´e la palabra Padre.
No sé £on qué ¢oca.
Es el alto t򮥬, tu boca,
tu lengua de fuego.
Padre que está³ en lo alto
del Irminsul,
dueñ¯ ¥res de la esfera que rutila,
del puñ¯ ±ue azota el espacio
y subvierte la chispa y la entrega,
prometeica, como gr᮵lo de sol
a los hombres.
¿Quié® puede mirar a tus labios
y a tus besos í§®eos pegar los suyos
que sobreviva y lo cuente?
Sin decirte, dador de deseos,
¿quié® habrá ±ue diga, no te amo?
¿Qui鮬 entre los hijos de la tribu,
alma de Teutatis, querrᦣ060;br>
no verte, ni saludar tu sue񯬦#060;br>
cuando hay noche y te duermes?
¿Y quié® sino tò¦£°60;br>
ves primero que el hombre
la llegada de Ella,
la Carroza de la Primavera
y qui鮬 sino tò¬ ¬a fecundas
y traer᳠semillas al coraz󮦣060;br>
de Nerthus, nuestra Madre?
6-15-1990
49.
La unidad del mundo es inagotable.
Sacaré ²aja del detalle
de su ramerí¡¦#060;br>
y con ella, Mama Quilla,
fea como covacha de abandono,
me pondré ¡l tupe con la masa
(que es medida de la inercia)
y lavaré ³u rostro,
transformᮤola,
con gusto, de rositas.
Y entre nexos gravitatorios
será ¬lamada Esposa mí¡¬ deseada.
Yo iré ¡l infrarrojo profundo,
al rulé ¤e los tiempos,
al remoto azul,
y de la má³ larga longitud de onda,
en rí¯³ y relá°agos,
que han de morir en los bosques
y en mis manos,
traeré ¬a selva, le haré £asa.
Jalaré ¬a mijarra,
zarzos de juncos y causalidades
para hacerla libre en lo contí®µo,
diosa manifestada de mis dí¡³.
Que la vean sentada como reina
en el m᳠alto monte, el P򢩳,
¡Que digan que la Quilla, ay madre,
está ¤e parto,
vestida de raíº¡
Que la vean en la rosa de los vientos,
en su ecuador y en tró°©£os,
soberana en los cuatro puntos cardinales;
libre de los Rompegalas Có³©cos,
nunca má³ cautiva
del Determinismo predeterminado.
2-5-1980

Carlos A. L󰥺 Dzur
Pintores de San Sebastiá® del Pepino