El Hombre Extendido / Poemario Virtual
de Carlos López Dzur
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Indice/ Tantralia

Indice / El Ladrón

Obra poética

San Sebastián del Pepino: Convocatoria al estudio de su historia

Escríbeme a:

Carlos A. López Dzur

Unionismo y Anexionismo

Libro


51.

A nadie tengo aquí
en la sombra de mi piel
sino a las bestias, al ave, al jabalí;
a esos nervios a los que doy celada
para no estar solo, aislado, en suspenso.
A nadie tengo que escuche y comprenda
la gratitud que me inspira lo vivo.

Ofrendo el primer canto
lejos de aquella mujer
que danzó al ritmo del bambuco.
Ella me observó como la noche
vestida de sus soles
y me exhibió sus pechos de brasa,
negros como el cedro.

Murió como un gusano que trepa
a su penacho y se detiene.
La devora un lagarto verde y negro.

A nadie tengo aquí
porque llueve en la sombra
y en mi paso.
Y todo es un camastrón selvático
que depreda la voz con que lamento.

Las bestias huyeron y hablo solo.
Grito a los muertos y, en candelero,
está mi aliento únicamente
y mis ojos ávidamente perceptivos
de la rica gratitud del todo
al filo del alba y el olvido.

7-13-1980

52.

Te comprendo
cuando chozpas como mula.
¡Ay, cabrita montés! cuando alborotas
a brincos pedregales.
A la ardilla que huye como rayo
la entiendo, la escucho, la entretengo.
Comprender es trillar
y amontonar la parva del alerta
con todos los sentidos que el timón
organiza como eventos
para el cuerpo mío.

El viejo Zorro del tiempo sustanciado
me dio el bosque celular.
Soy el sistema vivo, en cueras y calato,
de pie, con tantos huesos
y manantial de sangre,
techo abajo.

¡Qué bien soy
funcionario de verbales mecanismos!
Comprendo entonces
que soy dios con cuernos levantados
y ganchosos, como el druída
entre picos nevados
y quien se goza en los pinares

y la chozpa del barrujo.

La bestia que me observa
y que como ardilla huye
mi palabra escrutadora no entiende.
Grito caprichosamente.
Juego. Propongo. Verifico.
Ella no me dialoga todavía.
Estoy incomprendido
gracias al Viejo Zorro del tiempo
y al timón electroquímico
que me albergó en el ser
con el mundo.

9-1-1979

53.

Antes que llegaras
yo jugaba con mi sombra y me reía
y en la islilla fui
ser que se lude, mal que bien,
con las estrellas.
Tuve la playa para mí únicamente
y una mejana que fue sostén de lecho,
eje de mi universo.
La luna me cubría como una frazada
de color del colmillo
y yo dormía, sí,
con las leyes a priori de la dicha.

... pero llegaste, Melpómene,
graciosa y bella.
Y contigo... la zorrocloca mañería.
Mis labios se instruyeron con tus besos,
lengua de verificación intersubjetiva,
lengua de hondo calado, ósculo
de fisicismo macuquero.

La sensación engendraría el conocimiento.
¡Así ha sido, fue y será, mi fuente!
Hoy la luna no existe; estoy descobijado,
aunque me cubres tú,
y no hay leyes a priori
ni nada del tipo que tenía en el aliento.
La lógica es tu ludir a posteriori.

Me ludes cuando trenzas tu púbis al mío

y con tus muslos me amarras
a las reglas sintácticas,
a predicciones concretas.
Mi lecho es hoy libamen
de experiencias in situ
y en mayo soy tu pentecostés
y tu ley en horabuena
¡y siento, sin embargo,
que no dices nada nuevo!

19-9-1980

54.

Ser feliz es un oficio inútil.
Se cobra con monedas que caducan.
Se guarda lo obtenido con la vianda
que perece.
A veces, al llorar
me siento despedido: me han quitado
y no sé quién, ¿tú, Melpómene?
mis prestaciones.
Me degradan al rasero del inútil
y la puerta, azotada en mi nariz,
me cierra el mundo.

Es cuando me pongo a recordar
que la dicha se estercola con tragedia.
Lo más amado se va como paloma
en una mansa muerte que para tí
(no digo para mí)
es cuchillo,
harpón que escruta tus ballenas,
el interior del ansia.

El amor existe para que sepas
que eres breve como un puño de arena
y para que tengas el recuerdo
de tu precariedad.
La soledad te cita
y según te llenas de útiles y deudas
te enriquece un vendaval de hastío.

Hay truncos amanaceres
que llegaron contigo
al quitarme la luna.
De estos plomizos cielos
había conocido a pocos.

Tal vez yo fui un ahí del ser,
tosco, inerme y aburrido.
¡No importa, pese al vacío de luna,
yo digo ser feliz y no quiero
morir ni que te mueras.
No sé inventar el sublime sepulcro.
Día a día, tomo lo que das
y voy sabiendo que ser feliz
es un oficio inútil.

5-11-1980

55.

Satisfecho voy
con sonrisa que un pordiosero
no cambia por monedas.
A cada paso alguien me entrega
su contento, algo que yo esperaba
y que me gusta tanto que lo quiero.
Se me antoja un atardecer
con muchos brillos, ráfagas
de brisas que perezcan

como cosquillas de mociña o mujer
a mis pies, topar con unos ojos,
quizás, grandes y lindos, pestañudos,
y que sean como olas que mojan mis mejillas
porque buscaron amor sin nunca hallarlo;
les diría hola, o la abrazaría
violentamente, igualmente lloroso.

No sé si carezco de mañanas;
pero tengo nostalgias.
Supe que oficié en salmos y dancé
con las frenéticas niñas de mis ojos
y me arrobé en la cama
con sensaciones de amor en juncos.

4-11-1983

56.

Antes de que llegaras Un chiflado mataperro con mis días.
Vivía por estas playas
(que parecen tan simples:
sol y arena, agua y caminos)
y, de súbito, cayó del más alto nidajo
de la palma, el melón lactoso,
tu presencia
y me llevaste a la mejana de la fuente:
la sensación, Tu Carne.

Para los hechos singulares
(que yo dí por creídos, asentados
virtuosamente verdaderos)
buscaste las segundas intenciones,
la oscura gramaticalidad,
el sendero verificador de desviaciones.

Golpeaste el idealismo subjetivo
sin piedad, estremeciéndome
e hicíste del espíritu de Berkeley
una masa apestosa de mabinga
de la que siento lástima.
Despojaste al paisaje de sus bragas,
todo ultrajaste con asco y placer
y díste propiedades
a lo que vestido estuvo
de inmaterialismo; calidades sustanciales
a lo que había inmanifestado
y vírgen en mi mirada,
pero vedado a mi tacto.
Ha nacido esta lujuria gratamente,
pero me duele ir a imitarla
y ejercer songa.
Me ha tomado tiempo
tener tu sangre fría.

Bajo el sol de mi islilla
fui tonto y piadoso,
imperaba una inocencia
que no comprenderías;
pero sin esta experiencia a posteriori
de quererte, Melpómene,
todo sería tautológico y arcaico
bajo el sol y mis días.

Comevacas y Tiznaos en 1898

57.

Me habría quedado tieso,
pobre, varado sobre un punto
hediente de mabinga, el orco de metano,
perdido en rasero vil
de inmundicia, yo segado,
pero el día que dije: Soy
estabas en el agua.
El agua que es movimiento,
cima y destino claro de mis días.

Yo no había aprendido a mirarte
a los ojos; aunque los míos
ya amaban a las aguas;
buscaron manantiales, no a tí.
También con ojos míos
quise a los soles.
Yo vine de lo alto
aunque tú no lo entiendas.

¡Yo amé la luz para decir Existo,
pero jamás dije soy
hasta hallarte en el agua
y querer tu cuerpo como pez
servido a mi diario regocijo!

Yo no sé qué es la hermosura.
Aún no. Todavía.

Tus canciones de gibón,
territoriales, de pronto me llamaron.
Te espié largamente.
Eres tersa y hermosa como niña.
Eres linda y hostil,
benévola a veces, violenta
como ninfa del bosque.

En el punto fijo de la estética incipiente,
en este azar de solicitud
o rencor, me sorprendiste.
Supe que frotaría con miedo
el gozo de los ojos
y que me encenderías como chavisca
de lámpara en el viento
pues andarías conmigo.

Voy a echarme a las aguas
y agarrarte los senos o las nalgas;
en el manantial puede que muera
(porque nunca lo intenté)
llegaremos al fondo,
a flor de sedimento,
¡penetraré en tus algas,
comeré líquenes,
haré sexo contigo!

15-7-1980

58.

Voy a ir donde jamás
me permití,
a olerte de este modo.
Con la curiosidad de una serpiente
morder en lo prohibido.
Me gustará
si hay escamas, mi tacto será
como otros ojos en lo desconocido.

Cuando digas seré
te habré tomado en cuenta.
Fundarás mi lenguaje.
Me darás otros símbolos.
Sabré más de un color, muchos sonidos.
Investigaremos tejidos de limo.
Sabré si eres de cristal como las aguas,
si hay tótem que te prohíba
si te alcanzo,
si eres lo bello
(por mí, desconocido).
¡Te sabré tanto!
Me serás todo
porque tu belleza cimenta
mi ser en tí.

21-3-1980

59.

Tiraste con bala rasa
para que yo aprendiera, Melpómene,
que la vida te sale del escote
y los cuerpos que encontraré
en mi camino se abrirán como míos.
¡Pues a la alforja,
llénate de mis cosas, Musa,
que te guardaré con memorias vivas!

Y mis ojos son dos tarambanas
que se aferrarán desde hoy
y como antes
a la cautivadora dimensión
de la sustancia.
¡Más historicidad no puede lamerse
de tu escote: me apechugas, me ahitas!

Ya no tengo una vía trenzada de antemano
que llamar la existencia.
Me has extendido como al hombre
que busca tus senos con manos
ágiles y descrubridoras.
¡Acaezco en la existencia por tu causa!

¡Me temporalizo, me lacto
con tus explícitas extensiones de osadía,
pezón en boca!
Recogeré la formación de mundo
que anuncias como leche
y pomos de la Bicha de los celtas.

Todo arrojado como chichis,
roto el ocultamiento hacia lo fértil
y el útero tan útil a los labios.

Ahora soy al que desnudas a diario
aunque yo esté desnudo
y soy tu mundo poblado, Melpómene,
y soy tu mundo de olvido, zorrocloca,
a cada hora voy a tus templos
por la esencia que vas a dar por mía
porque al robarte, trasciendo,
chupando hago tu mundo de besos
y en la mismidad te encuentras
y yo el niño que bebo
tu memoria y tú madre, civilizadora,
con los pechos de Nut lloviendo
la existencia.

29-6-1979

60.

a una chica de Veracruz que amo

Leticia, no puedes ser más deseada
si no cuando te encimas sobre mi mirada
desafiando con tus pechos
a mis ojos, a mis ganas de besarte.
¡Ay, no lo hagas!
... pero házlo, ya que te he dicho
¡tantas veces que me gustas!
Tus veinte años se han vuelto
mi capricho y mi agasajo.
¡Y esos túrgidos senos
me cautivan, encubiertos, ocultos
en tu blusa;
yo les busco el misterio y la medida
y la sutil palidez y sus sabores!
Te quiero por tenerlos;
y me muero por besarlos todavía;
y agradezco que los tengas en misterio
¡y que alimentes con ellos
mi alegría!

7-5-1999

61.

También aprendí a oirte.
Como onda me trasciendo en el aire.
Presto mi ser a la palabra
que se esconde.
Sin existencia no hay ser
y quiero serte.

Si sobra ente,
por mismidad me voy de la mejana,
con el mal de tierra
y la nostalgia que se angustia
y busco tus ecos.
Lamo en tí el musgo.

Tengo que extenderme extendido
en tu acaecer, descubrir y dominar
el temple que el mundo te infunde,
tu arrojo de veloz objeto
del movimiento surgido como bala.

Si lejos del blanco te dispersas:
mi ser que tu ser-acompañante
, iré contigo, insistiré en buscarte,
Melpómene, todo orejas y silencio,
por entero.
Que sea mi necesidad en la esquina,
de este mundo;echada,

Para que tu yo sea mío te cuido.
Te robo ser, discuto.
Me adeudo en tí, te remuerdo.
En resolución anticipadora,
muero en poder-ser y dejar venir
lo que traigas,
trágico o fiel,
que venga tu ya-sido
y tu pasado.
¡Quiero que me halles,
o me pierdas,
pero siempre contigo!

11-9-1981

62.

A veces llegaste
con la forma acridulce de nostalgia.
Hundí tu cabecita en mi pecho.
Habría que haberme visto
cómo besé tus ojos y tu frente.
Temía quedarme ciego
y no volver a verte.
Quería llevar conmigo el aroma
que es tuyo, el olor de tus cosas,
el apetito
con qu tristeza y alegría
se aferraron a tí.

A menudo el amor se forja
a semejanza tuya.
Se organiza hogareñaente
a la manera de tus hábitos.
Se diseña sigilosamente
para tenernos fieles y agradecidos,
polluelos de tu vuelo;
alas agitaduchas en tu nido,
nutridas con tus mendrugos
porque abundantes lo que por tí
conocemos.

Hemos sido gaviotas en pos de reposo.
Giramos voláfugos, peregrinamente;
pero llega el día que nos faltas
y por no verte, regresamos.
Y tristemente se han llevado todo.
Apenas como un rastro queda tu recuerdo.

¡Pero volvemos,
cuando fósiles de tí no dicen nada;
y en cada distancia
duele desenterrarte;
¡cómo serás amada debajo del sedimento!
Como piedras calientes duelen las manos escarbantes
y el pico y el corazón y los riñones.
Tus raíces parecen clavadas en los sámagos.

A veces llegaste como tentación
y herida abierta,
con nuevo amor y celos,
y jalamos la llaga, por más que duela,
porque vale la pena
llevar por corazón esa elegía
a lo que nos queda por vivir.

19-6-1980

63.

El ser se durmió por un instante
y la voz muda de los ojos
se acercó como un quejido
y dijo Existo, tlanihuic
hacia abajo
como teja golpeada
y desafío a mis puños
que escarban todavía
en los cielos que no pisa mi pie
que oyen la hojarasca y el barrujo.

Y, claro está, me fui a los pinares
de la ira, milico del tacto,
ministro defraudado por mis ojos.

Combatiría toda abstracción
de realidad y mundo,
su reducción a concepto.
La noción de existencia
que tenga fundamento.
Y que el timón del trillo
sean los ojos y el tacto.
¡Que te veas si vas a ser consuelo!
No voz del ser que duerme
ajeno a percepción y sensualismo.

Tlanihuic, de teja abajo,
mis pies de matorral están cansados.
Alternan la luz y la sombras
en vientos atrabancados.
El que existe que no esconda su voz
ni juegue a la entelequia.
¡Que se vuelva oxidasa citocrómica
y solidifique su arcoiris
sobre mis matorrales!

2-18-1981

64.

Para que creyera que hay manos
que aprietan en las mías
a la isla de este ser
(que ha sido la Nada)
nos trajeron.

En la husma desafié huracanes.
Hallé que es el electrón inagotable.
Y que la esencia no se muestra
¡por pídeme tú esas pajas!
abracadabra...
más bien,
la esencia se oculta
en los aspectos
de ese fenómeno cabrón
que llora en el espacio y pisa fuerte
como valva tenebrosa que reniega
del viento y los callejones.

Conmigo, sin embargo, va.
Conmigo pregunta por la sustancia,
sus propiedades
y un cualitativo apetito
existenciado.

Hallé que lo ideal se materializa
porque el lenguaje viste al pensamiento
y lo desnuda para las fantasías
y lo transforma, ocasionándolo
en fisión de trabajo que comprende.

Sólo en el ocio me falseo
y reniego de causalidades.
Entonces, porque así no lo quiero,
creo en mis manos más que en nadie;
acaricio para amar,
y no digo palabras tan sublimes
que se escapen del maíz,
o del aquí y el ahora.
Me gusta tenerlo todo
con peso y con textura.
En reposo consolido lo que surja
del vivaz movimiento de sustancias.

Afortunadamente,
el infinito de esta muerte
que ha llegado a mis manos y mi isla
hizo de la Nada el ser que está conmigo.

3-11-1980

65.

¡Tantas veces has muerto!
Y por eso me habituaste al olvido,
a no extrañarte, a no quererte.
El ente, que desde tí, dijo: «Existo»
fue radicalmente absurdo, contingente,
inexplicable.
Su existencia precedió la esencia
del encuentro conmigo.

Te empozaste cuando te ví desnudo
y dije: «¡Qué horrendo sóis», incomovible.

Te negaste la salvación del para-otro.
Pusíste tus oídos sordos y mudez
ante el quererse.
Echaste la potencia al vacío y al desgaste.

En tu ente cesado, sin colores, pútrido
se anidó la Nada
como un polluelo inerme.
Y no te apiadaste de él
porque bajo el ala pajiza
de tu ser-en-sí
no te activas por ofrecer reposo;
más bien, te compactas,
te haces rígido y callas,
asesino del canto.

Tu consciencia es la propia Nada,
jamás épica
ni personalmente lírica
ni misión transobjectiva
con el mundo.

16-5-1982

66.

Has venido.
Te has dejado venir
con cuidado celoso de tu asomo.
Y no has dejado rastro.
Me sorprendíste
por el trato que me das.
Te he dejado llegar
porque es irremediable
cuando estoy empujado por la intriga
y el lamento y puedo soportar
mi cadáver entre sombras.

Te llamaré la Echada, Geworfenheit
porque como un puñado de tierra
me sepultas, echada sobre mí
y contra mí, ¡qué mala onda!
porque me has capturado por mi pasado
y te entretiene el éxtasis de mi porvenir.

Por el futuro primario,
te he dejado venir con uñas largas,
con ganchosos cuernos que me tiran
al oscuro regocijo y de donde jamás
había caído,
así comerás del tiempo que exploré
sin presentirte, sin saberte tiranía
para mi cuerpo y mis procuraciones.

Me harás triste y breve
desde hoy que llegaste.
Reunirás el tesoro que el alma
guardó como baúl, en balde.
¡Polvo y ansias se han vestido de raíz!
¡Tantas cosas que llamé mías
para que no me pertenezcan más!
Tú te las llevarás, ladrón echado,
bestia que quieres alojarte conmigo.

2-15-1980

67.

La existencia carece de fondo.
De momento, la espuma de la historia
sube al vaho, se evapora.
Muestra al esqueleto que flota
en su presente.
Después lo jalará,
seco, mezquino.

Un dictum engarfiado es la condena
de ese harpón sangrado del abismo:
Omne ens qua ens fit ex nihilo.
Nada son los entes sin el ser
aunque se hayan asomado visibles
como brasa rojiza, aún ardientes.
Sin comer la carroña del inmanente padecer,
nada son y a la nada van.
Volcán: ente en desgaste.
Una digestión en libertad
morder del pan,
batido por el trigo subjetivo;
horneado para la objetiva irrupción,
entitativos.

Así es la única posibilidad de fundamento.
Así tendrá la libertad
la última palabra
frente a los fecundos enemigos.
A veces, sí, el abismo se desata.
A ningún lado, sino contra sí mismo,
el volcán arroja sus pedradas
y las traga por tu gaznate
como ofrenda robada
y las expulso como vómito
de tu crudo fermento,
tu vida que no quiere angustia,
tu vida que se llena de Nada.
Piedras tras piedra,
lava tras lava,
sueño tras sueño, se castiga
a Don Nadie, mi modorra,
tu alma.

9-15-1980

68.

La echada es también
vida, mordisco,
tu desasosiego.
Del modo que se sorprende
te devuelve a las ganas
de tirar a matar como asesino,
a desafiar con mañas y proyectos,
a crecer en matorrales
de tenebrosos días.

9-15-1980

69.

Lloré porque quitaste
de mi alcance
muchas cosas queridas,
algo más que entes,
objetos o lugares comunes.
Lo que hurtas es como un carimbo,
duele, arde, marca.
Lo que tocas es tu beso de Judas.

A los labios arideces.
A los huesos azotas.
Al corazón magullas
y lastimas como una epidemia
que el desierto bifurca.
En soledad de cuitas,
el corazón guarda
lo mejor aprendido
y tú lo ultrajas.

Indice / El Ladrón

70.

Me extendí en el sendero
como piedra para tu tropiezo.
Lité en piedras con óleo de alegría.
No sé qué tu querías
que te fuíste a seducir otras piedras
y otros árboles,
aunque algún día vendrías
otra vez a echar mi vida
en tus deudas y ultrajes.
Y mi boca clamaría
como el hombre extendido:
¡Vete, véte!

Indice/ Tantralia


Carlos A. López Dzur

Pintores de San Sebastián del Pepino

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