Una fea como yo
¡Ay, si me quisiera
una fea como yo, la cacariza
idea del germen, la espiguilla,
mujer que sangre lo que sangro!
Si llegara esa espina
lo mismo que el cuchillo
a la porción del nervio,
y la más blanda molleja
donde estoy hecho un higo
y bien burlado y triste y tonto,
ay, si me amara...
Donde ninguno paga
con sus buenas monedas
doblaron mi carne con espuelas
que rehollan, pisoteantes,
pero si, de pronto, cambiara
este destino, si el olvido limpiara
el proceder-sido, y el pasado...
A veces me apuñalan con palabras
y el místico mocuño de la trampa
me persigna y prevalezco, viejo
como fue; ¡ay, si cambiara,
si me amara una fea
con historia de belleza perdida!
porque, con un sublime templo,
me encarcelan.
¡Ay, con la boca de un ángel,
me mintieron, me pierdo;
con el zarzo de los juncos
me han vestido de llaga,
sin renuevo!
Y el látigo no cesa porque ella
no ha llegado para hablar a mi piel
de espina a espina, ni a sumirse
en la fosa, en el chiscón, y amarme,
y sentirme desnudo, real,
como demonio, hombre violento
que necesita morir y morir y morir
por amor y por amor y por amor!
¡Ay, si me quisiera la mujer
que vence a las muertes rutinarias
al matar al dios Don Nadie de los feos!
si trajera el poder de llevárselo todo
y presumirse tanto,
siendo que lo que es ... guerra es:
la hazaña del acusador, el insensible,
del que burla y odia y profesa lástimas
que no quiero, el Gran Parásito
que yo debo olvidar sin dolor.
¡Ay, si llegara de una vez,
si tan sólo se asomara
y feo con fea, sin condiciones,
al quererme, se fundara la esperanza
que me falta para odiar lo que soy...
todo lo que puedo doy por este hallazgo
y aún se come de mí y me empujan
con desprecio, ingratamente...
porque soy sangre y dolor...
¡Ay, si viniera!
1-1-1989
A las jineteras de La Habana
¡Qué ganicas, guajira, de brillarse
la hebilla y bien vivirse sobre ágiles
guachinangos de la costa!
Da grumos verse el asta revolucionaria
ya que terminas de bordar en las macetas
las franjas de los muros,
con tus vellos musgos
y verdes escamas.
¡Qué malecón para aguantar
sin gritar viva la zafra, la molienda
de la boca chupadora, qué ganicas,
guajira, de venderse y de comprarse
porque la calle está dura,
la patria jodida, la moña pelúa,
y cuesta tener pantaleta sin remiendo
y reloj y comer carne y llamar a Miami!
Te dan Jesús del Monte
sobre ágiles tiburones y caimanes,
se te quema la brava cadera, la ola,
y cómo remas, balsero,
y tu novia, tu hemana, tu madre,
cómo se jinetean para bloquear el embargo
con las nalgas y democratizar el placer
que parecía privatizado en el tabú
y la superstición burguesa,
porque ya no hay que ser chusma
para buscar la esquina del turista:
¡se revuelcan las guerrillas del ovario
desde ambiciones de maestras,
sociólogas, médicas,
ingenieras y burócratas,
y amor y sobrevivencia se vinculan!
Del avantrén a la prolonga, se oye el grito
cuando se brota la clavija
y se empelma al fondo de las piernas
y un color de yagrumo
se agita en el malpaso
de bullentes espumas
y playas en girones.
Ahí va, a caballo, la siboney alfalacuda
y el gachupín, de gran harina,
que promiscua dólares en polvo,
por la sideral vía
de escroto-láctea-land...
7-5-95 / Publicado en "La Blinda Rosada", España
61. / Para hallarte
También aprendí a oirte.
Como onda me trasciendo en el aire.
Presto mi ser a la palabra
que se esconde.
Sin existencia no hay ser
y quiero serte.
Si sobra ente,
por mismidad me voy de la mejana,
con el mal de tierra
y la nostalgia que se angustia
y busco tus ecos.
Lamo en tí el musgo.
Tengo que extenderme extendido
en tu acaecer, descubrir y dominar
el temple que el mundo te infunde,
tu arrojo de veloz objeto
del movimiento surgido como bala.
Si lejos del blanco te dispersas
que mi ser sea tu ser-acompañante
e iré contigo, insistiré en buscarte,
Melpómene, todo orejas y silencio,
por entero.
Que sea mi necesidad en la esquina,
en lo oscuro y encubierto
de este mundo;
que sea yo el espacio de tu echada.
Para que tu yo sea mío te cuido.
Te robo ser, discuto.
Me adeudo en tí,
te remuerdo.
En resolución anticipadora,
muero en poder-ser
y dejar venir lo que traigas,
trágico o fiel,
que venga tu ya-sido
y tu pasado.
¡Quiero que me halles,
o me pierdas,
pero siempre contigo!
11-9-1981
La guerra
La guerra es la jactancia más impía.
Un dolor más injusto que el ultraje.
Ni los golpes de pecho
ni los triunfos llenarán el vacío
de las culpas atroces
y los gestos cobardes.
Y las manos, oficialmente asesinas,
declaran...
patria, honor justicia, libertad
y es mentir, sí, puerca mentira
de esos jerarcas de pezuña hundida
y gesticulaciones,
miméticos cascabeles y serpientes
por gramática parda: en fin,
¡palabras, flatus vocis!
1-4-1999
A los POWs
a Andrew Ramírez y Steven A. González
Yo estoy triste por tí, Andrew Ramírez.
Triste y con las manos atadas, Steven González.
¡Triste con todos los tristes de la Tierra!
Y quiero que vivan la fantasmagoría.
Tiene este clamor de heroísmo
espectro de tristeza.
¡Otros más tristes huyen!
Son aquellos que no saben
por qué el odio prevalece
y estalla, tristemente,
con los que están tristes conmigo...
Mira que se es más pobre donde no hay justicia
y todos somos pobres en estío, pero nada feliz
ni aún libertad ni razón, se definen
al golpe de bombas y disparos.
Estoy triste porque dejan sin respuesta
la pregunta: ¿cuál es la riqueza que han traído?
aquí, o allá,
donde sus presencias marcaron su pánico;
desde allá, o meramente aquí,
¡qué ironía! donde...
les han promulgado héroes por decreto.
¡Triste estampa la tuya, Andrew o Steven,
tristemente memorables
se han pintado entre tristes!
Ni siquiera imaginan
dónde han comenzado a ser verdugos.
En el Este de Los Angeles, se encedieron velas
en sus nombres
y a todo militar se les dijo ¡héroes!
Se comieron mi tarde a dentalladas, veteranos;
les bendijo la iglesia y les llamó modelos,
padrinos de la democracia, valientes;
se blandieron espadas en el aire.
Esta tarde me la tornaron triste.
Cada signo de civilización destila sangre,
cada estandarte que decora a los muros,
cada medalla que cuelga de los pechos,
es muerte y misión de milicos y fusiles.
Se jacta la calle, empedernidamente,
al paso de marcha y banderas, se predica
que no hay orden sin metralla
ni democracia limpia...
sin Pentágono.
¡Tristes ceremoniales
de los hombres tristes
y el dolor del vencido,
más triste que el anonimato
y las viudas allende los mares
y los niños muertos
y los viejos,
con escombros por legado, más tristes!
15-4-1999
Los condecorados
Aplaudido por los ágape de pueblo,
condecorados con el último quejido del regreso,
a esta tierra bendita, regresaron
las penurias y los miedos de otras balas,
las noches de campamentos y refugios,
los aviones que vomitan en Belgrado
como fuego su poder de bando,
su depredación de fuego.
Allá, donde hay niños
que no saben que es la OTAN,
aquí, donde hay otros tristes...
No para todos hay
nombres de ínfulas triunfales
ni consuelos ni recibimientos,
¡pero aún son humanos
e impotentemente tristes!
15-4-1999
La caída
Quienes ordenan el tránsito
por las grutas del pavor
bien que saben que cada bicho de la Tierra,
escuchará trepidares y alaridos.
El super-Yo,
más vulnerable que la máscara del héroe,
tendrá miedo.
Por la inocencia universal de los que sufren,
se tendrá que alimentar de neokantismo
y la comedia negra tendrá que ser sublimizada
Copartícipe fue el héroe de la codecadencia
y sus manos ya hieden a báratro,
no a rosas, a cuchillo,
a sangre derramada.
¡Que el barrio comprenda que el héroe,
vivo o muerto, es un caído!
¡Que la madre le colme de besos!
¡Que los amigos escuchen
y sepan que no hay héroe sin batalla!
y la más dura le espera con sus ánimos...
porque andó con el Id en carne viva
y su profunda bestia sudó la adrenalina
y peleó, en bruteza, hasta beber ajenjo,
de sus hígados, por deber...
Ahora su pelea es no vivir la muerte,
sino callarla,
porque es la más perra de las perras
malparidas...
10-4-1999
Los malagradecidos
Faltan agradecidos y por eso la guerra
se levanta, con tantas amenazas
y pretextos, como perro bravo, herido.
El homenaje se ha escapado de los labios.
En las calles el corazón que cata oprobios
se alimenta con meros escurrajos
y lame huesos que ni en refranes
culminan su ración de esqueleto.
Son tan ruines y pobres, desdichados.
Lo que pudo expresar privados sueños
vestidos de poesía y movimiento
es una lenta caricia, fatal, desesperada
con cuchillos insertos.
Un irse hacia la muerte,
sin amor verbalizado.
No se solve esta agonía de guerra
ni es útil ni honesta ni orientante.
13-5-1998
Obra poética
Venga en camufllaje
Venga en camuflaje de gandaya
con su risa de bullanga, la amargada,
la sutil, con su artesa de ironías.
Venga el puerco con sapiencia de exquisito.
El tonto con diploma no se quede.
Venga. Venga...
El licenciado de amenaza
que se inscriba.
¡Bienvenidos todos!
Es la condición humana.
¡No hagan caso a tanta lástima
y puta misericordia!
La guerra no se espanta con palabras.
La vida también es ajedrez y jaque mate
y la reina y el rey comen peones
y, al fin y al cabo, la democracia
se urde desde el anonimato
y desde trincheras de públicos consensos
se destriza, ya cara y corazón
son tirria cibernética y el voto
vale dos cojones y tres cuartos.
Se te escupe a la distancia
con la suerte más traviesa,
recursillo que se inventa un bribón
porque está deprimido. O paranoico.
El infectará con ántrax a los carteros
y en cereales de Kellog, el AIDs aguarda.
Y querrá un libro con su historia
y muchas fotos y no dirá jamás
yo me arrepiento... ¡venga si quiere leer
de su pasado, sus costumbres,
sus intimidades, diga que el mundo está
al revés, y que Dios venga!
¡Menos son los fieles al llamado
por la concordia mundis, ya vale más
creer en necios y no en santos!
¡pero en pese a todos venga!
18-11-2001
Romance de la pérdida
Atribuyo a tu recuerdo,
acridulce memoria que el cerebro rescata,
mi ser precoz de ángel patudo, Jacinta,
mi inocencia maleada por tu encanto.
Con sólo verte desde el alto celaje,
tu ventana, o en narcisístico simulacro
de tu cercanía y escapada, en danza
de Amor brujo te quise
como en las Cuevas de Nerja.
Más que a mi lado te quise,
te mecí, muslo a muslo,
en una hamaca del ansia
profunda de buscar
y de Galicia fuíste
lo querido.
Sí, pequeña chicota, te recuerdo
por tu dulce lenguaje
y por tus ojos azules, encendidos
y a pecho abierto, por tu amor
sin disimulo.
Te cuidaba tontamente
para que llegaras a mi hamaca.
¡Tú llorabas por correr a mi lado!
Me gustaba verte sentada
sobre una rama florida y jinjolera
y en la sombra, como una luna
de seda, tus nalgas, te espiaba.
La guerra y el exilio no me ha quitado
tu recuerdo, tú te vacías no en sangre,
en diálogos que no son posibles,
en besos que no puedo entregarte.
La herida comenzó al dejar
de llegar tus carticas de apretadas líneas
vilmente llenas de corazones y te quieros.
Como el hombre más generosamente amado
del mundo, los nombres de tus novios
fueron mis pesadillas y tu distancia
el cañonazo que dispersa mis celos
y se rinde y llora y te llama...
pero, en una dorada medianía,
regresaste y dijíste que todo fue mentira.
Volver a besarte fue armisticio
y reconstruíste con paz mis lamentos.
¿Te imaginas, en verdad, que novios
tan soñadores fuimos? Yo era Romeo,
lleno de mocos, tú... Julieta-Jacinta,
vestida de flamenca, pero, ¿recuerdas?
... no todo fue aburrido (y ¡qué pena!
no haber sido un adulto entonces)
y ¡qué ironía! yo aprender a gozarte
en escondites y robar a lamidas
la pared de tu cántaro...
Manoseé los maniquíes
como a tu gracia primorosa.
Decías que así, al crecer,
serían tus formas, tu silueta, tu tersura.
Y supe que había azúcar de redoma
en tus besos y me detuve, fascinado,
en el cuerpo de látex, en un muñeco
que abrazaste y detrás de él
tu cabecita, tus manos, y yo
levantando tu falda y robar el magreo.
Como niños hicimos travesuras.
¡Cosas locas y traperas en la costurería!
Y el que da y quita se vuelve limosnero.
Sin ahogar la lucha, me regalaste
la niña de la media almendra
y el asomo del placer que está en capullos.
¡Pero volvió la guerra,
sí, declararon el conflicto y una nueva partida!
Te fuíste otra vez y ya quise morir,
nunca llegabas, ni tus cartas...
¡Es que te quise tanto
antes y después que me enseñaras maniquíes
y muñecos desnudos en el bazar de tu abuela!
Es que anhelaba husmear contigo
el amor puro y hallarte desnuda
ya sobre mi propia piel adolescente.
Eras un hórreo con frutos de primavera
Una antelación de las promesas
que el cuerpo hace tan mudas,
pero se sienten, como vida y muerte,
y se esperan como la fe
de los cuerpos calientes.
... y no todo el monte es orégano,
hoy lo sé... y duramente lo aprendí.
Con los años, militan las despedidas.
Como un soldado triste, se separa el amor
de sus memorias y en víspera de Jueves Santo
se quema un día marzo como en las Fallas
y la pérdida se antoja una matanza,
un bombardeo, un exilio,
un destrozo.
En la Plaza me gustó tu traje blanco
de bolas carmesí como tus labios.
En secreto amorío, mis manos y las tuyas
se sudaron; no habías dicho que te vas,
que te quedas, que te ausentas.
Por el Passeig de Grácia, te ví
como diosa en cuclillas,
ay, mociña de Orense,
tu moño me olió a parras
y tu amor a fuego de Valencia
y Barcelona, a cremá, y tu cadera
por un momento desnuda
para gozar con mis ojos
a queso de Cabrales
y mi sexo tenía el olor
a vieras chamuscadas.
¡Tu eras La diosa de Clará
que abría las piernas!
Un ciruelo silvestre buscaste
ya en mi beso, me mordías la boca,
pero alzaste cresta en despedida
y jugabas al abejón con tus pestañas
Fingíste el enojo y tiraste a matar
junto al aliento... fue más bien,
tristeza y guerra y llanto...
¡Nos separamos para siempre!
6-4-84
En paz con el mundo
a Jaime Sabines
Yo estoy en paz con el mundo,
pero soy un guerrillero todavía
sin batalla en el presente de la historia.
¡Es tan difícil mover una utopía
y tan fácil que es cantar por ella,
danzar en su erótica profunda!
Yo soy un hombre de acción
allí donde ninguno me mira,
un subversivo... allá,
donde todo es canónico, inmóvil,
opaco (yo sé que doloroso, por igual).
... pero aquí, donde más importa serlo,
yo soy la paz que muy pocos envidian.
Tengo que pasar cautelosamente
el carnaval y espero que no haya requisa
porque este carnaval es una trampa
y un depósito de pólvora y de riesgo.
El callejón está minado de peligro
y las pandillas al acecho.
La esquina a la que voy es un soluto
de guerra, una plaza armada
con banderas y dardos
y cinismo al viento.
Escupen los dragones:
sus lenguas de escarnio.
Yo soy un sospechoso nato.
Huelo a plan escondido, a complot
amasado en mansedumbre,
a voz de cosas ocultas, entre dientes,
a metáforas, a amor que nace entre cardos.
¡Cómo le gustaría a la gente
que yo fuera una chusma patentada
para, por fin, abrazarme con confianza
y quitarme este amor, sin merecerlo!
Sí, les gustaría que yo fuera una mosca
o un gusano y, con opciones,
aplastarme sin piedad, no equivocándose.
En fin, yo soy lo que soy
y como todos, arriero y,
por bien o por mal,
en el camino andamos...
6-5-84
El sospechoso nato
El habitante típico del mundo
no es precisamente solitario.
Es campechano, extrovertido, lagartón.
Tiene un acervo de chistes y de gestos
y se divierte con ellos
y no siente vergüenza
o pudor al contarlos.
Es un muestrario humano.
Es el prudente que siempre
dice lo mismo y repetirse no lo cohíbe.
Salta de momento en momento
y se diseña con la réplica
del vecino a su lado.
A éste lo define en alguna borrachera
de palabras, lo maldijo por no ser un calco
de su modelo más canónico,
a su gusto, a la mano...
Lo bueno de estos seres uniformes
(el hombre de la calle, el obrero promedio,
el fulano de tal, el tío, joder,
que es un buenazo)
es que habitan en su esfera,
un circo muy fraterno
compuesto de familia y vecindario.
¡Y no se meten contigo! pero, más vale
que estés lejos, quieto, opaco, callado.
Afortunadamente, yo soy un sospechoso lejano.
Aún los metiches más picudos me han dejado
por la paz, ni se me acercan. Claro.
Del círculo de sus rebambarambas me aparto.
Yo soy un solitario que no daña a nadie.
Ni acuso ni molesto y me gusta ser
como soy y no oírlos ni buscarlos.
El habitante típico del mundo
no es como yo, por cierto.
El sí prohíbe y, a menudo,
ni come ni deja comer.
Mi ventaja es que yo soy feliz
(no feliz por todo), feliz
por ser como soy
y no ser
como ellos.
6-5-84
Romance de Mara
... y salieron al desierto de Shur y anduvieron
tres días por el desierto sin hallar agua y llegaron
a Mara, y no pudieron beber las aguas de Mara,
porque eran amargas:
Exodo
Los que no cosechan del árbol del poema;
pero tampoco alimentan su raíz,
preguntaron con enojo:
¿Qué nos endulzará la boca?
Como leña en lajas, ulcerantes de encono,
quitaron las hojas y las cortezas
a los textos de su piel, al tronco cancionero.
Derribaron los cimientos de sí,
incrédulos del misterio doloroso
que el poeta conjura del penacho a la raíz.
Preguntaron: ¿Qué beberemos?
Confesaron su odio por los bosques
del léxico y quemaron los versos
escritos en rollos de vitela
y maldijeron al vitoco
(Consolador, hijo de Consoladores)
y la promesa informada por él,
el valle del frondoso lirismo.
... porque él se vistió de árbol
y fue proclamado vasallo de signo servicio
por oyentes que le vieron besar
la flor de la metáfora y escribír
el Pacto Vegetal de su decoro.
Sin embargo, los hijos de Tritón
a las peñas pedían sus caracolas
porque, en su corazones,
fornicaban con ídolos de arena, diciendo:
No hay vida en la símil ni dulce amina
en las frases del Consolador.
Y llamaron al poeta mentiroso,
payaso, anti-héroe, vitoco
y pachotero, camino al tercer día.
Y el poeta persistió en la siembra
de su asombro, con savia fluyente
y con saliva de sus ríos profundos
entre cicatrices de los sequedales.
Lo tenían en yugo
amarrado de los pies
y a él, en pese a lo tundido,
por ironía... a más patadas... ¡más versos!
porque él funciona con espíritu
más fuerte que el dolor y la necesidad,
y aún su lengua,
que fue arrancada de cuajo
para enmudecerlo, innecesaria fue
para invocar las arboledas
con la química del alba.
El tiene treinta atalayas de pan
en las costillas y tres cuerpos
de Vishnú para llegar al final
del tercer día, con su canción
triunfante de alimento...
¿Qué beberemos?, insistieron
los tritones, habitantes de las grutas
del nitrógeno, al mirarlo sin morir
por los senderos quemantes de Shur.
Contrario a él, ellos
sin la fe hidrosoluble del vino,
o la chupadera láctea del calcio.
De pronto, con ponzoña vengadora,
la Culebra del Desierto los detuvo
como a cañas flacas de abandono.
Señaló hacia una laguna,
hediente y dijo:
¡Bebed de Mara, bebed
y temblad, zoófagos, hijos de coníferas,
zooides del zooblasto, y malditas sean
otra vez estas aguas, maldito
el fósil zoógeno de los corales
y los senderos calizos
de vuestros párpados y uñetas
que escarban la tierra con fatiga,
porque éste es el último oasis!
Y según lo maldecía, en pánico,
se comían sus excrementos.
Excepto él, el vitoco, objeto de maltrato
y llamado poeta de los árboles
y las aguas amargas.
Entonces, este sátiro poeta
sacó voz del ronco viento y semillas
de algún artificio del trigo
y flores de alguna espiga
de la maravilla...
¡A la vista de todos! nacieron
almendros, dátiles y manzanos,
como si se legislara la dulzura
escondida con su voz.
Fue que el poeta clamó
a los treinta señores de sus huesos
(a palos azotados por la multitud)
y decía: Sácialos de carotina,
Endulzador de las Alquimias,
para que vean más allá
de sus raseros xenoftálmicos
al bacalao pudrido de sus bocas,
su livor suplantador, dentro del alma,
sus fingimientos cárdenos.
Flúyelos sobre las aguas endulzadas
para que conozcan las ovas de la miel
y la leche verdadera, deva del azúcar
y el grano, redentor de litoclasas,
quebrador de rocas; hártalos ahora
de tiamina, ya que son pobres de Shur
y jamás se alimentaron de cereales
ni sutilezas del génesis en platos
de estrofas limpias
y páginas de harina.
En las blandas arcillas del futuro,
el poema es salud de la carne
y con leche se cocina el hueso
y con amor se vive en el verso
que es dulce a los pámpanos
de la vid agria del desierto.
Sumérgelos de hocico
en la riboflavina, en la franja
anaranjada que lava comisuras
de labios secos y partidos
y permite a los besos
la ternura de las elegías
y el olor de la epidermis
rimada con deliquio,
porque ellos no son poetas,
no conocen la vid verdadera
ni los monstruos de la voz
que canta e invoca,
premedita y plasma
la autenticidad de la glucosa.
Rayos ultravioletas los consumen
y sus cuerpos son espectros de ceniza.
A flor de dientes y lengua vipirina,
mascan sus maldiciones y blasfemias.
¡Son hijos de Mara, incrédulos
del árbol que endulza las aguas!
En cada espacio de vértebra,
dáles la perfecta rima
para la canción del genoma!
Húndelos en el pozo viscoso
de tu amarillo linfa, mánalos
como tocofenol vegetal de tus aceites
para que no sean estériles ni magros
y se multipliquen en el texto
de Tu Sol nutricio; que beban
la sangre de tus espinacas,
caldo de tus legumbres
y bebedizos de tus patatas cocidas
en horno de elocuencia morfogénica.
¡Que aprendan a morder,
sin dolor de encías y sin tedio,
a los sabores de tus ácidos ascórbicos
ya que en tí, señor de sonoridades,
late la palabra furiosa,
la denuncia y el colmillo conspirador!
¡Tantas galas de violencia
y no resisten hasta el tercer día
estos hijos de Tritón,
depresivos, asténicos,
comegofios de arena!
Dáles la biotina, versolari
del Axis Mundi, suélvela
en las aguas de Mara y que beban
las riquezas de tus alacenas
de vitamina H, chacra por chacra,
del epistrófeo al sacro,
del alfa a la omega.
¡Que se laman los bigotes,
que olviden que tragaron polvo
y bebieron orines de cobras
y pitones; a fresas y a moras
que les sepan las jetas
a esos dueños de duras cervices!
¡Puebla sobre el poema
de las aguas dulces tu sustancia rojiza!
Combate a las crueles anemias del alma.
Exilia la pelagra
y establece el Reino del Consuelo
con ácido fólico que te sobre
porque hay torrentes sanguíneos
en desgracia y parturientas
con úteros rotos
y alambiques de tibias doncellas
que mueren en mañerías
con hombres engañosos
y hembras que no hayan ligamen
ni atadura porque no saben
salmos en madremontes
ni canciones para el fuego de la leña.
Estas cosas dijo el Vitoco,
mesías sin mentira y cantor
de panderos y danzas,
al echar árbol a las aguas amargas
y endulzar la vida de la arena.
¡Treinta vitaminas que Funk
ni imaginó, desde ese día,
reconstruyeron al pueblo de Tritón
y a las bocas que comen leudo
en los días de santa convocación!
Bendito fue el durazno y el ciruelo,
el cerezo y el higo, vitaminadas
fueron, por causa de beber,
del agua dulce de algún texto,
las naciones y el que les dio ordenanza
y probó con agua amarga
y la Venus del espejo
y la Venus del pomo
y el odioso livor que incensó
a las hijas de Eurinoma
y las enterró vivas
por amar a los poetas
de Apolo...
9-7-90
Solicitud
al Dr. Alfred Stern, quien me motivó a la lectura
de Martin Heidegger
Ayúdame a elevar mis pisadas,
a sentirme como el viento.
Házme un poco más alto que el sendero.
Que mi camino tenga una noción
del ala que se agita
y salva algunos rumbos
para el infinito.
El riesgo, con su espiga
de erranza soterrada,
será una avecilla desatada, saltarina.
Es necesario que evada la captura
y venza el hundimiento.
Ayúdame a seguir
(como el sol que sólo se agota
lentamente y deja vida por doquiera)
el ritmo de la lluvia,
que escurra mi llanto después
de la tormenta y sea chubasco
a veces, esporádico y lento.
Que me lave
en barranqueras de esperanza
y olvide la tirria amarga.
Suaviza el sedimento de mi cara,
relampaguea en lo abrupto
y lo desconocido.
Entrégame esa luz,
átala a mis pasos.
En mi corazón la guardaré
como una estrella
y no imaginaré que por cielos
cruza el trueno y deprime.
Despierta la palabra
que se esconde, se olvida,
se alucina; bendice al que halla
al ser más allá de la trilla
del despojo y el desvío.
No quiero verme en tierra
ni en mar ni en nubes
denso, ordinario, cansado
y sin luces, pudrido.
5-1-1998
Frags. 29 al 33
¿Cómo levantar de la muerte
su cadáver de mieses?
¿Cómo recaudar para él ... amaneceres
en el agujero oscuro de su suplicio biótico?
Hizo del cielo, polvo,
y fango, de sus costillas.
Una memoria de su vergüenza no se pudre
y ha enmudecido como residuo
que es ínfula de piedra,
mendigo empedernido.
Ahí, en las calles, está sin vida,
creyendo que un zapato sideral
lo va aplastando y pregunta por tí,
sin saber si existes;
pero loco de que lo asesines,
para decir: «¡Señor, señor, qué absurdo
que sigamos existiendo todavía!»
30.
Se víste como yo,
del harapo del kutos,
de las ramas del árbol de coriones y oscitas.
Se dispersa en azúcar, se reduce a almidones.
Se abriga de mitosis
y quema las paredes de los núcleos
con sangre de ratas o termitas.
Hereda la muerte que la biología prepara.
Son dos pobres diablos, la muerte y él,
dos caras de una misma moneda.
El riesgo se rebela y no lo mata:
en miserias halla su tesoro de vida;
pero, sin valija de agonía, lo agradece más.
31.
Van camino a la tristeza de lo feo
y sus cabelleras son como pasto en llamas
de acelerados grises y sus pies suenan
como martillos que no aciertan al clavo.
Enlutados de coseidad, caminan urbanamente
como truhanes de abusante destino,
mochileros de Némesis.
Duermen vestidos, con el sol apagado,
sin colgar el erotismo sobre el cielo.
Al verse en soledad, nada objetivo
declaran a la sociología,
nada subjetivo confiesan a la angustia.
¿Por qué serán tan ricos en miseria
cuando sustituyen cada pánico con muecas
y cada asombro con gruñidos?
¿De qué modo les entregaremos el silencio?
¿Por qué razón torcimos sus espaldas
al esquivar mirarlos, por qué
y seguimos entregándoles limosnas
en centavos?
32.
Extendidas las manos, piden la alborada
a quien no puede darla.
Se alimentan del caldero
de fiambre y rostrizos de la pasada semana.
Hurgan en los tarros
la basura de los compasivos.
Se han cansando de invocar
con convicción de que nadie les ama.
Ni aún los perros han querido lamer
de sus dedos la perra compañía
del tufo de sus bocas.
Como hijos desiguales del tedio,
reyes son de la amargura,
perfectamente miserables
en nil desperandum.,
33.
¡Házlos llorar alguna vez,
tan sólo una, para yo quererlos!
Que sepan la dulzura del pozo subterráneo.
Abrelos a la piel de los temores
para que sean honestos con el homicidio,
ambiciosos con la dicha de robar lo hermoso.
Que anden con huesos duros y músculos veloces.
Cocínales sonrisas para que sigan
húmedos de espíritu.
Llévalos a la boca de la ostra
que blandamente traga hasta la piedra bruta
y que se abra la dura concha y los consuma.
¡Cazadores de perlas, tengan fe!
La mar es generosa y brinda la mañana..
.
... házlos traficantes otra vez
de la forma que vibra y la mutabilidad que persiste;
quiérelos tal como ladrones
para que hurten la magia de las cosas;
húndelos en contento
por el placer que da lo prohibido;
transfórmales la soñarrera
para que se rediman del stupor mundi.
Simiente de la casa de los lobos,
memoria de Licorea, hijos de Licaón,
empedernidos en las miseria de Pirra,
los pordioseros son; pero súbelos al arca,
¡Deucalión!
restáuralos en los montes de Osiris
y en los ríos que atrechan los vados del Atos.
Los hipócritas
Sonajeros, en el fondo de su culpa,
al respeto lo vuelven solemne, logrero, amargo.
¡No importa! conmigo no tendrán alegría.
Se presentarán como rígidos, abstinentes,
y se colgarán en el pecho medallones y cruces.
Irán a misa y cantarán los sábados,
pero a mí no me engañan.
Conmigo, ni yo con ellos, comulgan.
Serán predicadores de sumisión y gesto coercitivo
y Ley y Orden serán sus palabras favoritas
y hablarán de rectitud e indulgencia ante el desvío
(siempre incoherente, absolutísticamente)
por tanto que patinan en su esquema;
pero yo no les amo ni les creo.
¡Son sonajeros! ¡Despóticos
y, por tanto, incapaces de animar
la estética del mundo
y organizar la libertad en el espacio!
5-1-1998
La censura
¡Bienvenidos al irónico circo
del desastre y la censura!
Aquí el lamento es magia
de una lengua rota.
Aquí salta sin patas
un payaso sublime.
Arrímese a un rincón.
O suba a escena.
¡Usted decide!
Toda pirueta se vale.
Cada altivez se forja
su aliento conocido.
Si bajo el vestido tiene
una credulidad de saltamontes
o una rana encantada, sin enaguas,
hágase princesa con un beso.
Sea cómplice de su fe y de su idilio.
O elija a un asco, invoque
al hueco solitario de sus labios
y vibre de ilusión a la zapa
sobre el crótalo y el áspid.
Aquí se cita el rey de los gangosos
y nos obsequia su mugido.
Se ajota y bufe sobre la mesa del banquete.
El fruto de un espíritu en gargajos
te pide venia de capote rojo
(¡pero no lo tomes como tal y grita Olé!)
... ¡mira que espanta al polvo
y revuelca ojos negros y plomo!
15-1-1978
La palabra más sutil
La palabra más sutil puede ser una daga
y un silencio, tedio y suplicio.
Los solos ni a decir hola se atreven.
Los tristes beben cicuta y danzan con el viento.
Los nobles, los alegres, se evaden
en presencia de esta angustia, la palabra
sutilmente homicida, filero verbal
de canallada.
Aquí, en este lenguaje
de sospechoso inocuidad,
una flor es blasfemia,
cada rama se conforma con espinas.
Y la palabra dulce es extravío
y la gentileza se encara
con trámite de duelo.
Por eso voy a tan solo
y cumplo mi rutina y a veces
lloro con las horas en medio del barullo.
Y estoy en la colilla de un cigarro
y, de repente, me encuentro
con mi canto.
15-1-1978
¡Cepos quedos!
... el poder de la palabra se evidencia con mayor fuerza
en la lteratura, porque en ella, como ya dijimos, hay una búsqueda
de lo nuevo y es una búsqueda que se ejerce con las mismas palabras:
Luis Alfonso Ramírez
Al poeta no lo comprende
cualquier Critolao étereo y altanero,
tieso de cogote, perfumado.
No esos que hablan sobre dioses y hombres
hechos de quintaesencias
y ternuras Downy.
Yo conozco a estos cuervos
de orines miserables
y sus puñales traperos, traicioneros.
En la chicharrina del vivir,
¡qué bien se posan y cómo saben
del navegamiento, kantianos
de juicios apriorísticos y categorías
de cantidad y de relación!
Accidentales en cualidad y modalidad
muy calculados, saben cómo echarse
en el nidal de cierto en sí, logrero,
porque su lógica diálectico-trascendental
es predecible: el Chingaqueditismo
más supremo.
Como cojanco va a la meta
de convertirse en un cogutudo
del milenio, este señor de calva
velazcudo, cotorrón, artero,
que lo mismo con el PRI que con el PAN
hace mandados y ¡cepos quedos!
Todo lo justifica con templanza
y mi gente y uy uy uy
y qué brincos dieras.
Entonces, miniondas cobró
su nombre de limitación cualitativa
y dando cordalejo al asunto
me fui yendo, exilando,
y él, dando del cuerpo a mis espaldas,
ah, porque la posibilidad modálica
de los tiesos de cogote y en cumbancha,
es cagar al poeta, verlo menos y censurar,
y chingar y cepos quedos!
5-1-1998
La boca más preclara
¡Pues bien: un circo es un circo
y ofrece variedades con valientes gambetas
y con leones y elefantes y monos listos!
y la palabra original, por el contrario,
no es sólo gala divertida y harapo de colores
y banderines y gritos y aplausos...
Ya sabe que hay un roto para un descosido,
ella ya se sabe, pero siempre se pregunta
un poco más y vuelve a saber y aprende
en su preguntar y comprender originarios...
Sabe la ternura y el llanto
y separa los granos del pajar de medianías.
Y detrás de esta boca más preclara
el corazón de un niño está,
la mujer que tiembla pulcramente
y se conmueve, el varón que es
la voluntad con otros sueños,
valles de porvenir esperanzado
y paisajes libres con rosales
y autenticidad, ardua y profunda.
El circo no tiene raíces.
Se va, interino, y se va por los gentíos
que pagan un boleto y olvida que rieron.
Pues bien: hay una voz preclara
que un spectrum de posibilidad hereda
y que al destino asigna fundamentos
y al amor necesario coloca ventanales
en su propio sitio,
en su propio sitio.
20-5-1998
Camuflajes
Esta es la vida en escala,
la existencia, la historia, las palabras
en la anonimia sedienta de ser,
en el hambre de actos.
Yo sé que el camuflaje
es un modo de vivir, un quehacer
inauténtico y constante,
¿lo será por siempre?
La vida ha sido una cadena
del viejo Ayer Brutal que se pervive.
Una jerarquía de inquisición y truhanería.
Mas sepamos: ¡hay corazones
que se queman vivos, unos porque el cadalso
o la hoguera ya les fue recomendada;
otros, porque herederon su mundo
en crudo incendio, con poco amor contiguo!
20-5-1998
El exorcizador
Bin Laden sigue más poderoso
siendo el extremismo terrorista:
Tom Ridge
Ya que, con ojos espantados
y una sensación de hervor interno,
la entraña, la conciencia colectiva, grita:
¡Está aquí, nos dio en las torres!
se alude a la presencia del patriarca enloquecido
exorcisémosle, censuremos sus sombras,
sus barbas, sus turbantes, su asomo
a la generación de los que creen
que aún el pueril Simbad es bueno...
ya que se escurre como sudor
su interrogante
y de su fantasma de fuego sabemos tan poco;
ya que penetra como abejón asesino
y su pezuña es fulminante
como balas perdidas y puñal trapero
... yo me ofrezco, yo pongo el cascabel
al gato, exorcisémosle, censuremos
sus sombras, sus barbas, sus turbantes.
Yo estoy dispuesto a verlo cara a cara
y leer a él la Biblia y los Derechos Humanos
y la Constitución y los Federalist Papers.
Lo acusaré: ¡Eres el anticristo!
porque Gran Sacrificador soy de Occidente
y tengo témenos y convocatoria
para quemarte vivo y degollarte
y de las brasas lo pasaré al infierno
y a las dolorosas tinieblas
que Jehová ha prometido.
A él, que tiene el arte más terrible
de territorializarse, el clandestinaje,
exorcisémosle, Doctrina Bush en mano,
hagámosle sentir la ira primordial
de nuestros feudos,
por la democracia, señores,
por América y el mundo libre
y el globalismo y los 3,000 inocentes
de las Torres del Géminis futuro,
vamos a quemarlo y junto a él
a los barbones, a Bagdad y Alejandría,
las bibliotecas, Simbad y los turbantes,
la alquimia, el álgebra, el café,
hagamos un choque de civilizaciones,
sí, señor Zbigniew Brzezinski,
exorcisémosle, censuremos sus sombras,
sus barbas, sus turbantes, su asomo
a la generación de los que creen
que aún el pueril Simbad es bueno...
21-9-2001
Sangre
No. Jamás.
La justicia con sangre,
cálculo del desprecio,
a la vida, a la historia,
al futuro, degradan.
¡Todo ello arrasa con las venas,
así no hay comienzo ni final!
Que no sean los cobardes
quienes se jacten del valor redimido.
Falsos ejecutantes han sido.
Desesperado acervo dejaron de la idea.
Actos de muerte y de derrumbamiento.
La historia, por ellos, deja de ser
la entrada memorante a los destinos.
Se asesina al ser-acompañante,
al hermano en suplicio.
La violencia que hunde al inocente
no purifica a nadie de los vivos
y no es valía, no redime
a los caídos, los golpeados y llorosos.
¡Más vale este sufrir, esperanzado!
Y la espera de una voz más sabia
que diga: ¡Levántate! ¡Te amo!
7-3-1997
Los canallas
No se necesita el Edén ultramundano
ni la Edad de Oro de las fábulas.
Basta que alguno entienda
que no hay pobreza voluntaria
ni pecado surgido de la Nada.
El bienestar general es, por cierto,
una comunidad eterna de misericordia.
Un clamor profundo del corazón bendito.
Las necesidades naturales de los hombres
y mujeres vienen y van
a veces impredecibles, casuales, súbitas,
pero, en la mayor parte de los casos,
son creadas por las acciones
de verdugos, salteadores,
déspotas, codiciosos virulentos,
piratas en naves que dominan los mares,
partidas de canallas que a Dios invocan
desde altares puritanos con espadas,
desde sotanas y tronos
de sacras alianzas
con el terrorismo.
2-5-1987
65. / El hombre muerto y vivo
¡Tantas veces has muerto!
Y por eso me habituaste al olvido,
a no extrañarte, a no quererte,
a verte muerto y vivo
al mismo tiempo.
El ente, que desde tí, dijo
Existo es falso, aún vivo
es la muerte, soldadesca.
El pretexto de matar,
e irse matando en este absurdo
radical, contingente, inexplicable.
Su existencia precedió a la esencia
del encuentro conmigo, pero...
te empozaste y al verte desnudo
dije: ¡Qué horrendo sóis,
cómo te llena la muerte sin futuro!
Te negaste la salvación del para-otro
que es la ama del comando y vive
por más precario que seamos.
Pusíste tus oídos sordos
y mudez ante el quererse.
Echaste la potencia al vacío
y al desgaste.
En tu ente cesado, sin colores,
pútrido, se anidó la Nada
como un polluelo inerme.
Y no te apiadaste de él
porque bajo el ala pajiza
de tu ser-en-sí
no te activas por ofrecer reposo;
más bien, te compactas,
te haces rígido y callas,
asesino del canto.
Tu consciencia es la propia Nada,
jamás épica
ni personalmente lírica
ni misión transobjectiva
con el mundo.
16-5-1982
2. / El ser es asesino
El ser es asesino.
En su arrabal de nada y puras cosas,
sin seidad, duda.
La soledad le dio el sol de lo vibrátil,
el sol oscuro y monstruo,
la torva luna de estos días.
Y el sueño torvo de la mano
procede ciegamente desde sí
y escupe la presencia.
Como sombra.
la caverna del eco se repite.
El no supo corporizar al pensamiento:
él y yo estamos al acecho, jactanciosos.
El eco que había surgido desde alas
se cruza por lo oscuro,
se perpetúa en lo trágico.
Buscaremos amparo y compañía.
Buscaré sin él y él sin mí.
Estaré solo,
y no habrá ni palabra ni blinda,
ni sostén, sino cavernas.
Por eso me hice araña
y fundé la esquina
donde tejo el luto
y las hebras carcelarias y la sed
y escupidos, la ponzoña, el dolor.
Son las mallas del desprecio mutuo.
En la molicie, hemos sido compañeros.
Estamos, en fin, solos los dos.
Inventamos la ostentosa daga,
la separación; él, su huída, eclipse;
soles negros, yo.
9-13-1979
En la sombra
El fue mordido a balazos,
por una súbita boca, salvajemente armada
en dentelladas, enmudecida
en un proceso lento sin canciones.
Un graffitti quedó por expresión
antes de irse a la caverna oscura
donde no fluyó el agua, sino ráfagas
de balas y polvo y viento de sequedal.
Lo sorprendió la muerte en frío,
lo admitió como una semilla congelada.
El homicida fue tan mudo como él.
También entregó el pecho
a un tajo de cuchillo que no se esperaba.
Se comunicaron con ojos
que jamás se abrieron a la luz
y el nuevo cuerpo se rodó
sin haber crecido, erguido y duro,
como vara transmutada
en magia de cimientos.
Uno sobre el otro eran dos fardos
sin nada, vacíos; les faltó
una belleza que vibrara hasta alcanzarlos,
olas de sustancias
que les llamaran hermanos,
sinapsis de gestos y proyectos
íntimamente consolantes y creativos.
Víctima y homicida se mataron
y el espacio en la noche
se quedó inconmovible.
9-13-1979
La violencia
La violencia es una sombra
que deja al corazón en pandillaje
y huye, ensombrecida, ante el relámpago.
La luz habla únicamente
el lenguaje de la estrella
y por calles donde la luna es aullido,
escasea la luz y hay temor
en cada paso y golpe en cada piedra.
El lobo transido de cáscaras bermejas,
su pelambre, va como el viento
por las calles amargas.
La rata y los delincuentes
del subcentro se coinciden.
Del barrio sin alboradas y sin ángeles,
se dirá lo que digo de los ojos cerrados
y las bocas mustias, ofensoras:
son el sepulcro en vivo, imagen de quebranto.
El ego se deshila, diluído y escupido
por la prensa amarillista.
El rostro se incomunica
hediente, cacarizo, insoluto en escarnio.
La juventud se mata por cualquier motivo
y los niños verdederos, ¿qué conocerán?
¿El fondo de la sombra?
¿O la gracia sideral, esplendorosa,
de cósmicos testigos?
9-18-1979
Cruce
Cuando cruzaba el río Forbas
. .
dijeron que asolaba hogares
y que a los que duermen como ladrón
en asedio, les robo;
monstruo del agua, eres ogro negro,
cuico de lo incierto, ultrajador,
parásito, bribón,
Otredad ruidosamente indeseable
y me dijeron ... Véte.
Y era el aquer, filtrado por esquinas
del amor encarnante, y porfié...
Ninguno me ha querido conocer.
.
De casta aparte soy.
Hijo del dios visible, Kynikos.
Soy la santidad, en rutas del agua
vertida en vida, en ser, en entidad.
Dulce y jugosa mi sangre es.
Como el árbol, crezco
y mi raíz es profunda
y hay más paz en mi sombra
que en las suyas,
dejadme al menos pasar hoy.
La autodefensa me atrae,
pero prefiero la tranquilidad.
9-1-1990
Se excluyeron del abrazo
Se excluyeron del abrazo colectivo.
Habían quienes les habrían querido,
pero trajeron el miedo y el cuchillo.
En su propia opinión
se llamaron los imprescindibles.
Difundieron sus credos
y alegaron liberar y sólo ataban
a la escalera salvaje del asalto.
Pero las naciones les cerraron las puertas.
Detrás del portal de aquella geografía
se olió codicia.
Se evaluó la sonrisa y mueca
en cálculos callados de sus gestos.
Había demasiado lamento
y mil pretextos para no querer su ofrenda.
Y el homicida seguía mintiendo
con su caspillo maloliente.
Y subían peldaños que ya subimos
y superamos y nos negamos
a subir ya tantas veces.
El pueblo les cerró las puertas.
El pueblo sabio que no comulgó
con tales compañías
y les excluyó del abrazo.
7-3-1997
Los violentos de la tierra
Los violentos de la Tierra
son innecesario polvorín.
Rémora, tormenta en el vaso de agua.
La humanidad que avanza a lo sublime
nada les debe, pues no entienden
el amor que sufre
ni el diseñan del perdón
que transforma la conciencia.
¡No se junte el pueblo de los tristes
con los gendarmes del remordimiento!
¡No se mezcle el criminal
con el creador de esperanzas!
¡No tiemblen los justos
ante el adulador de pánico
ni de alevosía!
¡Venga al rincón de penuria
con dignidad de abrazo y manos tibias,
que conozca las lágrimas
más nobles que el tormento!
Los criminales no son anarquistas
de sentimientos puros.
7-3-1997 / Del Libro de anarquistas
Elegía a mi madre
A mamá Yuya (1925-1987)
... fue una mujer maravillosa.
Luz en la nebulosa de otras vidas
que llegaron a ella en llanto doloroso:
Víctor López Nieves
Mi madre fue mujer del hic et nunc,
hogareña, abeja de su panal no siempre dulce,
vertical, transparente, fiel,
a veces triste como la morriña, a veces cantarina
o nerviosa como el moriviví de los campos.
Ella protegió y crió a las erictonias,
a los hijos de nadie, a los faltos de abrigo.
Su mano, entonces, fue más pródiga y feliz,
magia provedora y cariño,
trigo de los cielos, pan de nobles.
Documentó estrellas,
caspucias minerales del llanto,
pero hartó a muchas lunas marchitas
en el cieno y el vaho.
Por eso, apasionada y justa,
nunca vivió satisfecha de sí misma
ni fue cómplice de refistoleros de capital
mal repartido, ladillas chupasangres.
Cultivó su propio jardín.
Encendió sus soles.
Maternal, pacífica y guerrera,
no fue llorona de llevanzas,
sino fiera, maldiciente y dulce, por los suyos.
¡Hábil en el huso, el telar y las agujas,
la cocina y las transformaciones!
Quiso lagos, manantiales, lluvias,
todo lo que es Dios sin reservas,
spinozianamente dicho,
epicúreamente calculado.
Amé su coraje purificador
contra el desamparo y las negaciones del frío
y contra los agrios mataperros del doliente.
¡Sólo así fue consuelo mío y ajeno!
más que discurso y ejercicios de amor puro.
Creció entre los avatares
de su propia cruz.
¡Y por eso la quise!
Y de los montes de hoy
hizo ciudades con olor a mañana.
Nació del cráneo roto del poder,
del cascarón del hampa,
hija de palas de glucosa
y dendritas vehementes de tritonio,
ultrajada de prudencia hasta las médulas,
con semillas de Zeus en Mirabales
y él se derramó, adormilado,
con sus sesos al aire,
para que no la matara la logomanía más vil
ni la tocara el mamarracho cotidiano
en las calles del olvido y Don Nadie.
Y por eso la he querido.
Laurita quiso llamarla
Palas, Atena, Tritogenia
cuando la vió salir por las heridas
como se dijo en las leyendas de Pelasgo;
pero fue en una isla del Caribe que nació,
después de todo,
envuelta en el casto monte que fue su frazada.
Allí inventó la brida y la carroza,
manejó un Renault que fue su blanco palomino,
y a sus flores cortaba con tijeras del solsticio
para que el invierno llegara con promesas,
con descanso, con flores del Hebrón
vueltas hibisco o sorgo de los montes de Israel
e hizo con la flauta
música de amor
por los que oyen.
Silbó por la espesura del temor y la muerte
y por senderos, donde araban al barbecho
y mugieron bueyes sin aliento,
sin consuelo en el dolor,
caminó, caminó y caminó.
Dicen que cayó de las nubes como ángel
y que amaba a los huertos.
Debe ser verdad.
Cultivó muchas flores
y se enternecía con el rocío.
A nadie dijo: Deténte. No camines.
Ni moverse es bueno;
¡ya que fue jiribilla sin descanso!
Frágil y bella como una mariposa,
aunque supo su destino de gorgojo y polvo
en la tierra que la sepultara, ¡la quiero!
2.
Nunca falta un roto para un descosido;
así que se casó en feudo de sombra
donde la doxología da su migaja de récano
y los moros van y los moros vienen
y las moscas lamen y aprietan el cuello
con su vaticinio de tormento que aparentan
dar consuelo, aunque sean cuchilladas.
Sin embargo, ella formó sus utopías,
sus fántasticos nexos
con el fuego del porvenir.
Bendijo su propia desaparición
cuando pensó que hay un más allá de vida,
gozo por entregarse a la Nada
que lo contiene todo
sin decirlo, sin jactarlo
y sin que nadie lo espere.
Ella estuvo desnuda en cada asombro
y el que más fiel, en su vigilia,
fue buscarla
como al barro de sus propios sueños
la vio bañarse a solas y secarse al sol.
Fue Tiresías, afortunado,
mi padre, el pobre ciego.
¿Quién habitaría en su mañana,
en sus espacios de cosecha y alabanza,
si con ojos de maruga la llamara?
¡Nadie!
El que, como asno que mastica el malojillo,
se tragó las piedras y deshabitó los huesos
por impuras ecos de pureza y forma ingrata,
no pudo conocerla ni acariciar
la fibra castaña de su pelo
ni verse en su mirada como miel del cielo
ni contarse humano para su paraíso.
En medio del asma de su cuerpo,
ella hizo su horóscopo de gracia
y ninguno mayor que su afán de inspirar
una sonrisa, una esquina generosa en el infierno.
En la manigua urbana, tuvo
belleza de cartel, pero, sobre todo, doncellez
tibia para su marido, lealtad real,
renuncia, sacrificio...
Para navegantes con destino, velero y faro.
¡Siendo gacela de los montes, fue ninfa
y canto de arroyuelos y, en las citadelas
del tedio urbano...
obrera con ser iluminado!
Para amarla, con gratitud veraz,
me bastó meramente escudriñar sus manos,
a veces ya rugosas, o sucias,
mas siempre tiernas en medio de la lluvia
que nutre y los jardines que declaran lo bello
y los desvelos que organizan
el rascate y el consuelo,
como si fueran empeños de raíz en vez de dedos.
Para alcanzar a comprenderla,
el que miró olambrillos y se hizo el majá muerto
llegó a su casa, Biblia en mano, a predicar
al Temible y sus demonios de hollín
y mentar a la Luna de Valencia
y al mundo malversante del goyyim
y las paganas vanidades del incrédulo
y las colectas y el sábado de gloria
y las piadosas chanzas;
pero el que estuvo a matar con sus bolsillos
se llevó el contra-evangelio de otro modo:
¡como pan y como abrazo,
como diaria piedad, sin sermoneos,
como ropa, como vianda y hermandad
desde los huesos,
serena amistad sin aspavientos!
¡Y por eso la quise
y la he querido y la quiero!
3.
Ha muerto el asma laboriosa.
¡Ya lo dió todo tu hija, doña Laura!
Ha muerto el corazón blando
y la sangre rebelde y luchadora.
¡Ya lágrimas se cantan y se cuentan
entre muchos que la amaron!
Ha muerto con sus labios finos
y su nariz judaica.
Se despidió de las parcelas de la vida
y de su hogar en calma
y del barrio urbano del humilde.
¡Su voz tiene escondite en mis recuerdos!
Se ha ido delgada, menuda, frágil,
húmeda como el beso del rocío,
friolenta como rosa blanca que amanece.
Ha muerto, Julia sagrada,
Atena de los bondadosos y los tristes,
almohada y refugio de los que convalecen.
Murió la flor de hibisco, el recao,
la berenjena, el ajizal, la yerbabuena.
Ha muerto la rosa blanca, la martiana,
la voz serrana de Spinoza en el Séptimo Día,
el café de las tardes, la tertulia...
La que cosió camisas en la escasez,
la enfermera de permanente turno,
la esposa del maestro,
el timón del poeta.
¡Ya sólo dice adiós a los Ortizes!
Ha muerto y Raquel está triste y Rebeca
y todos llegan y se juntan y el esposo
está en el luto, desde el alma más mustia
de los desconsuelos y la tiniebla más negra
de sus ojos claros, llorosamente grises...
Su mano que cortó mis cabellos ha muerto.
Su rico guisar, su vigor de hormiga mágica,
su diligente trasiego, su desvelo, descansan.
Volvió al cieno:
ahora es agua y aliento,
mineral del camposanto y memoria.
¡Ya exprimió su aroma y su dulzura
para dejarse enteramente grata
como efluvio!
Ha muerto con el nombre de sus hijos
en la boca, con última ternura del marido,
con sencillez de helecho,
con sensible dignidad de bondadosa.
¡Y por eso la quise
y la he querido y la quiero!
12-12-1987
(Publicado en Tertulia de Mizar, Núm. 599)
Idearium de Ganivet
El desencanto llega cuando en el fin más alto
se descubre el vacío: Angel Ganivet
Lo que yo sumerjo y lavo
con aguas senequistas del Dwina,
donde me lanzo a matar todas mis muertes,
lo que tiro de la manta y exhibo
con la frialdad de los plomos de Berga,
es esta insoportable abulia,
amarga como limonales de tierras levantinas,
hipócrita como bausón armado
de bayoya y lamento,
algazara del figurón de estopa
y paja henchido
que de beatón y tuno, todo es uno.
En un cerro del alma diluída,
una torre de Llambrión atormentada
vive de la espada de unas ansias
que se remontan a la Bicha de Albacete,
a glorias arcaicas y artificios
que no tiene sentido su pasado.
Yo quiero algo más, España,
aunque me muera,
y no máscaras, eternidad presente
gozo y dolor, pero no máscaras
ni griegas ni romanas
ni godas ni árabes
ni fenicias ni tartesas.
Testamento de ahogo,
de aire escaso,
de líquidas asfixias sin lamento
sobre la página de este último año
de mi vida, escribo:
¡Cómo quisiera morir para nacer de nuevo!
y hallarme en Toros de Guisando
sin la unión de los fantasmas
que nos han contaminado
desde aquella ceremonia
de fusión castelloliense
por la cual han nacido
los dementes internacionales
que imitamos
naciones que quieren serlo todo
cuando nada tienen,
espectros territoriales
ni son carne ni pescado.
Y yéndose Dulcinea,
¿del Quijote, qué queda?
3-6-1990
Romance de Corinna Hartney
Corinna Harney se divierte
con la pólvora china.
Sabe cómo Gengis Khan
formó su imperio mongólico.
Cuando ella se tendió sobre mi cuerpo,
aplastó el califato islámico.
Dejó las páginas en llamas.
Todos mis textos se cubrieron
con los escombros de Bagdad.
Sentí el abismo entre Roma y Oriente.
Todavía los pentagramas de Arezzo
cantaban marcialmente
y Boecio en la cárcel bordaba
su mortaja de consolaciones
Por mutua cuenta, fue que ella y yo
firmamos la Carta Magna:
hacemos la democracia desde 1215.
Con el puro deleite de sus ojos,
reliquias irlandesas,
y su maciza silueta, sirena del desierto,
me convenció de que haga anandas
con el Uno y estimule su lalalana.
¡Qué sinceridad al poner
las cartas bocarriba!
Siempre me observa embriagado
de una culpa nata y por eso
me desafía con más amor que a nadie
por una terapia de muslos oceánicos
y boquita de pez sobre las Torres del Ovatio.
Cuando seca está la lengua del espíritu,
me pongo a rasurar el bello púbis de Sión...
¡pero, claro, es porque en sus piernas,
en sus magníficos cimientos de rodillas,
me cobijo y echo unas clavadas en seco
al fondo de las charcas de Urano,
y ella es la bienvenida del cariño en mis costillas!
Ella es la mujer que yo ubico
bajo nevadas de cáctus.
Sus nalgas son tan cálidas
que no dudo que estoy
bajo las ruletas de neón de los casinos
y que mi ofertorio está lleno de vellos
y mis sombras llenas de barbas
y con largas orejas de burro.
¡Azazel en el desierto
y Peniel sobre la cama!
Sileno no se enmascara.
Para encontrarse conmigo,
Koré-Inna viajó muchas millas
en su Lexus SC 300 '92.
Recobraríamos la Tierra Santa.
Así que esparcí mis rodillas
sobre la arena, trayecto
hacia una colcha mágica.
Frotamos lámparas de anhelos.
Ella fue, derechita, a abrir la cremallera
y con gesto noruego, conquistó
a los bretones antes que Marco Polo
saliera de Venecia.
Para que yo fuese el cautivo
de sus glotonerías, me embriagó
su boca, sin esfuerzo.
Su saliva roja fue amrita.
Luego, en Las Vegas, se quitó
todo, hasta las últimas vírgulas.
Se evaporó de prendas.
Ocupó mi sangre.
Me invadió bien prendida.
De lo que fue su escote
salieron dos palomas;
pero no dos harpagones,
enjutos y descoloridos
que son cosas del otro jueves.
¡Estoy hablando en serio
de la Summa Theologica!
es decir, dos dogmas infalibles que,
después de chupadas
cual ejemplares tetas, se multiplicaron
las feligresías y los castillos
y los encuentros del Medioevo
con la Gloria Shekinah.
Corinna Harney es tan hermosa
del busto a los talones,
de la obviedad a lo insólito,
que Diana no permite que sea sacrificada.
Se la llevó a la Táuride, como a Ifigenia,
para que sea Playmate of the Year,
causa caussorum y emblema estético
con botas vaqueras,
medias de malla,
tangas, sedas vaporosas,
fino lingerie, fragancia Savage...
Corinna baila butt
como ninfa cherokee y escapa
por rumbos de siringa y cabras,
sirena del desierto, poetisa que oye,
carrizo acuático que canta,
ojos grises que sueñan,
azules caprichos de órbitas y estrellas,
que son la pirotecnia, la China misteriosa
hecha petardos, cielo descuartizado
bajo tierra de santos jinas que huyen del Nirvana.
En fin, ella y yo somos poetas.
Escribimos con el polvo sideral.
La entiendo cuando dice:
¡Comenzaré a lamer de tu estrofa!
Y demás está decir, que es océanica.
La noche que llegó fue Luna llena.
Según observé por la ventana,
el sol copernicano nucleó el universo
de la cama; pero yo consulté
el calendario, a puro beso,
succioné el mantram, a la antigua:
¡man menos mens mana!
Sin sayal de penitente, pedí
a la wahine el huevo del mundo,
totalidad de continuum, cosecha de magia
...y todo se redujo al julepe espasmódico
y la sílaba, el remezón del clotis,
el bocado que me llenó de pelos el alma
.
Ite missa est, sácate al coño.
¡Es que fue la mamada del siglo,
no cosa del otro jueves!
Te voy a entregar el pragmatismo,
dije a Corinna, es decir, a la ninfa.
Tiene veinte años, Lexus SC 300,
y ella se modela como agasajo óptico,
pues, tiene la bendición de Diana
y la codicia de Orestes.
Ella busca su príncipe dormido
y susurra con labios
que han hecho pajas
al imperio maya:
¡Despierta!
No quiere que despierte
el que no es poeta.
Pero coge y lame
como apache apañera,
tupí y caraiba,
cuando gatea en sus cruzadas
para rescatar la Tierra Santa.
Maquiavelo está despierto.
El sol guerrero no duerme.
Codicia esas caderas explosivas
que harían de la ternura un berenjenal
y no digamos esas vasijas de Nut
sin cobertores que gozo en la tala,
a raya, chupa que chupa,
sin que se pida temperancia filantrópica,
o mínima intervención estatal
si de mostrar the topless phenomena se trata.
Tits without misery!
Al final, yo afilo la realpolitik
antes que Falopio describa los condones
y Ponce de León descubra La Florida.
Y ella en la boca recibe el obelisco
y yo en los dientes la raja pegajosa.
Corinna sabe su trabajo
y no compra indulgencias de los Fugger.
Conmigo muere, extractora del jugo
de mi texto vertical tan prometido:
lava a lengüetazos el telescopio
sobre cristales de deseo muy diamantinos,
duras arterias de dicha, profunda certeza
de pasiones. Hosi-a-nna, sálvame la lalalana...
El lenguaje nace del ritmo.
Tañemos címbalos y nos cimbramos.
Panderetas y nos pandeamos.
Chingamos ya en Singapur
y nos cingamos, sonajeros a toda matraca.
¡Corinna sí que sabe de lenguaje!
Cuando pegó 95 tesis encima de mi estómago,
en 1517, con saltos y agazapadas, su protesta
se llamó la Gran Reforma, propuso
su propia novedad de izar el ano en aras
de metáforas in situ, aquí en los muelles
de la folla blanda y la nalgatomía.
Y logrado el acomodo, se lubricó de unción
y como mula de tiro, recibió Su Padrenuestro.
Después navegó sobre mi ombligo
leyéndome la Dieta de Constanza.
Yo regresé al Puerto de Palos
por provisiones de huelva, ovas
o como se diga...
no por otra cosa, capear sus temporales
y cotejar el axis mundi antes de largarla
con un palo de mesana
por la candonga triangular llena de rizos.
De tortas como éstas, descúbrase América.
Sírvase el Africa. Dóblese la pólvora mojada.
Corinna sí sabe galopar sobre las olas.
Echó su vela carajada a cruz y vera
y del botalón hizo su festín de samskaras
para mi cama de agua.
Cosa no fue del otro jueves
que el Obispo Waldeck
rechazara los suspiros de Münster,
los versos tántricos,
el hambre poligámica,
il fellatio, seminen in ore,
il anus impregnatus,
y la boca de Corinna en mis escrotos sálmicos
colgantes bajo el Arco de Triunfo.
Y también su jardín de la gracia,
con hespérides y nabos,
y Lutero de ojandra, mirón y puñetero.
A todos desafía para que se disuelvan
en las páginas de textos incomunicados.
En cambio, yo propuse
volteándola de tirón ante el pasado:
¡el motín de La Bastilla!
tomar por asalto su trasero,
túrgidas curvaturas que Gèricault
no ha pintado todavía,
pero que, si por la rampa
al por mayor en lamidas permito,
truenos de Anu profetizan
la Venida de volada y la ira del Magnífico
... hossi-a-nna, sálvese quien pueda,
cosa no es del otro jueves.
Ahora me aferro al cosmos escindido
de su nalgatorio porque escribo
sobre el futuro y el amor.
Si yo fuera Mirabeau, mudaría
Versalles a París,
redeclarando los Derechos del Hombre
sobre esas tapias de tersura
que se llama el pedorrón del Terror.
¡Váyase al diablo ilusionismo,
Delendas est Cartago
y los discursos catonianos
en versión jacobina, hordas de canallas
tan cortezes, tan pizarros, napoleónicos,
tan generalísimos, tan francos, tan pinochetiles!
A merced de sus caderas, soy cautivo
de sus movimientos audaces y maravillosos.
Sus muslos son pilares del décimo universo.
Y para escribir el grand finale,
la ida y la venida, ultimamos
la jodienda astral bajo ese túnel
que se abre en Las Vegas,
zona rosa de piel que son las nalgas,
tus nalgas, bailadora de butt, Corinna.
Estoy hablando en serio
de la Summa Theologica
cuando meto mis güevos bajo su rabadilla
en aras de la gloria shekinah
y leo de sus poros la Historia,
oliéndole las gracias,
colocándola in supina positionis
para mirar sobre sus hombros
clavándola tras sí
hasta que la poesía nos diga
¡placer, nunca te vayas,
amor házte placer
hasta que el cuerpo
aguante y el divino
joder se repita!
4-12-1992, Las Vegas, Nevada
(Publicado en Tertulia de Mizar, Núm. 626-626, 22
y 23 de mayo del 2000)
El verso domador
El verso conoce sus orígenes
y domó a los neandertales.
Del hombre cavernario
cambio bramidos y dedos y miradas
y el laúd recauda gestos en mudras
y una mano con voces
se agita por los cantos.
... pero el lenguaje enmudece
y la guerra es un lenguaje
de palabras salvajes, decrecientes,
involutivas, amargantes.
Las almas en cadenas se van yendo
al pasado y el pensamiento
es el árbol torcido, seco, maldito.
En el débil, sin voces, muere
el verso de la vida.
Vuelve el neandertal por sus fueros,
imbécil, bruto, pobre de sílabas.
4-12-1992
Letanías por Osama bin Laden
1. Invocación
Te invoco, ley judía.
Que no se casen mis hijos con extraños.
Que se vaya la esclava Agar y se lleve consigo
el fruto de la mala simiente.
Que los ismaelíes sean para los desiertos
como la piel de hollín y el polvo que levanta el camasin
y quede conmigo la princesa Sara e Isaac,
detenida el hacha del Moriah
sobre el monte del perdón y mi progenitura.
Que venzamos como Atenas sobre Esparta.
Que capturemos a Bizancio.
Que sobre Tebas lluevan los huesos
de los ricos de barbas, impíos
de rudas túnicas y futuros turbantes.
Que Pelópidas mate a los tiranos.
Te invoco, Guerra Santa.
Que mueran los fenicios
en manos de los macedonios.
Que Hannibal ante portas! venza a los sirios.
Que muera Tiberio y todos los Gracos.
Que los cimbros mutilen a Roma
y los godos se apacienten en la Baja Vístula.
Te lo ruego, Biblia en mano y rifle bajo las axilas,
porque Civis Romanus non sum!
¡Viva América! y necesario es
que se vayan los hunos a la porra
para que queden otros, más puros
que los vándalos, y los árabes todos
al carajo y que sean menos gratos
que los israelíes que masacraron palestinos
en Sabra y Chatilla, ¡ay, son como serbios
estos cuicos de barbas de chivo
y de Shalom non grato...
Te invoco, Dios de los ejércitos,
que a mi lado queden y me sigan
y crean a pie juntillas el Sueño Americano,
los crédulos de mi espada y mi misericordia.
Cachondas sean mis hijas como las corintias:
yo las llevaré al cine y a los noticiarios
y no tendrán sus caras cubiertas con velos;
les daré trabajo en las alcaldías
y en los supermercados, serán mis secretarias
y mis concubinas, pero que tengan
sus portadas en Playboy y, ¿por que no?
sus estrellatos, su dinero y sus mugres,
perfumes de mujer y pantaletas y coche,
un mundo franco con tarjetas de crédito...
y los adoradores de baales en los montes,
que ni toquen a ninguna, lo demando,
porque iremos por ellas en guerra
contra el terrorismo y los masivos ultrajes
y de los celosos talibanes fornicarios
haré piras, vengando cada escarnio.
2. Imploraciones
¡Sálvanos de los que lloran sin llorar!
yo soy América, la que no sabe a dónde ir
sin un cuchillo clavado en las espaldas.
¡La pobre América que llora por las víctimas
y por las truncas vidas del avión
y el otro avión y el costón
en los ríos y el malecón de los llantos!
Un agujero veo y mi cabeza meto
en lo profundo, mi corazón sentimental
es un chincual, un laberinto inmenso,
y la frase diseñada y la frívola réplica
de mi dolor está regimentada.
Con los rezos vacíos, el consuelo
se escapa y una gangrena come mi virtud
y una verdad que por dialéctica es vencida
en los pasos que doy, ya me persigue.
En la sombra que veo ya tengo miedo.
En las gentes que asesino, o atropello,
por este miedo inútil y descabellado
que galopa xenofobia y golpe bajo,
me desangro, me muero.
Me has herido, terror de septiembre.
¿Qué has hecho que has marcado
mi corazón para siempre?
Ya mis ilusiones están alicaídas,
ya mis sueños no vuelan como antes
ni tan alto ni tan libre ni tan santo.
Ya no me atrevo mirar al extranjero
ni invocar sus nombres en los templos.
3. Precauciones
Los vendavales azotan la ingenuidad convocada,
¡y qué olor a muertos con la lluvia
se estercola, qué sucia fantasmagoría
las pupilas inventan con su mirada que llora!
¡Ay, demonios! en lo triste me han televisado.
Las banderas son como relámpagos
sobre el adormecido paraíso de mis gentes.
Afloró ya la voz del Uno y todos somos Uno.
Y con el himno, unos y unos con la patria
y por la ayuda y la Cruz Roja, unos.
Y unos con las dádivas y las flores y las fotos.
Uno, generosamente colectivo, para aplaudir
al héroe, al bravo juntacadáveres,
al sacerdote que unciona como mago
las últimas memorias de la carne y su desastre.
El bombero que apaga el fuego es héroe,
el que va sobre un tractor y remueve
los escombros uno es y como el otro
que está muerto, uno.
Y uno, entre los que desesperan
sin que merezca un homenaje
en el valor de la muerte ajena, ve su espejo
y solidaridad y emulación, porque la guerra
es heroísmo y uno es guerra y dolor.
Uno es héroe en la tirria y pájaro muerto
en el atestiguamiento, porque mucho ayuda
el que no estorba y se retira
y uno es héroe si acude a algún llamado.
Por de pronto, el área será acordonada.
Vayan a sus casas, hijos de Nimrod
y péguense a la tele, escampad
que el huracán es duro y duele.
Recuerden estas horas, sus imágenes y llamas,
odien a esos aviones que por conspiración
de los turbantes sarracenos
se han convertido en balas y han herido
al nervio blando y las mollejas
de esta Tierra Santa, nueva Sión,
Jerusalén de Occidente, América.
Dejen que los héroes hagan su trabajo
y que el Presidente a solas se conmueva
y que el FBI, la CIA tomen notas y pregunten
y husméen, arrestando a los hombres de bigotes
y ojos negros, a los cholos que parecen árabes,
a los árabes que parecen cholos.
Tengan paciencia, gemid y velad,
que los amigos de Europa, mis aliados,
arman nuestra venganza y nos auxiliarán,
porque superávit queda aún en el erario
y la reforma tributaria que propuse
les envió sus rembolsos y vencimos a Gore
y estamos unidos y unidos estamos.
Sean obedientes, hijitos míos,
que en su favor inventaremos
los comportamientos diseñados y postreros,
su manera de llegar al aeropuerto,
caminar en las calles y visitar los santuarios.
Estas fronteras serán las más seguras del globo
y todo sea por el bien y la seguridad y el amor
que nos tenemos, uno por uno en Uno,
y siempre ha sido así, no desesperen.
Esperad en casa,
cosechad y ved la muerte
pasarse al otro lado.
4. Rituales del luto
Los que quieran llorar, vengan aquí.
Esta es la calle y el espacio del lamento.
Aquí hay vigilia, al fondo una bandera
más grande que la muerte y menos frágil.
Traigan sus propias velas y enciéndalas
y canten por América del Norte
y recen por el Presidente y vayan
y tomen un lugar para la foto.
Bajo las sombrillas del luto y de la pose
y de las lágrimas públicas
captadas por las lentes,
se conjunta la sublime tristeza y su elegía,
la muerte y el misterio, y cabalgan.
La entrevista sucinta de los noticiarios
quiere un rostro novelero, compungido,
que hable sobre las fosas y las viudas,
los niños asustados y el futuro;
el presidente es el actor de una lujuria de poder
y de palabras que tendrá que exorcizar
la Tragedia de Septiembre y sacar la estámina
del hervor de huracán con que se destroza
la gran mercadería, las Torres de la gloria financiera,
los Portales del Imperio armado y del pentagonismo
y, tristemente, las vidas anónimas
que todo lo creyeron
intocable, indestructible, permanente
y se ha ido, con extraña gloria, para siempre...
5. Las cruzadas
Estas bocas y sus dientes de rabia,
los ojos que no saben lo que buscan
y no pueden hacer más sobre lo acontecido
sino querer venganza,
a falta de luz y explicaciones,
¡no pueden ser inocentes!
yo me siento mercenaria y voy a las Cruzadas,
¡ay, protege estos misiles y balas
que voy a echar sobre el suelo afgano,
Inocencio III, si eres santo, protege la cruz roja
de mi pecho y mis portaviones y mis lanzallamas!
No te olvides de mí, Papa,
que voy por Constantinopla,
igual que fui por Zara y húngaros y golfos persas.
No me retires los dones caballeros
que voy por Saladino, a Ciudad Santa,
y quiero libre acceso a tu corazón de león,
mi buen Ricardo, ay, Federico II,
por el trono de Jerusalén, también
con mi Dios canto! y, sin embargo,
me objetan, me preguntan,
¿por qué todo lo has dado al señor,
al rey y al papa? ¿por qué no he defendido
las causas más justas del Oriente?
¡No sé, mi corazón ha dependido del petróleo
lo mismo que este llanto y esta muerte
que me revuelca dentro el Sueño Americano!
Siento lástima por Bush y Gore y por los muertos
y asco y dolor, en algún entresijo íntimo y profundo.
Bush es tal vez un niño jugando a los vaqueros.
Un pastorcillo de la conjuración,
¡ay, pero como yo siente mis ayes!
¡Ay, Esteban de Cloyés, que vives
en el vientre de Jonás y la ballena,
no cruces a los niños a pie sobre la mar,
no vendas el destino a piratas de Egipto!
Te los encomiendo, Padre de la Patria.
Santo Lincoln, como héroes en el Uno
mis soldados, y sácanos a salvo del ántrax
y la guerra biológica, Señora Libertad,
si sirves para algo...
No seas John Wayne y Rambo
y el Karate Kid, Bush, y recuerda a Gadafi
y a Saddam y Khomeini, lo mismo que los mullah...
¡ay Nicolás de Colonia, si tus 20,000 niños,
se hubiesen quedado en sus escuelas
o aquí en la casa y los parques y talleres,
seguro que no se habrían ahogado,
ay, no prediques fuego fatuo
en el Jordán ni mares de basalto
por transmutación; héroes o no,
les he amado!
22-11-2001
Los nombres del amor
Escúchame, amor.
Dáme tus nombres.
Sella a tu pueblo con versos en la frente.
No huyas del espanto que en sus divisiones duerme.
Despiértalos al habla, insomniálos con retruécanos.
Pónlos a crujir con las perdidas sinalefas,
a graznar, a aullar, que chillen y clamen,
que canturréen y silben bajo los puentes.
Sácalos en pijamas de sus frazadas de mudos.
Exhíbelos en cueras por las calles y los clubes;
pero danzantes de poesía,
gordos de himnos
por tu causa.
Señala las puertas y que toquen
hasta que sus nudillos sangren
y tengan voces roncas de tanto rescatarse
de las modas sin oficio.
Que hagan filas en los manantiales,
que roben del agua frescura rumorosa,
sus resacas,
sus peces limpios y veloces,
sus remolinos,
sus abismos de corrientes subterráneas
y vírgenes, que todavía no tienen nombres,
inéditas de textos y de mitos.
Nómbralos, amor, que los conoces.
Házlos recordar lo que ella ha sido
con su pasado y su porvenir.
Cuando todos estuvimos de rodillas,
moralistas, rimeros, carpinteando palabras,
fingimientos, tolerancia al que oprime,
sordos al que aguanta, caídos y cobardes
como cómplices, la viste tú como diosa del sucio
y supíste su corazón de mansedumbre.
La cobijaron con los panes y mantas de tiranos;
pero, ella, por ser poesía, tenía su ternura
y su inocencia, y llamó, para dar orden,
a los que escuchan
con la voz de los que odian y sufren.
Nómbralos, tú que la antecedes, con igual palabra
de amor y que existes para la prostituta
y la adolescente, para la anciana y la viuda.
Y en el evangelista, súrtete de ira y de versos.
Da señales para el ladrón y para el iluminado.
Revuélcanos en oídos y palabras.
Busca a los drogadictos y a los asesinos.
Entra en sus bares, a sus cárceles,
a sus tugurios llenos de lamentos
y proyectos de lucro peligroso.
Dáles una terapia nerudiana.
Cállalos en el hambre de Vallejo.
Límpiales las gargantas para que digan versos.
Lávales las tinieblas para que lean a tus luces.
Cóselos de porvenir con tu rima interior
sin estridencia ni ripios.
Cuando te pongas en el centro de la página
de cada corazón ajeno, díle que yo también
hablo de ella y, por ella, los amo.
Y cuando digo tu nombre, amor,
¡a todos les nombro!
(Publicado en Sequoyah, Condado de Orannge,
La Blinda Rosada, España, 6/8/2000,
y Tertulia de Mizar, Núm. 668, 4 de julio del 2000)
Prosopeya del Juicio Final
La uva maduró y la langosta de rostro humano.
El caballo se apresura con cola y boca de dragón
y el granizo y la voz del Séptimo Angel gritan
ante el «para qué» de cada obra
y ante el «cómo» de la cotidianidad:
Hecho está...
El Gran Lagar de la ira
y la angustia no es ni fue ni será
en ninguna parte, no se ha visto,
pero su inminencia quiebra como patada de mula
la espinilla del Gran Encubrimiento.
El caballo bermejo quita la paz al mundo
cuando anuncia corrida y alarde de galope.
Con la nada, cada quien avanza
hacia la posibilidad extrema
Sein-zum-Tode, ¡estar-a-la-muerte!
¡Bienaventurado el que lee y el que oye las palabras
de esta profecía sobre la Noche Oscura
y la raíz de toda posibilidad, la Nada misma!
Su jinete trae la muerte.
El cuarto sello anuncia la primacía
óntico-ontológica del Dasein y la condena
ante este rechazo a todo preguntar originario.
¿Qué pasa con el Ser y su pastor
y su morir, posible imposibililidad de la existencia,
qué pasa con lo que está en la luz
y se muestra en sí mismo, como ente,
y con los fenómenos que nunca son apariencia,
aunque ésta, Vida-Cosa, se patente
como parte del fenómeno,
qué coños pasa, apocalíptico Juan?
Sólo donde hay muerte, hay resurrecciones
y sólo al matar las apariencias
se desoculta y se quita el engaño del aviso.
Mirad al Fiel y verdadero que juzga,
entre el humo de pozos de oscurecimiento,
a la gran ramera; miradla, uva negra,
coco seco, ángel caído,
a quien con hoz aguda segará...
¡ay, por la VendeSIDA entre las benditas!
¡ay, por la vieja cerrada, frígida zorra, ay,
por los aspérmicos neo-Nazis de la erótica,
que son sus amantes y cómplices plutócratas
del tipo Jerry Falwell,
Donald Wildmon,
Pat Buchanan,
ay, de ustedes, policías contra lo auténtico!
¡ay, por la gorda vulgar, tucho del ghetto,
Roxanne en la pantalla de la tele,
Humberto Luna,
por la radio ¡de peluche!
ay, hecha de mierda
ay, por los mediocres raseros,
distancias y medanías!
¡ay, por la Madre blasfema
que solidifica la huída cotidiana
y divierte al Ser en habitualidad
para evitar la primera resurrección de la palabra
y el preguntar originario y el elegirse y el ganarse
sin perderse en la falsa propiedad e impropiedad,
ay, por la publicidad y el olvido.
¡Ay, del Decaer!
Hijo del Hombre, enviado del Lagar de Ira,
adviene, sé-en-el-mundo con tu éxtasis señero.
Despréndete del clamor que viene desde sí
y, sin embargo, sobre sí y contra sí,
sin nada que informar o enunciar
o dar por alegato, que no sea
el silencio y habla de desasosiego.
Bajad al llamamiento, perturbador.
¡Falta que hace un clamante de tu talla!
2.
El descubrimiento fáctico es siempre,
por decirlo así, un robo: M. Heidegger
¿Dónde está ese ausente, carajo,
sin idiotismo condecorado y sin adorno,
ese valiente?
Un redentor, al que nadie espera,
porque es ladrón de jerarquía
en los callejones sin salida
del sentimiento sin comprensión
y el escapismo con vanagloria.
¡Ese anacoreta incontaminado
que siente y comprende
y odia a los mogrollos
que bailotean sin danza!
¿Dónde, dónde está él,
al que nadie contempla
porque dejó la escena de esta lindura hueca,
a locas y a tontas sustentada por jotos,
publicistas, cholos y rapados,
nacos y billetudos,
prosudos del acceso democratizador?
¿Dónde guarda su botín
el descubridor de los entes intramundanos,
dónde persevera lo descubierto
contra el parecer y la desfiguración?
3.
Que gire como trompo,
que rote el eje de la evolución cósmica
con antrópicas ganas de matar y morirnos
y despierte a Kundalini, si es que puede,
ya que tal vez sobreviva alguna vírgen ovulante
y haya una esencia fundamentadora
de la posibilidad: libertad...
en esa estancia abierta del útero.
Que venga en forma de palanca de Arquímides,
de tolete marca diablo, Príapo faludo,
vara mosaica que traga víboras
y tiñe en sangre las aguas de intriga y poder,
de crueldad pomposa de miel y megalomanía.
Que venga el moscardón y el aguafiestas.
Que comience a desvirgar a las canijas
y no quede Cosmopolitan girl sin su parchada.
Que se acabe de una vez
el romanticismo de hopalandas
y la teología lujuriosa
que se esconde en valores puritanos.
Que venga el rompe-esquinas,
sin cobros de sofomanía,
con pulgas por bolsillos,
con dientes por cartera,
y se meta entre las piernas
de las golfas contentoñas.
Que las coja confesadas
por Cristina Saralégui
y Ophra Humphrey.
Que venga el Gran Verdugo al riserío
y la bullanga de tanto payasismo cultural.
Desciende, perro, muerde sarna.
Llégate al Punto Omega, vulva adentro,
en favor de este calvario de pruritos.
Las viejas en bruto están papando moscas.
Consagran sus imágenes de tronga cosiéndose
las tetas de teflón y curándose el espanto
con purgante de yocol y uña de gato.
En rosas-telenovelas,
han de cavar sus tumbas en vida
y agonizarán con ojos pelones mirando
a Guicho Domínguez y Verónica Castro,
burradas de muchas letras
y sofaldares y capítulos
y cuernos y besarracos
y faldas cortas y lagrimones...
¿Acabará, algún día, este circo
de estrellas de lo vano,
este espejo de ramplonería,
con que se víste al galán y al anti-héroe,
a filósofos de esquina
y escribidores de sopas Campbell
y teatro Proctor & Gamble
a falta de comprensión de sus útiles a la mano?
Tendrá que ser un perro con hocico,
una bestia con olfato que entienda para ladrar
y sienta para morder el comportamiento estante
en lo abierto hacia los entes...
4.
La interpretatividad pública retiene
al Dasein en su decadencia: Heidegger
No. No. ¡Puede ser una hiena!
Baja, hiena. ¡Déjate ver, demonia!
Mira a estos payasos de las calles
creyendo tener un corazón bajo la guanga ropa
y dos bolas de granito por timbales
y son puro gesto retorcido y ademán de campana,
sin tañido, sin canción, sin designio.
Coquetos de cabeza rapada, neo-bocones,
asimétrica colmena de gorgojos,
¡ved lo que vendrá!
Establecida será la promesa, córam pópulo.
Si la enunciación representa la cosa tal como es
y hacia lo patente como tal el Dasein se comporta,
¿tendremos que creerles?
¡Así que lámelos con tu lengua rasposa, desocultadora,
en medio de estos falsos comportamientos diseñados!
¡Que muestren el cobre las doradas Thalías
y las Doñas parisinas del hipódromo
y que relinchen como burras sobre el heno
y felices marías en los establos!
¡Qué importa que tengan tatuajes en el culo
o aretes en las entrañas, uñas negras y pezuñas!
Te sobrarían los colmillos para morderlas
y el olfato para desocultar
lo acordado por sus cómplices...
Búscalos donde quieran que se metan
porque son más cobardes que las sabandijas.
Desbarata las ilusiones de su metafísica.
Descodíficalos y verás que Don Nadie
les construyó su escondite en el tugurio
lo mismo que en salones de oropel:
patéalos, hija mía, con saña de Karate Kid
insúltalos con llamadas de Pacific Bell,
apendéjalos con ternura Downy
manda a Rambo y, desde Total Recall,
a los Ninja Turtles y las Vomiting Vipers
y que se persone cada títere de humo
y cada mequetrefe de virtualidad disparatada.
Que se diviertan con rap y radio-bemba, sí, pero...
atosígalos con Rush Limbaugh o Pancho del Rancho.
¡Y que mueran en el Lagar de Tu Ira!
5.
El solver en el hallarse es más original y profundo
que cualquier conocimiento:
Heidegger
Estoy en la estacada del exilio
con patuco de misa y de misericordia.
Que sirva de preludio y bienvenida
al que se echará la albarda de venir
como buey suelto y bien lamido
donde nadie lo llama,
el modo cotidiano del soluto.
Estoy entre rajputas de Los Angeles
en el día que grandes lluvias se desatan.
¡Vieja hiena, me imagino, que te orinas
sobre los cráneos de esta bola egomaníaca
de brahamanes y sus treinta y seis castas
descaradas que -pro domo sua- promiscuan
con la raja del rajá sobre el kâya del sambhoga!
Derrama el alúd,
sepúltalos entre musgo y fango.
Ha muerto Sharon Tate, Vietnam aplaude
el perdón, la Flor ecologista, sin napalm, sin My Lai,
el humo marihuano, el Op-Art y el canto beatnik...
Puja el granizo, ángel de la séptima copa
o la séptima trompeta o el séptimo reposo:
porque el amor que no entiende el dolor no es amor
y donde no hay asombro no hay inteligencia
y lo acordado no se deja aprehender
como vivencia ni como sentimiento.
Estoy entre místicos de baraja y pandereta.
Oigo que leen las palmas de lo oculto
y consultan oráculos.
Walter Mercado les deifica los tatuajes
inconscientes y junguianos, desde líneas
de siquismo y aquelarres de pazguatos
sibilinos y oráculos del ano.
Estos charlatanes van al templo
de lo admitido por el uso en cada caso
y en la residencia abierta de la erranza
siembran la sombra como luz
y la verdad como convenientia
(por supuesto, en lucro cobrada).
¿Y dónde está el desmentidor con su navaja
y el estrangulador con sus manos salvajes?
Hay que callar la concordancia
del adequatio intellectus
con otra oscilación de la penuria
y otros todavía-no,
llenos de bronca
y posibilidad
y vela
y sobrepujo.
Aquí, en esta democracia dominguera,
el tecno-sonsonete que idiotiza
con la banda siniestra de Los Machos
y la Sonora Show a la diestra...
¡Cállalos, patarata timbirichera,
aunque mueran las orejas quebraditas!
Por rencor a la otorragia, asesinen al General
y a Locomía, a Chalino Sánchez y Gerardo,
a estos temerarios, a estos barrio's boys,
a estos dictadores de la mafia disquera
entre mojarras, todos sombrerudos
con rascuaches voces
y folclórica sosera vendida, a troche moche.
Que jeringuen a los monos y a las ranas,
a las moscas y a las bacterias, macarena:
ya chala hasta la piltra el canturreo de los gangosos
y los ojitos verdes y la escotada bragueta
y el desparpajo de la voz letrina
y la bronquez del canto.
6.
Lo que tiene historia hace historia y determina
en el presente un porvenir:
Heidegger
No se puede escapar a la historia
que reviene deyectándose.
El que viene con garrote de profeta
para temporar el ser-ahí con el hoy efectivo
del ahora y la conexión vital de lo todavía manifiesto,
irrumpe hasta al conexo de acción con sus copas de destino,
pero no cante victoria el que habla de pasados muertos
y revoca lo que repercute en el hoy, lleno de miedo.
No se jacte el que predica el progreso
y la réplica de la posibilidad.
Hay un destino con-los-otros
y con el propio Dasein enardecido.
(Publicado en "Mondo de Kronhela", Argentina,
y en la revista La Eñe, Orange, California)
Epílogo
Por los que aman,
por los genuinamente tiernos y sinceros,
yo acepto la roca, su pedazo más rudo y fatigante.
Por los que miran
con rechazo de plenas pupilas
a los cobardes y traidores,
aunque les arranquen los ojos,
me pongo en el camino
y a las pendientes de abrojos, desafío.
Para aquellos que se van,
con almas tan cálidas y humanas
que no dicen adiós, sino hasta siempre,
aunque quemadas, por igual, hayan sido mis manos
y me vista el quebranto de los huesos,
me levanto, con la roca de fuego,
y los abrazaré cuando les vea, de regreso.
Para los que, en frío e incomprensión,
han entregado ese amor singular que sobrevive,
levantaré mi vista hasta las cumbres
por verlos protegiéndose en las peñas,
con vocación materna, con celo bienhechor,
y juro a la condena que sostengo,
ganar el alba con mi roca a cuestas.
5-4-1987.
Bozeman, Montana USA
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