El Bohique: Deberes, ritos y dramas interiores
The bohique taught the children of the elite group. Subjects taught included social protocol, duties, obligations, mythology, and history... The bohique had cemis painted on his body. Sometimes he blacked his face with charcoal and he used tobacco, medicinal herbs, chants, the sounding of the maraca, and magic to heal: Francine Jacobs
Al tercer día del areito,
un sabio hablaba sobre ditas y jitacas,
vasijas de la dicha, calabacín de Yaya.
Se refería al caduceo y la abundancia.
A la Naturaleza con urgencia y apetito,
al relámpago vivo del deseo,
a las rajas, a las ojas,
a la kama.
Dio su nombre de mujer para el fenómeno.
Uno sagrado al mencionarla.
Nombre que a ella pertenece,
sólo a ella... Cemí del Agua.
Un guanín de luna y sol
consigo tiene la reina de lo manifestado.
El medallón se esparce entre sus senos.
Y es algo súbito, luminoso, tierno
como su nuevo corazón, visible,
terso y redento para su carne oscura.
¡Oh, reina-diosa primorosa!
él la evocaba: Desde siempre
te llamé Deseada.
Es como una espada
la coa que al puño aprieta
para señalar alguna estrella del espacio,
algún norte del azul firmamento.
... Háblanos más de la Mujer Tan Noble
pidieron los hijos del cacique Agueybaná
y el bohique en el batey accedería.
Cocinó las palabras de sus mitos
y las sirvió en ditas y jitacas.
Alimento y consuelo, dicha
de futuros varones de Borikén.
2-11-1979
II.
Liani fue su nombre.
Flor de sexo, vida bien nombrada.
Sukha, orgasmo, Delicia deseada.
Liani, quien bien amada fuera
por todos los natiaos,
humedeció la noche, hembra de cada batey,
cemí encarnado, hermoseó la mañana.
En la esfera natural, Ella tiene
su unidad básica de praxis.
Es jaladora, afrodisíaca, sexual
y, en coordinación orgánica,
hembra visible, acogedora, fértil,
cachonda, ubérrima, bellaca;
mucho más que voz y que palabra.
Es desafío al saber discriminador.
Es rasa-en-kama,
sabrosa shakti-Liani.
III.
Incomprendida, engañada,
la difamaron; la creyeron pernicho
y puerta falsa, alcahueta, traidora,
débil, ventajista, desclasada.
Fue la Hermana que sale del riachuelo
y por su voz Räga se le supo el deseo
y por Jala la conoció la piel del Agua.
En la noche del páncreas,
quiso olvidarla el hombre de las grutas,
el delincuente, el torpe iluso,
el asaltante que desdijo el barro
y la forma del rijo, su atardecer
para el júbilo en la carne
porque con el color del achiote
avanzó su mañana.
La olvidó el ladrón
que robó su lugar entre deidades
al decirle puteja, cacica del tacto-piel,
rasanä, boca chupadora,
tragariejos, mamadora,
sparcha, tangible,
tentación del Payu y del Upastha,
sendero de la piel, el orco, las nalgas.
La negó el varón programado
en pudibundia, en condena y babalas.
Nabo en mano,
el religioso con su golpe de pecho,
el abusón sexual,
el que jamás se arrechara,
el que no conoce la gloria del orgasmo
la maldijo; el que no se eyacula
no la vio ni la ama.
IV.
¿Qué podré yo sacar de tí, Coatlicue,
y llamar Naturaleza / Prakriti,
si birlaron en pleno lo que eres?...
Te robaron olor, sabrusura, pulpa tangible,
raíz de rûpa, ojos, tacto, espesura,
palabra, sonoridad, movimiento, danza,
canción, sed de pies y manos,
en fin, han dicho, carente estás de alma.
Te hicieron cautiva,
con algún no sé qué
de la censura
hasta sacar de tí lo que más vale.
Te han quitado tu belleza y tu sexo:
el Deseo, sin tu alma,
se redujo a obediencia.
Se volvió mecanismo, nada;
no eres ya tú, Coatlicue, la Gran Falda,
esmeraldina; te ultrajaron, taína.
No eres acagua ni tupí y caraiba.
2-1-1981M
V.
It is She who is manifest universe, and when She wakens, She will sweep one up in her tremendous passion to reunite with Her Lord, Shiva, the unmanifest, in order to dance once again in his arms: Ruth Trimble
... the begining of the spiritual journey...
La vulva es tu bohío lleno de gozo.
En la tarde oscura, aún sin el fuego
de yesca y sin luz de luna,
aún dormida, o monga incertidumbre
de montes, en puertas del olvido,
tibia y bullente, tu energía fue apañada.
Dinámica, primordial, esencial,
femenina, ¡oh, Shakti! te rechazan.
Anhela tú su resuello, nitaino.
Llámala con tu boca, naboria.
Abrela con tus dedos, varón valiente,
boricua, porque la esencia de la vida
Ella la contiene toda, plenamente,
y la encarna.
Como hornacho de tres piedras
la torta que te ofrece es júbilo que arde.
En su pan de casabe, tus dientes
y tu lengua despiertan a catarla.
¡Qué bollo rico en gentileza!
En la nariz que sea su aroma
como el mabí
que destila su fermento delicioso
y por la raja, sin naguas,
gotea bajo su cuerpo sacrosanto.
Lamerás tú sus muslos
y gozarás su vientre
insospechadamente audaz
como yuca en la brasa
como pies que tientan la tibieza.
Su vulva meramente es asomo
a la búsqueda infinita del reposo.
Arco en pulsión de ritmo
y, si alcanzaras su interior,
ya fuíste presa y has vencido.
Te encantará su morada.
Despertarás y dirás con susurros,
gozosamente conmovido:
Estoy flechado, Siva-Yaya.
Adentro, en su abundancia,
percibí melodía, octavas por las que digo:
Mujer, rejuvenezco; oigo tus infinitos.
Fui penetrado al penetrarte.
Escondíste tu pasión mágica en mí.
Hallaré tus cantos nuevos.
Fundaré en ti mi casa permanente.
Detendré toda vejez que diezme
con estrés oxidativo
mi vocación por tus gozos, Amada.
2-3-1980
VI.
Aquí estoy a un pie
de tenerte o rechazarte, aquí
con un sol que no es teótl,
sino tu espejo, tu otredad sospechada
de Cihuacoatl Tlacayel.
Me gustas, niña.
No has cerrado con tus piernas
el destino; mi sol cercano bajó;
se hundió en tu carne;
chupó la sabrosura en tus costillas;
predicaste tu óvulo de ciclos luminosos
en el curso de las lunas
y las exploraciones celestes.
Ahora, en las selvas perdidas,
tu voz me llama tu amante.
VII.
Son muchos lagos, charcas,
esteros, ríos, cavernas y cenotes,
aguas de bendición
que te diera por señal
la Deseada.
Tú dudas ante cósmicas imágenes
y te engañas con canales sensorios,
espectros del dualismo perverso.
Y, ¿qué has sacrificado como yajna
al fuego de la alquimia, rasayana?
La Deseada sólo quiere que te laves
y dejes en las aguas el residuo mercurial
de tus angustias, tus infiernos.
6-8-1979
VIII. / ¿A quién llamaré madre?
The pups who are licked more are least fearful; they produce less stress hormones when provoked and their heart rate doesn't go up as much, so they have a more modest stress hormones than the pups who are licked much less: Dr. Peter Gluckman, profesor de Biología perinatal de la Universidad de Auckland, Nueva Zelanda
A la que se va,
obsoleta, desdeñosa, divertida
por las geometrías espectrales del mundo,
a la que huye de la tormenta
por el único apetito de percepciones sensoriales
del espacio-tiempo y sus dramas,
capricho en el continuum,
a la que en medio de las estrellas se esconde
para que no la encuentre el indio,
el guamikena, el gachupín, el hombre,
cualquiera sea quien tema al reto,
al desencuentro, a la demanda
a la vida que silencia sus gritos
y a razones, al amor y al destino...
¡no la menciones en los días de adhesión
y de pasión infinita, en días profundos!
A la que se va no le importa
cómo vivas o sufras, o te diviertas o penes.
A la que dice adiós el olvido apresura
y con la distancia se corre sordamente.
No le digas raíz, no le llames
sustento, cohabitante materna, hallazgo,
amor, compañía, tu venero.
Como el viento ha sido.
Como el viento pasa y se va
y no recuerda el viaje en el oscuro túnel
ni ese dolor de parto que se supone mutuo.
La madre es la vasija de algo más
que las formas mensurables del Sensorium.
IX.
El primer profanador
fue el mal vecino, el caribe
rudo, torpe, malnacido,
esclavista de la escena indeseable.
Tomó dominio en las islas de huracanes.
Se escondió en el fondo de las grutas
y salió con escante de robo,
pirateante; cometió matanzas
en las costas; se ufanó de violencia
y aterró al taíno en cada monte.
9-8-1979
X.
Después vino un cachopin tan sicutudo
a bañarse en las faldas de esmeralda,
con el charco de la líbido en el aire
y el trámite traidor
por tlacotin de turno.
No creas a los brujos de Tollan, Coatlicue.
Ni a guacallis de Teotihuacán;
son apátridas, ciprifóbicos, te venden,
te compran, te violentan.
Esos dioses de las piedras no son nada.
En la blanda nacayoh de la carne,
sólo el amor fecundará el tlapechtli.
3-7-1985
XI.
Humans are born into a greater range of sensory stimuli. Nurturing, whether kissing and cuddling, can permently change the way the infant's genes operate... Mother's licking caused the baby's brain to crank up a gene involved in soothing the body in stressful situation... The expression of genes in mammals can be permanently changed by how mother and infants interact and how that can have long-term effects on behavior and psychiatric health: Dr. Michael Meaney, profesor de McGill University, Montreal
La que te ame
y su ombligo te haya compartido,
la que se diga madre y te ofrezca su pecho
¡ay! cómo insiste el bohique
al pedir que la quieras hasta el fin de tus días.
Haz de amar ese modelo al inventar el beso
porque hallarás a Liani y querrás imitar
a quien te dio los días...
Sea la madre, dijo el Yocahú
y Yaya, sivateado, la que te lama,
te lubrique, te humedezca
como si fuese el río que fluye a orillas
del corazón del limo.
Que se invente cosquillas y reviente
la hamaca, que te dé los remedios
antes que seas su crío, dependiente
de todo, de su olor, su tacto, su sonido;
la que te ame que a tu cabeza haga piojitos.
Que te busque en la herida
de los días ingratos.
Que te comprenda, gloriosamente,
cuando tengas la magia
de todo regocijo.
19-3-1980
XI1. / Guakia Baba / Padre Nuestro
Otra enseñanza apalabró el bohique.
Tenía sus ojos negros y cenizo, el rostro.
Tristeza de padre vetusto como el barro.
Lágrimas en las cuencas de sus párpados
y siglos; dolor en sus entrañas
como los caños secos.
A Nuestro Padre, él dijo, quiéranlo
y bendíganlo, porque Yayael
se ha rebelado desde el hueso.
A nadie quiere.
Estéril como higuera ha sido.
Su cacicazgo, su mujer, collejas afligidas
quiere, a él insatisfacen y envanecen.
En los días del hambre, la amenaza,
por tristeza y sed de la congoja,
es como el maya sin los huesos recobrados,
el sediento con sed y sed y sedes
y la sed del cobarde sin raíces
y la tierra más seca
que la boca y lo amargo.
El cerdo de las edades come las margaritas
y no lo entiende, se sacia meramente.
El aroma de las juncias y del sándalo
su podredumbre esconde, vacía
sobre retamas sus contradicciones
y la bardoma se estremece
sin dulzura en la arcilla.
Digan al Padre, quien su esqueleto hereda,
Maboya-ua, que no sea la mala vibra;
Juracán-ua, ni la tormenta dañosa.
No haya una sonrisa seca ni rostro torvo
ni fealdad ni alegría
en la censura para tez alguna.
Guakia Baba, Padre Nuestro,
seas bendito en el hijo del boricua,
constructor de naciones;
seas como el siervo
que derrama el ser
para el que da el pez
y el agua y su corriente en el tiempo.
1-25-1980
XIII. / Las tribus
Del cosmos tuyo, ajeno, me bajaron.
Me barrieron con escobas de tebincha.
Descendí con este corazón hílico
al fuete del imperio.
Ahora soy uno
entre mis cuatro tribus de moléculas.
Visto ante Tefenet con olor a alicanto.
Incienso mis hojas de verde clorofila.
Estoy en tierra.
Cada semilla es el ángel que fecundo
y como alheña me fatigo
entre cuantos aran y cavan
buscando el concreto amor,
trabajo y esperanza.
Con gentíos, el tejido de este canto
es suficientemente solidario.
La tierra en humedad me agrada.
¡El sol que trilla, la lluvia que gorgorea
en los valles, con sudor de mi frente
es mi reposo!
Donde el universo se volvió
espacio y tiempo, mañana en celo,
comienza el paraíso,
el que yo defino con estas manos
todavía salvajes, impuras,
evolucionarias.
El Paraíso del Espíritu Puro es mi suicidio.
¡No tú, Yocahú, no tú, cemí de Guajataca!
Aquí, con el algor del carborihidrato,
la flama azul del azufre es firmamento
y el azul más oscuro está en la mar.
Y en el azul más sutil yo hallo
mi río de hidratos de carbono.
El almidón hierve en la hornilla
y antes estuvo en el molino
donde Ptah no tuvo arte ni parte
ni las aguas caóticas del Origen.
¡Pero qué feliz soy con el casabe de yuca
y, destronado de ser puro, obrero
con los que aran y cavan,
lejos del cosmos tuyo!
9-5-1980
XIV.
El secreto que soñó con palabras
(que son chavasca, leña menuda
del monte de la Urania),
el secreto que vive confeso en el chincual
y quiso voces de azúcar,
aunque morena sea la piel del sol
y el sabor de la chincaca y el pisto,
el secreto que halló la piedra,
y con ella se hizo denso,
el músculo del habla y el teótl,
se enredó en el coral,
esqueleto calcáreo
y no halló la espesura de los ríos.
No vio la fluidez
de los radionucleidos
que se van a la jungla
ni su estallido de luz maravillosa.
¡Qué tristeza de luz
tiene la sombra!
9-1-1980
XV.
Iconicidad: El agua liberadora
Presumía de brujo y de adivinar las conspiraciones, así como de conocer la fidelidad de las personas con sólo mirarlas. Asumía con orgullo su traición y su crueldad. Según la leyenda, Lope caminó descalzo tres años y cuatro meses hasta que, finalizado el mandato del juez Esquivel, lo encontró y lo mató a puñaladas mientras dormía en su propia casa... En el llamado Salto de Aguirre, en plena selva peruana, estuvo en grave peligro y escribió en una piedra algunos signos misteriosos ante los que es necesario persignarse y orar: Ursúa y Aguirre en busca de El Dorado
De algún jarrón con huesos olvidados
se derrama el agua,
se filtra a la bardoma.
Renace y formula su leyenda
con signos en las piedras
como si del lodo corrompido
por la muerte, las calaveras
rescataran sus andamios en burbujas,
con movimientos lícuos, petroglifos,
iconos, peces dulces y torrentes.
El agua quiere murmurar, subirse
a los telares, saltar con sus salpiques
desde nubes, vestirse
un taparrabo de la niebla,
bajar a saltos hasta los pies de Lope.
El tocuyo se vuelve geografía,
rompe el cántaro y las expectaciones.
El fantasma de aquel hombre
vio a Medusa en el espejo de su alma
cuando fue barjuleta del camino
y, al hombro de la Nada, sin alimento
que cargar en sus alforjas,
miró el torrente de El Tocuyo,
la Sierra de los Barbacúas.
La boca ancha del pocillo es el sueño
que, desde sí, se nutre.
Unas raíces exprimió en su boca
y en tofo, sobre piedra, escribió
los signos de su angustia y el cuchillo:
Es que estoy vivo. Aún sueño.
II.
El Salto de Aguirre es la voz
que todos oyen, voz lanzada en catarata,
ansia de los siglos, querer al pervivirse.
Los ríos no se detienen. Llevan prisa.
Una luna desde lo alto los mira.
Un sol de tocotín les da su areito
de chibcha y barbacuás.
La procesión ha salido a gritar
a su fantasma: ¡Muere, muere!
pero él ya ha sido un muerto, y más sediento
estuvo que el desierto, y fue a solas
el viento abrupto sobre el páramo.
Ahora vive, incensurable, en Burburata.
En habitaciones lacustres, bajo tenderales
y sobre pilotes, ladran por él
los zorros y animales perrunos,
indios que dormitan,
colonos en desgracia,
agonizantes.
III.
Fue hombre de casi cincuenta años, muy pequeño de cuerpo y poca persona; mal agestado, la cara pequeña y chupada; los ojos que si miraban de hito le estaban bullendio en el casco, especil cuando etaba enojado. Fue gran sufridor de trabajos, especialmente del sueño, que en tyodo el tiempo de su tiranía pocas veces le vieron dormir, si no era algún rato del día, que siempre le hallaban velando. Caminaba mucho a pie y cargado con mucho peso; sufría contínuamente muchas armas a cuestas; muchas veces andaba con do cotas bien pesadas, y espada y daga y celada de acero, y su arcabuz o lanza en la mano; otras veces un peto: Vázquez al describir a Lope de Aguirre (1511-1561), quien se proclamó Príncipe de la Libertad de los Reinos de Tierra Firme y provincias de Chile
En serme
como fiera zorril, salvajuna,
en darme un yo
sin ser el triste esclavo
del hic et nunc
y la fiera corruptia,
incapaz de igualarme a la noción
ya nada importa o sirve,
cultivé al preguntante primiginio
y él dio mandato desde mis dedos tochos
y mi pata coja, la pierna dura, con pezuña,
que yo arrastro sobre las bardomas...
Lo escuché porque me dio
el primero de mis sueños; él me sustenta:
... Encara a tu rival cuando te cerque
la pudibundia más clueca de tu siglo,
cuando suelten el yagrumo
a tus espaldas y te vayan a zorrear
esos piadosos de spiritualis historiae
ya sea en los templos o las cortes,
o en las selvas oscuras
de retórica triunfante.
11-5-1982
IV.
Today we considers ourselves the luckiest men alive, because we are in these part of the Indies with faith in God's commanments full and uncorrupted as Christians, maintaining all that is preached by the Holy Mother Church of Rome, ad we intend, through sinners in life, to achieve martyrdom trough God's commandments: Lope de Aguirre, el Peregrino, en carta al Rey Felipe V, 1561
En la existencia mi fe se mece.
Se aferra del abismo, se colapsa.
Oscila su certidumbre
con voz de grito y constancia inacabada
y anuncia, como sospecha iluminante,
que el Universo surge a troche y moche
y que la nada es la fe misma,
oscurecida, frágil como el gozne
de la enramada cósmica.
Mi fe no desaparece, aún no.
Creo en las catenarias y guardo un sacramento:
¡al que he llamado Cruspa, Elvira, Virgen!
Se angustia meramente, mi fe
vestida con vocablos extenuantes,
con harapos y hembra tocha en desaliño
y se refugia brutalmente con ella.
Este es el mundo en que la vivo.
V.
The dissolution of the priests is so great in these parts that I think it would be well that they feel your wrath and punishment, because there is now none among them who sees himself as less than governor. Look here, King, do not believe what they might tel you, because the tears and that they shed before your royal person is so that they can come here to command. If you want to know the life they lead here, it is to deal in merchandise, seek and acquire temporal goods, and sell the Sacraments of the Church for a price. They are enemies of the poor, uncharitable, ambitious, gluttonous, and arrogant, so that even the lowest of the priests tries to command and govern all these lands. Correct this, King and Lord, because from these things and bad examples faith is impressed upon the natives. Furthermore, if this dissolution of the priests is not stopped, there will be no shortage of scandal: Lope de Aguirre, Carta a Felipe V
Abundan aquí las medianías.
Nivelación nefasta, disoluta.
Leyes de regularidad en las Indias
que, a medias, se admiten;
o se cumplen con miopía.
Se mezclan con lo dado
ellas y yo, pobres mortales,
por causa de frailes mentirosos.
Mi fe revienta, se congela, salpica
y soy en el Sé-del-Uno, vapor de esquema
y hielo de sus charlas dispersantes.
Tengo mujer india y tosca Cruspa
por exceso de fijeza, ¡qué fantasmal
tú, Rey de la Fe, piedra perdida
de torpes Sacramentos
que sirves en arena tus mendrugos
desde el castillo ventisquero,
formado de epistemas y lugares comunes,
la gramática parda!
Me aplacas, me enajenas,
y yo sigo con ellas.
La fe es como una tocha
que yo he vuelto sagrada
y aunque yo quiera perpetuar
su alquimia nueva,
la tengo que matar para salvarla.
No tengo opciones.
¿Qué cosecho de tus feroces algoritmos
si desconozco las condiciones de tu origen
y no quepo en tu ahí, en tu fe laxa
por singularidad demoledora?
2-9-1981
VI. / He matado un ángel
Para el ángel la Nada es sólo erranza,
material creencia, soledad de las cosas,
amargura ciega que cabalga por la historia.
¿Dónde colocaré, sin embargo,
estas huellas frescas de sangre
que saltan a mis pasos?
Tus huellas, Elvira,
mi único y verdadero ángel.
Cabalgué sin encontrar
una cueva que sea el prado,
donde pueda esconderte, mi tesoro.
Quiero que seas un ser
infinitamente invulnerable
y que seas el yo, el ángel nuevo,
al que no destruya la vileza de quienes
me han llamado Traidor / Tirano.
A la mofa del mundo, yo la temo.
Querrán tu cuerpo, derramarán
sus fornicaciones en tu prado,
te seguirán los pasos
sólo para escupirte.
En trote de bestias, vendrán
esos infieles en jaurías.
¿Dónde la inmensidad inmortal
te dará cobijo, si no saco el valor
para guardarte, aunque cada puñalada
me duela más, ate mi alma a dolor?
(Aquí yo veo mis abismos y temores:
¡tengo que asesinarte, ángel mío!)
Y todavía diré que existes distinta
a todo golpe y a tu sangre.
Aquí el sequedal se tragó
el honor y la mejana y adquirió
la forma que predicas, eres un ángel,
virtud para decir tu amor
más grande que los hombres
y los mundos descubiertos para reyes
y príncipes sin alma;
eres mi árbol de vida y el prado
y la bestia más hermosa
y el corazón anhelante
y la raíz y el cimiento.
Aquí examino húmedas ramas
de mi árbol y mi ciencia y estoy solo
con tu nombre en los labios
y con soledad de estrellas, lejanías.
Elvira amada, con mi propio cuchillo,
te he matado y Cruspa me mira desde el cielo.
Un caballo, negro engendro de la noche,
va en la niebla y la sorda urdimbre
me galopa y trota el corazón
cuando digo tu nombre.
13-7-1986
VII.
Se le atribuye una autoría directa o por orden suya en 72 asesinatos: 64 españoles, entre militares y civiles, tres sacerdotes, cuatro mujeres y un indio: Ursúa y Aguirre en busca de El Dorado
In Christian faith I swear, King and Lord, that if you do not remedy the evils of this land, divine punishment will come upon you... Never trust your conscience to these learned persons: Lope de Aguirre
Al núcleo, yo mismo voy a desmembrarlo.
Caerá tu reino, morderé en sus partes.
A mis pies, hijificado, será mi nuevo mundo.
Serán como protones y neutrones
que huyan en pos de victorias y de simetrías,
tornados ya en sacramentos rescatados
de tus aves de rapiña.
Yo amasaré el pan con luz,
siendo tan ciego desde la mar de leptones.
Invocaré el hágase del universo abierto
como si la memoria careciera de agujeros
y olvidos y raseros que te contuvieran.
Por eso, si tú asesinas
las simetrías en las sombras
y geometrizas como rey que comanda,
yo en las batallas
daré mis guiños protónicos de ira.
¿Qué clase de fe al vasallaje material de Tus Hijos
has pedido, monstruo oscuro del Gran Cisma,
con qué precomprensión del ser
requieres que yo sea?
Tú has buscado mi aliento y me naufragas
ante tu inteligencia incorpórea
que ya no sobrevive respetada
en la Existencia que deviene.
Tu mano es tan mezquina
como tus siervos en las canonjías.
Ignoras la oscilación discreta en el origen,
su rabieta en el concierto eterno,
Unidad / Pluralidad de mis días...
8-9-1981
VIII. / El negro
... we can longer tolerate the great oppression and unjust punishment of your ministers who, to make places for their sons and dependents, have usurped and robbed our fame, life and honor. It is a pity, King, the bad treatments you have given us!: Lope de Aguirre
Un negro está diciendo
¡Dios me lleve al Perú!
a la abundancia,
al nido de las plenitudes,
y fue llevado a la sierra del despojo.
Otros alegan que es un chibcha
que se perdió por miedo, atado
a una cadena, es fugitivo,
asimilado en la sierra de El Tocuyo.
Los hombres cultos están más despistados.
Veracundamente, alegan que es el ánima
de Guillén Sorolla, tejedor valenciano,
que se embarcó a las Indias y trajo
en germanías su espíritu rebelde.
En fin, ese negro es mi espectro.
No es lo que dicen sobre el pontón flotante
que les lleva noticias a colonos y gentiles.
Nada es que corte el sayo
con verdad para el ausente.
Ese negro es Lope de Aguirre
que está triste, disfrazado
en su margen amargo,
sin canciones.
6-8-1980
IX.
En la poesía, los dioses preparan un espacio de aparición, de forma que lo santo pueda hacerse histórico. La falta de nombres santos es la ausencia de lo Divino y el no poder devenir histórico de lo Santo a causa del Olvido del Ser: Martin Heidegger
De los cascotes de un gran sueño,
en pos de hallar el Santo
y desbrujarlo del olvido
y las malas señales, de todo
lo que aparta su presencia, vendrá al caso
una piel de porcelana y unos labios
con púrpura de casio.
No será Inés de Atienza,
hermosa como es, pero sin versos.
Ella es cascabel gordo, boquillera,
mujer que quiere sólo las riquezas
de la Omagua, pero sin soñar
con dolor cada trozo
de esperanza y de esplendores.
No será ella
quien no supo dejar-ser,
preparar una morada para el fruto.
No será una jaula de huesos
(ni aún huesos de la bestia blanca)
la que al alma ofrezca sus besos, cariciosa.
Será, aún mejor, una bestia luminosa,
mujer de luna y hamaca como Cruspa;
no un rumiajo de sabara que maldiga
el ancho carrujo en la enramada
y el misterio cósmico del diálogo.
Se quedará a mitad de camino
esa hembra que no tiene ocultas luces
sino una preferencia por virreyes
en el ser-en-el-mundo de los hombres
sin revitalizar sus lazos con lo Santo.
3-1-1985
X. El segundo sueño
Sein-lassen, dejar-ser al Ser, preparar al ser una morada, dar noticia en el habla, morada del Ser y preparar al ser cobijo: Martin Heidegger
Voy a desarropar el cuerpo
de esa posesión lujuriosa y cerrada.
Quitaré la telliza que la cubre.
Observaré sus partes, sus velas,
que horizontalmente parecen
la verga del trinquete.
Echaré venablos a su desnudez
de repulgos ursulinos, mentirosos,
a sus palabras arbitrarias
que jamás han sido silencios,
ni íntimos vientos que, a mitad
de la tormenta de mis años,
me estremezcan.
Vaciaré como una tapara
mis manos en sus partes, no
para adorarla, tocaré, sí,
su cuerpo de ternejo y de soniche
hasta matarla y sacar leña menuda
y el haz del harma de sus corrupciones.
9-9-1981
XI.
Viel-Einheit, unidad / pluralidad, unidad de la que la pluralidad mana, siendo ella misma y como tal pobre, da sin retener nada para sí, deja ser retirándose: Martin Heidegger
Yo no tengo fortuna, excepto
esta pobreza manifiesta que se oculta,
ese tesoro del fondo, esa apariencia
simple y pobre de las olas...
A mí me dieron la mar como aventura;
me ofrecieron la propiedad
que navega en el Origen.
Por eso soy celoso
de la recepción permenente del ser.
Por eso me visto de mendigo,
de negro, de brujo barbacúa,
por eso escuché las cosas
de los Nuevos Mundos
en Andalucía
y me gusta hablar acerca de Guanina,
la esperanza, sobre ella que besa
en la tumba al navegante
y bajo la luna ha prometido
la virtud de sus amores,
la Estrella Vespertina y el deseo.
2-9-1979
XII.
El único peligro que hace temblar mis carnes de pavor y miedo es el de preguntarme que será mañana de mi niña Elvira: Lope de Aguirre, en: Lope de Aguirre, Príncipe de la Libertad, novela de Miguel Otero Silva
Estoy en mi covacha
con el sueño de la muerte.
En la sabara, ¡oh diáfana neblina!
los rumiajos de la peor estirpe avanzan,
me cercan en rubiera, puedo verlos...
Desde el cisma de lo más hediondo del capricho
toman forma y carne, vigor en sus senderos
y son ranas con verrugas en sus ojos
y son perros chimuelos con tres rabos
y tres lenguas y son hienas
con espinas en el cuerpo.
Saltaron desde la cofa del vigía.
Volaron con la prisa del velero.
En abordaje se escurrieron
por el puente de mando
hasta mi camarote,
covacha de agonía,
abitón de amarre con mis penas.
Estoy aquí, con ojos semiabiertos,
tan cansado, pidiéndole vigilia
a mi esqueleto biótico, temiendo
quedarme dormido enteramente.
XIII.
Dentro de breve término he de morir... y no habrá espada de hombre que defienda la integridad de su cuerpo cuando entren de tropel los bellacos infames a violar a la hija del cruel tirano, a violar a mi niña: Lope de Aguirre, según el texto de Miguel Otero Silva
Es que soy un cojo maldito y quebrantado.
Un espantajo similar a esos bellacos e infames
de mis barcos, chamuscados y siniestros,
pero yo no lo quiero así; en el tormento
de mi propio espejo, en aguas de los mares,
en bardomas de lo ingrato, también sufro.
Por eso es que apuñalo el amok
(a ninguna bestia temo yo,
sólo a lo Santo), no a los piratas
que han bajado a la tierra por escaleras
de dobles esferas hasta el monte,
a las ribas sin sal, al riachuelo del lípido,
a burbujas de azúcar, al ribosoma
que sustenta la vida con anillos
en cadenas del ancla hasta la carne.
En covacha de ser,
en predios donde el alma es proteína
tiembla, en(z)ima o abajo,
la identidad bioquímica del feo
y los verdugos vienen
por ella, que es hermosa, y por mí,
y mis escasos dientes y mi estatura maltrecha
y mis ojos pequeños y sangrientos.
Quieren, por fin, burlar
mis esperanzas en mis sombras.
Porque me enternezco
a la hermosura salvo, ella es la Gracia
que refulge, aparición del sacramento.
Ella es lo único que tengo, mi tesoro.
XIV.
Lope de Aguirre, cojo maltallado, tuerto, desdentado, te mira fijamente como si quisiera escudriñar tus pensamientos: Miguel Otero Silva
Yo sí puedo vencer a la sabara
(de la Maya y sus espectros,
el sufrimiento que en la bruma se destila).
Distingo algún fulgor y es el consuelo:
mis ojos tan pequeños
la han mirado otra vez.
Y su piel de sacalagua es virginal.
Es un tesoro que guardo con gran celo.
Y sus ojos de maipur, mestizos
como canto de amoruca;
es otra mitad de su cuerpo
que también me pertenece por entero.
Tiene el vigor de Oñate, belleza de abolengo,
herencia que juré que salvaría
delante de La Rábida,
herencia que a Colón puso en cadenas,
herencia de la bellacada traicionera
y que prefiero que, en puridad,
no tengas tú, hija del alma, hasta que yo,
Príncipe por tí, Elvira mía,
pase el Rubicón, y limpie tus caminos.
7-9-1979
XV. / Una fea como yo
a Cruspa, mujer de Lope de Aguirre
insertar texto
XVI.
a Juan Ponce de León y Cristóbal de Sotomayor
Quisiera ser como dos
(entre pocos) varones ejemplares.
De ellos me contaron en Sevilla
otros viajeros de espada y mar,
de timón y anclajes.
Ellos, que no dan pajarotas
al que es valiente,
sus nombres dieron...
Uno se llamaba Juan Ponce
y soñaba con la fuente de los dioses
y fue buscar en la Florida
el baño con las ninfas.
Lavaría su corazón y cada angustia
hasta ser eternamente sano y joven.
Otro fue Sotomayor,
el amante de Guanina.
23-9-1979
XVII.
a Juan Ponce de León
¿Quién habitará el canto
e irá, como tú,
a la fuente de las aguas
y hacia su meta melodiosa,
oh, Juventud,
quién se dejará flechar
y, en sobresalto, tendrá su regocijo
según fluye ese dolor desde lo incierto
a la sustancia verdadera?
¿Quién que sepa bifurcarse,
te hallará en La Florida, oh Juventud,
y transformará la voz de siglos
en otra carne, plena y ancha
con ternura y belleza todavía?
Donde se urjan más que palabras
exquisitas, semioscuras, decadentes,
¿hay quien haya sido fulminado como rayo,
alguno que esté herido por la flecha venenosa
y que se sienta joven, o renovándose al fin,
sin maldición y sin lamento?
¿Alguno que pida destrúyase
la tristeza que se encarna
de contínuo, día tras día?...
XVIII.
Quisiera ser, con gracia pajolera,
como Juan Ponce, León de Palencia
cuya espada no tembló jamás ante el taíno.
Un soldado, aventurero, guamikena,
Palo Mayor en cada arboladura de la carne.
Quisiera que, al palmar en el abismo,
la vil muerte, me flechara el nuevo día
con el veneno del gozo inagotable,
oh, la juventud del agua
con mocedades cristalinas.
Es que soy vanidoso como él
y la eterna abundancia de los días
me lava en sus caprichos
y en sueños vigorosos.
Cada uno tiene su modo de pajear.
Yo quiero barba limpia, bien cortada,
el rostro como el suyo, su estatura,
su hidalgo encanto, tan donoso.
¡Te quiero, juventud!
¡Vuelve a mi vida
con gracia y gallardía!
24-9-1979
XIX.
Como sangre que sustancia en sí
toda atracción y espacio,
fluído de cada energía,
restablecedora de vida y belleza,
lavadora del vestido que se abre
y no encubre al apetito
que desnuda su empatía,
serán los prados del lenguaje
y las hembras donde se viva el hombre.
7-17-1992
XX.
a Inés de Atienza, la mujer de Pedro de Urzúa
Lloro a solas. Me conmovieron
los esplendores lascivos de tu carne.
Macho, bruto, boquirroto como soy,
te he deseado, barragana.
Al tonto que no puede quererte,
tu hermosura lo embriaga.
Como borracho
cuya imagen se vuelve la coraza
de su propio asco tremebundo,
mi rechazo siguió al tuyo
y me has herido.
¡Claro que no has de querer a un tuerto,
cojo, enano, desdentado,
con los ojos bizcos y salaces!
Me pinta sus cuadritos, hígado abajo,
tu sincero no, ¡sí, ya me has herido!
Con frivolidad sentimental
me atormentaste, me hicíste
un pagote al pie de tus amores.
Lloro por escasos motivos
en este mundo hipócrita, irredento,
pero todas las decepciones son amargas
y más llenas de fortaleza
han estado que mis brazos.
Lloro por pocas cosas y me escondo
donde nadie pueda señalarme
con el dedo para más burla
y cinismo decorado.
13-7-1986
XXI. / Invocación para el areito
Lavémonos para el día de la Totalidad,
ha dicho el Nabî, que la música amanezca
con cantos en los labios de las vírgenes
de Pafos, propone el Kalû.
Sumerjamos los pies en las aguas
del aditon y las grutas de Calcas y Cleros
para que comiencen las cifras luminosas
con sonora expresión de nuevas voces.
7-17-1992
XXI1. / La pasión de Guanina
Aún se les escucha en medio de ceibales.
Amanecen en amor, cinga que cinga.
En la noche no mueren, resucitan.
Se besan en cada pétalo de rosa.
Con los hibiscos retollan,
prendidos del ombligo todavía.
Se muerden en el musgo y emergen
como lirios encendidos.
Chupan con sus raíces hasta el alba,
se comen desde sus troncos,
húmedos de savias, sudan
esplendorosamente tibios, anhelantes,
y gotean su leche de hermosura.
Salpican cada hoja, cada flor,
tallo abajo, tallo arriba,
con fecundas semillas.
Enroscados en su danza como lagartijas,
les envidian hasta los gusanos.
Oralidad: Los huesos de mis hijos
Bones can represent the essence of things... Being stripped or cut to the bone may signify a sudden insight, but also sometimes a deep attack on human's personality... a threat to the foundations of life, and to personal power: David Fontana
Un día vendrán los huérfanos eternos
del Vacío, donde no hay Liani / Esposa
Madre / ni hermosa compañía.
Los intrusos ladrones siderales
como soles invasores
hallarán nuestras casas;
un día vendrán
y no sabemos cuándo...
Lloviznarán las pequeñas mariposas.
Harán mofas y piruetas, vuelos
sin zumbidos, vuelos sin alas.
En vano preguntaremos: ¿Cuándo?
¿Dónde, qué ofrendan, con qué burla
siniestra se acercan al bohío?
¡Vaya caramillo que armarán
en aras de información sensoria!
¿Nos enojaremos con criaturas como tales?
Tan pequeñas, helícidas, cañudas,
apenas con voz de remolino, apenas
poseedoras de tambores y maracas.
Un día vendrán, es cierto,
hijos sin nombre deTánama.
Bacterias de mundos diminutos,
horrorosos, saprógenos, para los cuales
aún no existe en nuestro idioma su nombre.
Itiba Thuvava los esparció en la brisa
porque se fue a la muerte.
Ella no era tan fértil ni agraciada.
Urgió en su espíritu la visión
de una esmeralda y huesos nuevos,
huesos puros, diamantinos,
reedificadores.
6-2-1988
II.
Quiero ver a nuestro hijo Yayael:
Yaya al solicitar de su mujer el calabacín
donde guardaba los huesos de su hijo
Yo lo amé, Liani mía.
Nuestro hijo fue la flecha de huibá
que disparé al firmamento;
le dije que sus huesos serían la pieza dura
de mi cosmos, la ceiba más ancha
y erguida de mis bosques, el orgullo
de mi armazón, mi cumbre y mi atalaya;
todo lo blando y dulce de mi cuerpo
se lo confié a él, a nuestro hijo.
El tendría que proteger
con huesos vivos la esencia de las cosas;
tu corazón de Liani, mi pozo de edades
en el alma, porque somos filósofos
del agua del Origen y las hormonas
de todas las sustancias; pero él, oh Yayael,
traicionó la médula amarilla; se ufanó
con gesto parricida y quiso matarme
hasta el profundo tuétano.
Yo lo amé, no lo dudes, amada mía.
Lo separé para que llorara
con pureza hasta su sombra
y llevara su ofrenda de huilque
al que da los carbonatos en la piedra
y en el fuego arde con fosfato;
lo llamé al modelo cristalino
de estos troncos vitales de los huesos.
Y se burló otra vez de mí, su padre.
¡Pero quiero verlo; es el hijo
de Yaya, nuestro hijo, el heredero!
Aún lo amo, Liani hermosa,
aún lo amo.
9-2-1988
III.
Por siempre van y vienen
esos sedientos con el vientre sin huilque
cuya piel es sarna y caracha impura,
cuya boca aún no clama
el óyeme primario...
esos ladrones por el mar expulsos,
por estrellas sin humedad, salados;
van y vienen... sin Ocama.
Buscan manos que, palmo a palmo,
suden sus caricias y se adhieran
como ombligos a sus sámagos.
Van y vienen y siempre son ajenos
inmundos, queriendo o no.
Del esqueleto cósmico
sólo aprendieron el vacío,
abatirse en las distancias
sin adquirir un nombre
como los tres gemelos
de Itiba Thuvava.
IV.
No, yo no voy a fundar la mar
o sacar alguna cosa de la Nada.
Los ríos existen
y cantan sus propios cantos
en marejadas y van a cuevas
y filtran con espumas sus extravíos,
sus restingas de agua
y entran y visitan
los dientes de lo vivo.
El esqueleto cósmico impulsa sus olas.
Los flujos se regocijan y a la mar,
que preexiste y lo atestigua va todo,
aún la abundancia de los peces del gozo,
aún la tristeza recesiva de lo trunco.
Yaya sólo dice: Sé un poco
sobre los ritmos y las lunas,
las transformaciones del espacio,
la solidez de las sustancias;
no es mucho lo que puedo decir en el areito;
sólo que estoy feliz con la abundancia.
Yaya declara únicamente, yo organizo
lo que divinamente me obsequia
la mañana y mañana es vivir amando
y bendecir al hombre
hasta el hueso de sus altares,
médula de sus futuras almas.
10-2-1988
V. / Anacaona está en los árboles y el viento
Anacaona trepida lenta y misteriosamente
y sube a las alturas de los árboles
sin pretender existirse y publicarse
más allá de la esencia de las cosas.
Ni será tránsfuga de la escena y el tiempo
(ya fue ahorcada, ya es espíritu que canta);
no será su labor definir
la mera ontología entitativa
de otros seres ni el fantasma
del ay, doloroso
que vive siendo
sin ser-todo-lo-sido.
Cuando el bagaje del naboria y el esclavo
se objetiva, interino en las expectativas,
la Cacica canta los Ocamas
y ahí-es... canción de cuna,
beso y cuidado de la Tierra Madre,
seno mártir y hacendoso,
dulce e infinito;
ahí estuvo su poema,
maternal arrullo,
escribiéndose en despedida
porque el Ser va cerrando
sus años de epistemología
al llegar la pubertad de la palabra.
7-17-1992
VI.
Alegrémonos, sin embargo.
El areito nos recobra como a peces
y nos fluye hacia las flautas y sonajas
y nos da burbujeantes pianolas
en los dientes y viva delicia
entre las conchas y las algas.
Cristalizada en lago de símbolos
(ese lenguaje de areitos, Guajataca)
como diamante que sale de la forja
del Gran Yaya, será la piedra bruta
que todos puliremos,
la que hoy es palabra estéril,
seca y cotidiana, mobaya.
7-17-1992
VII. / Reprensión a Juan Cerón
Guacanagari, Viejo valiente,
profeta de mis días, vé y sé el consuelo.
Cacikea Yuisa está en quebranto
en Jaimanío; Guanina es hostigada
por hermanos en la villa de Caparra guamikena
y le llaman traidora los nobles de Aguaybaná
y le dicen pelleja, zorra malparida,
barragana y está sufriendo cada mujer
en la Maguana y la cubanía
de siboneyes y de acaguas.
Recuerda a los valientes que yo dí
huesos nuevos a la varonía
y perdoné al que robó en mis santuarios
el fuego del cristal y las rodillas.
3-2-1980
VIII. / Reprensión al Cacique Careta
<...! Toda tu pajolera vida has hecho
el zascandal, cacique ingrato.
Cacaracol...!>
XI.
Alegrémonos, porque hay música
para los hijos de la rebelión
y la voz trágica de Melpómene
latiga en Lesbos sus versos
y hay épicas caliópicas
y profecías del Nabî.
A veces, las musas no tienen gentileza
que a gusto veneremos; pero...
¡son todo amor y cantan con nosotros
como el padre que disciplina al hijo amado!
Con maithuna dan testimonio del exilio:
galut kodesh.
Lavémonos los pies con agua de poesía.
Evitemos el encubrimiento que el polvo
de la Tierra y el olvido nos provee.
Vayamos de prisa a los ríos
donde ella es ondina y sirena,
eco de infinita armonía.
7-17-1992
X. / La muerte de Saucedo
A los pies de Guarionex,
Saucedo dijo al agua:
Aquí se verbaliza la memoria
de la muerte, aquí has tronado
el texto de mi vida con las olas.
Y en mecánica del diario de bitácora
cesa mi navegar y la encomienda
que me diera la aventura de colono.
Canta tú, indio valiente,
con un poco de sal en tu mollera
y alguna lágrima que sobre de tus cuitas:
... aún los dioses guamikenas se fatigan.
Quedan inermes en los crucifijos.
Llueve en agosto, cosecha tú
en las aguas sagradas de tu pueblo.
Que sea mi llanto una corriente
en soledades sin camino, en barranqueras.
Que sea una canción más lícua que el arroyo
la que me diga adiós y me devuelva a la mar.
Que no sean los sudores amargos del indio
más condena, que se humedezca mi sombra
mi esqueleto precario: ¡soy sólo un hombre,
mortal como todos, como tú,
bajo el sol caliente y fatigante!
Has sido el cargador de piedras
para mis fortines, Caparra por tí existe,
pobre indio y Juan Ponce, con espada
ha gobernado tus dominios.
Cántalo con garganta de alba:
¡Me has vencido!
al apretar fieramente mi cuello.
Hundíste en canción de libertad
destino y porvenir, tu conciencia.
Tal vez por unos días me quedaré
con tus pantanos.
Subirán alacranes a mi rostro
y mosquitos encendidos me buscarán
en la miasma y en el limo;
o una culebra me tragará
ya seco como polvo.
Los gusanos dirán: Amén
y tú, en los areitos, recordarás
la hazaña, has desafiado un dios
y eres un héroe.
7-17-1992
XI.
Desde la batalla del Bing Bang,
vomitó el Tiempo al Cacaracol de los ríos
al lavador entre aguas, al hacedor
de peces y nereidas de la mar,
al que bautiza, con rumor y marejada,
el Oriente del Ser,
al que rima en tierra y cielo, su mañana,
al que fluye a los ríos del poema humano,
no a contra corriente, su anhelo de alborada.
7-17-1992
XII. / Gratitud de Cristóbal de Sotomayor
Ha sido una bendición que me quieras.
Había olvidado que nacemos
para alguna canción que vive cada vez menos oída.
¡Qué bien dices en qué consiste soñar
(si es que soñamos, Guanina)
el completo sueño que escondemos!
¡Qué bien amas si cantas
(porque conmigo cantas
y canto yo mi guateque porque me amas)
con obsesión equivalente!
Habíamos olvidado
(si es que olvidamos por completo)
que la dulzura no es mensaje difuso de la cara,
duda oscura y temeraria ante lo incierto...
Acaso si... fulgurante risa del amor ardiente
y el deseo que enciende rostros al futuro
y todas las pasiones visibles entre pueblos.
(Mira, mujer, que todos sirven,
turbios o felices, en sus motivos,
blancos como espuma, mestizos como fango,
como sean,
todos aman y dan residuales luces
e ironías al pasado,
o al hoy, o a lo que venga...)
Ha sido una bendición
tu corazón que comprende,
sin ninguna obediencia
al odio guerrillero.
No, ya aprendimos,
por la palabra de amor en nuestros cuerpos,
a optar el mestizaje y se nos pega la gana
amar aunque se enoje el mundo.
Somos desobedientes al amarnos
y lo que más conviene es sonreír.
Pide, Guanina, que nos sepulten juntos
al pie de un mismo árbol.
XIII. / De Lope de Aguirre a Cruspa
... No me tientan las fornicaciones y adulterios pues mi carne se aquietó tras la muerte de Cruspa, mi mujer: Lope de Aguirre, en texto de Miguel Otero Silva
Había olvidado que hay
(y siempre hubo)
tantas fantasías que la carne discierne.
Tus besos, por ejemplo,
que predican la realidad a los músculos,
la dulzura de tus endorfinas en tus labios.
¡Ay! pobres de los que no mencionan
que el amor existe.
Yo lo haré, Cruspa,
yo, porque te he amado
con el viento de marzo,
con mi pata coja,
con mis ojos fieros, abizcados,
con lluvia que me desvela
y sobre la alfombra verde del prado.
Tu piel es suave,
más suave que el mundo,
menos esquiva que la justicia,
el rey Felipe V y sus gobernadores,
el amigo en que confiara, Inés
o mis marañones.
Existes, Amor, haya palabra o no,
para identificarte
y voy sensualmente
por tu adjetivo y tu verbo,
por tu cuerpo de onda,
por tu ser y sus partos...
XIV. / Gaitiana
Para que entiendan que mis yalcones
no son cosas ni guijarros,
y que Timaná no es el nombre de mi estero
ni que con puro percibir se me ve o se ve a ellos,
la Vieja Zorra de mis días,
Gaitiana, la cacica,
prendió a Pedro de Añasco,
Capitán de Justicia Mayor de Belalcázar.
Le sacó los ojos con un puñal de pedernal.
Escupió su rostro y lo maldijo.
Lo arrastró como a costal de papas
por bateyes de la niebla
cuando la luna fue más clara
al canto de la diuca.
Puso a él, su dogal al cuello,
al él que tuvo poder y deseaba
la opresión del pueblo, los yalcones.
Pero mi Vieja Zorra del estero
tenía las manos rudas y filosas,
el hocico agudo y la cabeza ancha.
En 1540, yo fui una brasa en el tormento.
Me habían quemado vivo; de mí
no quedó ni dominguillo con que espantar
la muerte y la colonia; pero en la Nueva Granada
los yalcones me lloraron; como yo,
serían rebeldes, cimeros, indomables,
y fui, de turno, inesperadamente, el héroe
del Gran No, conciencia del destino.
Pedro de Añasco no tuvo tanta suerte.
Fue sedimento sin recuerdo
en el fondo del pantano.
Quisieron repartir mi pueblo en encomiendas
como útiles de oprobio, como cosas y esclavos.
¡Pero no somos eso!
¡Somos gentes,
yalcones, zorros viejos!
3-12-1977
XV. / No abandones a Guanina
Sé feliz, no por ellos,
guamikenas que vienen al rescate.
Sé jovial por tus ojos y roba
de la belleza de lo externo
hasta que permanezca cada taína en tu pupila.
Desnúdalas y ámalas que son la alegría
de lo creado, las melodías pendulares
que tañen y danzan con címbalos de infinito.
Que nada las oscurezca hasta que sean tuyas
en tus noches, totalmente tuyas, en orgasmo.
Después que mueras, ayudarás
a liberarlas con libertad sideral;
serás ángel taquiónico si las llevas contigo
a danzar en negros agujeros.
Mira que has de bailar hasta el fin de tus días.
Ellas te enseñaron a bailar en tu deseo
antes de meterlas en tus ojos y en tu alma.
XVI.
Baila, hombre triste, cada areito
sobre los pastizales del día postrero,
entre ninfas ovulares de gravitones
y luces que se rindan en la cama
sin tambores de señales fatuas.
Aprende que absurdamente
(y la vida lo parece)
la muerte es la libertad en plenitud.
Te hará crear lo que te falta.
Ya no habrá quien te diga que te zanjes
en fijeza de opresión,
en boca seca de discursos;
tráela aquí cuando te canses
de la tierra ajena;
pero invítala desde hoy
con ojos abiertos a la carne de mañana.
Cierra sus ojos sobre el tibio lecho,
sea tu propia carne.
Que duerma a tu lado
y te haga Dios con magia de su abrazo
y se desdoble como el Verbo en segunda
mitad de tu esperanza.
Come las estrellas
que están en sus besos.
Chupa el musgo
de sus senos suaves, su púbis húmedo
como charca de Urano,
rima en su carne, lodo de creaciones.
Amasa su fortuna, hedoneé,
con manos de ladrón.
Seduce su angustia con tus cinco sentidos,
punta de mazzal...
Si no es su cuerpo tu deleite,
¿habrá sustancia extensa, eros divino?
Hurta para ella el paisaje alternativo:
absurdamente como la vida es,
ella es la dicha
en tí y tú la dicha
en ella...
10-2-1988
Los areitos: Narrativa de la transformación
Another behavioral measure of fear has received considerable attention: the augmented startle response. When an animal hears a sudden, loud noise, its muscle suddenly contract. An especially strong response may even cause a four-footed animal such as a rat to jump into the air. The magnitude of the startle response is strongly modulated by fear: Neil R. Carlson
Ninguna bestia es más inmensa
que el ser asomado
al equinoccio de la primavera,
a la selva donde la ley es
Sál y encara el riesgo.
Los mares han sido ya el Akasha,
primordial ventana que se agita
en los comienzos, pese al miedo,
con la urgencia de forma
que a la vida concreta.
Ninguna bestia es más grande
que el fuego cardinal que enciende
a las galaxias con deseos de vivir
y dominar el vacío,
monstruos de materia negra.
II.
Graceful woman, prudent, creative and authoritative:
Fray Bartolomé Las Casas al describir a Anacaona
... pero Ella, flor de oro,
no fue monstruo negro con cadenas,
aunque fue ejecutada y malquerida
por extraños, deseosos de espacio vital
y oro pluvial en las Islas de la Sangre.
Ella fue el suspiro que canta en el areito.
Fue la bestia más hermosa por su forma;
tesoro femenino, curva y cuerda,
catenaria eficaz en las hermanas-islas
posesión deYocahu profundo, unificante.
Fue la dueña sin dueño, la cacica,
Ella, vencedora del terror, ensancha al mundo.
Da el sueño a todos los que sueñan,
pública o privadamente, a todos
entre dos pilares de la sangre cósmica:
narrativa, progresiva, explicatoria,
Cemí-Yaya, madre-Catenaria-totalizadora.
Ella discursa, persuade, dialoga y tramita.
Gran espíritu que abraza a las semillas
con la pulpa de su amor inmenso.
Ella fue, es y será
la que se expande cuando vibra,
o se silencia, o se distancia.
¡Ya-ya ya-ya ya-ya como mantra
en la garganta anacaóntica del mundo!
Ya había sido el fruto drupáceo,
una almendra, y el misterio, faríngeo,
la amígdala del alma,
el eco de las rosas.
En el velo del paladar fue
el ciruelo de los días, el jarabe
del endrino, el mordisco triunfante,
memoria de la overa y el durazno.
En las noches del areito, Anacaona
a la abundancia la llamaba Choreto
y para todos quiso una porción,
porción imprescindible; fue generosa.
Por eso fue la boca de la Yaya
y llamó, junto Mayobnabex, el cacique,
a los pioneros de la oleada y los bendijo.
III.
The central nucleus of the amygdala is the single most important part of the brain for expression of emotional responses provoked by aversive stimuli: Neil R. Carlson
A los grandes guamikenas
que irrumpieron a caballo,
izados con banderas de otros mundos
con la cruz roja en el pecho, por sus dioses,
les cantaba:
Soy la abundancia de Yaya,
el cielo repunteado por los soles.
En la pulpa del melón mi boca habla.
En el rojo ciruelo, en el durazno,
en el caimito, soy la voz con dulzura
y quien les besa y al que escucha,
agradecidamente,
doy mandato con el verbo Ocama.
IV.
Shema, yisröel
Oye, zote falaz, yayero,
criatura que a las islas llegas
con animales galopantes y ruidosos,
oye lo que desde la almendra
se dice por tu causa: Yaya no quiere
divisores, vomita de Su Seno
el ácido cianhídrico,
el adehíno benzoico.
Oye, dueño de macana de acero,
sanaco, tajalán, currundango,
danzante impuro y de ocultos cuchillos
que, por necesidad de ser activo
(y habrá que serlo, porque sin acción
no hay vida ni forma ni sustancia)
no venga tu ventaja en las cucurracas.
Yaya, el Invisible, ignora al mauloso
y al mátalas callando.
El llanto por la sangre derramada
se aborrece; el pánico en las veredas
se maldice; en la senda del bohío
tus perros bravos, carniceros,
son el terror, amígdalas cautivas,
nudos en las gargantas
de mis pequeñas liebres de Jaragua.
Ya se teme al ladrido de tus bramas,
a tus olores, a bestias de herradura;
tú subyugas, a pasos cucletos
y siniestros y tu ser será proscrito
y vencido en los montes.
Oye, Ocama que da Yaya:
Cada acusación será blasfemia.
No hables más a quien te dio su bienvenida.
Cada traición, a trompa y talega, sumará
aún más a tus infamias; Mayobnabex,
Bojekio y Enriquillo te resisten.
V.
Oye, Ocama, lo que Yaya hablara
desde el comienzo de los días y sus noches.
Oye su voluntad desde el primer encuentro
de su Ser con los hombres:
¡Qué dichoso es aquel que es amado
por los míos, aquel que toma riesgos, sí,
y se presenta, desnudo, transparente!
Su aventura es ventana de abundancia,
si la abre a la bondad unitaria del conuco.
¡En la inocencia comunal será bendito
en las islas-hermanas por mis hijos,
nobles taínos de Jaragua y Borikén!
V1.
Se llevaron a Caonabo a no se sabe dónde.
El, custodio de la luz de Anacaona,
fue primer confidente de su abrazo,
perpetuo cazador de su ternura.
Se robaron el fuego y su mujer da alaridos
y se esconde para que no sepa
la luna que está triste;
¿qué dirá la overa a las aves sin luna,
con qué palabras se acercará
a la tribu que a ella espera
si han robado de sí la mitad del cimiento?
Se llevaron al rey del hipocampo,
al que da su memoria identitaria,
al que instruye el quehacer
mi nación sea primero.
Han robado al príncipe en bando de despojo
y la faringe de Jaragua está sangrando.
Un nudo en la garganta es el lamento.
7-12-1991
VII.
Queen Anacaona was accused of being a traitor. In September of 1503, she was hung in the province of Xaragua.
¿Quién pudo ser Ella que el lodo se estremece
y burbujea el zoquite, con ojos
eruptivos y pelones, como lágrimas volcánicas?
Donde chapotea la Yaya misteriosa
se busca su cuerpo y no lo hallan
(¿dónde te has ido, Anacaona?)
Seguramente estás más allá de los horcones.
Eres más que llamaradas o cenizas.
Más duros son tus huesos que el ocote;
más oscuros tus ojos que la corteza de yaití
y la yesca que arde
como lumia reprendida por los soles.
¿Quién es?
Que la abundancia está choreta
de amargura, se filtra hasta el abismo.
Unas voces del cielo rumoran sin espadas
y, en lo más oscuro, una trompeta de ira
intercambia sus fotutos con la lluvia.
Un peón de llevanzas da su nombre.
Vino de la muerte y dice: Ocama,
oye tú, niña mojada y temblorosa;
ha muerto Anacaona, la han ahorcado.
Es ahora hija viviente de los ríos,
habitante de un árbol con su nombre.
Vé por ella.
Está hablándole a las ceibas,
junto al ombligo de su infancia.
Ocama de Yaya doy, Higuemota:
tu madre te sabe sin consuelo,
pero desde las semillas te llama.
Mandó a decir eres princesa,
vén, florecita de oro, háblame
desde los ciclos de los nuevos días.
VIII.
a Ana de Guevara, hija de Anacaona
... te hablarán de juventud y eternas fuentes
y riachuelos, ¡no les creas!
aunque vivas a su lado y entre curas.
Ellos morirán comidos por sus ácaros,
atados a dolor y guardan golpes bajos
y se arrugarán por la amargura
de sus memorias, sus carnicerías
y abundantes frustraciones y terrores.
Las impuras voluntades
sólo con honestidad, si con alma que da
su canto puro, solidario, se lavan.
Te hablarán sobre ciudades encantadas.
Sobre varones con colas en la rabadilla
y fuegos fatuos y fantasmas.
Con mujeres barbadas de tres ojos
con monstruos sin cabeza,
con endriagos con olor a achiote,
con niños de pelo cano
y el tamaño de ratas, con bazofia
de ese tinte mentiroso se entretienen.
¡A ninguno creas, hija mía!
IX.
Difícil fue para la Viuda de Caonabo
heredar a sus hijos de Maguana
toda la ausencia, todo el silencio,
toda la tristeza que produjo...
porque lloraron a ese varón
como a ninguno
y se lo llevaron, prendido de cadenas
y de garfios, enjaulado en humillación
hueso por hueso.
A su corazón lo amordazaron
con distancias, le instruyeron olvido.
El murió lejos del coquí y el guaraguao,
se fue y no se sabe en dónde
el mar se lo tragara, o se perdió en la niebla;
sabía ver con espíritu la fuga, hacerse libre;
él, que fundó una atalaya en el árbol
más alto, con pájaros y nidos
más remotos que los siglos, no ha vuelto.
El, que subió al mangrullo
junto al manacó de su palmera,
y que viera llegar a los raptores,
lo predijo: No serán para bendición
del pueblo mío; yo no quiero
que vengan guamikenas a mi cosmos
ni que entren a mis templos.
X.
While I was in the boat, I captured a very beautiful Carib woman whom the aforesaid Lord Admiral gave to me, and with whom, having brought her into my cabin, and she being naked as is their custom, I conceived the desire to take my pleasure. I wanted to put my desire to execution, but she was unwilling for me to do so, and treated me with her nails in such wise that I would have preferred never to have begun. But seeing this, I took a rope-end and trashed her well, following which sehe produced such screaming and wailing as would cause you not to believe your ears. Finally, we reached an agreement such that, I can tell you, she seemed to have been raised in a veritable school of harlots: Michele de Cuneo, 28 de octubre de 1495
Era una hembra de Xingú,
mezclada con acagua;
una mujer caribe con dos ojos,
grandes como almendras;
el miedo estuvo en sus pupilas,
y una sonrisa todavía en su boca.
Como no estuvo sola, matamos
al que huyó y la arrestamos en nombre
del primer Almirante de estos mundos.
Hicimos que besara un crucifijo
y dijimos: ¡Cristiana sóis
desde hoy, serás civilizada!
Y fue cuando el espanto se formó en su cara.
Escuchamos sus gritos y dijo con su voz
palabras que nunca comprendimos.
El Cristo agonizante le dio miedo.
Y temblaba.
En el barco, al pie de una cabría,
se la amarró del tobillo, la aquietaron.
Seguro que, en silencio, no fui yo el primero
en desearla. Otros allí le miraban el chocho
desde las botiondeces del gozo en bandidaje,
pero sí, yo, Michele de Cuneo, la bendije:
¡Que hermosos son sus muslos y sus nalgas!
Limpia y sedosa es toda ella;
su cuerpo es salvajemente apetitoso.
Como dos lunas plenas de los cielos,
sus pechos, como dos altares
de vestal romana, sus caderas.
Como a niña inocente
la tomaría en mis brazos.
La llenaría de besos.
3-11-1989
XI. / Manual de Cuneo para violar una doncella
Es la mujer caribeña
como la Sierra del Bohoruco,
extensión deliciosa con mil nidos,
picos que transmutan sus pezones,
explanadas que son el Cibao terso;
pero tiene su vulva salada
el Lago de Enriquillo, vellos
que son como alambradas,
como enjambres prohibidos por espinos.
Es difícil penetrar en las caluchas
del orgasmo mutuo,
en lo interno de sus cortezas de coco
dulcemente, hasta la pulpa;
hay que tener por lengua la jutía,
un roedor corazón que llueva en mayo
y desborde las lagunas de Trujín
con esperanza, con furia de su útero.
Cuando capture a una caribe que invoca
las regiones de Xingú, en cuencas del Sur
del Nuevo Mundo, aprenda del Manual
que escribo, el ars amandi;
la violencia dionisíaca de mi cingulum,
porque yo batallé con esas náyades,
conozco los secretos de su estupro.
Son hembras, paralelas a las costillas
de cualquier varón, agigantado.
Hay que ir y buscarlas en los areitos
aunque siempre andan desnudas por los montes
y, de espaldas a Ovando, seducirlas
y lanzar 70 caballos en sus rías,
trescientas tropas a sus cuerpos.
22-11-1989
XII.
al Cacique Guarocuya, alias Enriquillo
Cuarenta tropas se quedaron
a cuidar los restos de la Santa María,
cuarenta hombres que tenían en la espada
el terror del mundo, toda prerrogativa
de placer oscuro y de escándalo.
Vivieron en cuarentena la distancia
de la humanidad básica del hombre.
No expresaron consolatoria castitatis,
sino que se lanzaron como fieras
sobre las taínas desnudas de los campos.
Del honor de los varones de las islas
hicieron mofa, con noción
de vanidad viripotente, el invasor
ultrajó pureza, tolerancia, convivencia,
todo dharma y devoción
y los hombres sanos de aquel mundo
in desesperadum
se organizaron por 14 años
y combatieron al intruso.
7-12-1991
XIII. / El domingo trágico
One tragic Sunday, after lunch, Comentator Ovando ordered his troops to move. Troopers in their 70 horses, and 300 soldiers, were waiting. Anacaona believed that they were getting ready to prepare a demostration of their skill in the sugarcane game. She went over to the troopers and asked them to dedicate it to her her tribe. The troopers agreed. They asked her to take the tribe to the bend of the river because they wanted to speak to them... Everything was forseen when Nicolás de Ovando, Governor of the Spanish Islands, wore the symbolic, golden medalluion. They tied the tribe to stakes by the bend of the river and burnt them! Some Tainos took managed to take the Queen out of the mass execution. All that could be seen and heard were blood and loud scream... If any Taino would jump onto a horse to save anybody, they were immediately killed. Eighty Taino leaders were slaughtered.
El areito es la guerra santa de estos siglos.
El oye del Ocama es mucho más que propaganda.
Aquí la vida del futuro se decide.
Aquí comienza la confianza a hacerse amarga.
Oye aquí, en su silencio, la muerte de la noción
de vanidad y raza, oye el no taíno
a don Diego de Arana, al Fortín de Navidad,
al cadáver y escombros de la Santa María;
los naufragios en Haití no declaran
vade in pace; al contrario.
Vayan con la muerte tronzuda
es lo que dicen en favor de la viuda que heredara
su cacicazgo en Maguana, vayan con los cadáveres
de ochenta taínos horadados por espada;
vayan con el engaño del medallón sagrado
que Ovando se esparciera por su pecho
como burla a este pueblo
que le confió la inocencia
y la confianza.
XIV>
1. / Réquiem
a Lope de Aguirre
Esta es la vida en escala,
la existencia, la historia, las palabras
en la anonimia sedienta de ser,
en el hambre de actos.
Yo sé que el camuflaje
es un modo de vivir, quehacer
inauténtico y constante,
¿lo será por siempre?
La vida ha sido la cadena
del viejo Ayer Brutal que se pervive.
Una jerarquía de inquisición y truhanería.
Mas sepamos: ¡hay corazones
que se queman vivos,
unos porque la tortura o la hoguera
ya les fue recomendada;
otros, porque herederon su mundo
en crudo incendio,
con poco amor contiguo!
II.
Ya es difícil robarse la ambrosía.
Quitar su fruto al árbol del consuelo.
Sacar del hambre su última esperanza.
Decir Placer, eres mío.
Los potentados se apropiaron del Olimpo.
Con ojos de gacela y lengua de sierpe
todo y otro tanto y todo tiene dueño.
Cada espacio es ajeno.
Cada ruta es prohibida.
El Tártaro se ha vuelto: soledad cotidiana.
La campiña es el templo de expiaciones.
Arrojado está, sumergido hasta la nuca
en charco de perpetuaciones,
el pobre corazón que, en selvas
de Turingia, pagano de los montes,
a Venus cantar quiso, iba cantando.
Se atrevería a adorarla,
a desafiar los cuchillos.
El sueño de El Dorado se ha olvidado.
Lope de Aguirre diez mil veces ha muerto.
Están torcidos, proscritos, perseguidos,
el golfo y los pilluelos, el poeta y el anciano,
los que robaron un pan y son mendigos,
atorrantes que huyen, orgullosos que sufren.
El pordiosero está en el camino de la noche fría,
deprimido, enfermo, incomprendido.
El Olimpo es su cementerio de zanjones,
hospicio de colmenas y de cárceles,
sanatorio de anonimias y recelos.
3-2-1986
III.
... El afán de dominar, terremoto que quiebra y resquebraja todo lo ruidoso y cavernoso; el que arrollando, retumbando y castigando rompe las tumbas barnizadas; fulmínea interrogante planteada al lado de las respuestas prematuras: Federico Nietzsche
Una vez
(imagino que en Tracia,
pero pudo ser en Bairén o El Chaco
con los encantos de los puros mandalas
me lancé a liberar, a generar el orden,
a dirimir lo disperso y lo trunco.
Una carroza tirada por panteras
me dio pies y como soles
las ruedas con los pasos trillaban
la parva; destrocé a cuenta propia,
limpiadoramente cuanto pude.
Con mi danza de bambuco
lo temido, se amenguaba
y en tablas nuevas servía
sus engramas
la gloria del cambizo.
No hay peor saber que no querer...
Yo era el guerrero victorioso
y ante la visión de cada principio
dictatorial, explicativo,
al tirano barrujo metafísico
lo tendí con quello amarillento.
Quebraba a los bribones
y los sanaba por entero
con linfa de mi perspectivismo.
Yo fui Dioniso mismo,
hijo del orden que refulge
estruendosamente en arquetipos
más allá de la palabra mentirosa
del trueno y el relámpago representativo
y fui la pequeña luna, deslumbrada
que rompía sus cadenas, ¡ay, la madre
semeluda, apetitosa de infinito!
IV.
Les dejé mis canciones
y ménades y sátiros y el nuevo yo
que sabía pensar y sentir y querer
aunque la guerra ciega de la sangre
fuera el rebenque y el tumulto...
Los dioses de Lampasaco bebieron
del vino de mi nombre y arrecharon
sus nabos y sobre la Tierra
se frotaron entre zarzas
contra el revejido fantasma
del junco lastimero... porque
fui la energía del juego fecundante
y la palabra nueva y el quejido
y el dolor de parto.
Yo soy el que rechaza lo apolíneo.
7-6-1978
V.
¡Tantas veces has muerto!
Y por eso me habituaste al olvido,
a no extrañarte, a no quererte,
a verte muerto y vivo
al mismo tiempo.
El ente que desde tí dijo: Existo
es falso, aún vivo es la muerte, soldadesca.
El pretexto de matar
e irse matando en este absurdo
radical, contingente, inexplicable...
Su existencia precedió a la esencia
del encuentro conmigo, pero...
te empozaste y al verte desnudo
dije: ¡Qué horrendo sóis,
cómo te llena la muerte sin futuro!
Te negaste la salvación del para-otro
que es la ama del comando y vive
por más precario que seamos.
Pusíste oídos sordos
y mudez ante el quererse.
Echaste la potencia al vacío y al desgaste.
16-5-1982
VI.
Ahora estás sólo como cazador
que busca en vano
la presa que robaron los flamencos.
Ahora Carlos V te bendice.
Puedes aplaudir a los captores del Milanesado.
Puedes saquear a Roma y conquistar
Perú, Chile, el Caribe y la Amazonia,
exorcisar a brujos de la fe luterana;
Fernando y Felipe II se llamarán tus rivales
y, en el fondo de tu ser, soñarás el fratricidio;
ahora eres casi soberano,
con las manos derramadas como garfios
circulados en las mares como naos.
Cañonazos fabricarán tu nombre.
Con espadas te inundarás
de apellidos y señores.
Contigo el Ultrasistema se deifica.
Todos los materiales de la caza
a tus pies llegaron, han besado
tus manos y construyen los cielos platónicos
de tu ira, tu celo, tus cimientos absolutos...
VII.
Cazador, mira la liebre que teme a tus ojos
porque ha visto los firmamentos y sus nichos,
montes que tiemblan bajo las estrellas,
cumbres donde habitan las fieras
junto a lirios y otra vida
más inocua y cándida.
Arquero, recuerda la campana
bajo la epiglotis.
Respira hondamente, pero flecha
tu blanco con saeta de incisiva misión,
comunicante. Eres el guerrero
... no lastimes al hombre que sueña
como el ave su inagotable abundancia
de espacio, selva, paraíso.
¡Caza, caza, por la casta de los nobles!
¡Navegante, la fe la puse en tí!
Tu boca es viento marero
cuando el frescachón conspira
contra las velas menudas y nerviosas.
Tú que has visto demasiados caminos
y, con certeza de que todos se duelen
en palabras, se ríen y delinquen
con sandez de impuros oleajes,
tú que oyes la marisma de la fantasmagoría,
vaticina nuevas islas, textos de porvenir,
historia de corales y de estrellas,
luz desde lo más recóndito y profundo
de la mar secreta, la imaginación lícua.
¡Ven a cantar con pulmón de montes
y pájaros, cazador, desmiéntelos,
ágil liebre, osuna fortaleza;
y saca el corazón, lleno de voces
y reparte arterias como ríos,
vertidos sobre tu frente, marinero
y tú, arquero, pon el ojo
donde la hermosura pide
la visión ardiente
y equilibrio y rigor
y pasión
y temple!
1-12-1982
VIII.
Me subí a tus ojos.
En tus pupilas enclavaste el relámpago
y, en constante nostalgia del secreto,
lo buscaba en tu mirada.
Para dispensar el secreto,
vida mutua, poco a poco, estás conmigo.
En la tribu de las moléculas
más tersas y lipoides, estás colaborante
y yo amo cuando te derrites,
y das tu flujo, otros pequeños seres
que me aman y sigo por ello,
navegante por tí, atento a los faros,
a la luz de tus ojos.
3-5-1985
IX.
Sin embargo, al describir el areyto, o danza con recitado que vio en 1515, en La Española, recordó que esa manera histórica de comentar los hechos históricos y de conservar sus tradiciones, era parecida a la de los viejos romances españoles de los que él, que tenía la mollera llena de ellos, menciona algunos. En las costumbres de los indios, por bárbaras que sean, encuentra rasgos parecidos a los conocidos en la historia de Europa. Sentimiento, más que prejuicios, no le dejan comprender las costumbres indígenas: Enrique Anderson Imbert al evaluar a Gonzalo Fernández de Oviedo.
La liebre se llamaba Anacaona.
La buscaban por las sínsoras del monte.
Preguntaban por ella a las cañadas
y al fondo de los ríos, por igual:
¿será acaso zorzal o jilguerilla
la que canta y se asoma
a las noches con tamborines y maracas?
Por arijos donde crece el maíz,
la bija del achiote, la yuca
y se esparece el olor de retamas,
olfateaban su huella; se creyó, lo imaginaron,
vérsele citada por un eclipse de luna,
el más oscuro.
Varones de arcilla roja navegaron
desde Tapajós, la vieron en las islas
de Valientes Señores de la Sangre;
la oyeron en cada areito, su voz estaba
viva, transmigrada, eco renovado
en cada eco, Flor de Oro, Anacaona
la voz-hija de lo Eterno.
En los carcavuezos más hondos
del peñascal se estremeció su sombra
y se dijo: ¡ya la vimos, la tenemos!
¿Será acaso ella la que escapa?
¿Será que va en la nube,
cimarrona de repente,
o es el viento, arquegonio abierto
sobre helechos, vulva de musgo,
cabalgazón de tierra y cielo?
Es que su amor encendió
su imagen de hermosura
con la voz de las olas.
No fue cierto que huyó; no se va
del Xingú, nido nativo, la viajera unitaria.
Su corazón es caríaco, no se fue ni se irá nunca.
Regresó, más bien, con el boechío.
Se volvió a la Jaragua junto al pueblo.
Fue a comunicarles muchas cosas
porque todos vieron llegar los invasores.
X.
Con su esposo Caonabo recibió
al Navegante, recibieron el alba
junto a las carabelas.
Tenían los dos tan limpias sus miradas
que no sospecharon con Ovando
la traición a las puertas,
al cazador con el agio en los ojos.
2-12-1981
X1.
No se olvide el asesino
del inmediato mundo circundante,
el que empuña remisión y tira piedras
y esconde la mano...
no se olvide...
quien reinventó el puñal por jure bellis,
la espada para el hurto y la opresión,
premeditadas,
del ser-acompañado y el ser-acompañante,
que con el útil que se halla en el cohecho
no se olvide
también se coencuentran a la mano
los quienes victimados,
otros para quienes
la traición y el golpe bajo se destinan.
A las mutilaciones, con su aviso,
cobarde, vaporoso, seguirá la pregunta:
¿quién amenaza, hiere o asesina?
¿Quién, con mañas de lobo, es quién se esconde
y usó el arma y atormenta y reincide, canallesco?
No se olvide que hay quien quita el yo
y se huye del destino y son los proveedores.
A expensas de la muerte, en secreto organizados,
ejecutan la amenaza, fundan sus escondites.
No escaparán impunes, no,
aunque sólo trafiquen en las sombras
con los portadores de la muerte innecesaria.
Criminales hay que jalan el gatillo,
pero hay peores: los chingaqueditos;
genocidas intelectuales que autorizan la hecatombe.
Con sueldos de sus arcas, sufragan el crimen.
Con justificación verbal, lo enaltecen.
No se olvidará su delito, no,
ni al cómplice en la sombra, más lobuno.
En el útil se sobreentiende el para qué
y en el asesino, por igual, se precomprende
la remisión del productor a portadores.
En el olfato va obsequiada la pista de la burla,
y los zorros del desfiladero,
desenmascaradores, catan huellas.
18-4-1980
XII.
1. / Cabeza de Vaca
(Al) ... verme tan extrañamente vestido y en compañía de indios... estuvieron mirándome mucho espacio de tiempo, tan atónitos que ni me hablaban ni acertaban a preguntarme nada: Alvar Nuñez Cabeza de Vaca (1490-1557)
Tú eres, sí, criatura humana.
Y aún cuesta creerlo.
Lo eres, Alvar. Estás sediento
y golpes te han marcado el dolor
con sus señales y el vómito de sangre
te desgaja con muecas, con angustias.
Tiemblas cuando ves el pan colgado
a ese cuerno de luna, inalcanzable.
Estás desamparado y nuestros ojos
se aflijen, jerezano, precisamente,
porque tus manos aflojaron el rebenque
y lo dejaron caer cuando nos víste.
Te sitiamos en la noche; te vimos
a distancia por hitos de los soles;
aún no sabíamos si llamarte
el magro fantasma de la tarde
o si eras hombre, a pie, cubierto
de rojizos vellos y barbas.
Antes que un bocado vino tu flacura.
Estás desnudo y la fiebre se acomodó
en tu vientre, tus mejillas, tu rostro;
atrapamos tu falo y gritó el miedo
desde el fondo de tus gónadas
(¡no quieres ser castrado!)
Fue así que lo supimos.
Eres un hombre.
II.
¿Dónde naufragaste, hombre
de pálida piel y de ojos claros?
¿A qué vienes, por qué dejaste tu navío?
¿Por qué se alejó de tu cuerpo tu caballo?
¿Por qué conoces los vocablos oscuros?
¿Desde qué voz del espíritu murmuras?
III.
Dí vino y dad, divinidades.
Es un trago sabroso, díme, indio,
¿qué pusíste en mi boca?
Con la emergencia de estos trapos
me has vestido; pero, te enseñaré
una palabra de mi idioma: Gracias.
Te diré, por igual, que la divinidad existe
(sepultada está a veces por caprichos.
El olvido conspira y sepulta al paraíso).
Jamás sufre la inocencia con la sed
con que yo he sufrido; al contrario,
la sed insaciada, la que busca el agua,
es condena del que está en aprendizaje.
Enséñame otras palabras, Gran Cacique,
y házme que baile junto a tus naturales;
yo sólo pediré tu vino, tu deleite.
Dí vino y dad tu potencial
de creador puro; yo,
por cognición primaria, te imitaré
(y no seré una bestia definida
por el sucio empirismo).
Tu dulce fruto lo informaré a Carlos V.
Diré que vives en viñedos de poesía
y que conozco tus Lagares y Tus templos.
3-6-88
IV.
Cabeza de Vaca es el primer español que pierde el control de la situación histórica en que se embarca y se deja moldear por los aborígenes: Ilán Stavans
Yo soy quien soñó el paraíso
para tu gloria y mi gloria, Rey mío.
Salí en 1527 rumbo a La Florida
que Juan Ponce de León
creyó una fuente de juventud
y de alegría, no su tormento.
Yo te serví en la Batalla de Ravena
y como alférez en Gaeta,
en las afueras de Nápoles.
Desde adolescente estoy en las milicias.
Con Pánfilo de Narváez,
el tuerto barbirrojo, quise ver mundos
y otra cosa no ví, sino huracanes
en el Cabo de Florida.
En una isla, en las costas de Texas,
se me olvidó mi nombre, yo,
que alzar cabeza quise, ví
la pobreza comiéndome el pellejo
y mi libertad molida a palos
por desconocidos, mis prójimos
del mundo; entonces, comenzó
mi vida errante en ese sur tan seco
y caluroso que te describo aquí,
árida zona, seis años sin sustento.
Pero un día se me dijo:
Regresa ante tu rey y da razones.
Dí vino y dad...
¡Eres un hombre! ¡eres indio claro
desde el fondo de tus ojos!
Sobreviví sin la espada sangrante
por ventaja; he cantado y danzado
con extraños, supe estar a solas,
y cazar con buey de cabestrillo.
Yo soy el fugitivo de los climas
diversos y ejemplares, sé acerca de hierbas
y flores y lagartos, ví los búfalos
y las zarigüeyas, el Mississipi y Pecos;
probé el puré de piñón, la yuca
y el casabe, me alimenté con semilla
de mezquite; yo curé enfermos
con mis manos
y saqué la fe de mis adentros
y ví los huracanes del Caribe
y son fieros demonios escondidos
que, en agosto, navegan sin barcazas.
V.
Los relatos de Cabeza de Vaca y Conrad ilustran que el colonialismo no es una ruta feliz; que finalmente causa violencia y odio y el choque de las culturas diferentes: Iván Stavans
Yo soy el niño jerezano
(que quitaba las cabezuelas al vino
y separó las heces del lagar del sueño).
El que, descalzo, anduve en aras de Manoa
y, quien en motín de intrigas,
después de servir a tus proyectos,
a espaldas de tu nombre, fui golpeado
por una horda de intrigantes de Irala.
Por envidia, en cadenas,
me llevaron a lo oscuro.
Me arrojaron al destierro.
Me internaron en Africa
y arreciaron tu olvido.
Yo, Adelantado de tus tierras
allende el Río La Plata y el Chaco,
fui juzgado por malagradecidos
y Domingo de Irala me burló,
me maldijo sin creer el mensaje
que te diera para que se hiciera virtud
de tu nombre y Nuestro Mundo:
El indio es el hermano del descalzo;
alimenta al hambriento
y al desposeído, te hace libre
cuando estás en cadenas,
te aloja y te proteje
si andas fugitivo.
9-6-88
2. / ¿Dónde cayó el huevo del mundo?
Llamaré a tu corazón Luna,
porque no parece Razón el alma tuya;
no señora del poder lo que meditas
desde Cáceres, metido en ese rincón
de sombras del Monasterio en Yuste.
No. La razón tiene secuencias dialécticas,
se mueve un paso más allá del capricho.
Y tú, al contrario, retrocedes, reactivo,
arbitrario, torpe, transido de penumbras.
¿Dónde cayó tu corazón?
No. Tú no lo sabes, aunque quieras
ser justo, noble, comedido, Gobernante.
Eres la misma fiera que suma su codicia;
tú, represor de comunidades castellanas
y germanías de Valencia.
Como Francisco I, el galo primitivo, eres.
Demasiado sol hay en tus manos frías,
demasiada lunas para saber
de sus contínuas transiciones,
¡ay! de tí, hijo de Felipe I de Castilla.
Como la misma horda de los turcos
te filtras en los cielos nuevos de la tierra,
invasor, depredatorio, expansivo.
Sol y luna se te irán de las manos.
3-2-1987
3. / El extranjero
El extranjero
de las sombras de los otros
es el invasor que escupe,
maldice, aterroriza.
Su alarde desconcierta
y aparta a quien le sigue.
El más humilde al verlo piensa:
Es un intruso.
El más valiente arguye
con los puños cerrados:
Es rival, enemigo.
El sol llegó.
Invadió las sombras,
pisó fuerte en Castilla,
dijo que vino a iluminar
y sacó el rayo del bolso
de los cielos.
Quiso moverse entre las nubes inmensas,
pero las aguas fluyeron como ríos siderales
por otras direcciones. En sus ojos,
sólo había pantanales y la luna
estaba ahogada en el lodo de su fondo.
El extranjero llegó.
Pidió respeto, pero las germanías
de Valencia chapotearon en ira
y, desde Aragón y Castilla,
maldijeron su nombre.
II.
El extranjero se creyó dueño
de toda valentía; a todos dijo:
¡Sóis cobardes!
El miedo, ya que él es el derecho
internalizado y egoico, por el cual cree
que inventa al mundo, en los otros existe.
Nunca en él. Decretó pues la obediencia.
Quiso que el ajeno prójimo le bese las polainas.
El extranjero sale del Absoluto
y es el rey para el rey que está consigo.
III.
El extranjero no tiene calidez
No es generoso. No bendice.
Nada tiene que dar, según sus cuentas.
El vino a recibir, a lucrarse
aún con lo que jamás será suyo.
En su viaje solar por otros universos
no dejará que otros, los ladrones,
esquilmen sus alforjas.
Dice él que ya para sí
se robó el fuego del Olimpo,
y que para sí tiene escritas
las Tablas del Destino.
Hay que verlo en su tránsito cósmico
y temblar con sus pasos, rendir a él
pleitesía. El es el héroe y nadie más.
El siervo no debe aborrecerlo.
IV.
Para escombrar lo nuevo y lo desconocido,
los invasores se sumergen en la fe
y en las charcas y el abismo.
Se cuelgan a los nombres de pioneros
como a lianas; revientan al caballo
entre peñascos y senderales de tupidas selvas.
Dan un adjetivo a todo con sus bocas
boquilleras, charlatanas, maldicientes.
En sus gayolas, así creen, todo cabe.
En su asombro, todo se comprende.
Son la Gran Legión de la Ambición,
a sangre y fuego, los hijos extranjeros
del Unico Valiente y Absoluto.
V.
Róbalo todo, sí...
lo mínimo y lo novedoso que irrumpe
en plenitud siglo a siglo.
Maximiza, aprusiana, habsburgueriza.
Haz todo magno, carolingio, hispánico,
imperial, anglofílico.
En nombre del Estado determina lo Unico,
su heredero de prendas, lugares y utensilios,
su continuado imperio de cursos idolátricos.
¡Harta de alimento, progreso, beneficios
en los espacios vitales y seguros,
al perro hambriento de la nobleza fiel,
consolada, pretenciosa, civilizadora,
sin que ninguno pueda creerlo todavía!
Despliega el Espíritu absoluto
que con la historia ladra su apetito.
Haz de la Humanidad la Gran Ramera
sentada al trono de formas coactivas.
A cada realidad concreta da cimiento.
Endéchala (porque van a darle golpes
en cada fundo y trasero que ella tenga)
y la prostituirán aún más... ustedes,
sus custodios, sus fideicomisarios.
Con jaurías de Grandes Hombres y Proyectos
van a pedir lechiga entre sus brazos y sus besos
los que siempre ofrecen consignas enjundiosas:
Orden, Sociedad, Nación, Mundo, Universo...
¡Hazlo, avanza de una vez!
pues si vacilas diré lo que no quiero:
¡no me quites el Mí Mismo,
porque que, sin él, me envileces y destruyes!
¡No me prives de mi rabia distintiva, no!
¡Mis cantos son mis zorrunas carlancas!
8-4-1986
VI.
Los modos de explotación
(el robo racionalizado, apetito
cada vez más intenso de codicia
y seguridad amparada por la fuerza)
se abonaron con pretensiones arbitrarias:
superioridad cultural,
eficacia inclusiva,
rendimiento óptimo.
En el área vital de sus depredaciones,
el ladrón se ha atrevido a convivir
con su presa, se asoma
con sus lugartenientes y sus cómplices,
trae consigo al verdugo al lado de su diestra.
Para adaptarse a ellos,
despojados de su hazaña, sufre
los enojos de los pocos.
Traga saliva ante el impertinente.
Del uno insatisfecho,
crítico del acto imperdonado,
sofoca sus lamentos, ríe como valiente
siendo valepoco ante su alma.
6-2-1982
VII.
Siempre farsantes hablaron por tí
y nosotros, tus muertos malvestidos, somos.
Por gusto de llevarnos la contraria,
¡peleamos y conquistamos y morimos!
¿y qué sacamos?
Autoritarias cortes
de Trastamaras, Habsburgos y Saboyas
y gentes con voces exquisitas,
sin gratitud alguna, han dicho:
sóis plebeyos, gañanes,
mirad al cielo,
esperad en rodillas,
y así olvidamos, como pueblo,
que más vale saber lo que conviene
que hallar belleza intelectual de sabihondos
y cortesanos que escriben en latín
sus idioteces, o en versos italianos,
y el hatajo de sus vanidades
ya son manifiestos babiecas
y me dan asco...
12-3-1977
4. / Etogramas de Cabeza de Vaca
Quien no bendice
con el sol echa su bronca inútilmente;
con lunas en las noches, rivaliza.
En lo oscuro se peleó con su semilla.
En los cambios no hallará la luz idónea,
la costilla del encino como lumbre.
Maldecir siquiera es ser varón,
más bien, higuera estéril.
El no hallará mujer, la mina
de su ayuda en el ovario,
Será páramo yermo en la cosmogonía,
y comerá del mendrugo en el camino,
tan a solapos, seco, amargo.
Quien no bendice
fatigado amanece, escarnio es
de sí mismo y de la madrugada.
En cambio, el que bendice
en la memoria de las células crece
y otras viandas sonreirán a él
cuando esté hambriento
de ley y vida perpetuadas.
Bendecir es cumplir la ley sabrosa
de los panes, multiplicar la providencia
en cada esfera, asomarse
al infinito y al misterio,
a pesar del parentesco biológico
del hombre con la bestia.
2-6-1979
II.
Clima del que he nacido, sólo tú
instruyes mi cuerpo, me desnudas
o me das el vestido; eres el primer maestro
a quien adeudo mis prendas y mi abrigo.
Tú ordenaste al Sol: Da a mis hijos
la sombra que proteje, su unción
bajo las alas del árbol, su presencia
en la espiga; cúbrelos con tu aliento;
inspírales la aguja y el telar, los utensilios.
Yo bendigo el suelo, la espesura
o la intemperie del monte
y el barro húmedo, y aún el frío
(hostil, en apariencia, del desierto y la estepa).
Bendigo a mis pies, la semilla, todas las bijas,
y al escorpión y a la culebra, anaconda
o cascabel. Bendigo al huracán y la lluvia.
Y a la ventisca y al viento del Sur,
a ríos menguantes, a la pradera estéril...
¡Yo sí, las bendigo! lo mismo
que a los pozos escondidos
y al dátil a paso de camino.
... porque yo triunfaré con el pez
y el fuego que se cosechará, tan fielmente,
con mis manos, y sé que el suelo,
arenisco o blando como arcilla,
consejeros son del trajín y la angustia,
voces profundas y hermanas de mi tiempo...
III.
Se ha dicho al Sol que bendecimos:
da a mis hijos de ojos oscuros,
que son mis llamas
en el fondo oblicuo del abismo,
las cuevas de su esperanza; pón
en sus corazones, ambición y artilugio,
socorre su diseño, su inventiva
ante los cambios lentos de su medio.
Geografía es sólo la física paciencia de lo Eterno,
mirada azul de la alborada, pero ellos,
mis hijos breves y evolutivos, serán
en mi Eterna memoria, las fuerzas productivas,
la dialéctica de mis ángeles solares y sagrados,
mis tesoros lunares transformados,
el paso de lo cuantitativo a lo cualitativo.
6-3-1978
IV.
¡Qué felizmente me bendijo el espacio!
Hizo que yo sea dueño de raíz,
hermano del riachuelo y el árbol y el volcán
a la distancia y del monte marginal y arisco,
al vilo del crepúsculo, amigo, y que lo viera,
ausente como Infinito extraño
y, aún quererlo así, divisor activo de mi predio.
Un misterioso Otro, callado.
Nunca intruso.
Jamás hostil o enemigo.
Sí, entonces, yo sabía
que el pedacito de espacio de mi tala
es mío, camino íntimo, sanguíneo, a mi conuco.
Fue, ha sido, será eficacia biológica
que yo marcara cada uno de mis pasos
con huellas y dijera: Soy de aquí,
codueño de mis duendes cotidianos;
soy feliz, cosocio del bohío.
2-5-1988
V.
Yo selecciono mis hembras y mis charcos.
Tengo secretos, rituales y mitos.
En secreto me baño con la taína de los ríos
entre peñas de pizarral, calato.
Junto a los hijos de mi sol, alterno
con el vuelo de mis pájaros y cemíes.
Mi territorio es simple, breve, tribal,
¡pero qué feliz soy; qué feliz
me hizo la isla con su espacio cósmico!
2-5-1988
5. / La selva oscura
A mitad del camino de la vida, hallé
la erranza, selva oscura
que pudo ser mi monte de palabras,
casa en el soluto de la historia.
Yo bajé al desfiladero creyéndome
viajero de Florencia y un poco dios.
¡Extranjero, invasor, Adelantado!
En algún instante santo y pío,
imaginé que soy el soldado mortificado
por las muchas miserias de mis días,
el lobo de la estepa que aúlla
e imagina su Ultratumba por capricho
y el añorar del cielo purificador
y las danzas con Beatriz,
la ninfa del estero.
II.
En algún paraíso quise hallar
quién soy y serlo,
añorar también como los viejos zorros
a Beatriz, mi Musa, mi Reina, mi sustento.
¿Dónde fui a buscarla?
me pregunto con incrédulas palabras.
Allá, donde aún se lamenta
y se adeuda certidumbre,
donde el clamor se vuelve
sed de salvación y rito.
III.
A mitad del camino de mi vida,
te hallé y eras el ritmo de mi propio corazón
y eras el movimiento
y el afán por desarrollo necesario.
Eras mi noche en la pupila
y tú, que pegas en mis ojos, Beatriz,
y yo yendo, avanzando, resuelto
con soberbia; así te ví y supe lo que existe.
IV.
Baja al charco
donde no hay ambición desmesurada,
me dijíste, que tu cabeza sea
como un pez nervioso, manso,
huidizo de ese Yo despótico y dogmático.
Cada encuentro con el encanto,
misterioso e inefable, que vuelva
a comprenderse desde las aguas
del puro movimiento y no sea sangre
ni empeño de dominio.
Entonces yo fui el pez
en el fondo del pantano.
V.
Beatriz siguió danzando.
Esta vez estuvo fuera de los pozos.
¡Que feliz me sentí que pensé,
¡ay dichoso yo! mi ser de azogue,
encantado en plenitud, tan vivaracho!
Entonces, vino la fiera de la Envidia
para atormentar esa alegría.
Con puñales me cercaron.
Y quise ser soldado nuevamente.
VI.
¡Es que la Cura se manifiesta en el Besorgen!,
así me dijo ella. Los cuidados necesarios
mientan a los otros: eres, al fin y al cabo,
ser-en, ente con tratos
con lo que son-ahí-también.
¡No estamos solos! Somos lo emergente.
El miedo de perderte,
la amenaza latente de los otros, Beatriz,
te imaginó arrebatada nuevamente.
Ida, tragada en nueve cielos móviles
de la Maya, dije: ¡Te he perdido,
finalmente, para siempre!
Te hundíste en el Empíreo inmóvil
donde ya no se puede codiciarte.
Esta es la fiera impura; no te engañes.
Que no creas que te amo si te amo.
No me codicies más, házme libre.
Voy a estar en tus voces, no en tus egos.
Yo no vivo en las selvas del capricho.
Vivo en la sustancia de tus necesidades.
6-12-78
V.
a Carlos V, Emperador del Sacro Imperio Romano
No se necesita el Edén ultramundano
ni la Edad de Oro de las fábulas.
Basta que alguno entienda
que no hay pobreza voluntaria
ni pecado surgido de la Nada.
Por cierto, el bienestar general
es comunidad eterna, misericordia.
Clamor profundo del corazón bendito.
Las necesidades naturales de los hombres
y mujeres vienen y van
a veces impredecibles, casuales, súbitas,
pero, en la mayor parte de los casos,
son creadas por las acciones
de verdugos, salteadores,
déspotas, codiciosos virulentos,
piratas en naves que dominan los mares,
partidas de canallas que a Dios invocan
desde altares puritanos con espadas,
desde sotanas y tronos
de sacras alianzas
con el terrorismo.
2-5-1987
6. / La Santina
La Vírgen se cubrió la cara.
La sangre que avanza por afluentes
fluye de Dobra a Ceres,
con su tercio de fuerza humedecida,
en los vientres clavada,
y por el fuego de la aldea, lamida.
En Covadonga se asoma por testigo
una niña del campo, flor perdida,
y el aroma lo llevará en sus ojos
y el tallo de la flecha como rayo.
Ella, con voz apagada, temerosa,
dijo su nombre al moribundo
que a su paso se hallara: Santina.
Tras un árbol de tarache, al que llaman
los cristianos, tamarindo, ha visto
el combate y llora, la virgen es
que cubre su rostro puro y llora.
Se están matando los hombres
que habitaron el vientre inocente
de la madrugada, se va menguando
el poder del moro Alcana.
Don Pelayo es caudillo de Castilla.
A su alcolea, se irá. Este es su triunfo.
También él vio a la intrusa y preguntó:
¿Es la ninfa más dulce que las flores,
se sentirá vulnerable en el valle de la muerte?
Ella cerró los ojos al moro chinchoso
que gemía e hizo que la media luna
boqueara su suspiro y se escuchó
el trueno del súbito sosiego.
Santina huyó por el ruidajo,
miró al cielo con gesto inolvidable...
y la pólvora que hediera se fue
con la sangre y la agonía.
El residuo de 20,000 tropas rivales
también huyó, desvanecido
como el relámpago que se metió en los ojos
de Santina y, es un milagro.
En Covadonga llovizna dulcemente.
Don Pelayo se lleva este recuerdo,
victorioso, y aún pregunta:
¿Dónde se fue la niña?
5-1-81
7. / Rezo de Torquemada, el Inquisidor
... el sistema inquisitorial mantuvo a España en cadenas
por trescientos cincuenta años: Angel Alcalá
Yo, Tomás, creo en Dios,
mi Rey, y creo en el dios que hay en tí,
Fernando, y en la iglesia que te ama
porque del celo de Dios eres rey
y, por mi boca, amparas la gracia y la fe
en Castilla y Aragón.
Tú guardas al que cree en Dios y en tí,
pero entiende esta noche,
no todo el mundo ama con calidad
de gracia y fe, hurtan a Dios,
al Rey y a mí, celoso Inquisidor.
Yo, Tomás, te suplico que no vaciles.
Tus ovejas se fugan del redil
y con marranos comen de tu pastizal.
Entonces, deja que se vayan con su vanidad.
Aléjalos del puro sentimiento del Amor
que Dios, el Rey, dispensó en tí, mi rey,
y que, por boca de mi rezo,
yo guardo como al Fiel.
II.
Echalos de aquí, junto al jefe del Erario,
Abravanel que, por algo Alfonso V
lo echó de Portugal, él es íncubo,
corazón veneciano, cuervo
para las noches venéreas, sin Dios.
Guarda en tu puño real a los viejocristianos,
aún no contaminados con la simiente
de rabinos inaceptos para el Fiel de Judá.
Líbranos de las aljamas judías de Castilla
y de protegidos del Duque de Cardona;
escóndenos la cara del regidor mendaz,
Pérez Coronel y que no se repitan
los crímenes del Obispo converso de Segovia,
Juan Arias Dávila, ni el asesinato del ángel
de La Guardia, en Toledo,
porque judíos y conversos
están en conspiración
e invocan fórmulas mágicas
para destruir la Cristiandad
y el rey que Dios guarda en tí.
III.
Yo te confieso y te fortalezco
cuando me das tus flaquezas
y te glorifico, Fernando, cuando
a Dios pido por tí, mi dulce amado rey.
Escucha:
Mándalos al Africa o a las Indias.
Una voz de ángel dijo:
¡Que se vayan, que se vayan,
y que troquen aún sus ricas casas
por los asnos de sus partidas
y sus viñedos por una manta
o sandalias para sus caminos!
¡Que se vayan y lo dejen todo,
porque 300,000 de ellos viajarán a pie,
así lo quiso Dios, y serán otros 333,000
los que abrazarán el bautismo con mentís,
o saldrán una vez que sus corazones
sean pesados en la balanza del Oficio Santo!
¡Tu Oficio, oh Fiel!
Abre tu puño, déjalos ir no por las monedas
de Abravanel, no por las ganancias del Erario
que compensará a tus nobles aliados.
Déjalos marchar, de un confín a otro confín...
¡por la fe y la obediencia de Dios
que es la que alimenta tu mandato!
Que yo, en nombre de Dios, te justificaré.
IV.
Fernando, el ángel dijo más...
porque ha de ser Tu Reino la envidia
de los mundos: expúlsalos, sin misericordia,
y que se vayan con las manos vacías
(porque sólo el corazón debe quedar lleno
y Dios ser su abundancia y lealtad,
su signo servicio, tributo a tu trono).
Ha de ser Europa quien redima a Israel.
Como fue tu mandato para la diócesis
de Teruel, Albarracín y Saragossa:
¡Mátalos, quémalos, tortúralos,
júzgalos, házlos prisioneros!
como en la Guerra de Granada
y vélos como a infieles.
En Málaga han sido infanticidas
de La Guardia y burlan al Cristo nazareo.
No tengas pena por los tornadizos,
en apariencia, conversos;
pero cuyo corazón sigue como hollín
del infierno; sufrirán como perros,
así Dios lo quiso, pero volverán de rodillas,
sumisos, blanqueados, aceptos de Dios, al fin...
5-3-1989
8. / Utopías de Vasco de Quiroga
Para defender a un inocente nunca falta elocuencia a un hombre de bien:
Manuel Tamayo y Baus
Tiene el indio y lo digo
(donde mis ojos ven su alma)
naturaliter christiana,
bondad feraz, noble instinto hospitalario.
Con sus manos el valle reverdece.
Con humildad tan limpia el sol
de la mañana prevalece.
El afán es productivo.
El alimento sabroso
como fruto de labios inocentes.
Vengan a verlos, reverentes, simpáticos.
Los invito a las milpas; verán
que junto a mí no hay esclavos.
Hermanos míos los llamo,
cristianos a derechas, hijos
de la Iglesia Primitiva.
II.
En Tzintzuntzan hasta el niño
se place con los rezos.
Se persignan con sus manitas
y suman al trabajo.
Sus voces son la alabanza,
gritos al Infinito.
Unicamente los bárbaros,
de pelambre gachupina, gente
de ojos azules, beatones,
a ellos esconden de Dios
y los humillan.
Sin embargo, yo bajé la isla Utopía
de los altares, deposité los candelabros
en la arcilla, robé el fuego de la fe;
a todos los llamé espíritus de Dios,
vasos de barro, ángeles en la carne.
En hospitales, les dí misa;
la utopía de mis hurtos es
la esperanza de los pobres.
El campanario los convoca.
¡Y ellos son felices, libres, anhelantes!
La Santa Fe se hizo práctica en su suelo.
III.
Venga, Fray Juan, Zumárraga bendito.
Usted, primer Obispo y Arzobispo
de esta tierra, Nueva España
de los diablos blancos, codiciosos,
esclavistas de hueso colorado.
Dígales misa a ellos,
que los tengo reunidos y callados.
Misa y sermón a los que piensan
que los indios no son racionales,
a los que citan a Aristóteles para aducir
que, por naturaleza, son esclavos y salvajes.
Haga que pidan perdón a Dios
y al reino de los hombres.
IV.
Oidor de lamentos he sido,
bendito sea el que oye.
Quejas recibí de los hijos
del destiempo y el látigo.
Los despreciados del mundo
lloran y gimen, se me acercan.
De la primera Audiencia de la Nueva España,
yo he sido Oidor, la oreja compasiva,
la voz de los silencios.
Yo escribí la Doctrina para los indios.
Soñé su mundo salvo del Mal Mundo.
Viví el renacimiento. Ahora
Uruapán me recoje en su mortaja
y estoy triste y temiendo.
Y la muerte se presenta de repente
y cantan, junto al indio, tecolotes.
A Pátzcuaro se va mi pensamiento.
Allí dejé un colegio.
(San Nicolás, apíadate de corazones duros
y proteje esa Luz, dáles conocimiento).
¿Quiénes harán las escuelas para el indio?
El tiempo pasa y Zumárraga ha muerto.
¿Quién, oh Padre Santo, dará continuidad
a mis desvelos? ¿Quiénes, Padre mío?
V.
Yo lo ví morir, se fue primero.
El fue enemigo del formalismo monástico.
En los claros de su día, vimos
al hombre, al cristiano concreto.
Por saberlo mi amigo, Doctrina breve
en mano, yo me lancé a los montes,
busqué los pobres, defendí al indio manso,
despojado y hambriento.
¿Qué habría hecho sin tí, Zumárraga,
erasmista preclaro, luz de la Iglesia?
¿Cuál destino, por tu causa, tendríamos
si Fray Las Casas, también se está muriendo?
¿En qué manos diabólicas, corazones
archiescolásticos, dejaremos la isla de Utopía,
esa que ha sido el predio hermoso,
la Sión terrenal con que soñamos?
11-3-1983
9. / Styx
a Juan de Castellanos
... abhorred Styx, the flood
of deathly hate: Milton
Sospecho cómo se habrá acumulado
el odio hasta enjutar los huesos
de esa mirona ultramarina,
cuyos ojos dejaron de llorar
y de verme, me olvidaron.
Sospecho su voz de carraca
y cómo espanta a gritos al viajero
y al carpintero de ribera que la ve.
¡Adiós, España, que voy a decirte
como Juan de Castellanos:
soy español de América
y me río, con versos al itálico modo
ante todo lo que hacen tus ilustres,
rancios y viejos caballeros
que ni aplastar apenas la rebelión
de Enriquillo pudieron.
Déjame jactar, ya estoy muy viejo,
con el sol como pegoste en mi mollera.
Ya soy un criollo despreciado
y he sido todo: monaguillo,
pescador de perlas, soldado,
aventurero, gozador de indias.
¡Párroco, embustero!
II.
a Doña Isabel de Guevara
Vinieron los hombres en tanta flaqueza que todos los trabajos cargaban las pobres mujeres, así en lavarles la ropa, como en curarles, hacerles de comer lo poco que tenían, limpiarles, hacerles centinela, rondar los fuegos, armar las ballestas cuando algunas veces los indios venían a dar guerra, hasta poner fuego en los barcos, y a levantar los soldados; porque en ese tiempo, como las mujeres nos sustentamos con poca comida, no habíamos caído en tanta flaqueza como los hombres: Carta de Isabel de Guevara (1556)
Será una zorra del pantano
(y por mí, bien querida)
la que ha llegado aquí y cofundó
Buenos Aires y te escribe, se queja.
¡Qué cruel es el olvido, zorra amada!
Será una que no quiere
(quien te escribe, Doña Isabel de Guevara)
que se perdone a sublapsarios de koiné
y vomitan junto al Adán, pobre lombriz
en Río de la Plata; dijo a la Princesa,
Gobernadora Doña Juana, que llegó
con Pedro de Mendoza y ha visto
desde entonces, sólo hambre, faenas,
calamidades, guerras, matazones.
Esta zorra será quien testifique
que el asco más traidor se lo dieron
a guardar y de las altas esferas de Jove
o Jahvé no han visto nada bueno.
Ella no ha olvidado la Caída del Adán:
lo han tirado al pozo donde habita,
arrojado con el plan y maña de excluírles.
Lo han dejado a sus pies
como si fueran ellas
las mudas balseras de los dioses.
III.
... el Odio aún dice:
¡No tiren los muertos por mis campos!
Mi vieja como un eco lo repite.
¡Que sea la última vez!
Será que echaron carroña
y aún vomitan en su ser,
será que los reprende ese Styx
que fluye como muerte...
Sospecho que aquí, donde vive la zorra
con patas de dunguey,
se lanzan los cadáveres,
entes proscritos por su rebelión.
Aquí se escondieron las matanzas,
se censura, se da de objeto a objeto
el aviso de todo padecer.
Lo sabemos porque,
desde hace pocos años,
en 1569, está el Veedor de Sangre.
La Inquisición, los Diablos Blancos Supremos.
A Ginés de Sepúlveda Las Casas
le dijo sus verdades y los teólogos
de seres puros y perfectos
lo oyeron estupefactos
y le enviaron sus demonios de celo.
La CIA española, el FBI del falso Cristo.
Sí, señor Fernando de Oviedo,
seño