Comevacas y Tiznaos: Las Partidas Sediciosas en el Pepino de 1898 / Comprar
Por Carlos López Dzur
12. España se fue de bruces
Echeandía Font tenía razón al aludir como autor de las coplas a Joaquín Barreiro, gallego independentista, que tenía una revista humorística, El Carnaval, en calidad de editor y director de la misma, donde Carmelo Cruz, Epifanio Méndez y el fino poeta Ramón María Torres, hicieron travesuras literarias anónimas y atacaban el régimen, por lo menos, en los albores de la historia literaria de San Sebastián.
Barreiro fue acusado ante las tropas españoles de instigar sus ideas anarcosindicalistas, colaborar con las Partidas Sediciosas y sabotear los telegramas de la Oficina Local de Telégrafos a su cargo. «Un títere manejado por Cabán Rosa». [1] Los informes dicen que Barreiro, telegrafista oficial de Pepino, se pasó a las líneas americanas y evitó así el arresto.
Las décimas que se le adjudicaron a Barreiro dicen:
Bascarán se está riendo
de que Soto se cayera,
pero el golpe verdadero
ni España lo perdonara;
Rodríguez mandó la Cruz * (Roja)
cuando el Guacio se creció
y ante las aguas crecidas
el cobarde se juyó.
España se fue de bruces
en el Vado de Zapata...
( ...incompleta...)
En la casa de Cirilo,
lo mismo que de Olivencia,
Osés a Soto le dijo:
sóis cobarde, sinvergüenza,
y verte quisiera yo
como al gringo de la jeta...
Por lo que estos versos son importantes es por confirmar que Juancho Bascarán fue testigo de varios incidentes de extraña conducta entre la oficialidad militar que, posiblemente, motivarían su retiro de la alianza colaboradora con los españoles. Ilustraría que Carmelo Cruz estuvo enterado del resentimiento colectivo contra las tropas invasoras (de ahí, vérseles como 'al gringo de la jeta', verso contrapuesto al que hablara sobre el 'americano como hombre caballero / que tiene fuerza y dinero'. Aquí habría que recordar que este trovador supo sobre un incidente trágico ocurrido durante la estancia de tropas americanas en El Tendal; un soldado estadounidense que limpiaba su arma mató accidentalmente uno niño pepiniano que curioseaba por el área. El ejército pidió una disculpa ante Rodríguez Cabrero; pero aún así se produjo mucho encono en la comunidad. [2]
El resbalón sobre el puente (que fracturara huesos a Soto Villanueva) se hizo símbolo de la burla colectiva a la caída del régimen («España se (iría) de bruces»), tal como Soto. Los versos captaron la memoria histórica de las gentes, lugares de combates y desencantos anímicos. Se aludió a Olivencia, el alcalde ex officio de Utuado, que hospedó a Soto cuando sufrió la caída.
En una ocasión, por ejemplo, cuando Osés planificaba la retirada en casa de Olivencia y habiéndosele ya concedido el mando, al Soto Villanueva solicitar que «se le permitiera seguir en una camilla a la cabeza de la columna para no caer en manos enemigas», el Teniente Olea, en gesto más audaz y leal a la lucha contra los invasores, dijo que: «Más que en la retirada, debemos pensar en enfrentar al enemigo y dar lucha en Las Marías, donde la gente está intranquila».
Se refería a que había oído ya sobre las quemas y robos. Durante el calor de la discusión, Antonio Osés habló despectivamente de Soto, acusándole de mentir sobre sus heridas y amenazándole con dejarlo. La madre del alcalde, que escuchaba en otra habitación, tomó valor e intervino al oir las alegaciones de cobardía que se echaban unos y otros: «Cobardía es que abandonen al jefe herido y que, para peor deshonra, lo hallen escondido en la casa del Alcalde».
El Teniente Olea accedió a que se le llevara, pero que no fuese la tropa la que se distrajese «en los menesteres de cargarlo».
Olivencia pidió que dejaran algunos hombres con su madre porque temía a las acciones de las partidas y Bartolomé Mayol y a José Lorenzo Casellas, funcionarios municipales, en propiedad, «no se les halla por ninguna parte». La razón: «se habían pasado al bando gringo». [3]
Al arreciar unas lluvias al siguiente día, Soto Villanueva se alojó con la familia Blandín y no quiso salir más, sino a rendirse.
Varios guerrilleros murieron en la crecida del río Guacio y le dijeron a Soto: «¿Cruzas o te quedas?» y él no se hizo de rogar, cuando ofrecieron llevarle al lugar seguro.
Sobrevivir a la guerra provocó una actitud renuente y esnobista. Sería un suicidio enfrentarse al invasor que, con sus hechos, ya había probado que abatiría muy fácilmente a naciones mayores que la isla. Las declaraciones de Pascual Cervera para la prensa española, alegando sus pocas «esperanzas de superar con nuestras escuadras» las mismas proezas de Dewey en Manila bastaron, es decir, al medirse equitativamente la capacidad técnica del poderío naval norteamericano con la naval española, ya se tendrían las señales del comportamiento que, por sentido común, se vería entre los paisanos en la isla. No hay loco que coma lumbre.
No fue cobardía que los españoles lo comprendieran, mucho menos que, en sus niveles locales, en las colonias pobres y aisladas, los milicianos lo apalabraban con actitudes confirmativas.
______________
Notas bibliográficas
[1] Entrevista con el Lcdo. Pedro A. Echeandía Font, loc. cit.
[2] Entrevista con Manuel González Cubero, octogenario a la fecha de la entrevista, realizada en su hogar de Pueblo Nuevo, del 19 al 23 de octubre de 1977.
Notas.
[3] Echeandía Font, ibid. y sobre Juancho Bascarán, véase:
PARTE 2 / 1.
11. El trunco ajusticiamiento de Soto Villanueva
10. Las veleidades de Soto Villanueva
9. Los juegos del gato y el ratón
8. La Proclama Miles y las esperanzas
7. El país en la incertidumbre
6. Revanchismo y confrontación
5. Una oportunidad de romper con el pasado
4. La guerra hispanoamericana
3. La simpatía por Cuba
2. Un tema ignorado y censurado
1. Introducción
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