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Por Carlos López Dzur
9. Los juegos del gato y el ratón
La mayor parte de los informes sobre la ubicación de las fuerzas españolas y norteamericanas que circularon durante tan críticos días, como fueron del 11 al 15 de agosto de 1898, tendieron a ser falsos, o rumores malintencionados. En Utuado, otrora bastión de haciendas cafetaleras y uno de los más prósperos, por su infraestructura, durante el gobierno español, las defensas militares sólo pudieron reclutar a unos 20 guardias civiles para proteger al pueblo. El comandante de la guarnición, el Teniente Ulpiano de la Hoz, ordenó la huída de sus tropas a los primeros informes sobre el desembarco de tropas estadounidenses en Guánica. «Utuado se utilizó para echar miedo. Si las tropas invasoras entraron al centro de la isla, se las movería para cualquier punto para hacer jaque en pueblitos y quitar a los alcaldes, o hacer matanza de sediciosos». [1]
Una de las tácticas de las partidas campesinas (para mantener a ambos ejércitos fuera de los puntos en que se harían ataques) fue ésa, confundir a los enemigos. «Entretenerlos en el juego del gato y el ratón» [2]. Ocupado Utuado por 75 tropas de la Compañía de Voluntarios de Wisconsin, por regimientos de infantería de Illinois y Massachussett y casi el centenar de voluntarios piertorriqueños, anti-españoles, que respaldaban al General Stone, las partidas «se comunicaban con los gringos para dar razón de operativos españoles; los querían enfrentar, pero, ¡que va! nadie quería verse las caras, o pelear en medio de lluvias y matorrales». En Pepino, un militar estadounidense mató, por accidente al limpiar un rifle, a un muchachuelo que hurgaba de costumbre en el campamento y, en medio de la tensión que el incidente produjo, no se produjo la reacción de encono que los agitadores esperaba como había miedo y la soldadesca española no quería dar la cara. [3]
Una guerrilla de 50 hombres o voluntarios a pie que, contrario a muchos españoles, conocía bien la ruralía, estuvo infiltrada entre las tropas de Soto Villanueva. Al mando de esos 50 guerrilleros estuvo un líder campesino, Juancho Bascarán, que ni quiso cuenta con los gringos ni con los peninsulares, y que tenía contactos con las fuerzas del cambio entre el campesinado del interior, entre ellos, Fermín Montalvo, Adolfo Babilonia y Flores Cachaco. [4]
Soto Villanueva recibió por vía de un telegrama unas órdenes estrictas del Gobernador Manuel Macías y Casado de que llevara consigo todo el equipo posible para contribuir a la defensa de Arecibo. La inminencia de la Toma de Arecibo por tropas invasoras urgía más que cualquier hecho y se pidió que el equipo de campaña y cuarteles confiados a él llegaran a Arecibo en el menos tiempo posible.
A Soto Villanueva, el fatulo defensor del Oeste puertorriqueño, Macías le dijo que avanzara con los encargo por tren, en hito de mayor premura. Alegando, con anticipado temor, que podría ser cañoneado por el mar (sic), Soto Villanueva partió a Las Marías, pueblo que no tendría más importancia estratégica que Arecibo, si la prioridad se señaló como apoyar eficientemente a la capital, según un plan agresivo de España contra el invasor. «Las Marías era como boca de lobo, callejón sin salida; área mala para esconderse si lo que se quiso fue huir. Esta plaza fue buena para hacerse rendir» [5].
Quizás, en aras de tal salida, Soto Villanueva dispersó, por igual, una parte de sus hombres por Maricao. [6] «En este juego del gato y el ratón, ¿sobre que lógica se justificaría meterse en Maricao, perder el tiempo allí? La capital fue lo que estuvo siempre en juego» (ibid.) En la bifurcación de Los Consumos, camino que corría por la derecha hacia Maricao y, por la izquierda, hacia Las Marías, la columna española de Soto Villanueva hizo alto en la finca de cafetales de la familia Nieva y cuando el administrador de la hacienda le informó sobre cierto monte y camino por el que llegarían los norteamericanos, si es que vendrían, él apresuró fingidamente su salida, antes urdiendo su conveniente accidente, con el que se excusó para librarse de responsabilidades, según testimonios Montalvo y Echeandía Font. Sí, al cruzar sobre un puente, camino al almacén de café donde pensaba esconderse, se cayó por accidente. «Y se hizo el gallo bobo para que lo cargaran».
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Notas bibliográficas
[1] Citas textuales de la Entrevista con el Lcdo. Pedro A. Echeandía Font (1900-1979), realizada en su hogar en San Sebastián, 10 julio de 1975, y Entrevista con Pablo Arvelo Latorre, loc. cit. Este confirma el origen venezolano de esta familia e informa que Higinio Arvelo Vélez participó, con Venancio Hermida, en la introducción de los consell de riepto, una institución catalana, ilícita a la fecha, que propició desafíos a duelo de pistola en los campos de Mirabales.
Echeandía Font nació 13 de junio de 1900 y murió el 17 de diciembre de 1979. Tuvo una de las primeras boticas fundadas en el nuevo siglo.
[2] Ibid.
[3] González Cubero, loc. cit.
[4] Por informes obtenidos, el líder guerrillero Adolfo Babilonia Quiñones provenía del cercano pueblo de Moca, hijo de Francisco Babilonia Acevedo, ex-Alcalde de Moca en 1841 y los (Flores) Cachaco, o también Casaco, de Añasco y Quebradillas. Cf. véase Rubén Sánchez Babilonia, Moca. Notas para su historia (1986) y mensaje del genealogista Ernesto N. Chiesa en Puerto Rico Query Forum, publicado el 23 de julio de 1999. En cuanto al ataque a Jaunarena Azcue, según Rechani Agrait en su artículo Las turbas, ya citado: «Corriendo el tiempo, cayó preso por este suceso un tal Cachaco de Quebradillas que, en el hospital de Arecibo, ante el Juez don Ricardo Lacosta y el escribano Aureo Sánchez, señaló como instigadores para cometer esas fechorías a un Juez Municipal unionista, un Alcalde unionista y un sargento de la Insular Police unionista» (p. 31).
[5] Por otra parte, es importante la observación de Montalvo al mencionar a Flores Cachaco, en vez de Casaco como apellido. El término cachaco se utilizó en la isla para describir a españoles de buena posición económica en la zona campesina, lo mismo o, en sentido inverso, a españoles reaccionarios. ¿Quién realmente fue este personaje? ¿Fue Cachaco su apodo? ¿Sería un hacendado rico, de pronto empobrecido por la estructura de explotación, o uno que, por descontento, se involucró en una partida antiespañola?
[6] En su libro Boceto histórico del Pepino, Andrés Méndez Liciaga, el mismo hijo de Avelino, líder de las Partidas Sediciosas y residente de Hoya Mala, condenó a las mismas por sus excesos de sangre y quemas; sin mencionar que su padre estuvo involucrado en ella. Obviamente, despachó este tópico con unos breves y discretísimos párrafos. El sabía que, no todos los componentes de las Partidas, estaban motivados por un bandolerismo criminal, sino que muchos de estos insurrectos se sentían los catalizadores del nuevo proceso político y, con el tiempo, se educarían para ser parte de la nueva sociedad. Adolfo Babilonia se convertiría en un educador destacado del pueblo de Moca. Miguel A. Babilonia sería Alcalde de 1902 al 1910.
Comtinuación
8. La Proclama Miles y las esperanzas
7. El país en la incertidumbre
6. Revanchismo y confrontación
5. Una oportunidad de romper con el pasado
4. La guerra hispanoamericana
3. La simpatía por Cuba
2. Un tema ignorado y censurado
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