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Dennis Ávila (Honduras)


propiedad conmutativa
Horizonte
Hija pródiga
Reverso del viaje
Ausencia



propiedad conmutativa



De aquí para adentro
la casa es mía
tengo luces, sombras
humanidad y lobos.

Creo en el llanto
soporto mis descuidos
y soy pleno devoto de algunas utopías.

Salgo en los días lluviosos
entro y me arde el sol en la memoria.

Quiero alcanzar los ochenta años
vivo

y tiendo a reír amargamente
si he llorado túneles.

De aquí para afuera
el mar es el cielo aterrizado
los caminos son el curso
del ejercicio y del descanso
andan las cosas cotidianas
como el subsuelo de la mente
y se apetecen las orillas
que no requieren gradas.

De ahí para adentro
mi casa también es tuya.



Horizonte



Tantas veces salí a caminar sin camino
sin llegada
con todo irrespeto
preferí de las calles solas
la falta de concurrencia
o la concurrencia a mi modo
disfrutando la soledad a cada rato
porque en lo corto de mi historia
he sido serenamente olvidable.

Muchas veces debiste andar en tu camino
con llegada
con todo respeto
preferiste de las calles solas
la abundancia de concurrencia
o la concurrencia
a tu modo
y a su modo
disfrutando la soledad
y la compañía
momento a momento
porque a lo largo de la historia
sos inolvidable, sin cansancio.

Hoy salgo a caminar
no sé qué camino aún me espera
pero la llegada en gran parte
llegó con vos.



Hija pródiga



Agua que sí he de beber
acepto tus escombros cuando vengas
acepto arrodillar mi lengua ante tus ruinas
yo te doy los zapatos, la piel del amor, el susto
/ de una herida
el salvaje silencio de cada pupila mía que te
/ encuentra
la civil ternura de mis dedos fieles a tu tierra.

Sólo mi brújula reconoce
el orbe gastado de tus fiestas
con el resfriado de cada minuto mío que te espera
estornudando los últimos segundos
que me quedan de garganta
aunque el tiempo con que emprendas tu viaje
sin distancia
sea otra vez la lágrima que acabe al frío
para que besen en tus labios la mejilla
en mi causa que se apura.

Antes que te vayas quiero decirte
que de nada te sirven tus países mentales
las ciudades, todos los inocentes pueblos
con su claro espesor de idiomas mudos
yo soy el que te regresa las sandalias
cuando las calles se descalzan en tus pies
tantas veces que camine tu recuerdo escalofriado.

Aclaro que tu corazón tiene en sus venas
lo más cercano a mi espuma
por eso acepto bañarte tantas veces vengas
y a limpiarte los oídos
con el algodón de estas palabras.

Es mi llamado protegerte
con tu lluvia y tus calores
hija pródiga de idas y regresos
porque acepto que seamos infelices
lo presiento:
me cansé ya de amores adoptivos.

Esta es la guerra que tiene a la paz
todo este tiempo entre sus piernas:
las veces que fui feliz
caminando hacia tu nada.

En todo caso sos un ángel
y estas son mis dos heridas:
el inicio de tus alas.

No vuelvas pronto. Te saluda
un verdadero corazón en sus pedazos.



Reverso del viaje



Le saco la lengua a la gloria y a la derrota, mientras veo un avión cuando rompe el crepúsculo que se confunde con Las Rocallosas.

Me entero en este instante que habito en una palabra.
Y me resulta imposible perder las montañas de mi memoria natal, mi Tegucigalpa en su agujero. Aquí extraño los disparos de mi ciudad, por ejemplo, las balas ardientes de tus ojos viéndome.
Un hombre no es sólo un bulto de palabras. Sólo un hombre, una mujer, digamos, soporta este sol del norte que nos llega con horarios de tercermundista luna. Mientras tanto me saquean la paciencia, caigo . en la trampa de sentirme seguro... soy un hombre libre: voy preso de mis alas.
Lo único que quiero es un poco de terreno, un espacio de cielo, algo que tema perder.
Estamos entrando a tierras hondureñas.
Soy un sueño hecho irrealidad



Ausencia



Pensar que uno es el hombre
que un día despierta a la par de una mujer
y ella está más humana que nunca
y uno está más despierto que vivo.

Saber que éste es el instante
en que las miradas chocan
y ahí las paredes indecentes de luz
y por allá las ropas.

Volver a las estaturas a lo largo de los cuerpos
y otra vez estas pieles descalzas
estos mismos aparatos digestivos.
Hombre y mujer
de pronto dos ríos arrancándose las aguas:
a esto se le llama dos ángeles caídos.

Se hace el amor, se hace el odio
pero antes del amor
todo un mundo de cosas aburridas
que después se lloran a solas en un cuarto.

Prehistoria del deseo, post aniversario de la culpa
dejemos las cosas en paz, estos son los tamaños.

Y pensar que uno es el hombre
que otro día despierta a la par
de lo que llamaremos ausencia.






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