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Roque Dalton (El Salvador)


TE AMO

Todos los días bajo todos los climas
en todos los lugares
te amo.

La mañana surge de pronto en las ventanas
y me incorporo lentamente desde la tibieza,
con agua fresca curo las heridas del vino,
y te amo.

Con nada de lo que me circunda hay desacuerdo
pero contra todo ello te amo.

y en la vida me hundo
palpo nuevas palabras nuevos gestos ajenos
en el sol de la calle alzo mi arrasada frontera.

Te amo.

Vuelvo a la soledad y te amo.

Inútil todo lo demás.

Te amo.



CANCIÓN DE CAMA

En la proa del grito la rebelión del sueño.

Y la del cieno.

Pero frente al relámpago en las cocinas ciegas
de la ciudad en el amanecer desconocido
sólo la sombra del olvido y los desechos
del amor
el del viejo ése
el mantenido de la titiritera.

¡Ah la ruta viscosa de los sátiros
padres de toda ceremonia!

¡Ah la mugre en la sábana
madre despatarrada de la fiebre!

¡Ah la serpiente asida del reloj!

Y la canción como una gota de agua:

"En la noche de los niños
el gallo canta
un cirio rojo súrgele
de la garganta."



ME VOY

Me voy.
Me acuden las palabras
y las piedras
y el aire.

Beso los vituperios y la hierba,
acostúmbrome a odio, amo la lucha,
mato a mi hermano si mi hermano mata,
reivindico la música del pino,
lo noble en la lujuria nupcial,
tomo las manos de los hijos incrédulos
y los llevo al espejo a escucharse la sangre,
huyo de las espinas que me amaron,
me reconozco obligatoriamente al despertar,
paso revista a los fervientes huesos
que soportaron mi existencia de ciego,
me pregunto por ti, recuerdo tu hambre,
te robo un mínimo puñado de dolor,
camino después de hoy, os amo a todos,
os amo a todos, caminad conmigo...



AYER

Junto al dolor del mundo mi pequeño dolor,
junto a mi arresto colegial la verdadera cárcel de los
hombres sin voz,

junto a mi sal de lágrimas
la costra secular que sepultó montañas y oropéndolas,
junto a mi mano desarmada el fuego,
junto a mi fuego el huracán y los fríos derrumbes,
junto a mi sed los niños ahogados
danzando interminablemente sin noches ni estaturas,
junto a mi corazón los duros horizontes
y las flores,
junto a mi miedo el miedo que vencieron los nuestros,
junto a mi soledad la vida que recorro,
junto a la diseminada desesperación que me ofrecen,
los ojos de los que amo
diciendo que me aman.



PREGUNTAS PARA VIVIR

¿Quedarse más acá de la palabra?
¿Reestrenar la coraza indiferente que desde el polvo estable
alzaron los abuelos contra el abrazo múltiple?
¿Violentar la pupila muy a pesar del alba?
¿No defender el surco de vegetal preñez,
su futuro de pan que anuncian lluvias áureas?
¿Caer
después de adivinar,
o ver,
o conocer?
¿No dar la mano ante la mano, el pecho
ante el fusil?
¿Llorar?
¿Convencernos el brazo antes de conquistar la empuñadura de la espada?

¿Regatearle a los himnos su vasija de carne,
sus ecos conturbados formando un genital ascendimiento?
¿Callar?
             ¿Callar?



DÍAS

Hay días en que las negras soluciones
nos caen en la vida, como tormenta cruel
y el corazón apenas
logra sacar al sol sus múltiples preguntas.

y porque crucificados en la mayoría de los árboles
nuestros pasos encuentran que la arena termina,
que ante la piedra hiriente sólo cabe la fuga
o la alfombra de sangre que podríamos dar,
surge de nuestra cárcel ese pequeño miedo
que nos trae a las manos un grito por vencer.

Hay días en que se creería
que bien vale la pena detenerse,
retroceder al sueño,
morirse simplemente
con la facilidad de un ave volando sobre el centro del mar.

Esos días heridos, menos mal, se corrompen
y es desde la plena muerte en que nacieron
que se fugan a tiempo
para salvamos la vergiienza y la paz.

Se vive, a pesar de ellos,
aunque se viva de prestado,
aunque sea derecha la mano que se extiende,
la lástima que damos,
aunque el único puño
espere en las espaldas de la sombra su palabra y su tiempo...



LA POESÍA

El hombre de los ojos iracundos preguntó: ¿Qué es la poesía?

El hombre de los ojos limpios
mirole profundamente, sin proferir palabra.

En su mirada había poesía.



LOS LOCOS

A los locos no nos quedan bien los nombres.

Los demás seres
llevan sus nombres como vestidos nuevos,
los balbucean al fundar amigos,
los hacen imprimir en tarjetitas blancas
que luego van de mano en mano
con la alegría de las cosas simples.

¡Y qué alegría muestran los Alfredos, los Antonios,
los pobres Juanes y los taciturnos Sergios,
los Alejandros con olor a mar!

Todos extienden desde la misma garganta con que cantan
sus nombres envidiables como banderas bélicas,
sus nombres que se quedan en la tierra sonando
aunque ellos con sus huesos se vayan a la sombra.

Pero los locos, ay señor, los locos
que de tanto olvidar nos asfixiamos,
los pobres locos que hasta la risa confundimos
y a quienes la alegría se nos llena de lágrimas,
¿cómo vamos a andar con los nombres a rastras,
cuidándolos,
puliéndolos como mínimos animales de plata,
viendo con estos ojos que ni el sueño somete
que no se pierdan entre el polvo que nos halaga y odia?

Los locos no podemos anhelar que nos nombren,
pero también lo olvidaremos...
















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