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GABRIEL IMPAGLIONE(Argentina)


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A los pescadores de Reta

Fue tarde entonces cuando estrené los brazos.
Cuando recibí barba y bandera
las orillas estiraban
su soliloquio entre los pájaros
y no había sino huecos espumosos
en el lugar donde se multiplicaron las barcazas.
Quién sabe dónde las redes,
en qué graves mareas se hundieron los oficios.
Llegaban cegando la luz horizontal
del crepúsculo
cargados de plata refulgente,
agotados y sonrientes bajo sus sombreros.
Victoriosos burladores de arcanos marinos
llegaban a la costa montando las rompientes,
blandiendo sus puños mordidos por las cuerdas.
Allí latían revelaciones de ultramar,
se narraba la gran ciudad del agua y el salitre,
comenzaba la contabilidad pieza por pieza
de mano en mano, centavo a centavo.
Se le cantaba al cardumen como al sol o al aire.
Llegué tarde al vértigo del oleaje,
al perfume exacto de la rosa de los vientos.
Allí, de pie, en otro siglo de huellas descalzas
tan sólo un roído barco hundido en la arena
y lejos la estela de los pesqueros invisibles
sobre cuya ruta aún trazan su círculo las gaviotas.
De vez en cuando un viejo pescador emerje
vestido de algas, de peces de relámpago,
y desata los nudos marineros de los vientos
mientras un niño, calladamente alegre
rompe el límite del agua con la risa.




A Pablo Neruda
en camino

Voy a tu mortaja de sudores de caballo,
a las espadas de salitre de tus huesos,
a los pliegues oceánicos de su algodón
de canto general o de suave crepusculario,
voy a buscar la gota de palabra
que yace mientras late el nuevo siglo.
Tesoro de futuro con bandera,
de infinita guitarra que aún espera.
Ay Pablo, compañero, la rosa
que empuñabas necesita
la voz como un viento de azafrán
tiñendo las nuevas geografías!
Han sucedido noches profundas,
rotas de duras mordeduras,
cañones empecinados en la muerte
del silbo albañil de los andamios
Hemos sucedido despoemados quizás,
o tal vez silenciosos,
moribundos con todas las preguntas
como una armadura.
Cuánto vale este hombre vencido
que se duele de mercados pobres
donde el pan es un artículo de lujo?
Cuántos ratones vale ese hombre de la corbata?
Cuántas moscas el gerente del garfio imperial
que viene a cobrar la cuenta?
Ay Pablo, en algún sentido, los hombres
le crecen a la tierra con menos estatura.
Es que el humus padece dura cáscara
de fatigas y sanguinaria usura.
No lo has visto últimamente.
Por esos años donde estrenamos luto
por Ernesto, por Salvador y tú con ellos,
se desató una tiniebla de cuchillos,
de cárceles y campos de exterminio.
Han pasado tantas cosas, compañero!
La tristeza se recoge en la tierra
como un trigo marchito, o una piedra.
Se nos fueron muriendo poco a poco
los poetas y los sueños como niños.
Hemos quedado con lactantes balbuceos
intentando el canto, como una resistencia
de pájaro o de pez sorteando la implacable
red con que el despojo se consuma a diario.
No hay editores que consideren a la patria
como una cuestión de vida o vida
y se han olvidado la poesía en los estantes del depósito.
Dime cuánto vendes y eso es lo que vales.
Cuánto vale un poeta, Pablo, cuánto?
Vale un gorrión, una copa vacía, un pan
reluciente de mano en mano, una manzana?
Cuánto vale un poema, compañero!
Vale un presidente a los pies del Imperio?
Vale un militante o un limitante?
Vale una mujer embanderada o una pera?
Cuánto vale un poema?
Un tiro, una espalda, un subsidio del partido,
una ayuda económica del plan para indigentes,
un vale para dos comidas rápidas,
un lugar en la mesa de los trashumantes?
Ni siquiera nada para muchos de aquellos
que te palmeaban la espalda.
Así las cosas en medio de los escombros
de lo que pudo haber sido una patria.
Pero entre piedras y humo y retorcidos
metales como plegarias rotas,
brotes de guitarra y puño inexorable
en busca del cielo arden en su savia.
Llegará el día que cantabas!
Esa dulce aurora de hogueras dando a luz
el día soberano.
Y entonces una marcha callejera,
llena de banderas y tambores, de risas
en el aire y de esperanzas
sacudirá las horas hasta deshojar la niebla,
y el día se extenderá como una muchacha
desnuda y ofrecida y fértil y sonrojada.
Ay Pablo, desde tu gota de palabra,
desde la esencia que trajiste contigo
para multiplicar el canto y su ternura,
como una onda en el estanque o el oleaje
del mar ingobernable,
se repetirá a los cuatro vientos
la aurora victoriosa.
Y la poesía será un canto fraterno
que regrese los hombres a la tierra.
Los poetas del pueblo, entonces, descalzos,
relucientes como un niño con su plato,
te nombraremos general del canto libertario,
gobernador de Estravagarios y Preguntas,
Almirante de Isla Negra y compañero
responsable de la esencia de todas las palabras.
Tan sólo deseo que llegado el día
aceptes entre una urgencia y otra
este homenaje bajo la floresta.
Esta estrella de viento en tu sombrero,
esta tarea para refundar la Patria.




Cuando yo salía rumbo a cualquier hora

Cuando yo salía rumbo a cualquier hora,
como un pez en la corriente de la noche
tu boca trajo la insurgencia del canto
pincelado en la cabalgadura de las palabras.

Venías de caseríos extraviados en la historia.
Desde lo profundo de todas las preguntas
buscabas la hora, tal vez, que yo buscaba.
La razón del poema que en tí y en mí dormía.

Lo que no supimos, lo que nos fue negado,
todo aquello, mujer, que jamás será dicho
ha sido tragado por la noche del siglo.

En el hueco de un grito en medio de la piedra,
en su campana de altura caída,
muerde las palabras un eco moribundo.


Letrarios de Utópolis, Linajes Editores, México, 2004.



Abismarse hasta agotar
la imagen allá arriba
y resplandecer de fresca
horizontalidad de azafranes,
de interminable hondura
en cualquier calle sin testigos.
Ser gota de lluvia
o pájaro que muere
de cielo roto.
O simple palabra inútil
extraviada
entre zapatos de urgente
sinsentido.
El hombre, definitivamente
ha perdido el reino
de los cielos




Asisto a la rigurosa historia
de marzo en la plaza.
Combates aéreos
metralla entre las ramas
ocupación que blande
sus rayos rigurosos.
Llegan las golondrinas
como una espada
y huyen los tordos
de los viejos plátanos.
Y la ciudad se duerme
mientras tanto
lentamente dura,
aguda seriamente,
grave
encerrada en sí misma
bajo los televisores.




Quiebro este silencio de vastedad dormida
con una piedra dócil rodando calle abajo.
La sigo anudado a su estela de pianos,
de golpes en la puerta, de azar desencontrado.

Ambos lo sabemos: el silencio roe, muerde,
deshace las más duras armaduras. Vence.
A veces es un ácido que perfora palabras,
que deja el alfabeto como trapo quemado.

Entro en la noche sin urgencia de umbrales
desafiando la ausencia en sus honduras.
Me llaman por mi nombre de fantasma,
calle abajo, las agitadas voces de la luna.




He visto ayer, tal vez de mañana,
cerca de una hora precisa de pan caliente
todavía, al hombre que pasaba
con sus hijos en la boca.
Rodaba en su bicicleta sobre un hilo
de regreso urgente.
O volvía a llevar la misma mirada de imposibles
rota.
A dejarla en la cocina como una medalla,
un trofeo astillado, un punto de partida.
Cargaba una bolsa redonda, hinchada
de almuerzo y las manos en los brazos
y los brazos en los hombros
y los hombros rematando la ancha espalda
transpirada.
Ay mi amor el hombre que estrenaba
el brillo en los ojos, el aire en los pulmones,
la honda y poderosa esperanza.
Lo hubieras visto!
No ví guitarra tan llena de auroras!
Caminaba sobre el viento
con breves pasos circulares
y silbaba.
Iba detrás del abrazo, del buen día,
como si lo arrastrara el alma.
Y a sus espaldas flameaba una pared,
un torno, un crisol, una espiga!
Habrá sido un martes de espadas,
o aquel jueves que los diarios callaron,
pero lo vi deambular por el residuo
y me preguntó la hora.
No hay apuro, me dijo y fumamos,
la basura no tiene memoria.
Me llevé su mirada de granito y cartón,
su rostro desatando los abismos,
y en ese espejo me conté los años.
Ay mi amor, si supieras tanta palabra
inútil que ronda en los periódicos!
Hoy es lunes de mirar distinto.
Silbaba y en su camisa el viento fresco
era remolino de mesa servida,
un come despacio con sol afuera,
fiesta del pan que me ha llenado el alma.




La tristeza es un canto inagotable,
todo lo rodea con su aire, lo tiñe y quien padece
amor, hambre o ausencia,se deshoja en calladas oquedades.

No supe hoy sino huecos en los brazos
diminutas mordeduras en las horas
amores lejanos, soliloquios
trepados a violentas sombras.

He visto irse el día indiferente
como una mujer que pasa en la distancia
con la mirada perdida en las palabras
que han volado.

Vengo a ovillarme en el silencio,
a desandarme, a guarecerme de mí mismo,
de las preguntas de siempre, del ayuno que llega
y la esperanza.




Digo á

de agua aire añil azares
á de adamar y de argamasa
de esencia de poema.

Digo á
de a quién o de adónde
de aquí estoy de abrazo
de acarrear ausencia
de apenas almuerzo
de ahora de
á de abordar andanterías.
Digo á
á de alba azul á de terrenal
América lanzando
su primera voz
de umbral de abecedario
de ave abanderada
de infinita
aurora.

Digo á de ardiente floresta,
de antigua raza
de abundante abrazo,
de adagio libertario,
asomando su ahora
de principio.

Digo á de arrebol austral
de axioma inexorable.
De áes en camino.

Y amo.


de: Letrarios de Utópolis (Linajes Editores, México, 2004)



Besarte hasta callar de pronto la noche

Besarte hasta callar de pronto la noche
encendida en su jazmín rodante.
Hasta dolernos los huesos de deseo,
hasta no ser sino inmensa gota
de luz que te rodea.
Besarte hasta hacerle un hueco al planeta
por donde mansa corriente
llene de pinceles lo oscuro del siglo.
Besarte hasta quedar sólo conmigo
dormido en lo profundo de tu nombre.


de"Letrario de Utópolis", Linajes Editores, México, 2004.



Aprendí en las cuartillas de la rosa de los vientos

Aprendí en las cuartillas de la rosa de los vientos
destinos sin andenes y trenes fantasmas.
Voces hondamente sabias desde los andamios
apilando vocales necesarias.

Han ofrecido su pan, la jarra desbordando
vino rojo como besos clandestinos de muchachas,
el canto celebrando la memoria,

la palpable concepción de la utopía.

Los intersticios entre las palabras
como un tesoro de auroras refulgentes.
Atajos urgentes, urgencia de atajos,
el rumbo del viento en las banderas.

No me alejo de la marcha de claridad descalza,
de su algarabía de niños y herramientas.
No voy en ella sino a mi patria.
No tengo otro testino que la tierra.


de"Letrario de Utópolis", Linajes Editores, México, 2004.



Futuro posible

Descalzarse hundido en la memoria.
Enterrarse hasta que duela cada hora.
Es urgente recuperar la boca, el aliento,
los días de canto, de manos y de hombría.
Encontrar cada herramienta necesaria.
Hay que echarse a la cima del planeta
para incendiarle el cielo al nosepuede.
Urge abajo alumbrar los nacimientos.

de "Letrario de Utópolis", Linajes Editores, México, 2004.



Gabriel Impaglione (Morón, Bs As, 1958) Periodista y poeta argentino.
Publicó:
Echarle pájaros al mundo, Edic. Panorama, Bs As, 1994; Breviaro de Cartografía Mägica, El Taller del Poeta, Galicia,2002; Poemas Quietos, Edit. Mizares, Barcelona, 2002; Bagdad y otros poemas, El Taller del Poeta, 2003. Letrarios de Utópolis, Linajes Editores, Mëxico, 2004. "Prensa Callejera",Edit. La Luna Que, dic. 04. Argentina, alala, El taller del poeta, Galicia, 05, y en imprenta: "Cuentapájaros", España.




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