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NESTOR MADRID MALO. (Colombia)

Datos Biográficos



MEMORIA DE LOS SUEÑOS

POEMAS



MEMORIA DE LOS SUEÑOS
                “De toda la memoria, solo vale
                el don preclaro de evocar los sueños”
                               Antonio Machado

Un antiguo sonido, sin eco, rescatado.
Una sombra entrevista, sin forma, adivinada.
Un ensueño de niño, sin nombre, recobrado.
Una vieja tristeza, sin causa, reencontrada.

Un rostro apenas visto, de nuevo construido.
Un perfume abolido, de pronto descubierto.
Un amor ya apagado, surgiendo del olvido.
Un delirio imposible, tenido como cierto.

Un paisaje lejano, del ayer asomando.
Una voz ya perdida, de vuelta del misterio.
Una pena escondida, nuestro pecho agitando.
Una muerta palabra, reviviendo su imperio.

Esta dicha pasada, o aquel gozo marchito;
tantos sueños frustrados!, cuántos vanos anhelos!,
otra vez alentando su tropel infinito
por la lírica vía de sonoros desvelos.

Intuición misteriosa de insondables vivencias,
memoria de los sueños sin cesar agitada,
mientras el canto erige sus secretas secuencias
y nos llena su luz en la noche callada.




EL POETA NOMBRA A SU PATRIA

De mar a mar se extiende su estatura,
su cuerpo mineral y duradero,
esta patria que nombro con la pura
voz que dice su nombre verdadero.

Sólo digo Colombia, y enseguida
todo cabe en la voz que la menciona,
desde el ultimo valle hasta la erguida
cumbre que el hielo sin cesar corona.

Qué dulce fuera siempre mencionarla,
y que llegue su nombre por el viento
hasta el norte y el sur, y para amarla
decirla con la leve voz del viento.

Todo en ella se encierra y sintetiza:
la luz, el campo, el río, la bandera,
la sangre, que en su historia se eterniza,
la gloria, que la ciñe sin frontera.

Y si digo Colombia, todo queda
resumido en su nombre que transita
por el dorso del Ande y su roqueda,
hasta el mar que sonoro la limita.

Pues no hay lugar, recuerdo o cosa alguna
-aquel pueblo, la casa, el cementerio-
que no viva en su nombre, ni ninguna
palabra que contenga su misterio.




A UN CAPITÁN DEL VIENTO
                “Oh qué dulce descansar
                ir sepultado en el viento
                como un capitán del viento,
                como un capitán del mar
                muerto en medio de la mar.”
                               Dámaso Alonso.

Porque anduviste lejos de la tierra,
acariciando estrellas con tu frente
y arrancándole al cielo sus secretos;
porque miraste el rostro de los vientos,
con sus barbas de escarcha y sus cabellos
coronados de cirros y luceros;
porque viste llorar las altas nubes,
sorprendiendo sus lágrimas de lluvia
o sus nupciales júbilos de fuego;
por eso ahora, Capitán, caído
está tu cuerpo contra el duro filo
de tu increíble tumba prematura.

Por eso ahora tu mirar antiguo
de fácil navegante de los vientos,
en vano buscará su ruta cierta,
su perdido y antiguo derrotero.
Pues sólo ya la muerte te acompaña
-oscuro tripulante de tu nave-
en tu terrible vuelo sin regreso,
y te rodean nieblas implacables
ciñéndote de sombras sin remedio.

Y pensar que has quedado sin tus alas,
convertido de pronto en mutilado,
en agónico pájaro abolido,
tú que volando andabas con tu sino
sin temor a quedarte desalado.
Mas tuviste tu túmulo perfecto,
tu sepulcro fugaz y verdadero,
cuando caíste envuelto en tu martirio
de náufrago argonauta de los cielos.

Sin embargo, tal vez fuera en el viento
donde debiera estar tu sepultura,
si en el viento pudiera cosa alguna
permanecer no siendo puro viento.
Pero nó. Te has quedado prisionero
entre las mudas garras de tu absurda,
de tu temprana tumba sin objeto.
Y estás así, qué lejos de tu cielo,
despojado de nubes y luceros,
transitorio clavel vuelto misterio

He aquí tus fuegos, Capitán caído
-almirante del cielo, marinero
de las altas regiones silenciosas-
convertidos en cirios doblegados,
en actuales rescoldos destruidos.

Tal vez tu voz, tu rostro sonreído,
tu cordial condición de ser humano,
sean frágil materia del olvido,
diluída sustancia en el recuerdo.
Mas quedará tu nombre y tu suplicio
-esta forma tremenda de tu muerte-
vencido Capitán de sombra y sueño.
Tu figura de albatros pensativo
cruzará nuevamente limpios cielos,
imposible habitante del olvido.




PALABRAS A LOS SERES NUEVOS

No hablaré de los seres taciturnos
que nos gritan su ausencia en los sepulcros,
que erigen sus almenas de recuerdos
por encima del tiempo y los olvidos.
No diré de los seres pensativos,
de inefable tristeza sin remedio,
ni de aquellos que llevan sus alegres
corazones abiertos en el pecho.
Ni hablaré de los otros, con sus sueños
a cuestas, anhelando sólo un sitio
donde dejar su carga acongojada
de pequeñas miserias y lamentos;
ni de aquellos que han hecho de sus almas
diminutos y fáciles infiernos,
empinadas colinas de fervores
o brumosas cavernas de silencios.

Es tan sólo a vosotros, seres nuevos,
que principiáis a ser en este instante,
que acabáis de nacer en la alta noche,
a quienes he de hablar con limpias voces:
Porque nunca el amor os ha clavado
en vuestros deslumbrados corazones
sus siete espinas, ni temor alguno
os ha hecho anhelar la luz del cielo;
porque ni odios ni envidias han colmado
en vuestros pechos sus secretos odres,
ni una pena ha logrado todavía
rozaros con sus fértiles dolores;
porque ignoráis que los humanos fuegos
están hechos de arcillas transitorias,
y no sabéis que los amados sueños
son distantes criaturas fugitivas.

Por eso es que a vosotros, seres nuevos,
que comenzáis ahora vuestros pasos,
dirijo mis palabras fervorosas,
mi temprano mensaje con luceros.
Oíd mi voz amiga, que esto os digo:
Es preciso que hagáis un mundo nuevo,
un sitio para el hombre perseguido,
un lugar para su alma derrotada.
No escuchéis otros bronces que los claros
que presagian ya el alba venidera,
y no oigáis otras voces que las puras
que anuncian la concordia sin fronteras.
Estad de pie y erguíos en las cunas,
e incluso en las entrañas maternales,
y vigilad insomnes las alturas
que limitan al norte vuestras vidas.
Porque de vuestros puros corazones
ha de surgir un mundo con ternura,
sin odiosos ni crueles horizontes.
Porque de vuestras manos azoradas
ha de salir la patria verdadera,
o tan sólo las rutas perturbadas
que habréis de recorrer con amargura.

Esto os digo no más, oh seres nuevos,
mis palabras con lumbre aquí termino.




NUNCA SUPE CÓMO ERAN MIS ABUELOS
                A mi Madre.

Nunca supe cómo eran mis abuelos.
Jamás sus rostros ni sus cuerpos ví.
Solo de ellos quedaban los recuerdos
cuando un día en el mundo amanecí.

No sé si eran sus ojos soñadores,
o si era frío su mirar viril;
tampoco si sus mansos corazones
fueron tristes o alegres en abril.

Jamás sus risas ni sus lentas voces
pude en las tardes solas escuchar;
ni sus sombras amigas ni sus nobles
figuras pude nunca contemplar.

Solo muy tarde supe de sus sueños,
de sus penas y glorias, del fervor
que en sus pechos prendía vastos fuegos
o la llama tranquila del amor.

Entonces fue cuando de amados labios
sus humanas historias pude oír:
dos sagas de esplendores y de llantos
que algún día quisiera repetir.

Nunca supe como eran mis abuelos.
Jamás sus rostros ni sus cuerpos ví.
Solo de ellos quedaban los recuerdos
cuando un día en el mundo amanecí.




ELEGÍA DE LOS MUERTOS SIN NOMBRE
                In memoriam
                               Juan Lozano y Lozano.

No son estos los muertos con sepulcros
de mármol o granito, ni con cruces
talladas ni epitafios.
No hay siquiera un nombre mal pintado
que recuerde en sus tumbas naturales
la digna condición de sus sencillas
y parvas existencias.
No han muerto en su día ni era hora
de que murieran cuando ya caían
envueltos en absurdos ataúdes
o cavando sus fosas con los dientes.
Porque murieron casi sin saberlo,
sin sábanas ni lechos de agonía,
sin rostros en espera de un milagro
y sin rezos amargos ni sollozos.
Pues no se está a la espera de la muerte
cuando se siembra el grano o se recoge
su esplendoroso fruto en los trigales,
ni cuando se respira el manso viento
de la tarde a la sombra de los lares.
Y así la muerte tuvo que llegarles
de lejos y vestida de uniforme,
esgrimiendo sus tétricos fusiles
y al viento sus tizones incendiarios.
No pudieron saber si eran oscuros
o pálidos sus ojos asesinos,
ni tampoco si eran sus verdugos
antiguos camaradas o enemigos.
Murieron despiertos o dormidos
sin temer a la muerte que venía,
tal vez hilando un sueño enamorado
o pensando en la novia taciturna.
Murieron ignorando que morían
o mirando la muerte sin espanto,
como mueren las gentes de esta tierra
donde morir ya es algo cotidiano.




A UNA SANGRE DERRAMADA
                En memoria de los estudiantes
                caídos el 9 de junio de 1954.

Qué sangre tan sin causa derramada,
qué roja de dolor y sacrificio,
aprendiendo tan pronto el cruel oficio
de verse sin razón martirizada.

Y qué color de juventud frustrada,
de rostros no creyendo en su suplicio,
enfrentados sin más al ejercicio
de muerte sin objeto dispensada.

Qué absurda esa su púrpura vertida,
que temprano corriendo hacia el olvido
su materia de espanto conmovida.

Qué derrota de sueños, sin sentido,
qué imposible dudar de su vencida
condición de rumor ya sin sonido.




EL BARCO ABANDONADO
                In memoriam
                               Gregorio Castañeda Aragón

Este ruinoso barco abandonado
sobre el recodo aquel de la bahía,
parece que soñara todavía
con hacerse a la mar, empavesado.

En la arena ya a medias sepultado,
su viejo casco agita cada día
con marinero afán y se diría
que no quiere morir encadenado.

En noches de galernas y tormenta
su férrea mole surge con violenta
actitud de fantasma perseguido.

Entonces yo lo he visto estremecerse,
cabecear hacia el cielo y retorcerse
en su lecho de rocas y de olvido.




MUELLE EN RUINAS
                A la memoria
                               de Fernando de Andreis

Ese vetusto muelle solitario
que cruza pesaroso la ensenada,
tiene un aire de mano cercenada
que muestra su dolor hospitalario.

Perdido sin remedio, es un osario
de sombras marineras y ya nada
recuerda que hubo barcos en su rada
y trenes en su lomo ferroviario.

Ningún afán agita su estructura.
Convertido en su propia sepultura,
sólo a la muerte lento se encamina.

Pero a veces su brazo poderoso
quisiera levantar en angustioso
gesto de rebelión ante su ruina.




SONETO AL RÍO MAGDALENA

Anhelo de la tierra por ser mar,
del agua por saber su paradero,
y el impulso por siempre duradero
de empeñarse en rodar y más rodar.

Ambición amorosa de forjar
discurriendo su acuático sendero,
de tornarse en perenne mensajero
mientras mide la patria en su viajar.

Y lento afán de estarse terminando,
de verse contra el cielo devanando
el ancho cinturón de su camino;

impaciencia tenaz por su destino,
y desvelo del agua presagiando
su final en el término marino.




DE NUEVO, AMOR

De nuevo, oh amor, peno en tu gloria,
sufro en tu cielo angelical suplicio,
y me hiere tu dulce maleficio
sabiéndote eficaz en la memoria.

De nuevo, amor, me colma tu victoria,
y emprendo sometido el ejercicio
de tu alto ministerio y en tu oficio
se consume mi llama transitoria.

Pues morando te siento en mis heridas,
y otra vez a tus torres me convocas
con voces desde antiguos conocidas.

De nuevo, amor, con dardos me provocas,
y a tus claros abismos me convidas
desde la ciega cumbre de tus rocas.




QUÉ TARDE, AMOR

Qué tarde, amor, tus fértiles clamores
encuentran otra vez eco en mi vida,
cuando creí que nunca más tu herida
prenderías en mi sangre sus ardores.

Qué tarde, amor, tus últimos fragores
resuenan en mi roca conmovida,
cuando tu luz sin fin, tanto sufrida,
me vuelve a estremecer con sus fulgores.

Mas ya no es hora, amor, de consagrarte
mi tierna vocación ni mis destinos;
que ya el tiempo pasó de transitarte,

de recorrer gozoso tus marinos
derroteros de sol y de oficiarte
a la vera de todos los caminos.




EL FUEGO ETERNIZADO
                “…polvo serán, mas polvo enamorado”.
                               Francisco de Quevedo.

Si ya de toda muerte liberado
estuviera yo al fin porque la muerte
-juntando así mi suerte con su suerte-
toda mi luz hubiese conquistado.

Si ya de todo sueño resguardado
me viera, porque el puro sueño inerte
en que el pulso del hombre se convierte,
a su hielo me hubiese sujetado.

Aun habría rescoldos calentando
bajo el tenaz imperio de ceniza,
con mi brasa de amor allí alentando.

Aun mis soles sus rayos prenderían
en el fuego que en polvo se eterniza,
pues mis llamas de amor siempre arderían.




SONETO MÍNIMO

Cuando miro que me miras
con ese dulce mirar,
qué no diera por besar
los ojos con que me miras.

Cuando siento que suspiras
con tan tierno suspirar,
cómo quisiera yo estar
en el aire que respiras.

Y si adivino tu mano
posarse junto a la mía
mi dicha ningún humano

sin duda la igualaría.
Porque, teniendo tu mano,
qué otra cosa yo querría?




MEMORIA DE LOS SUEÑOS
ANTOLOGIA



SOY
                A Carlos Rojas Vila

Soy un proyecto que sin fin perdura
Un cúmulo de sueños proseguidos
Un río deshaciéndose sin término
Unos ojos muy verdes a mi lado
Una voz construida en el silencio
Unos libros escritos con mi sangre
(Como Nietzsche ordenara a sus devotos)
Una marcha iniciada en el desierto
Un rostro que me busca a todas horas
Una palabra oída a cierta sombra
Un espíritu ardiendo en las tinieblas
Una mente erigiéndose sin pausa
Un andar con Machado junto a Soria
(Con su espina dorada en mi costado)
Un nombre que antes fue de un inocente
Unas letras leídas no sé dónde
Una navegación que siempre dura
Una puesta de sol en el Janículo
Una rosa de muerte portadora
(La que Rilke tronchara una mañana)
Una canción materna siempre oída
Un recuerdo nocturno de mi padre
Una visita a Etruria sepultada
Un tren atravesando la llanura
Un libro que no he escrito y que me espera
Un disparo en el alba de mi sangre
Una búsqueda insomne de secretos
Una noche de luna en Portofino
Unos nombres ya en sombras que rescato
Un camino arduamente recorrido
Una tarde de mármoles en Grecia
Unas tumbas abiertas en el alma
Una pena sufrida, aún doliendo
Unos robles creciendo en la alta noche
Un pueblo adormilado entre sus lomas
Un balcón asomado en el recuerdo
Una mañana en góndola, en Venecia
Una ciudad que nombro desde el alma
Una cierta agonía compartida
Una antigua ternura por la frente
Una noche sin término evocada
Unos versos de pronto en dos partidos
Una herida precoz entre las sienes
Un amor a la ruina sentenciado
Un mediodía hablando con Neruda
Un frustrado asesino de tiranos
Un diálogo en Castilla con Quevedo
(Que un “Ah de la vida!” pronunciaba)
Un barco que me trajo de la infancia
Una nostalgia hiriéndome insistente
Un patio donde almendros florecían
Una cumbre entrevista en la mañana
Un corazón creciendo hacia la muerte
Un mar en el recuerdo contemplado
Unas cartas de amor, de amor aun llenas
Un adiós que incesante se repite
Un asombro que es parte de mi sombra
Un fin nunca logrado que se evade
Y un poema, como este, interminable.




LOS SUEÑOS RECOBRADOS



EL POETA DE SORIA
                En recuerdo de Antonio Machado,
                uno de los poetas míos.

Es la tarde, por encima
de los últimos oteros
el sol comienza a dorar
las encinas y senderos.
Es la hora silenciosa
de los campos castellanos.
El paisaje se enmudece
con un mágico temblor,
y a lo lejos ya la noche
en los sauces y cipreses
va iniciando su rumor.

Es la tarde dulce y fría.
Por la senda polvorienta,
entre robles y pinares,
hacia el Duero lentamente
el poeta de Soria guía
sus leves pasos de sombra
perdida sobre la tierra.
Pensativa la cabeza,
taciturno el ademán,
desolado el continente,
hay un algo misterioso
en su porte y en su andar.

Con un libro solamente
en las manos entreabierto,
el poeta mira un momento
encenderse las colinas
como en un verso sin par.
A lo lejos el Moncayo
ilumina su blancura,
y a su vera el lento Duero
va diciendo su frescura
de encinar en encinar.

Y va el poeta entre los olmos
y chopos de la ribera,
silencioso meditando,
o a solas consigo hablando
cual si todo el campo oyera
su inefable dialogar.
Allá lejos Soria inicia
-en su pureza y frialdad-
el vuelo de sus campanas
por la tarde que se va.
Y las colinas doradas
se comienzan a apagar.

Mas el poeta sigue en alas
de su solo meditar,
otras tardes recordando
con su amada por el campo
en tranquilo divagar.
Y con voz ensombrecida
el poeta vuelve a decir,
su cantar de los caminos
que más que canto es plañir:
“Aguda espina dorada
quién te pudiera sentir
en el corazón clavada”




ELEGIA DE LA INFANCIA

Esta tarde, de nubes como sueños,
leves, transitorias, en lo azul,
-ceñido su crepúsculo de sombras
al cuerpo agonizante de la luz-,
ante el paso azorado de los años
el alma se ha puesto a meditar
en las cosas lejanas de la infancia
que por siempre ya nunca volverán.

Y surgen de sus sitios olvidados
los antiguos instantes de esa edad:
La casa con su patio florecido
de almendros y granados en sazón,
y sus amplias estancias olorosas
a las cosas eternas del amor;
aquel pueblo surcado de silencios,
disputándose el valle y el alcor,
con su plaza en sombras y la torre
mostrando su sonoro corazón.

Esos días, poblados de risueños
instantes, sin la imagen del dolor;
entre gentes sencillas y los rostros
amados que ya siempre vivirán,
en el fondo del alma resurgiendo
con la urgencia de todo lo cordial;
perennes en mi vida, presidiendo
mis sueños y mi solo divagar,
esta tarde de nubes transitorias
en que muda está mi voluntad.

Sólo miran mis ojos el paisaje
doloroso del día que se va;
es de noche en el campo y en el alma
otra noche también cayendo está.




POEMAS ITALIANOS



CREPÚSCULO ROMANO
                (Desde el Janículo).

Para mirar a Roma en el crepúsculo
dorarse en su recodo milenario,
ningún balcón mejor que esta colina
clavada tiernamente a su costado.

La luz de mayo, sosegada y pura,
atravesando el cincelado monte,
se precipita a chorros por su falda
y a Roma envuelve en su fulgente bronce.

Todo queda signado de ese rubio
indecible y precario, que en el aire
se derrama un instante dulcemente,
traspasando de júbilos la tarde.

La primavera sus dorados toques
pone en la frente de la urbe güelfa,
que en su lecho de mármol se reclina
a soñar sus pretéritas leyendas.

El Tíber se disuelve en su cintura
bajo el peso del cielo enardecido,
y las torres su vuelo de metales
emprenden en el aire vespertino.

En sus siete pilares asentado,
el rudo anfiteatro se despliega
en mágico abanico clamoroso,
que en su feria de luz se desespera.

Del Pincio al Laterano la barroca
efigie secular su pontificio
esquema traza en sucesión de cúpulas,
que al sol flamean su rigor latino.

Su mantón de verdura incontenible
iza en el fondo la Borghese villa,
de susurrantes viales amorosos,
tremolando sus pinos en la brisa.

Del Victorial el mármol desafiante
enciende sin cesar su vano adorno
en la romana sien, a cuya gloria
bastaban ya las Termas y los Foros.

Roma brilla en su plástico relieve
de palacios y templos incesantes,
y su perfil estricto se consume
entre el turbión de llamas vesperales.

Mas el milagro pronto se deshace
y la ciudad se queda desolada
con su malva adustez adormecida
y su tranquilo aire de nostalgia.

Desde esta balconada del Janículo,
es entonces la hora de soñarla,
mientras llega el momento presentido
de comenzar con pena a recordarla.




NAVEGANTE DEL SUEÑO



GENEALOGÍA

No sé de qué azarosas migraciones,
de qué oscuros periplos legendarios
provienen estos sueños y esta sangre
que golpea tercamente mis costados.

Ignoro en qué terribles peripecias
comenzaron mis linfas y mis huesos,
en qué fugaz momento sin memoria
se iniciaron mis médulas y mis gestos.

Ni sé de qué aventura procelosa,
de qué horda, de qué clan, de qué salvajes
músculos primigenios, de qué genes
arrancaron mis moldes iniciales.

Ni de dónde esta fórmula intranquila
que define mi rostro y mi persona
este esquema de nervios que yo habito,
conformando mis ojos y mi sombra.

Abscónditos abuelos me forjaron
en abisales noches milenarias,
y por secretos ríos vertebrales
llegaron hasta mí sus firmes lavas.

Un tránsito de limos y de jugos
desde sus foscas cuevas seculares,
en vehementes ciclos minuciosos
vino así con su estela de mensaje.

Y en erosión de cales y miradas,
o acumulando ardores desvelados
con su carga de rasgos y perfiles
estalló en mis espejos cotidianos.




ELEGIA PRIMORDIAL
                A mi Madre
                en su remota sede.

Vengo a decirte, Madre, buenos días,
con mi voz hecha ruinas de sonidos,
con mis labios desechos de silencios,
con mi garganta exhausta de rumores.
Porque voces no encuentro para hablarte,
para borrar a gritos la distancia
que de tu oscuro valle me separa,
cuando a tu sombra esquiva yo retorno
-en esta ardua mañana de mi espíritu-
para erigir al borde de tu abismo,
a golpes de recuerdos mis fervores.

Y como no me sirven las palabras
para enunciar tu esquema cancelado;
y como no me bastan los suspiros
para invocar tu fuego prisionero,
te hablaré, Madre, con los puros ecos
de este tibio mensaje tembloroso
que a tu remota sede hoy te envío.

Hace tiempo, centurias, que no escucho
tu forma de llamarme tiernamente,
rescatando mi nombre de la nada,
convirtiéndolo en fórmula amorosa
y llenando sus letras de sentido
con la segura magia de tus labios.
Ni sé del paso cierto de tus manos
por los caminos turbios de mi frente,
liberándola de su estéril carga
de cenizas y nieblas asociadas.
Porque, entonces, que fáciles comarcas
entreabrían tus dedos en mis sienes,
con su lumbre devota presidiendo
mis fugaces tinieblas meridianas.

Sí, hoy regreso a tus opacas torres,
a tu imperio de sueño congelado,
donde tus pasos fértiles de pena
ante implacables muros se detienen,
y tu frágil imagen se diluye
entre vastos espejos calcinados;
cuando de insomnes vientos circuída,
tu estatura preclara se derrumba
en un mar de lava fugitiva,
y tu nombre de nórdica leyenda
entre brumas transida se disuelve,
mientras su tierno signo yo construyo
en los fáciles cielos de la mente.
Vengo a decirte, Madre, buenos días,
en esta hora desierta de tu ausencia,
de tu audaz migración hacia la muerte,
que es menos muerte porque en tí ya tiene
un manantial de orillas luminosas
fluyendo sin cesar hacia la vida.
He rodeado de lutos esenciales
mi voz, mi corazón, mi mente toda,
y proclamo de lutos revestidos
mis versos, mis recuerdos, mis amores
y hasta el propio aire ajeno que respiro.

Porque vivir, es cierto, puedo hacerlo
como si todo esto fuera un sueño,
llevado de mis ríos cotidianos
en un ansioso navegar sin pausa.
Pero cuánta nostalgia por su fuente
padecen hoy mis ojos y mi sangre,
todo lo tuyo que por mí transita,
que llevo a bordo de mi sino abrupto,
y que en mi corazón y en mis pupilas
me grita a diario que un pedazo tuyo
soy apenas, y que si tú no vives
algo también en mí, mientras te pienso,
ha empezado a morir sin yo saberlo.




LA ORILLA ILUMINADA

Entre todas las mañanas que mis ojos han visto,
ninguna como aquella en que la ciudad dormida
crecía ante mi asombro como un bosque de sueño
mientras el alba apenas si doraba su orilla.

Llegaba de mis fuentes con mi niñez a cuestas:
un precoz cargamento de lutos repetidos,
de ruinas solariegas y fiebres conjuradas,
de esperanzas ansiosas y ensueños entrevistos.

Pero también llevaba los soles de mi infancia:
el recuerdo de un valle prendido de sus lomas,
de unos rostros por siempre derrotando a la noche,
de un piano que vibraba en angelicales formas.

Venía desde un pueblo donde almendros y ceibos
signaban con sus luces los sitios familiares,
y llegaba hasta la urbe donde acacias y robles
presiden fulgurantes la fiesta de las calles.

Surcando sin premura las estivales aguas,
por magdaleno cauce las aspas de aquel barco
tenaces me acercaban al milagroso instante
del inicial arribo, tanto tiempo anhelado.

Qué hálitos fluviales por doquiera surgían!
Qué plenitud portuaria transitando a mi vera!
Mientras la tarda nave, con impulsos fugaces
mis ojos acercaban a la marina tierra.

Extendida allí estaba, desvelándose apenas
de sus nocturnos pliegues, reclinando su dorso
entre frágiles cimas y arroyos apagados,
escondiendo entre lomas su matutino rostro.

Cuando en su ardiente orilla dejar pude mis huellas
(cuánto polvo nativo con pena señalaron!)
sentí cómo mis pasos en la arena formaban
unos signos propicios bajo mis pies saciados.

Después fue la gozosa posesión de sus frutos
y la conquista lenta de sus mansos baluartes,
el tránsito porfiado de sus sendas esquivas
o el lúcido hallazgo de sus dones fragantes.

Confundido en su seno pasé fértiles años,
y no hubo tierra suya que mis pies no surcaran,
ni brisas que en sus tardes no buscaran mi rostro
ni árbol donde no oyera remontarse las savias.

En su dulce materia se templaron mis huesos
-que en el valle fecundo comenzaron su hazaña-
y cernido en su luz mi proyecto de espíritu
fue trazando su vuelo por el norte del alma.

Y así fui transitando la riba luminosa,
desde aquella mañana de memorias sin cuento,
cuando un niño azorado a la ciudad contemplara
crecer ante su asombro como un bosque de sueño.




DICIEMBRE

Traspasado de luz y de ternura
diciembre erige su tranquilo vuelo,
y todo ya en la tierra y en el cielo
dice de su nostálgica dulzura.

Aire dorado, delirante albura,
plasticidad del mundo sin un velo,
e imponiendo su fúlgido desvelo,
un florecido júbilo en la altura.

Todo bulle de insomne epifanía,
de plenos renaceres y esperanzas,
bajo la cierta lucidez del día.

Y es tal la gloria de la azul presencia,
que el ser renueva mágicas alianzas
y se olvida del limo de su esencia.




TODAVÍA

No es aún la noche, amor, esto que vemos
alzarse en nuestros límites vitales;
son tibios nubarrones otoñales,
presagios de borrascas que sabemos.

Es tiempo aún, amor, de que gocemos
estos raudos celajes vesperales,
mientras llegan las ráfagas finales
que abatan nuestros ímpetus supremos.

Que lejana esté la hora en que debamos
arriar nuestras insignias; que fulgure
todavía este cielo, y que podamos

en la gloria vibrar de altos afanes.
Y que esta tarde siempre así perdure,
con su propicio asedio de huracanes.




SONETOS REUNIDOS



LA RAIZ DEL DOLOR
                A mi Madre

Yo tan sólo sabía que el latido
de tu sangre por el amor llevada,
era en mis venas gracia prolongada
y por las tuyas goce repetido.

Que en tus fuentes estaba sumergido,
que brillaba en la tuya mi mirada,
y llevabas mi angustia secuestrada
en tu cálido abismo florecido.

Que tus ojos lloraban por los míos,
y llenaban el cauce de mis ríos
con el ímpetu fiel de su corriente.

Y sabía que al borde de tu llanto
estaba ya mi taciturno encanto
de ser sin existir ya tan doliente.




INVASIÓN DEL AMOR
                A Mireya

Esta suave presencia alborozada
de tu amor por mis cauces alentado,
sus jubilosas voces despertando
en mi cordial estepa desolada.

Con su tierna verdad alucinada
por todos mis confines resonando,
y su dulce poder transfigurando
mi tempestad en brisa sosegada.

Así tu amor en mi alma amanecía;
un lento florecer enamorado
de nardos que tu mano descubría;

un renacer de cánticos perdidos,
un sentirme por siempre prolongado
por encima de todos los olvidos.




LA IMAGEN PROLONGADA

Tiene mi sangre en ti su certidumbre
y mis sueños en ti tienen segura
razón de su misterio y de su altura,
por este amor que te convierte en lumbre.

Y así descubro en tus abismos, cumbre,
donde miro de nuevo mi estatura
repetirse en el sueño que madura
tu claro estío en dulce mansedumbre.

Tienes en ti ceñido mi camino,
principia en ti mi vida eternizada
y prolongas por siempre mi destino.

Eres símbolo fiel de mi anhelada
ilusión de saber que no termino,
por estar en ti mi alma continuada.




LA OPACA PRESENCIA
                In memoriam L. C.

De antiguo amor el aire conmovido,
decía a mis oídos quedamente
de tu muda figura y de tu frente
despojada de luz, ya sin sonido.

De tu imagen de tallo estremecido,
de río separado de su fuente,
que en tu voz alentaba tristemente
como roto cristal descolorido.

Hoy tan sólo eres hueca certidumbre,
apagada fogata que me alumbre
en mi humano vagar tan desolado.

Eres ola sin fin. Sólo tus puras
sonrisas coronaron las alturas
de mi fiel corazón deshabitado.




TRANSFIGURACIÓN DEL AGUA
                (Fuentes de Tívoli, en la noche)

De mano de la luz, hacia la altura
el agua emprende su estival hazaña,
y llega, hecha ilusión, hasta la entraña
del sueño en que su ser se transfigura.

Estallando en encajes de frescura,
su increíble ciprés alza en extraña
constelación de abierta telaraña,
dibujada en la noche con premura.

A su precario reino el agua sube,
al cielo abriendo su incesante nube
de palomas que mueren en la cumbre.

Y a su ansioso final de niebla corre,
porque en las claras cimas que recorre
su estatua deja modelada en lumbre.




EL CORAZON DE ROMA
                (En Santa Trinitá dei Monti).

Para llegar al corazón de Roma
me basta a mí una escala, la que asciende
a Trinitá dei Monti, donde emprende
la mansa luz su tránsito en aroma.

Algo hay aquí mágico que asoma
su certidumbre antigua, y que le enciende
el alma de ternura a quien comprende
que allí comienza su pasión de Roma.

Yo me he visto subir por esas gradas,
escuchando al andar, no mis pisadas,
sino de Roma el corazón cercano.

Qué de extraño en verdad que así me vea,
si penando entre piedra y azalea
mi propio corazón tengo en la mano!




DOMINGO SUSTANTIVO

Domingo. Piazza delle Muse. Roma.
Mañana. Mayo. Flores. Primavera.
Muchachas. Ojos. Angeles. Bandera.
Espacio. Nubes. Cielo. Luz. Paloma.

Niños. Madres. Juguetes. Beso. Idioma.
Nostalgia. Soledad. Afán. Quimera.
Esposa. Hijos. Amor. Adiós. Espera.
Pipa. Café. Divagación. Aroma.

Árboles. Fuente. Sien. Sueños. Ausencia.
Cuerpos. Rostros. Colores. Movimiento.
Risas. Pasos. Mujer. Voces. Presencia.

Ensueño. Desengaño. Pensamiento.
Aves. Vuelo. Viajar. Reminiscencia.
Roma. El Tíber. La Patria. Sentimiento.




POR FIN, AMOR

Por fin, amor, en franca paz estamos
después de tantos duelos repetidos,
y ya sin los furores conocidos
a gozar de esa paz nos aprestamos.

Qué lucha sin cesar tú y yo libramos
hasta quedar los dos bien malheridos,
y no hubo vencedores ni vencidos
porque fue guerra que los dos ganamos.

Mas sabemos también que no hay tratado
capaz de regular lo así acordado
ni tregua asegurar tan incesante.

Y si de nuevo a próximos combates
la vida nos induce, a tus embates
tal vez ya no resista, ¡amor triunfante!





SONETO DESALADO

                Hoy me siento de pronto desalado,
con mi celeste afán tan extinguido,
pues ya no soy por vientos conducido
y me crecen muñones al costado.

Porque me encuentro al suelo condenado
y en náufrago terrestre convertido,
aquí estoy por mil anclas retenido
y de mis arduos vuelos despojado.

Hoy tengo sólo lastre en mi cintura,
nada me impulsa recto hacia la altura,
y se han roto por siempre mis escalas.

Hoy ando sin estrellas y sin rumbo,
y transido de vértigos sucumbo
padeciendo nostalgia por mis alas.




BIOGRAFÍA DEL AUTOR: Néstor Madrid-Malo, poeta, escritor, abogado, intelectual, político, diplomático, alto funcionario, columnista, ensayista, critico literario, cuentista y dramaturgo colombiano. Nacido en 1918 en Carmen de Bolívar y muerto en Bogotá en 1989. Hijo adoptivo de Barranquilla, brilló allí en los círculos literarios de los años 50's. Fue desde su juventud hasta su muerte colaborador literario y columnista de periódicos tales como El Heraldo en Barranquilla, El Tiempo de Bogotá y en El País, de Cali. En 1956 fue Director del suplemento literario del Diario del Caribe. En 1949 publica sus primer libro de poesías, "Los sueños recobrados", pero el trasegar político, la dictadura militar y circunstancias personales posponen la aparición de su segundo libro de poesías "Memoria de los sueños" hasta 1959. Fruto de sus viajes y su estadía como diplomático en ese país es el libro "Poemas Italianos" aparecido en 1967. "Navegante del Sueño" en 1976 y "Soledad del Canto" en 1984 componen lo principal de su obra, recogida en 1985 en un volumen titulado nuevamente "Memoria de los sueños" donde figuran algunos nuevos poemas. También publico dos antologías: "50 años de poesía colombiana 1924-1974" y ¨Los Árboles en la poesía castellana" (1973); finalmente, en "Sonetos Reunidos" aparecido en 1989, recopiló la totalidad de su poesía en ese metro. En 1984 aparece su versión poética sobre "La Canción del Amor y de la Muerte del Abanderado Cristobal Rilke". Como cuentista, publicó en periódicos y suplementos literarios, compiló los primeros once en un volumen publicado en 1955 "Suerte a las 7 y otros relatos", y luego otros 12 en "Guineo Verde" aparecido en 1966 con una pieza de teatro como complemento, "El fugaz retorno" que había sido escrita y escenificada ya desde 1957. Este drama en unión de otros dos fue publicado nuevamente en 1974 en un volumen de la serie de teatro del Instituto Colombiano de Cultura. Intelectualmente su actividad favorita fue el ensayo, del cual publico en muchas revistas y periódicos sobre múltiples temas. Comienza a reunirlos por asuntos y así en 1970 publica "La política como espectáculo", en 1974 "Nariño el Infortunado", en 1978 "Ensayos y Variaciones" y en 1980, "Temas de Ciencia Política y Derecho Constitucional". Ocupó numerosos e importantes cargos, entre ellos el de juez del Tribunal Superior, Gobernador del Departamento del Atlántico, Consejero de embajada ante el Gobierno Italiano, representante de Colombia ante la F.A.O., director del Departamento Nacional de Planeación; asesor jurídico de empresas, sindicatos y del Senado de la República; fue profesor universitario, Director del instituto de Ciencias Políticas en la U. Nacional de Colombia, magistrado de arbitramentos varios, Conjuez del Consejo de Estado y Notario desde 1980 hasta su muerte. Era un intelectual de amplia cultura, librepensador y demócrata convencido, cofundador del Colegio Colombiano de Abogados del Trabajo, miembro de numero de la Academia de Historia Colombiana y correspondiente de la Academia de la Lengua; director de la ¨Revista del Atlántico¨,1958-1959; fue también fundador y director de la revista El Café Literario de 1977 hasta 1987. Revistas ambas en donde muchos de los grandes exponentes de la literatura colombiana de la actualidad, tuvieron la oportunidad de darse a conocer y publicar sus primeros trabajos, al lado de autores, colombianos y extranjeros ya consagrados.








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