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MARIA MERCEDES CARRANZA (Colombia) Adiós a María Mercedes Carranza ELEGIA Caminaba mirando el cielo y me fui de narices. Ahora echo sangre por todas partes: las rodillas, el aire, los recuerdos: mi falda se desgarró y perdí los aretes, la razón. ¿No hay en el alma una manera otra de vivir un desamor? SOBRAN LAS PALABRAS Por traidora decidí hoy, martes 24 de junio, asesinar algunas palabras. Amistad queda condenada a la hoguera, por hereje; la horca conviene a Amor por ilegible; no estaría mal el garrote vil, por apóstata, para Solidaridad; la guillotina como el rayo, debe fulminar a Fraternidad; Libertad morirá lentamente y con dolor; la tortura es su destino; Igualdad merece la horca por ser prostituta del peor burdel; Esperanza ha muerto ya; Fe padecerá la cámara de gas; el suplicio de Tántalo, por inhumana, se lo dejo a la palabra Dios. Fusilaré sin piedad a Civilización por su barbarie; cicuta beberá Felicidad. Queda la palabra Yo. Para esa, por triste, por su atroz soledad, decreto la peor de las penas: vivirá conmigo hasta el final. LA PATRIA Esta casa de espesas paredes coloniales y un patio de azaleas muy decimonónico hace varios siglos que se viene abajo. Como si nada las personas van y vienen por las habitaciones en ruina, hacen el amor, bailan, escriben cartas. A menudo silban balas o es tal vez el viento que silba a través del techo desfondado. En esta casa los vivos duermen con los muertos, imitan sus costumbres, repiten sus gestos y cuando cantan, cantan sus fracasos. Todo es ruina en esta casa, están en ruina el abrazo y la música, el destino, cada mañana, la risa son ruina; las lágrimas, el silencio, los sueños. Las ventanas muestran paisajes destruidos, carne y ceniza se confunden en las caras, en las bocas las palabras se revuelven con miedo. En esta casa todos estamos enterrados vivos. MALDICIÓN Te perseguiré por los siglos de los siglos. No dejaré piedra sin remover Ni mis ojos horizonte sin mirar. Dondequiera que mi voz hable Llegará sin perdón a tu oído Y mis pasos estarán siempre Dentro del laberinto que tracen los tuyos. Se sucederán millones de amaneceres y de ocasos, Resucitarán los muertos y volverán a morir Y allí donde tú estés: Polvo, luna, nada, te he de encontrar EL SILENCIO - parece verde - es verde - ¿es verde? - sí, es verde - verde - ¿te gusta el verde? - me gusta el verde - ¿cualquier verde? - no, el verde solamente - ¿por qué el verde? - porque es verde - ¿y si no fuera verde? - no, sólo me gusta el verde - ¿sólo el verde entonces? - sí, solo el verde - es lindo el verde - sí, el verde es lindo - claro el verde - sí, el verde POEMA DEL DESAMOR Ahora en la hora del desamor Y sin la rosada levedad que da el deseo Flotan sus pasos y sus gestos. Las sonrisas sonámbulas, casi sin boca, Aquellas palabras que no fueron posibles, Las preguntas que sólo zumbaron como moscas Y sus ojos, frío pedazo de carne azul. Días perdidos en oficios de la imaginación, Como las cartas mentales al amanecer O el recuerdo preciso y casi cierto De encuentros en duermevela que fueron con nadie. Los sueños, siempre los sueños. ¡Qué sucia es la luz de esta hora, Qué turbia la memoria de lo poco que queda Y qué mezquino el inminente olvido! BABEL Y USTED Si las palabras no se arrugarán, si fuera posible ponérselas cada mañana, como una blusa o una falda, previo uso del quitamanchas, el cepillo y la plancha. Si no se pudieran pronunciar ya más por lo brilladas y rodillonas. Si, después de un largo viaje, se botaran como la maleta, tan descosida, tan llena de letreros y de mugre. Si no se cansaran, si fuera normal y corriente someterlas a chequeo médico cada año, con diagnósticos y exámenes de laboratorio, vitaminas y reconstituyentes y hasta menjurjes para la anemia. Si las palabras hicieran sindicato en defensa de sus fueros más legítimos y reclamaran indemnizaciones por abuso de confianza a aquellos que las tratan como a violín prestado. Si algún día hicieran huelga, ¿qué opina usted, García? EXTRAÑOS EN LA NOCHE Nadie mira a nadie de frente, de norte a sur la desconfianza, el recelo entre sonrisas y cuidadas cortesías. Turbios el aire y el miedo en todos los zaguanes y ascensores, en las camas. Una lluvia floja cae como diluvio: ciudad de mundo que no conocerá la alegría. Olores blandos que recuerdos parecen tras tantos años que en el aire están. Ciudad a medio hacer, siempre a punto de parecerse a algo como una muchacha que comienza a menstruar, precaria, sin belleza alguna. Patios decimonónicos con geranios donde ancianas señoras todavía sirven chocolate; patios de inquilinato en los que habitan calcinados la mugre y el dolor. En las calles empinadas y siempre crepusculares, luz opaca como filtrada por sementinas láminas de alabastro, ocurren escenas tan familiares como la muerte y el amor; estas calles son el laberinto que he de andar y desandar: todos los pasos que al final serán mi vida. Grises las paredes, los árboles y de los habitantes el aire de la frente a los pies. A lo lejos el verde existe, un verde metálico y sereno, un verde Patinir de laguna o río, y tras los cerros tal vez puede verse el sol. La ciudad que amo se parece demasiado a mi vida; nos unen el cansancio y el tedio de la convivencia pero también la costumbre irremplazable y el viento. EL CORAZÓN Cuarenta años han dejado nudos y sospechas y un cielo turbio donde envejecen sin remedio el sol, la dicha y las palabras. Lo cruzan calles ahora sin olores ni mediodías; a veces el esplendor de un nombre se pudre como saliva o como flor. Ausencias y desamores son raíces secas, ya sin rabia ni belleza. Ha hecho suyas algunas cosas muertas: las risas, las caricias y las cenizas de una tarde el sabor del domingo a los diez años, ciertos versos celestinos y necesarios, algunos cuerpos usados con ternura. Allí el futuro está de sobra como el polvo en los muebles de la casa y sólo una certidumbre sobrevive: el deseo incancelable de estar siempre en otra parte. Una lluvia bogotana, leve y gris, cae sin parar. Cementerio de sueños, pobre corazón, nada inmortal lo habita POEMA DE AMOR Afuera el viento, el olor metálico de la calle. Ya dentro, va dejando todo lo que lleva encima, primero la cartera y la sonrisa; se deshace de las caras que ese día ha visto, los desencuentros, la paz fingida, el sabor dulzarrón del deber cumplido. Y se desviste como para poder tocar toda la tristeza que está en su carne. Cuando se encuentra desnuda se busca, casi como un animal se olfatea, se inclina sobre ella y se acecha; inicia una larga confidencia tierna, se pide respuestas, tal vez tiene la mirada turbia; separa las rodillas y como una loba se devora. Afuera el viento, el olor metálico de la calle. De: EL CANTO DE LAS MOSCAS Canto 1 NECOCLÍ Quizás el próximo instante de noche tarde o mañana en Necoclí se oirá nada más el canto de las moscas. Canto 6 BARRANCABERMEJA Entre el cielo y el suelo yace pálida Barrancabermeja. Diríase la sangre desangrada. Canto 23 CUMBAL En bluyines y con la cara pintada llegó la muerte a Cumbal. Guerra Florida a filo de machete. Canto 24 SOACHA Un pájaro negro husmea las sobras de la vida. Puede ser Dios o el asesino: da lo mismo ya. KAVAFIANA El deseo aparece de repente, en cualquier parte, a propósito de nada. En la cocina, caminando por la calle. Basta una mirada, un ademán, un roce... Pero dos cuerpos tienen también su ocaso, su rutina de amor y de sueños, de gestos sabidos hasta el cansancio. Se dispersan las risas, se deforman. Hay cenizas en las bocas y el íntimo desdén. Dos cuerpos tienen su muerte el uno frente al otro. Basta el silencio. EL OFICIO DE VESTIRSE De repente, cuando despierto en la mañana me acuerdo de mí, con sigilo abro los ojos y procedo a vestirme. Lo primero es colocarme mi gesto de persona decente. En seguida me pongo las buenas Costumbres, el amor filial, el decoro, la moral, la fidelidad conyugal: para el final dejo los recuerdos. Lavo con primor mi cara de buena ciudadana visto mi tan deteriorada esperanza, me meto entre la boca las palabras, cepillo la bondad y me la pongo de sombrero y en los ojos esta mirada tan amable. Entre el armario selecciono las ideas que hoy quiero lucir y sin perder más tiempo me las meto en la cabeza. Finalmente me calzo los zapatos y echo a andar: entre paso y paso tarareo esta canción que le canto a mi hija: “Si a tu ventana llega el siglo veinte trátalo con cariño que es mi persona” NUNCA ES TARDE No le tengo confianza a mis palabras. Flotan muertas ahora Ante sus ojos, simulan decir quieren hablar intentan parecer. Acceden a los sueños de cada uno, los míos, los suyos; diez mil espejos a la vez, putas generosas sirven a dios y al diablo. Me he cansado de mis palabras, se las presto. Para el caso, es lo mismo. ![]() Arriba |