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RODRIGO PEREZ (Quetzaltenango, Guatemala)
rodrigopn@c.net.gt


USTEDES Y NOSOTROS

Plagié el título de Benedetti
Quién le cantó a la mujer:
porque sos pueblo te quiero
y porque amor no es aureola
ni cándida moraleja.

Yo les canto con mis versos:
Nosotros que confundimos queriéndolo
el amor de la madre con la obligación de la hembra.
Ustedes que siendo mayoría han soportado el chantaje de una minoría.
Nosotros que no hemos aprendido a luchar. ¡Cobardes!

Ustedes que no aceptaron seguir con el útero abierto
y la boca cerrada.
Nosotros que hemos prostituido el amor,
creyendo que las prostituidas son ustedes.

Ustedes que han sabido salvaguardar y ejercitar el amor.
Nosotros que sólo en raras ocasiones acompañamos el placer con la ternura.
Ustedes que han conocido tantas derrotas
Nosotros que vivimos con pírricas victorias.

Nosotros que apostamos y dijimos:
sin lucha no puede haber liberación de la mujer.
Ustedes que nos respondieron:
sin liberación de la mujer no puede haber lucha.

Nosotros que las conminamos a cambiar el mundo
Ustedes que nos sedujeron a desafiar el mundo
Ustedes y nosotros que no hemos querido desertar de los viejos ideales
Ustedes y nosotros que queremos vivir de otra manera:
Sin mediaciones, sin discriminaciones.

Ustedes y nosotros, juntos, podemos cambiar el mundo.
Y si después de tantas noches de amor y de muchos días de lucha,
el viejo mundo sigue como antes,
bien vale la pena entonces que intentemos crear otro completamente nuevo.

    Otro mundo a imagen y semejanza de ustedes.



CAMPANAS DE RABINAL.

Repicaron las roncas campanas
cuando en recio y confuso desorden,
llegó el viejo capataz de la mesnada.
el corazón a la piedad cerrado
y a la doliente súplica el oído.

Llegó el asesino:
inquieto, altivo, belicoso,
hipócrita, resuelto... a sus pies lacayos que se inclinan
se arrastran, murmurando su condena

Habló... y la mentira manchó sus labios trémulos
Y por las naves del templo sombrío
Tres Cruces, Chitucán, Inebe, Plan de Sánchez.
decían la humilde plegaria:!Venganza, venganza!.

Lloraron las campanas:
Anunciaron dolientes la hora del juicio,
porque el astro que sube a los cielos
es astro que alumbra vergüenzas y lagrimas.

Se oyen gritos:
Allá va... ¡detenedle! ~¡Asesino! ¡Asesino!
exige el pueblo, ancho muro de pechos viriles,
de brazos unidos y choque de piedras.

El pueblo gime:¡Por favor!, deténganlo ¡Deténganlo!
pónganle sin piedad el yugo y la mordaza
antes que al rostro, con brutal franqueza
nos lance su estridente carcajada!

Yo se lo que dicen las viejas campanas
las roncas campanas del pueblo
cuando vibran en brusco desorden:
ya sé lo que dicen: ¡Venganza! ¡Venganza!




MI ALEPH

En la parte inferior del escalón, hacia la derecha
vi una pequeña esfera tornasolada, de intolerable fulgor.
La creí giratoria, pero era una ilusión producida por los
vertiginosos espectáculos que veía. (sic)

Vi el populoso mercado, el alba y la tarde
Vi las muchedumbres de mi país
Vi una ametralladora amurallada en Tikal
Vi un laberinto rojo de sangre... de mártires

Vi interminables ojos escrutándome
Vi los ojos de Otto René, Robin García, Irma Flacker
Vi los ojos de los masacrados del Quiché
Vi a los recién nacidos estrellados contra el muro

Vi en el traspatio de la calle las ánimas en pena
Vi enfrente del zaguán de la iglesia de Fray Pedro
Vi joyas de oro y plata, los tesoros del pueblo
Vi a la reina de España firmando la Encomienda

Vi un desierto de tierra seca donde había un árbol
Vi un ejemplar de La Vaca de Monterroso olvidado
Vi la lista de los maestros destituidos
Vi la lista de los corruptos y cobardes destruida

Vi mis propios presagios y mis sueños
Vi que puedo construir un universo de utopía
Vi los intentos dirigidos desde el poder para
sacralizar la literatura
Vi y dudé en el valor de la palabra

Vi a la parte lúdica de mi existencia,
Vi que a la mayoría nos ha sido vedada,
Vi la fuerza de los titanes y la eternidad de Prometeo
Vi MI ALEPH desde todos los ángulos

Vi la magia del conquistador Ercilla... una ironía
Vi la magia de Borges, conceptual e irónica
Vi Mi Aleph, el real, el de mi pueblo
Vi a mis parientes, a mi gente, a mi patria

Vi la cara del campesino y sentí vértigo
Vi la cara del estudiante y gemí de tristeza
Vi que no se puede justificar la vida que es fugaz
Vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara y lloré.

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