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PEDRO SALINAS Datos Biográficos ****** ¿Serás, amor, un largo adiós que no se acaba? Vivir, desde el principio, es separarse. En el primer encuentro con la luz, con los labios, el corazón percibe la congoja de tener que estar ciego y sólo un día. Amor es el retraso milagroso de su término mismo: es prolongar el hecho mágico, de que uno y uno sean dos, en contra de la primer condena de la vida. Con los besos, con la pena y el pecho se conquistan, en afanosas lides, entre gozos parecidos a juegos, días, tierras, espacios fabulosos, a la gran disyunción que está esperando, hermana de la muerte, o muerte misma. Cada beso perfecto aparta el tiempo, le echa hacia atrás, ensancha el mundo breve donde pueda besarse todavía. Ni en el llegar, ni en el hallazgo tiene el amor su cima: es en la resistencia a separarse donde se le siente, desnudo, altísimo, temblando. Y la separación no es el momento cuando brazos o voces, se despiden con señas materiales. Es de antes, de después. Si se estrechan las manos, si se abraza, nunca es para apartarse, es porque el alma ciegamente siente que la forma posible de estar juntos es una despedida larga, clara. Y que lo más seguro es el adiós. ****** Miedo. De ti. Quererte es el más alto riesgo. Múltiples, tú y tu vida. Te tengo, a la de hoy ya la conozco, entro por laberintos, fáciles gracias a ti, a tu mano. Y míos, ahora, sí. Pero tú eres tu propio más allá, como la luz y el mundo: días, noches, estíos, inviernos sucediéndose. Fatalmente, te mudas sin dejar de ser tú, en tu propia mudanza, con la fidelidad constante del cambiar. Di: ¿podré yo vivir en esos otros climas, o futuros, o luces que estás elaborando, como su zumo el fruto, para mañana tuyo? ¿O seré sólo algo que nació para un día tuyo (mi día eterno), para una primavera (en mí florida siempre), sin poder vivir ya cuando lleguen sucesivas en ti, inevitablemente, las fuerzas y los vientos nuevos, las otras lumbres, que esperan ya el momento de ser, en ti, tu vida? ****** Cuando cierras los ojos tus párpados son aire. Me arrebatan me voy contigo, adentro. No se ve nada, no se oye nada. Me sobran los ojos y los labios, en este mundo tuyo. Para sentirte a ti no sirven los sentidos de siempre, usados con los otros. Hay que esperar los nuevos. Se anda a tu lado sordamente, en lo oscuro, tropezando en acasos, en vísperas; hundiéndose hacia arriba con un gran peso de alas. Cuando vuelves a abrir los ojos yo me vuelvo afuera, ciego ya, tropezando también, sin ver, tampoco, aquí. Sin saber más vivir ni en el otro, en el tuyo, ni en este mundo descolorido en donde yo vivía. Inútil, desvalido entro los dos. Yendo, viniendo de uno a otro cuando tú quieres, cuando abres, cuando cierras los párpados, los ojos. ETERNA PRESENCIA No importa que no te tenga, no importa que no te vea. Antes te abrazaba, antes te miraba, te buscaba toda, te quería entera. Hoy ya no les pido, ni a manos ni a ojos, las últimas pruebas. Estar a mi lado te pedía antes; sí, junto a mí, sí, sí, pero allí fuera. Y me contentaba sentir que tus manos, me daban tus manos, sentir que a mis ojos les debas presencia. Lo que ahora te pido es más, mucho más, que beso o mirada: es que estés más cerca de mí mismo, dentro. Como el viento está invisible, dando su vida a la vela. Como está la luz quieta, fija, inmóvil, sirviendo de centro que nunca vacila al trémulo cuerpo de llama que tiembla. Como está la estrella, presente y segura, sin voz y sin tacto, en el pecho abierto, sereno, del lago. Lo que yo te pido es sólo que seas alma de mi ánima, sangre de mi sangre dentro de las venas. Es que estés en mí como el corazón mío que jamás veré, tocaré, y cuyos latidos no se cansan nunca de darme mi vida hasta que me muera. Como el esqueleto, el secreto hondo de mi ser, que sólo me verá la tierra, pero que en el mundo es el que se encarga de llevar mi peso de carne y de sueño, de gozo y de pena misteriosamente sin que haya unos ojos que jamás le vean. Lo que yo te pido es que la corpórea pasajera ausencia no nos sea olvido, ni fuga, ni falta: sino que me sea posesión total del alma lejana, eterna presencia. ![]() Arriba |