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SILVIA PLATHDatos Biográficos SOY VERTICAL Pero preferiría ser horizontal. No soy un árbol con las raíces en la tierra absorbiendo minerales y amor maternal para que cada marzo florezcan las hojas, ni soy la belleza del jardín de llamativos colores que atrae exclamaciones de admiración ignorando que pronto perderá sus pétalos. Comparado conmigo, un árbol es inmortal y una flor, aunque no tan alta, es más llamativa, y quiero la longevidad de uno y la valentía de la otra. Esta noche, bajo la luz infinitesimal de las estrellas, los árboles y las flores han derramado sus olores frescos. Camino entre ellos, pero no se dan cuenta. A veces pienso que cuando estoy durmiendo me debo parecer a ellos a la perfección- oscurecidos ya los pensamientos. Para mí es más natural estar tendida. Es entonces cuando el cielo y yo conversamos con libertad, y así seré útil cuando al fin me tienda: entonces los árboles podrán tocarme por una vez, y las flores tendrán tiempo para mí. EL COLOSO Jamás conseguiré recomponerte del todo, unir, pegar tus pedazos y juntarlos como es debido. Rebuzno de mula, gruñido de cerdo y carcajadas obscenas salen de tus enormes labios. Esto es peor que un corral. Acaso te consideras un oráculo, portavoz de los muertos, o de algún que otro dios. Llevo treinta años trabajando para extraer el sedimento de tu garganta. Sigo sin entenderlo. Escalera arriba con botes de cola y Lysol trepo como una hormiga en duelo por encima de los campos de maleza de tu frente para reparar las inmensas planicies de tu cráneo y limpiar los blancos, desnudos túmulos de tus ojos. Un cielo azul como de la Orestíada Se arquea por encima de nosotros. Oh padre, tan solo como estás eres hondo y denso en la historia como el foro romano. Abro mi almuerzo sobre una colina de cipreses negros. Tus huesos aflautados y tu pelo de acanto desbordan su antigua anarquía hasta la línea del horizonte. Haría falta más de un rayo para crear una ruina así. De noche me acurruco en la cornucopia de tu oreja izquierda, al abrigo del viento, y cuento las estrellas rojas, y las de color ciruela. El sol sale bajo la columna de tu lengua. Mis horas abrazan la sombra. Ya no atiendo al encallar de las quillas en las piedras desnudas del embarcadero. QUIERO, QUIERO Boquiabierto, el diosecillo inmenso, calvo, a pesar de su infantil cabeza, pedía a gritos el pecho de su madre. Los volcanes secos se cuarteaban y escupían. La arena abrasaba los labios sin leche. Pidió entonces la sangre del padre, que puso a trabajar avispa, lobo y tiburón, e ingenió el pico del alcatraz. Con los ojos secos, el patriarca inveterado levantó sus hombros de pellejo y huesos, púas en la corona de dorado alambre, espinas en el tallo de la rosa sangrienta. EL ESPEJO Soy de plata y exacto. No tengo prejuicios. Todo lo que veo lo trago de inmediato tal y como es, sin la turbiedad del amor o de la antipatía. No soy cruel, sólo veraz- El ojo de un diosecillo, con cuatro esquinas. La mayor parte del tiempo medito sobre la pared de enfrente. Es rosada, con manchas. La he mirado tanto que creo que forma parte de mi corazón. Pero se mueve. Caras y oscuridad nos separan una y otra vez. Ahora soy un lago. Una mujer se asoma sobre mí, buscando en mi extensión lo que ella es en realidad. Luego se vuelve hacia esas embusteras, las velas o la luna. Veo su espalda y la reflejo con fidelidad. Me recompensa con lágrimas y gesticula con las manos. Soy importante para ella. Viene y va. Cada mañana es su cara lo que sucede a la oscuridad. En mí ha ahogado a una muchacha, y desde mi una mujer mayor se eleva hacia ella día tras día, como un pez terrible. ![]() Arriba |