|
Miami y su desconcertante paisaje
Mario Diament
MIAMI.- Desde el lunes último, en que el huracán Wilma castigó durante
siete horas al sur de Florida, con vientos de 220 kilómetros por hora, Miami
presenta un espectáculo desconcertante. El cielo está despejado; el sol
entibia sin perturbar y el mar acaricia mansamente la playa. Es uno de esos días
perfectos que hacen que el resto del mundo envidie el clima de estas latitudes y
los habitantes de las regiones frías huyan de la nieve para venirse a retozar
en las arenas de South Beach. Pero la ciudad está virtualmente paralizada.
Calle tras calle, el mismo espectáculo de árboles descuajados, de ramas que se
entrelazan como inquietantes esculturas abstractas, de semáforos caídos, de
cables entreverados.
La mitad de la ciudad está aún sin servicio eléctrico y un cuarto de los
domicilios no tiene agua ni teléfonos. Varias empresas de celulares siguen
inoperantes. Cuando alguno de estos servicios se restablece, el afortunado se
siente como si hubiera ganado la lotería. Por un breve interregno, la pirámide
social se ha trastocado. Los que tienen electricidad son la nueva aristocracia;
quienes carecen de ella son los humillados. Los opulentos de ayer andan ahora en
busca de algún amigo de la nueva clase donde darse un baño caliente, guardar
la comida o lavar la ropa sucia. Por la noche, el silencio es perturbado por el
grosero ronroneo de los generadores portátiles.
La gente hace cola ante estaciones de servicio, ante puntos de suministro de
hielo y agua, ante los escasos restaurantes que sirven comida caliente. La mayoría
de los miamenses, es preciso destacarlo, despliega una paciencia rayana con el
estoicismo y los incidentes y las peleas han sido llamativamente escasas.
Turistas en pena
Los turistas que no han logrado regresar se arrastran por las calles desiertas
como almas en pena, buscando donde comer o comprar comida. Cuando regresan a sus
habitaciones, deben hacer sus propias camas y sentarse a esperar que pase la
noche en la oscuridad.
Las escuelas y universidades han cerrado por lo menos hasta el lunes, y el
comercio es escaso, ya sea por falta de energía eléctrica o porque los
empleados están sin nafta y no pueden movilizarse, o porque la cadena de
abastecimiento está interrumpida.
Hasta el momento de escribir esta columna, el toque de queda seguía en vigencia
a partir de las 8 de la noche hasta las 6 de la mañana siguiente, para impedir
saqueos al amparo de la oscuridad, lo cual reducía el entretenimiento a algunas
horas en la tarde. Los cines que tenían la suerte de poder operar registraban
colas parecidas a las de las estaciones de servicio. Los shoppings se vieron
inundados de consumidores ansiosos de completar sus compras antes de que entrara
el toque de queda. Como siempre, quedó demostrado que comprar es la terapia
ideal para combatir el estrés.
Las marinas, desde los cayos hasta Palm Beach, muestran un paisaje de barcos
catapultados al pavimento, desguazados, volcados o, simplemente, hundidos. En
North Miami, por lo menos dos marinas donde los barcos se guardan en estructuras
de varios pisos se vinieron abajo y dejaron una montaña de fibra de vidrio, caños
retorcidos y timones astillados.
Los hospitales han debido establecer tiendas de campaña en las playas de
estacionamiento para atender un volumen de pacientes tres o cuatro veces
superior a lo normal, al mismo tiempo que médicos y enfermeras se veían, en
muchos casos, impedidos de llegar a sus puestos de trabajo por hallarse en zonas
afectadas o por falta de nafta.
El jueves, el presidente George W. Bush se dio una vuelta por Florida para
constatar los daños y visitar a su hermano gobernador del estado, pero
principalmente para tratar de desviar la atención del papelón de su candidata
a la Corte Suprema de Justicia, Harriet Miers, quien se vio forzada a retirar su
postulación y del escándalo en torno a la divulgación del nombre de la agente
de la CIA, Valerie Plame, que involucra a su principal asesor, Kart Rove, y al
asesor del vicepresidente Dick Cheney, I. Lewis Libby, quien debió renunciar.
Hizo algunas declaraciones intrascendentes y se marchó.
A media tarde de ayer, la atmósfera de Miami seguía siendo plácida y aunque
algunos nubarrones amenazaban con un corto chubasco, los meteorólogos
pronosticaban un fin de semana radiante.
El confort del mundo civilizado es un poco como el matrimonio: uno sólo se
percata de sus beneficios cuando lo pierde.
Link corto: http://www.lanacion.com.ar/751634
|