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PREMIO PEPE CARVALHO
2006
FRANCISCO GONZÁLEZ LEDESMA
Hace
más de veinte años, Prometeo, la editorial que fundó
Vicente Blasco Ibáñez, y que había revivido con la
democracia, publicaba los Premios Ciutat de Valencia.
En el año 1983, la obra finalista fue Expediente
Barcelona.
Un critico literario de aquellos que se llenan la pluma
y la boca con la Alta Literatura, dijo que era una “
noveleta” policíaca de lladres i serenos,
comparándola con la “ruptura experimental” de la
ganadora. Hoy, nadie se acuerda ni del critico ni de la
novela ganadora, pero muchos y muchas, esperamos
cualquier próximo libro del Inspector Méndez y de su
creador Francisco González Ledesma, y, seguimos leyendo
Expediente Barcelona.
Y siguieron Las calles de nuestros padres,
Crónica Sentimental en rojo, 42 Kms de compasión,
Los símbolos, Cine Soledad, La dama de
Cahemira, Historia de Dios en una esquina,
El pecado o algo parecido, Tiempo de venganza
y Cinco mujeres y media.
Hoy se otorga el “Primer Premi Pepe Carvalho” a
Francisco González Ledesma.
Las calles del barrio chino, del Raval, compartieron
los pasos de hombres muy diferentes. Pepe Carvalho
durante el franquismo había sido encarcelado; Méndez
era policía, aunque no policía franquista. Después
Carvalho entró en la CIA y recorrió el mundo. Méndez
siguió pateándose las calles de Barcelona como simple
inspector. Nunca le dieron un ascenso.
Carvalho come y cocina muy bien; Méndez no tiene ni
idea de cocina y le gusta la tortilla de patatas
momificada.
Carvalho sabía elegir el vino adecuado de la cosecha
adecuada, a la temperatura adecuada, mientras Méndez no
pasa del Valdepeñas. Carvalho liga y a Méndez ya no le
hacen “un favor” ni las viejas matronas. Carvalho quema
libros, y a Méndez se le deshacen los bolsillos de las
americanas por que los lleva repletos de libros..
Carvalho fuma habanos y Méndez solo inhala el humo de
habano que desprende el que fuma un banquero rico y
poderoso, y por tanto sospechoso. Carvalho trabaja en
las Ramblas y vive en Vallvidrera. Méndez trabaja y
vive en el barrio chino y si fuera a Vallvidrera seguro
que el aire puro y sano acabaría con sus pulmones.
Pero los dos comparten algunas cosas fundamentales. La
actitud critica delante del poder y los poderosos, sin
importarles el tamaño que tengan. También comparten la
solidaridad con las víctimas del el sistema. Ambos,
Carvalho y Méndez, forman parte, según palabras de
Méndez, “de esa raza de idiotas, que daban sentido a
las viejas canciones del pasado y creían en las
promesas del futuro.”
Comparten un sentido de la justicia, que no siempre
coincide con la práctica de la ley. Carvalho tan solo
dará explicaciones a sus clientes ya que su oficio es
encontrar la verdad pero no entregar al culpable a la
policía. Méndez sabe que no siempre la ley protege al
más débil. Más bien al contrario.
Y esto que ninguno de los dos han conocido estos jueces
supremos de ahora que se dedican a bailar sevillanas,
no se sabe si de faralaes o de niños palmeros.
Y sobre todo, por encima de todo, comparten el amor por
Barcelona, por sus calles, por sus rincones, por su
gente, por sus oscuridades, por sus ausencias, por sus
miradas, por las huellas que alguien dejó en una
esquina, por sus fantasmas..
La novela negra es fundamentalmente urbana. Cada vez
más la ciudad resume la contradicción entre la
tradición y el cambio. Cada vez más la ciudad es un
escenario económico, escenario del poder, pero también
escenario de la soledad, de la perdida de memoria, de
la perdida de identidad, de confrontación entre el
pasado político, cultural, sentimental y las nuevas
realidades de un mundo cada vez más homogéneo y
uniformizado..
Barcelona, según González Ledesma, es un escenario
excelente para la novela negra. Afirmación que estamos
seguros que compartiría con Vázquez Montalbán.
Barcelona es la ciudad mundial de la arquitectura.
Tiene la Pedrera de Gaudí y la torre Agbar de Nouvel
pero también “els quarts de casa” de la
Barceloneta. Donde en treinta metros cuadrados han
vivido dos y tres familias.
Es una ciudad bilingüe donde conviven dos culturas que
se complementan.
Es una ciudad de acogida. Todo aquel que viene y
encuentra trabajo se siente respetado y querido y
pronto considera que esta es su casa. Y puedo
afirmarlo.
Barcelona tiene puerto. Es una ciudad de mar. “Las
ciudades de mar siempre son más policíacas, mas
intrigantes, más vivas, más negras”.
Barcelona es una ciudad mediterránea. Tiene vida en sus
calles “sigue siendo la ciudad donde sales a caminar y
encuentras un argumento, un alma gemela, Y, si tienes
una pena también encuentras a alguien con quien
compartirla”.
Y entre los aficionados (o seguidores) de la novela
negra Barcelona es una ciudad que crea envidias. Cuando
se habla de Venecia, todos los lectores piensan en
Donna Leon, si decimos Atenas imaginamos a Petros
Markaris y su Kostas Jaritos, hablar de Marsella es
lamentar la muerte de Jean Claude Izzo. Con Leo Malet o
Fred Vargas andamos por las calles de Paris, pero si
hablamos de Barcelona tendremos que escoger entre
Rafael Tasis, Jaume Fuster, Andreu Martín, Eduard José,
Alicia Giménez Bartlett y los que hoy nos convocan:
Francisco González Ledesma y Manuel Vázquez Montalbán.
Difícil elección para los lectores de casa y del mundo.
Manuel Vázquez Montalbán y Francisco Gonzalez Ledesma,
compartieron, pese a la diferencia de edad, la misma
posguerra. Hecha de hambre y de miedo “ soy hijo del
hambre, de la escasez, y del racionamiento”, pero hecha
también de pequeñas solidaridades y de grandes
esperanzas. Caminaron por las mismas calles grises y
estrechas. Calles cuya niñez compartieron con otros dos
ganadores del Premio Planeta: Terenci Moix y Maruja
Torres. En un pequeño fragmento de nuestra vieja
ciudad, a pocos metros unos de otros nacieron y
aprendieron a sobrevivir nada menos que cuatro Premios
Planeta.
Compartieron también la máscara del seudónimo. Uno como
Sixto Cámara o Luis Dávila, por ejemplo, y el otro como
el Silver Kane de las novelas populares.
Compartieron, también, la lucha por las libertades de
este país. De este país y de todos los países. Y han
transmitido el amor por su ciudad a miles a miles de
lectores que también la quieren. Con páginas hechas con
sabiduría pero también con amor y con Pasión.
Paginas que al mismo tiempo daban testimonio de lo que
también la ciudad estaba perdiendo con el paso
imparable hacia la modernidad.
Claude Mesplède, el importante crítico francés ha
escrito: “ Admiro la obra de González Ledesma como
escritor pero también como ciudadano”.
Esta es la otra mirada sobre González Ledesma. Su
calidad personal. Muchos lectores no podremos aplicar
aquello que decía nuestro admirado Raymond Chandler:
“Si te gusta una novela, no intentes conocer a su
autor”. Somos testigos fieles de las colas que se
forman en la Semana Negra de Gijón, cuando el firma.
Y no es solo la firma, sus lectores quieren tenerlo
cerca, hablar con él, sentir su cercanía….
Dentro de muy poco se publicarán sus memorias. Gracias
a ellas podremos conocerlo un poco mejor. Se titulan
Historia de mis calles, no podría ser de otra manera,
siempre la calle como metáfora de la vida. Y tienen un
rasgo absolutamente insólito en este tipo de memorias.
En ellas no habla mal de nadie.
Señor González Ledesma, muchas gracias por haber creado
al Inspector, que nunca será Comisario, Méndez. Leer
sus novelas nos deparado un gran placer como lectores y
lectoras. Nos explica historias que nos hacen ser
mejores personas. Pero quienes hemos podido compartir
momentos con usted hemos tenido un doble placer y nos
sentimos doblemente privilegiados.
Muchas gracias
Discurso del
secretario del jurado, Paco Camarasa, durante la
entrega del Premio Pepe Carvalho 2006.
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