LOS RELATOS DE BRIGADA 21 >>> EL HOMBRE DE CONFIANZA, DE LLUÍS GUTIÉRREZ

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BEl hombre de confianza

Lluís Gutiérrez

 

En aquellos casos el hombre de confianza acostumbraba a tomar ciertas precauciones extras. Tras salir de la residencia de El Hombre, tomó un taxi y le ordenó un viaje al centro, allí tras dar un corto paseo, atento a no ser seguido por nadie, tomó el metro, cambió innecesariamente de línea y volvió sobre sus pasos para finalmente apearse en la estación cerca de la cual había un estacionamiento de taxis que ofrecía una magnífica visión panorámica de los alrededores, lo cual hacía prácticamente imposible que un eventual perseguidor pudiese pasar desapercibido. En alguna ocasión había llegado a pensar que aquel amontonamiento, le gustaba más la expresión amontonamiento que la palabra cúmulo que le sonaba a nube, de precauciones podía ser innecesario, y siempre concluía en que no había llegado a ser el hombre de confianza de El Hombre por simple casualidad.

En realidad no siempre debía atenerse a aquel ritual de precauciones, atento lo estaba siempre, de acuerdo, sin embargo cuando la misión era del cariz de la que le ocupaba aquel día no podía evitar sentirse especialmente responsabilizado. Aquel tipo de misión sólo se producía un par de veces al año, el resto eran gestiones más o menos rutinarias, lo cual quería decir que su trabajo era cómodo, cómodo y bien pagado.

En ocasiones como aquel día, El Hombre le proporcionaba dos nombres, nunca por escrito, de palabra siempre, el primer nombre era el de la persona que debía desaparecer, el segundo nombre el de la persona que debía hacerle desaparecer. El primer nombre a él nunca le decía nada, en alguna ocasión días más tarde se enteraba de algún detalle de la personalidad del muerto a través de la prensa. Del segundo nombre era más fácil acordarse, de hecho sólo eran tres nombres y él los había ya visitado en diversas ocasiones, eran muchos años siendo el hombre de confianza.

El tipo al que debía visitar aquel día era el que más le gustaba, un tipo de los que sabían vivir. Casa con piscina a la que se accedía desde el salón de una casa de planta americana, uno de esos salones inmensos que sólo tienen salida a la cocina, al jardín y desde los cuales una escalera comunica con la planta superior que es donde están las habitaciones y el resto de servicios de la casa. El tipo era un sibarita, buena música, buena comida, suponía que buen sexo, en alguna ocasión le había invitado a quedarse a compartir algún almuerzo con él, buen whisky, especialmente buen whisky, siempre de malta, siempre de calidad. A él le gustaba especialmente el Bowmore Legend con su especial regusto yodado. Un verdadero placer, aquel whisky. El tipo lo sabía y en cada visita compartían uno de aquellos magníficos tragos. En general un tipo encantador, con perdón del oficio como dirían en mi pueblo.

El taxi le dejó tres travesías antes de su destino que cubrió a pie. El tipo le recibió con la amabilidad contenida de siempre y le invitó a pasar.

Hacía tiempo que no me visitabas, le dijo.

Bueno, buenas noticias para alguien ¿no?

El tipo no sonrió, no le gustaban las referencias a su trabajo y el hombre de confianza tuvo un momentáneo sobresalto, no le gustaría enfurecer a aquel hombre en particular. Le dijo el nombre que había memorizado. El otro sólo asintió y anotó el nombre en una libretita de hojas cambiables, luego le preguntó: ¿Urgente?

No me han hecho mención.

Mejor, posiblemente no será sencillo.

Luego tomaron un trago de Bowmore Legend, magnífico como siempre, estuvieron charlando, a los dos les gustaba el mismo tipo de música y le ofreció escuchar el último álbum de una nueva estrella emergente de la música country, incluso le anotó el nombre para que pudiese buscarlo si le interesaba hacerlo.

Al despedirse le acompañó hasta la puerta, al pasar bordeando la piscina, el hombre de confianza tropezó con el pie de su acompañante y cayó en la piscina. Tras el chapuzón se agarró dificultosamente al borde y tendió la mano para que le ayudase a salir, el tipo sacudió brevemente la cabeza negando y le golpeó con el pie en la cabeza dejándole ligeramente atontado, luego se agachó y le empujó con fuerza la cabeza hacía abajo. El hombre de confianza antes de empezar a tragar agua, aún tuvo tiempo de pensar que por una vez en la vida, El Hombre había cambiado su forma de proceder, y en aquella ocasión había usado el teléfono para pronunciar personalmente el nombre de la persona que debía desaparecer. Y que por alguna razón que se le escapaba, él había dejado de ser su hombre de confianza, luego comenzó a tragar agua.

Cuando el agua de la piscina volvió a recuperar su quietud habitual, sólo rota por la ligera brisa que venía del norte, el tipo se levantó y se sacudió la pernera del pantalón con cara de disgusto, luego entró en la casa y se sirvió un nuevo trago de Bowmore Legend, arrancó la hoja en donde había escrito el nombre que había pronunciado el hombre de confianza y lo arrojó a la papelera, luego suspiró y tomó el mando del imponente televisor de plasma último modelo.

 

© Lluís Gutiérrez

 

       

                                                         


BRIGADA 21, asociación para la difusión de la novela negra y criminal  -  2004-2006

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actualización: abril 2006


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