LOS RELATOS DE BRIGADA 21 >>> UN ASUNTO CONFUSO, DE LLUÍS GUTIÉRREZ

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Un asunto confuso

Lluís Gutiérrez

 

En estos últimos tiempos me despierto con la angustiosa sensación de que alguien sometido a un indescriptible horror me ruega que le ayude a librarse de él. En mis sueños, aunque mejor sería llamarles pesadillas, las mujeres que me ruegan que las ayude, porque siempre son mujeres quienes acuden a mi en busca de ayuda, tienden hacia mi sus brazos ensangrentados, sus ojos se dilatan esperanzados esperando hallar en mi el consuelo que necesitan, sus labios se curvan en un gesto abyecto de claudicación y al tiempo de esperanza. Me despierto bañado en sudor, azorado por el desconsuelo que me ha producido no poder ayudarlas, sea cual sea el motivo de su pesar; fuese cual fuese el esfuerzo que tuviese que realizar o la angustia que tuviese que superar desearía seguir en el sueño para consolar a tan desconcertadas suplicantes hacia mi, en el mismo momento en que sus brazos ensangrentados se tienden suplicantes hacia mi, en el momento en el que sus ojos buscan los míos, me despierto y debo pasear descalzo por la casa a fin de apartar de mi mente confusa las imágenes del sueño. Hay ocasiones en que consigo conciliar de nuevo el sueño, en otras no.

Yo conozco, al menos creo conocer, la causa de esas pesadillas. Desde hace seis meses, y con una frecuencia maníacamente exacta de cinco semanas, una mujer es asesinada en la ciudad. Los medios de comunicación al asesino han dado en bautizarle con el apelativo de "El Relojero", imagino que por la exactitud con que se atiene al plazo de cinco semanas para cometer un nuevo asesinato. Si bien en el tiempo de ejecución de sus abominables actos muestra esa enfermiza exactitud, no sucede lo mismo con cualquier otro ritual, sus víctimas no tienen mas en común que el hecho de ser mujeres, ya que entre sus cinco víctimas se cuentan una anciana asesinada en su casa, estrangulada con una media; una colegiala de quince años a la que aplastó la cabeza con una piedra que fue hallada a los pies del cadáver en un callejón cercano al colegio; una funcionaria a la que degolló en un descampado de las afueras de la ciudad, lejos de cualquiera de los asesinatos anteriores; la siguiente víctima fue una mujer joven, apuñalada en los lavabos de caballeros de un afterhours en un polígono industrial; finalmente la más desconcertante de sus víctimas, una monja boliviana perteneciente a la orden de las Siervas de Jesucristo, a la que se había dado por desaparecida del convento y que fue hallada colgada de un árbol en un rincón de la Sierra de Collserola. La alarma social crece conforme se acerca la fecha de cada nuevo asesinato, los medios de comunicación, con ese salaz, plebeyo sentido del humor que les caracteriza, la llaman "El Cumpleaños del Relojero", tras el nuevo asesinato las primeras páginas claman venganza, justicia y culpan cada medio al partido político rival del propio de soporte, luego transcurrida la primera semana ahorran adjetivos, consejos y exigencias de responsabilidades hasta que llega la cuarta semana y la alarma se activa. Me sorprende que a esas tres semanas intermedias no las hayan bautizado como "La Tregua del Relojero".

Personalmente me siento muy afectado por esos asesinatos, la próxima víctima podría ser mi propia hermana, una vecina o una compañera de trabajo.

Mis pesadillas se hacen peores y aparecen con más frecuencia conforme se va acercando "El Cumpleaños del Relojero", sufro las angustias de las mujeres que aparecen en mis sueños, no por desconocidas menos dignas de compasión, menos merecedoras de ayuda, con verdadera angustia y daría la mitad de mi vida con tal de ver a "El Relojero" capturado y castigado con el mayor de los rigores que contempla la ley. Mi angustia y confusión se ven acrecentadas por las innumerables muestras de histeria que los medios de comunicación siembran por toda la ciudad, ya que es imposible encender el televisor o coger un diario o revista sin encontrar la debida referencia a "El Cumpleaños del Relojero".

El martes pasado me sorprendió constatar que en uno de esos programas llamados del "corazón" estaban dedicando un monográfico a la figura de "El Relojero", una serie de oscuros personajes entre los que se encontraban una psicóloga y un sexólogo entre otros habituales a ese tipo de tertulias, lanzaban las más disparatadas hipótesis acerca de las motivaciones que podían mover al asesino a cometer las atrocidades que cometía; se defendieron las más alocadas teorías compartiendo todas ellas un denominador común: estar en la onda, tener mercado si ustedes lo prefieren. Me llamó especialmente la atención la teoría defendida por una periodista especializada en relaciones escandalosas entre famosos, la periodista en cuestión afirmaba que "El Relojero" no era más que un acosador doméstico que había superado, ella usó la expresión sublimado, los límites del ámbito familiar para obtener mayor satisfacción machista, aunque no supo hacer ninguna aproximación plausible de la razón por la que los asesinatos se cometían con una frecuencia de cinco semanas exactas, ni un día más ni un día menos.

Ayer fue una de esas noches que me cuesta olvidar, mis pesadillas fueron más vívidas que de costumbre y cuando me desperté sentía unos enormes deseos de gritar, de llorar, de sumergirme en cualquier estado que me garantizase poder apartar de mi mente las imágenes terribles de la pesadilla. A pesar de que tomé dos comprimidos inductores del sueño, no pude conciliar éste de nuevo. A las ocho de la mañana, cuando el despertador soltó su acostumbrado y molesto zumbido, me levanté, medio dormido me duché y me vestí, escogí como de costumbre la ropa que quería ponerme, el traje de cuadros Gales, camisa blanca y corbata clásica de lana. Ya vestido tuve que cambiarme ya que la camisa blanca mostraba una fea mancha roja que yo no recordaba, luego me volví a desvertir ya que la combinación de traje y corbata con una camisa azul cielo no me parecía adecuada; al no tener otra camisa blanca opté por cambiar todo el conjunto y escogí el traje gris con una corbata de rayas tipo inglés.

Antes de salir hacia la oficina volví a mirar la mancha de mi camisa, estaba situada junto a la manga derecha y tenía una forma que recordaba al mapa de Italia, era de un color rojo oscuro y parecía sangre. Tuve un estremecimiento que aún ahora me confunde.

Mientras conducía camino a mi oficina recordé una frase que había leído hacia algún tiempo, no recordaba donde y que me había dado que pensar: hay un momento en que lo cierto y lo imaginado se confunden de tal manera en la mente de un hombre, que decir qué es más significativo resulta del todo injusto.

Tuve suerte con el aparcamiento, mi lugar de trabajo está situado en una zona en donde estacionar el coche no resulta sencillo, eso provocó que antes de entrar en la oficina me viese obligado a dar un par de vueltas a la manzana para no entrar antes de las nueve de la mañana que es mi hora de entrada. Soy muy meticuloso en todo lo que hace referencia a la puntualidad.

 

 

© Lluís Gutiérrez

 

       

                                                         


BRIGADA 21, asociación para la difusión de la novela negra y criminal  -  2004-2006

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actualización: abril 2006


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