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SOCIOS INSTITUCIONALES
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Tres días de plazo José M. Martínez Marín
Una y otra vez me decía Tomas Sarmiento que la amistad era un mal negocio y yo, dependiendo del estado de mi humor, le concedía con mi silencio una victoria sin valor o, siguiéndole el juego, le preguntaba: - ¿Por que lo dices? -. Aunque ya sabía la respuesta. -. Parece mentira que lo preguntes. Además, precisamente tú; uno de los menos indicados para hacerlo. Pues, porque siempre das mas de lo que recibes -. A la espera, anticipándose a mi reacción, me retaba, armado con una media sonrisa, mirándome fijamente, sin pestañear, con sus pequeños ojillos de color marrón claro haciendo que yo no tuviese más opción que sonreír también. Era entonces en esos momentos, aparentemente sin importancia, de los que se llenan nuestras vidas, cuando mas patente se me hacia el valor de la amistad de Tomas y no podía evitar el decirme a mi mismo, aunque la experiencia me había enseñado que en cuestiones de amistad no era un buen contable, que el cariño que sentía por el seria uno de los mejores negocios que haría en mi vida. Antes de llamar me pase la mano por el pelo comprobando que estaba colocado de la mejor manera posible y renuncie, no sin fastidio, a la dulce tortura de acariciarme las zonas donde este empezaba a escasear, y es que desde hacia un tiempo no podía evitar pasarme una y otra vez las yemas de los dedos por encima de esos racimos de pelos, mas débiles que el resto de sus compañeros, de la misma forma que si pasase una y otra vez revista a una tropa que poco o, mas bien, nada entendía de lealtad y de honor y que aprovechando la mas mínima oportunidad desertaban de mi cabeza. Estaba perdiendo la batalla a pasos agigantados. Una batalla que formaba parte de una guerra ya de por si perdida. Me ajuste el nudo de la corbata, sacudí la poca caspa que tenia acumulada en los hombros y le eche un vistazo a mis pantalones, impecablemente limpios y perfectamente planchados como correspondía a unos pantalones que acababa de recoger de la tintorería que tenia en frente de mi casa. Los zapatos brillaban como nuevos aunque ya tenían bastante traqueteo encima, parecía que Pere, el limpia, se afanaba mas en su labor “artística”, como el llamaba a el hecho de postrarse a tus pies y sacarles brillo a unos zapatos que tal vez nunca lo habían tenido ni lo tendrían, que a lo que realmente le daba de comer, sobre todo de beber, y que le permitía de vez en cuando irse de putas a uno de los burdeles del puerto mas caros y en donde se encontraba a mas de uno de sus clientes, los cuales al verle le pedían que les diese un repaso a sus zapatos antes de meterse en faena con alguna de las nuevas adquisiciones de Mama Luisa, peticiones que Pere atendía o no dependiendo de su estado de inspiración y de lo caliente que fuese. La otra y mas lucrativa fuente de ingresos de Pere era lo que yo le daba por los soplos, muchos de los cuales no me llevaban a ningún sitio pero algunos otros valían cien veces mas del dinero que pagué por ellos. Como decía, Pere estaba descuidando demasiado en su labor mas productiva ya no me daba respuestas y las evasivas que esgrimía ante mis preguntas no me hacían confiar en demasía que pudiese darme algún nombre o alguna pista si le concedía el tiempo y sobre todo el anticipo que el me pedía. Ayer, después de haberme dejado los zapatos impecables, se incorporo y hablamos cara a cara. Ante mis preguntas solo pudo encogerse débilmente de hombros y recomendarme un caballo para el sábado por la mañana. Tomas y yo estábamos desde hacia mas de cuatro meses detrás de una banda que se dedicaba al robo de coches de lujo que con una buena mano de pintura y un oportuno cambio de matriculas eran hechos desaparecer del mapa. Habíamos agotado uno a uno todos los plazos que nos había dado el Gran Jefe y ahora estábamos con la soga al cuello. Con pifiadas como esta acababa uno gastando de verdad los zapatos pateando la calle de madrugada y ni Tomas ni yo teníamos ya edad para eso. -. Yo de ti tendría las orejas bien abiertas y frecuentaría los lugares donde se digan cosas que a ti y a mi nos puedan interesar porque si no te veo bebiéndote y follándote lo que puedas sacar a base de betún y frote. No creo que tu exquisito estomago pueda soportarlo -. -. Ya nadie habla cuando yo estoy presente, nadie confía en mi, no se que pasa, ¿que puedo hacer? -. -. Lo que pasa es que exhibes demasiado el dinero que te doy y cada vez es mas difícil que la gente se crea que sacas tanto de limpia, tienes que hacer que vuelvan a confiar en ti -. -. Para eso necesito dinero, lo que me diste ya lo he gastado, necesito algo mas... -. -. Bien, pues vas a tener que sacarlo de donde sea porque se han acabado los anticipos. El dinero que te doy no es un regalo sino una inversión, así que si no obtengo nada por el, lo dejo donde estaba, debajo del colchón o se lo doy a alguien que me pueda dar algo a cambio, no se si me has entendido -. -. Pero necesito ese anticipo, solo treinta mil, es lo ultimo que te voy a pedir, mañana tendré nombres y me apuesto el cepillo y la crema que serán nombres que te sonaran. Pero ahora estoy sin blanca, así no puedo hacer nada... -. - Saca el dinero de donde sea y mañana quiero esos nombres importantes, sino tu y yo vamos a dejar de llevarnos bien y te aseguro que no te va a gustar nada tenerme siempre encima comprobando que cumples escrupulosamente con la ley -. - No puedo hacer nada sin dinero, dame por lo menos quince mil... -. - No, no me hagas repetírtelo, ya sabes que no me gusta repetir las cosas -. - ¿Y de donde lo voy a sacar? -. - No lo se, no es problema mío, róbalo si no te queda otro remedio, pero hazlo bien para que yo no pueda detenerte -. - Eres policía, no me puedes decir eso -. - Venga Pere, no me hagas reír -. “Si señor”, me digo y no puedo dejar de mirar el brillo y lustre de mis zapatos, los cuales, por una vez, no parecen lo que son, un par de zapatos baratos, lo único que puede permitirse un policía sin mas ingresos que su sueldo. El edificio de apartamentos donde viven Tomas, su esposa María y su hija Marta tiene cuatro pisos, es de protección oficial y a Tomas le ha salido mas barato por ser policía. Cuatro habitaciones, baño, cocina, salón y un balcón que se les quedara pequeño a tres de las personas que más aprecio en el mundo si piensan tener más descendencia. Hoy es nuestro día libre, se que Tomas lo estará disfrutando con su hija, yo voy de camino al hipódromo, donde espero encontrarme con Pere, para ver si consigo alguna pista que nos conduzca a la solución de este maldito caso que tenemos entre manos hace demasiado tiempo. Así que le comunicare esto, jugare un rato con Marta y me iré en busca de nuestro común amigo el limpiabotas artista. Llamo al timbre un par de veces y al instante oigo unos pasos acercándose a la puerta, el sonido es amortiguado, probablemente de alguien que lleva unas zapatillas con suela de goma blanda y lisa, seguramente es María ya que Marta tiene apenas tres años y aun no ha aprendido a abrir la puerta y porque Tomas en casa anda descalzo, solo con los calcetines, costumbre que no le gusta mucho a María, o lleva unos zapatos muy parecidos a los míos, por lo que habría reconocido el sonido al instante. Definitivamente es María la que se dirige a abrirme la puerta. Si esto no es deformación profesional que venga Dios y lo vea. En el vaso de plástico donde se me enfría este café que sabe a mil demonios hay dibujado la cara de un tipo con una estúpida sonrisa de oreja a oreja, es el logotipo de la empresa que lo hace y se forra a costa del estomago de millones de incautos como yo. Es como si ese imbécil tuviese todo lo que desea y no le quedase otra cosa que hacer que disfrutarlo. Bien pensado, si todo el mundo consiguiese todo lo que desea desaparecería ese gran placer humano de provocar envidia en el prójimo, así que parecer ser que la felicidad completa pasa, entre otras cosas, por unas cuantas toneladas de egoísmo. Miro las caras de los que me rodean un sábado cualquiera en el hipódromo, rabia y decepción, y a lo lejos, a mi espalda el bar, haciendo el negocio del siglo, solo se ven cabezas apiñadas, no hay ni un trozo de barra libre, tickets llenando el suelo como una alfombra compuesta de cadáveres, pardillos con una sonrisa desencajada después de que un caballo les cagase toda la paga y que están, seguro, pensando en sus mujeres esperándoles en el mejor de los casos con un rodillo o con la fuente de las ensaladas para rompérsela en la cabeza, así que pensaran que es mejor ir al bar y ponerse bien porque dicen los vagabundos que estando borracho es imposible que un golpe, por fuerte que sea, te mate. Las habrá también que ya tengan las maletas fuera y que anuncien a bombo y platillo, para que todo el vecindario sea testigo de su sufrimiento, que se van a casa de mama y que necesitan un tiempo para pensar si vale la pena seguir al lado de la mula borracha y mediocre a la que han dado lo mejor de su vida, pueden que dejen que el niño aburrido de tanto escándalo le de un ultimo beso a papa y este querubín lo hará a desgana y reprimiendo a penas un gesto de asco cuando le llegue la bocanada de vino barato del imbécil que no pudo adivinar que “Cisco” iba a sacarle dos cuerpos al resto de los caballos aunque esta no fuese su mejor temporada y lo ni siquiera hubiese podido entrar en el cajón en las dos ultimas carreras, y, para rematar el cuadro, el cabrón de “Materia gris” llegando el penúltimo aunque era el favorito de todo el mundo, incluso del speaker. A este también había que echarle de comer aparte, ya que sus días narrando carreras parecen estar contados, nadie apuesta un duro por el, porque no hay quien coño pueda seguir la carrera con tranquilidad de lo que grita. Nada mas abrirse los cajones todo el mundo sabe por que jamelgo ha apostado, aunque lo tiene terminantemente prohibido. La imparcialidad se le termina cuando ve que ha vuelto a tirar su dinero y cada carrera la acaba con un susurro anunciando el ganador sin disimular ni su desgana ni su decepción. Y dando la clasificación de la carrera, aunque a nadie le importe un bledo los caballos que llegaron a la meta a partir de la tercera posición, su voz se eleva teñida por la rabia cuando nombra al caballo por el que ha apostado parte de lo poco que le queda del sueldo que le dan en el hipódromo y con el que si sigue por este camino tendrá que dejar de contar. “En séptima posición... “Materia gris”, en octava posición...”, y algunos que ya le conocemos escuchamos a través de los altavoces un sonido que solo puede ser producido por alguien que esta rompiendo unos tickets con saña, cada vez en trozos mas pequeños hasta que no pueda seguir partiéndolos y acabe arrojándolos al suelo de la cabina, y al oírle un gemido que apenas consigue ahogar una maldición no nos queda mas remedio que reírnos y esperar que la próxima carrera nos alegre un poco el mes o por lo menos nos brinde el mismo espectáculo. Los caballos colocándose en los cajones parecen menos nerviosos que nosotros y Rata que se dedica a vender bolsas de patatas, chicles, chocolatinas, tabaco, programas de las carreras del día y coloca algún que otro soplo entre los novatos y los desesperados, sale de la cabina a todo meter consiguiendo dos cosas: que no se le caiga nada de la caja de madera donde lleva todas las mercancías y llegar con el tiempo justo de hacer sus apuestas y las de Toni Voz, el nombre artístico del speaker. Yo ya he hecho la mía, siguiendo una corazonada, que en estos casos es lo mas correcto, y aprovechando, por una vez y que no sirva como precedente, el soplo que me dio Pere el otro día: “Mano izquierda” en la cuarta. Bueno, pues van veinticinco verdes, ni un duro mas, para “Mano izquierda” ganador, porque aunque Pere me juro y perjuro por su padre que estoy seguro que aun no ha llegado a conocer, que ganaría por mas de tres cuerpos, yo soy un policía de la antigua escuela y no me fío de nada y mucho menos del soplo de un chivato al que se están agotando las respuestas. Me vendrá el nombre del caballo al pelo si no llega el primero porque mucha mano izquierda voy a tener con Pere, más exactamente mucho puño izquierdo. Toni Voz da la lista de salida de la cuarta y cuando nombra al tercer caballo su tono de voz se eleva y parece resbalar sobre el nombre como una caricia, “Whisky negro”, la verdad es que el nombre tiene gancho y muchos pardillos han puesto sus ultimas esperanzas en el, pero debe de haber mas de uno que ya se haya dado cuenta o le hayan advertido de como funcionan las cosas aquí y de como se puede saber el caballo que no va a ganar, simplemente viendo por quien apuesta Rata, así que los habrá que hayan reprimido las ganas de romper los tickets antes de que empiece la carrera y es que la esperanza es lo ultimo que se pierde y la suerte lo primero que nos abandona cuando las cosas se empiezan a torcer. Miro hacia el lugar desde donde Toni relata las carreras, en la parte más alta de la tribuna, en la cabina mas colocada a la izquierda, la única individual, separada un par de metros de las que utilizan los periodistas. Me pongo la mano en la frente para evitar que el molesto sol me de lleno en los ojos, y lo intuyo, mas que verlo, porque hay una gran distancia desde donde yo estoy en las gradas mas baratas y menos centradas del hipódromo, lo veo en mi imaginación, como si lo tuviese al alcance de la mano, ajustándose una y otra vez el nudo de la corbata, la única que hace juego con el traje de trabajo del hipódromo, frotándose las manos una y otra vez, sacando todos sus amuletos, sobándolos frenético y echándole un nuevo vistazo al odioso escudo del hipódromo grabado en la solapa derecha de su chaqueta que se refleja en el cristal de la cabina que necesita algo mas que una mano de bayeta y agua, como si aquello tan grande y feo hiciese que llevase mas tiempo del que podía acordarse sin acertar un caballo. De pronto Toni se levanta como si estuviese lanzado por un muelle y a través de los altavoces le oigo gritar como un poseso: - ¡Ya salen! -. Me doy la vuelta y me dispongo a ver si “Mano izquierda” tiene lo que hay que tener o si he vuelto a tirar el dinero como Toni y todos lo demás pardillos que aprietan sus tickets como si fuesen la única verdad absoluta, como supongo que Moisés hizo con las Tablas de los Diez Mandamientos, esa apuesta que a Dios no le ha salido del todo bien y que algún día cobrara de todas formas. Todos los caballos apretados en un puño al igual que el corazón de Toni y el de la masa que me rodea. Por como rugen es obvio que para ellos no es solo un juego como para los ricachones de la tribuna, sino que dependiendo de que caballo entre el primero por la meta sus mujeres se arreglaran, tendrán una cena intima y algo de sexo para variar, sus hijos algún juguete de moda que no paran de pedir y sus amantes el ultimo capricho que hará que les vuelvan a hacer aquello que les hace gritar y que sirve de válvula de escape para que todo siga valiendo la pena y no manden todo a la mierda, yéndose ellos también por el mismo camino, al mismo sitio. Así que esto no es solo una nueva carrera en el viejo hipódromo amenazado de cierre por la falta de beneficios sino que asisto como parte integrante a un nuevo acto de la representación de la tragedia humana. Me gustaría tener el papel de bufón pero parece que he sido predestinado para ser el narrador, o sea, aquel a quien nada le pasa y que nada puede hacer para cambiar lo esta ocurriendo delante de sus ojos. Los caballos toman la ultima curva, por los alaridos que pega Toni “Whisky negro” esta entre la partida que va en cabeza, también distingo los colores del jockey que monta a “Mano izquierda”, de amarillo y blanco. - ¡En primer lugar y destacándose “Whisky negro”, segundo “Visón”, tercero “Peste”, cuarto “Mano izquierda”, en quinto lugar y a unos cuatro cuerpos “Mala sangre”...! -. Parece que Toni se las promete muy felices hoy que es parte interesada, ya que uno de sus caballos no la ha pringado de salida o no ha tirado a su jinete. Su relato de la carrera recupera el brío que tuvo antaño cuando parecía que le iba la vida en esto y no el dinero. - ... Apurando ya la recta de tribunas los caballos se lanzan con todo lo que tienen en busca de su fortuna (sic). Apenas restan cien metros para la meta, Spinoza ya ha sacado la fusta y le esta dando una paliza de muerte a “Visón” pero no puede evitar que este pierda terreno y renueva con furia el castigo, puede que el caballo no llegue vivo a la meta. “Peste” ya se ha descolgado definitivamente, cuerpo a cuerpo van “Mano izquierda” y “Whisky negro”, esperando el momento oportuno para desencadenar su ataque final...! -. Aprieto mis tickets y me uno al resto del hipódromo en un sordo rugido en el que apenas es distinguible el nombre de los caballos que se están disputando la carrera mezclados con un sin fin de tacos dirigidos a los jockeys, a los caballos y a los familiares mas cercanos de ambos, algunos de los cuales harían enrojecerse a mas de un cabo legionario. -¡Whisky negro!, ¡Whisky negro! y..., ¡Foto finish!, ¡foto finish entre “Mano izquierda” y “Whisky negro”!, ¡foto finish para decidir el ganador!, ¡que carrera, señores, que carrera! -. Digamos que nunca he tenido demasiada suerte, tampoco le he dado ninguna oportunidad, nunca he confiado en ella y cuando me he equivocado siempre he tenido a alguien a quien echarle la culpa, en último caso a mi mismo. Ahora la suerte tampoco tendría nada que ver cuando anunciasen que el caballo ganador era “Whisky negro”, estaba completamente seguro de ello y mi seguridad se basaba al cien por cien en los ojos del caballo que apenas había logrado entrever durante una décima de segundo cuando paso delante mía, unos ojos grandes, enrojecidos, fijos, con voluntad propia, unos ojos que dejaban totalmente patente que solo la victoria tenia lugar en la mente de ese caballo, que nada le importaban los golpes de fusta que le daba el jockey, el ya sabia lo que tenia que hacer y lo iba a hacer aunque le fuese la vida en ello. - El ganador de la cuarta carrera es “Whisky negro” -. Anuncio Toni Voz con un susurro. Tardo un buen rato en dar la clasificación, lo que hizo que medio hipódromo se quedara mirando la cabina y los que ocupaban asientos mas cercanos a ella le vieran con la mirada baja, totalmente abatido como si en vez de ganar hubiese perdido, como era habitual. Al instante se incorporo, se ajusto la corbata y con una sonrisa que le llegaba de oreja a oreja y una voz que tenia tono y timbre de autentico profesional dio la clasificación de la carrera. Cuando nombro a su caballo lo hizo con tanta suavidad y con tanto amor que pareció que le daba un beso. Rompí mis tickets y me alegre por el viejo de Toni, hoy por lo menos, seria feliz. Era esta la última carrera y la más importante así que se sacaría un buen pico y sobre todo no tendría oportunidad, al menos hoy en el hipódromo, de perder todo el dinero apostándolo otra vez. La gente abandonaba sus asientos despacio y en silencio. Algunos ganadores y otros cuantos que les importaba todo una mierda se acomodaban y aferraban respectivamente a la barra del bar. Ví un hueco, acerque una banqueta justo un segundo antes de que una gorda y enjoyada vieja arpía me la quitase, y pedí un gin tónic. Brinde en silencio por Toni Voz y por Rata con el primer trago, la tónica me hizo unas agradables cosquillas en la garganta y la ginebra hizo todo un poco mas agradable. El viejo loro que había llegado un segundo mas tarde que yo a asir la silla me miraba con fuego en los ojos y murmuraba una serie de exabruptos probablemente referidos a mi persona y familiares mas allegados y no precisamente colmándonos de parabienes y buenos deseos para el futuro. Le sonreí y le guiñe un ojo, el loro dio un respingo y saco del anonimato del grupo que se agarraba a la barra como si esta fuera una tabla de salvación en medio del naufragio, a un tipo, un gordinflón con una calva sudorosa y reluciente, flácidos y casi colgados mofletes y un bigotillo tan ridículo que parecía pintado. El tipo me lanzaba rápidas miradas y asentía al parlamento de la que parecía ser su esposa, ya que seguro que no era su amante. Aunque soy policía y no me sorprendo de nada me resultaría imposible siquiera imaginara tal depravación. Por fin el tipo empujado por el loro se acerco hasta plantarse delante de mí. Tenia unos pequeños ojillos casi hundidos que parecían pedir ayuda o, si esta no llegaba, por lo menos que lo sacrificasen para dejar de sufrir. - ¡Vamos, Alberto! -. Dijo el loro y propino al susodicho otro tremendo empujón que casi hace que se me caiga encima. - Oiga... -. Alce la mano para interrumpirle y el hombrecito que interpreto mal mi gesto dio un salto alejándose de mi alcance. Saque la cartera y le enseñe mi placa, el hombrecito suspiro aliviado al ver que ya no tenia que hacer nada, que aquello zanjaba cualquier cuestión, de todas formas se volvió y le echo una interrogadora mirada a su mujer percatándose de que ella también había visto mi placa y sobre todo asegurándose de que lo que significaba aquel trozo de metal ponía fin a todo conato de disputa. Ella aun se permitió algún desplantado comentario. - El que sea usted policía no le da derecho a avasallar así a los demás -. Mire alternativamente al hombrecillo y al viejo loro compadeciéndome sinceramente del primero y sin poder reprimir un gesto de profundo desagrado que me provocaba la segunda. - Señora o se va con viento fresco y deja de fastidiarme o la detengo por alteración del orden publico -. La gente del bar apenas nos prestaba atención, más atentas a sus copas que a otra cosa. Alguno había que buscaba en el suelo tickets de caballos ganadores tirados o perdidos por descuido. - Oiga usted no... -. El viejo loro se vio interrumpido por el sonido de algo parecido a un disparo, pero más estruendoso, que provino casi con toda seguridad del piso de arriba donde estaban las cabinas. Los aparte de un empujón y desenfundando me encamine, sin perder un instante, a las escaleras que conducían al piso de arriba. Un borracho se quedo aplaudiendo mi presta puesta en escena. Subía los escalones de dos en dos, tenia el corazón casi en la boca por la excitación y el cansancio. Un grupo de gente se apelotonaba delante de la cabina de Toni Voz, saque la placa y a base de empujones, ajeno por completo a las protestas y alguna que otra amenaza, conseguí llegar a la cabina. En el suelo estaba Toni Voz, lo distinguí por el traje, su mano derecha sostenía un amasijo de metal humeante y retorcido que me costo reconocer como una pistola pero casi totalmente destrozada, en el mismo estado estaba su cara, una sanguinolenta e irreconocible masa de carne y piel chamuscada. Desde luego no era ningún espectáculo agradable. En un rincón de la cabina y mirando con ojos desencajados a Toni estaba Rata. Comprobé que nada se podía hacer por Toni así que le cubrí la cara con mi chaqueta. Me acerque a Rata. - ¿Que ha pasado Rata? -. El tipo ni siquiera se había percatado de mi presencia. Seguía mirando fijamente a Toni como si ya no pudiese hacer otra cosa en su vida. Le volví a repetir la pregunta, pero aquel tipo estaba a muchos kilómetros de allí, me fije que en su mano derecha sostenía unos tickets, vi el caballo que figuraba impreso en ellos: ”Mano izquierda”. Aquello no tenía mucho sentido, estaba claro para todo el mundo que el caballo de Toni era “Whisky negro”. Agarre a Rata por los brazos y lo sacudí con todas mis fuerzas, el tipo se me quedo mirando extrañado como si lo hubiese despertado de algo. Como la vuelta en si no era muy rápida que digamos le propine un par de bofetadas y por fin pareció tomar tierra. Gracias al estimulo físico que le administre Rata torno su mutismo en locuacidad y estuvo un buen rato hablando. Me tuve que esforzar todo lo que pude en conectar y hacer medianamente comprensible el confuso batiburrillo de ideas que salían, como espantadas, de su boca. Al parecer Toni le había pedido que apostase por “Whisky negro” pero el apostó por otro caballo que le habían recomendado, por “Mano izquierda”, según entendí no era la primera vez que se jugaba el dinero de Toni por otro caballo ya que estaba claro que no acertaba nunca y apostarlo por el animal en el que Toni confiaba era tirarlo a la basura. Así que el apostaba por el caballo que le recomendaban y mas de una vez se sacaba bastante dinero. Cuando la carrera terminaba le daba a Toni unos tickets que había recogido del suelo y este los rompía, la mayoría de las veces a punto de llorar, sin mirarlos siquiera. Después de darle un par de golpecitos en la espalda para consolarlo se iba muy contento a cobrar sus ganancias. Pero en esta carrera y quizás por primera vez en su vida el caballo de Toni había ganado y al pedirle los tickets a Rata este apenas había podido balbucir una excusa: “me he equivocado de caballo. Yo creí que me decías “Mano izquierda”...”, Toni que se olió algo sucio saco una pistola y apunto a Rata. Este que no era ningún valiente, su mote lo decía todo, le había confesado todo el tinglado con nombres, pelos y señales y Toni no había podido reprimir la rabia y había apretado el gatillo pero con tan mala suerte que le explotó la pistola en la cara. Y es que la fortuna no hizo otra cosa que darle de lado, por mucho que se empeñase en buscarla. - ¿Quien es el que te daba tan buenos consejos? -. - No se, algún jockey, algún conocido, esa gente... -. Le golpee con todas mis fuerzas con el revés de mi mano derecha. Un hilo de sangre empezó a resbalar por la comisura del labio de Rata. - Tú no eres lo suficientemente inteligente ni ambicioso para haber montado todo este tinglado, así que quiero el nombre del que ha organizado esto y lo quiero ahora -. Me llevo casi toda la tarde encontrar a Pere. Al parecer la voz corre con la velocidad de la luz y mi soplón favorito buscaba un hoyo lo suficientemente profundo y escondido donde yo no pudiese encontrarle. Pero ese hoyo no existía. La casa de Paquita una de las putas mas populares y novedosas de Mama Luisa estaba a un paso del prostíbulo en el barrio menos aconsejable de la ciudad. Un lugar donde todo y todos eran una amenaza que tenia muy poco de velada. - No tiene derecho... -. Le puse un dedo en la boca a Paquita y no tardo en cerrarla. - Donde se esconde Pere -. El salón, por llamarlo de alguna forma, estaba hecho una pocilga con apenas un sofá y una mesa de saldo, completando el mobiliario con un par de sillas de plástico. Revistas tiradas por todos lados y hasta un sostén que asomaba por debajo del sofá. Paquita me había recibido con un vulgar kimono imitación de seda de color rojo y lo suficientemente abierto para apreciar la bondad y lozanía de su carne. Deduje que su contemplación y sobre todo disfrute no eran un vicio al alcance del sueldo de un policía. Pero parecía que si estaba al alcance de los ingresos variados de un soplón limpia botas y engañabobos. Se abrió una puerta a mi derecha y salió Pere de una habitación oscura y maloliente que se suponía que era el cuarto de baño. Acababa de tirar de la cadena, parecía muy tranquilo, como si no hubiese roto un plato en su vida. - ¿Que quieres? -. Me dedico una sonrisa que pretendía ser amable mostrándome sus dientes amarillos. - Esto va por Toni -. Le empuje contra la pared y empecé a golpearle mecánicamente, con fuerza y método sin que me desconcentrase el hecho de que el no intentase defenderse en ningún momento, lo único que hacia, con nulo éxito, era intentar cubrirse la cara. Paquita, a la que la situación no le pillaba de sorpresa, se fue a la cocina a esperar a que pasase el temporal. Cuando intuí que Pere estaba con la suficiente predisposición a cooperar lo lance de un empujón al sofá, entre en la pocilga donde se suponían que esta gente hacia sus necesidades, moje una mugrienta toalla y se la tire a mi soplón favorito. Lentamente se la paso por la cara y la dejo caer a su regazo. - ¿Que quieres? -. - ¿Que voy a querer, Pere?, pues respuestas. Quiero esos nombres que me prometiste y que nos van a hacer la vida más fácil a ti y a mí -. - No te va a gustar lo que vas a oír, hay gente importante implicada en lo del robo de coches, gente que conoces muy bien -. - Soy todo oídos -. María me abrió la puerta y vi a Tomas Sarmiento en pijama, despeinado y con barba de un par de días, sentado en el suelo de su salón jugando con su hija Marta. Ella le arrojaba una pelota de plástico y el se la devolvía. Me miro un instante y apenas pudo esbozar una media sonrisa que me dejo bien claro que sabia que yo lo sabia y que se quedaría allí a la espera de lo que tuviese que venir. La rabia que me invadía hacia apenas un instante desapareció por arte de magia dejando un desagradable poso amargo. Articule a duras penas una excusa, ante la muda interrogación de María, y me encamine a la puerta. Tras de mi pude oír como Marta me llamaba. El plazo máximo de tiempo que le he podido dar a Tomas ha sido de tres días. En ellos tendrá que hacer todo lo que crea conveniente para intentar que el asunto le salpique lo menos posible, para intentar, si aun es posible, salvar de la quema algo de su brillante carrera. Cuando hable con el intento decirme que lo hacia por su familia, que tenia demasiados gastos, que María volvía a estar embarazada y sobre todo que era la primera vez que lo hacia y yo no dude en creerle. Me quede en silencio un instante y después le repetí que tenia tres días. No se si el esperaba algo mas de mi. La verdad es que lo que espere de mi ha dejado de importarme. Ahora tengo nuevo compañero, un novato demasiado aficionado a contar chistes, que parece, por lo poco que lo conozco, buena persona y tiene hechuras de buen policía, pero supongo que todavía es pronto, casi todos parecemos buenos policías al principio. A Tomas le estuvieron apretando bien las tuercas pero al final no consiguieron lo suficiente para una acusación en toda regla, de todas formas su credibilidad estaba bastante tocada y lo han trasladado a otra comisaría donde su trabajo es enteramente administrativo. Me ha llamado un par de veces, supongo que para darme alguna explicación que yo no he pedido, y ya se ha cansado de las excusas y del contestador automático. Así que lo que se de el es de oídas. Seguro que cuando tenga una oportunidad de demostrar que sigue siendo un buen policía, si aun lo es, la aprovechara y todos sus pecados le serán perdonados, al fin y al cabo, hay pocos buenos policías y cada vez los malos son mas y están mejor preparados. Aun no he tenido tiempo ni ganas de hacer balance de mi relación con Tomas Sarmiento y no se cuando estimare que es el momento adecuado, cuando me pondré a calibrar si gane o perdí con su amistad. Pero una cosa esta clara, aunque pueda prolongar indefiniblemente el momento en el que me siente a reflexionar y evaluar los recuerdos de los que Tomas es parte fundamental y las sensaciones que me provocaron los mismos, Tomas Sarmiento y todo lo que ha significado para mi, ya es historia.
© José M. Martínez Marín |
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