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Urdimbre que tejerá el misterio,
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galeradas inspiradas en crónicas
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que
articulan rotativos de sucesos
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de una
más que amarilla prensa,
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siempre
oscura.
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Trama
que hilará la intriga,
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frágil
humo de experiencia
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en
movimiento full- time de letras,
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insertando entre cara y cara
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una
inquietante tipografía
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de
entintadas moscas,
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siempre
locuaces.
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Ágil
lanzadera, sobre blanco y blanco,
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para
contarnos una historia,
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siempre
negra.
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La
ficción nunca es del todo engaño
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y se
repliega en capítulos marcados,
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de
policías buenos, de policías falsos,
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de
rotas muñecas bailando sin cabeza
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con
enjoyados matones proxenetas,
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de
drogatas perdidos en claros de luna,
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espejismo de famélicos camellos
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en el
desierto asfaltado sobre soledades
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de
herrumbre y diamantes.
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Cuanto
cada hora se multiplica en ciento,
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fabulan
los estafadores y mafiosos
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en el
caudal de la ciudad sedienta
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de
morbo, de locura, de suspense…
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Donde
asesinos psicópatas vierten sangre,
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siempre
roja.
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Donde
actúan detectives de papel y máscara,
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que te
atrapan página tras página,
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en una
partida antagónica
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de
negro sobre negro,
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siempre
novela.