|
SINOMBRE Y YO
-1
Un
día por
el Edén Azul
Nota del autor
Por la mañana Quiero yo decirle algo hoy a Sinombre que le va a gustar. Bueno, tengo que decirle más de algo. Por lo menos cuatro cosas interesantes he preparado para compartirlas con él. Tres de ellas son de nuestra Princesa del alma y su caballo, nuestro amigo, Bandolero. Pero la mejor y más bonita de estas cuatro cosas comenzará dentro de unos momentos. Por esto creo que hoy va a ser un día de los que no olvidaremos en mucho tiempo. Y no miento porque la primera de estas cuatro realidades se lo voy a decir en seguida para no hacerle esperar.
El Magnolio Grande del Edén Azul, el que con sus ramas arropa parte de la Fuente de los Nenúfares, ya tiene flores. Abiertas como sombreros, blancas como la nieve y perfumadas como primaveras. Levanta el ánimo verlas y tocarlas y cogerlas y olerlas. Todo el jardín y las praderas de Sinombre, por estos días, están impregnadas del perfume que mana de las ramas del magnolio. Como si un millón de naranjos, a la vez y en una sola mañana, hubieran florecido y esparcido al viento el aroma de su azahar.
A Sinombre yo lo he visto esta mañana mirando y oliendo a una de las flores níveas. Unos momentos antes había bajado a la Fuente de los Nenúfares, a beber, y luego se quedó entretenido ahí: jugando con su hocico en el agua de la fuente, mirando sin prisa a los peces de colores, olisqueando los rosales de la orilla, siguiendo con sus miradas a los mirlos del jardín… Y en uno de estos momentos se fijó en el magnolio. Se dio cuenta que el árbol estaba cubierto de flores inmaculadas y no pudo resistir la tentación de olerlas. Quizá pensó comerse algunas por lo apetitosas que parecen. O a lo mejor creyó que al Magnolio Grande le habían salido bolas de algodón en dulce y le entró ganas de alcanzarlas para regalárselas a las ranas.
No sé. El caso es que dejó de jugar con el agua, trotó por entre las violetas, y se acercó al magnolio. Antes de llegar se paró. Volvió su cabeza y miró a los lados, para asegurarse de que nadie lo veía, y se aproximó a las ramas bajas del árbol. Lo estaba viendo yo y él no lo sabía. Y yo lo miraba interesado porque, Sinombre, esta mañana, estaba que apetecía verlo: hermoso como un juguete y mimoso y garboso como un rey. Y vi que alargó su cuello y con su nariz olisqueó la flor que la rama mecía al viento. La que estaba más a su alcance. Y la flor tembló empujada por el cálido alientecillo que salía de su nariz. Creí que al rozarla él se iba a deshacer cual helado bajo el sol y no fue así. La flor blanca del Magnolio Grande siguió en su tallo abierta a la luz de la mañana y, Sinombre, de nuevo la acarició con su hocico. ¿Se la quería comer? Sus intenciones parecían esas. Sinombre se quería comer la flor más bonita del magnolio que arropa con sus ramas parte de la Fuente de los Nenúfares.
Subía yo de la Fuente de los Mirlos. Lo vi y, tapándome con los granados, me acerqué despacio. Para que no me viera y así darle una sorpresa. También para ver y gozar el juego que me tenía con la flor en la quietud de la mañana. Y al descubrirlo me quedé parado entre las ramas de los granados y esperé. Por el simple gusto de verlo en su libertad, relajado y fundido con las sencillas cosas que nos rodean. Pero se dio cuenta. En uno de los momentos de su juego dejó a la flor y miró para los granados. El aire fresco que subía desde la Fuente de los Mirlos le había llevado mi olor. No me había visto, no podía verme, pero por el olor que le llevaba el aire ya sabía él que yo estaba cerca. Al darme cuenta que me había descubierto salí del escondite y me acerqué al tiempo que le aclaraba: - No creas que te estaba espiando. De eso nada. No es mi condición y bien lo sabes. Es que te he visto tan regocijado con la flor del Magnolio Grande que he sentido la necesidad de ocultarme para ver qué hacía. Me ha gustado el juego que desgranabas. ¡Hay que ver lo bien que te lo pasas tú solito! Hasta siento envidia de ti, no creas. Ojalá supiera yo recrearme y ser feliz con tan sencillas cosas como tú. ¿Te quieres comer esta flor? No sé yo a qué sabrán las flores del magnolio porque nunca las he probado. Y creo que tú tampoco pero si te quieres comer ésta, porque te ha fascinado, te la corto ahora mismo. Aunque deberíamos pensarlo. ¿Y si te la comes y luego te duele la barriga? Yo, lo que quieras. Pero que sepas que a mí me emociona más verte jugar con ella que lo otro. Se me ha colado en el corazón tu sencillo jugueteo. Eres como un niño grande y por eso te entretienes y alcanzas la felicidad con cualquier cosa. ¡Me das envidia!
Sigue embelesado con la flor de esta mañana que también yo me fortalezco cuando te veo tan risueño pero ten cuidado no la roces mucho con tu hocico. Esta mariposa blanca es delicada. Con nada que se toquen sus hojas se pueden dañar y en cuestión de segundos, sobre la fina piel de los pétalos, aparecen rasguños. Como heridas sangrantes y destacan sobre el blanco puro de su tez. Es muy delicada la rosa del magnolio. Huele bien y es fina pero con el más leve roce se daña. Pero sigue entretenido con ella que si se estropea, aunque dé pena, mira cuántas hay ya a punto de brotar. Dentro de unos días, a este magnolio, lo veremos cargadito de ternuras inmaculadas.
Para que lo sepas te diré que el nombre común de este árbol es el Magnolio, viene de Estados Unidos y el género de Magnolia fue puesto por Linneo en honor de Pierre Magnol, profesor de botánica en Montpellier. Grandiflora alude a sus flores de gran tamaño. Es un árbol siempreverde de 20 m de altura bajo cultivo, aunque algunas variedades tienen portes más pequeños, con la copa amplia, densa, oscura, recordando a la del Ficus macrophylla. Tiene las flores situadas sobre pedicelos tomentosos, erguidas, solitarias, de gran tamaño. Son perfumadas y muy visitadas por las abejas. Aparecen en el árbol desde mediados de Mayo hasta Julio. El fruto tiene forma de piña ovalada de unos 10 cm de longitud, cubierta de una fina pubescencia de color marrón.
Tengo que decirte algo más que te va a gustar mucho. Bueno, tengo que decirte más de algo. Por lo menos cuatro cosas interesantes he preparado hoy para compartirlas contigo. Tres de ellas son de nuestra Princesa del alma y su caballo, nuestro amigo, Bandolero. Así que vete preparando que hoy va a ser un día de los que no olvidaremos en mucho tiempo. Y ya verás como no te miento. Porque la primera de estas cuatro realidades te lo voy a decir ahora mismo para no hacerte esperar y que sufras.
¿Te acuerdas? Ayer tarde te duché. Con el agua del manantial y un chorrito de champú. Con el cepillo de raíces te froté bien para que tus pelos se quedaran limpios y, luego, sobre la roca caliza te secaste al sol. Te perfumé con la esencia de espliego y otra planta diluida en alcohol para que tu piel se quedara más limpia y sana y olieras a monte. Hueles a monte esta mañana. A limpio y a monte de montaña. ¿Por qué crees que ayer tarde te dejé yo tan limpico? Venga, sigue con tu juego que me acerco a la fuente, me lavo las manos en el agua fresca, bebo un trago y en unos minutos ya estoy a tu lado otra vez. Y si quieres cortamos la flor para llevárnosla de recuerdo. Que la puedo poner en mi habitación para que perfume mis sueños y para que no me olvide de ti. Es muy bonita la primera de las cosas que quiero referirte. Y te lo tengo que explicar ahora mismo. Nadie puede esperar ya. Ni tú ni yo ni ellos, los niños que vienen a verte hoy. Muchos niños, Sinombre, pero dos de ellos muy especiales: Albaluna y Mario. Y los otros ¿sabes que niños son? ¿Vas descubriendo por qué yo, ayer por la tarde, te dejé tan limpio? Te lo aclaro todo en dos minutos.
Pero hay algo más inmediato que, brevemente y en menos de dos minutos, te comento: ¿Tú has visto, Sinombre, qué color tenía el cielo esta mañana? Al amanecer, por el lado norte, el cielo se ha teñido de fuego oro. Un fuego vivo que ha ido cambiando según el día llegaba. Cada vez más claro hasta teñirse de blanco nieve en las nubes que se cuelgan de la luz de la mañana. Un mar de nubes que se levantan hasta la mitad del cielo y acaban de pronto, como en una muralla. Desde la mitad para la tarde ¿has visto qué color tenía el cielo? Azul intenso como un mar profundo. Como si sangrara azul, Sinombre. ¡Qué colores más vivos! Oro fuego al amanecer, blanco nieve en las nubes, sobre el medio día y azul mar profundo en el cielo que cae para la tarde. ¿Quién ha teñido con estos colores el cielo que esta mañana arropa al Edén Azul?
¿Y has oído el arrullo de las tórtolas? Al amanecer se han parado en las ramas altas del cedro grande y se han puesto a cantar. Sus arrullos se han derramado por el jardín y, según se ha ido alzando el día, el arrullo de las tórtolas ha crecido. Han cantando ellas cada vez más y con más fuerza. Cuando las nubes se han teñido de blanco, desde el cedro grande, las tórtolas han volado a las ramas de los álamos. Los que crecen por la acequia de la Cueva del Manantial. ¿No las has visto meciéndose en las ramas como si fueran trozos del cielo de la mañana? Y desde las altas ramas de los álamos ellas han seguido cantando. ¡Qué arrullos más delicados en una mañana como esta y con estos colores tan extraños! Y el jardín, todos los árboles y plantas del Edén ¿has visto qué verde más brillante mostraban? Como si las hubieran lavado al amanecer mismo y luego le hubieran dado brillo con esencia de rocío. Los álamos, los cedros, las encinas, los olivos, los algarrobos, los pinos, los acebos, los naranjos, los granados… qué color verde más puro tienen esta mañana. Al verlos yo se me ha encogido el corazón y me he acordado de ti. ¿También tú has visto lo que yo?
Y ahora que ya el sol ha salido mira qué día regala la mañana de este día. Se han ido las tórtolas a las ramas altas de la Encina Grande y siguen con sus cantos. Como si tuvieran necesidad de cantar mucho, aprisa y profundo. Como si estuvieran ellas anunciando algo. ¿Qué anuncia, Sinombre? El cielo sigue sangrando azul. Las nubes se aprietan blancas bordadas ahora con tonalidades gris perla. Como el color de tu pelo. Y el jardín brilla con un verde más intenso que antes. ¡Qué colores más bonitos tiene el cielo esta mañana! ¿Tú sabes si alguien está anunciando algo? Porque estos reflejos tan delicados, estos colores tan finos ¿de dónde vienen y para qué son?
1- 2- Preparando la visita de los niños Ir al índice
Doy media vuelta y me acerco a la Fuente de los Nenúfares. A lavarme las manos porque vengo de hacer una poza en la Reguerilla de la Noguera para que beban los pájaros. Ahora ya hace calor y los animales necesitan beber y refrescarse. El verano es un momento duro también para los pájaros. Para que se alivien ellos vengo de hacer una poza grande, aunque de juguete, que enseguida se ha llenado de agua transparente y los gorriones han sido los primeros en acudir a estrenarla. Luego ya han venido los chamarines, los carboneros, las palomas, las tórtolas y los mirlos. Y esto no lo sabe Sinombre porque le quiero dar otra sorpresa. En estas semanas calurosas del verano, en la hora de la siesta, nos vamos a venir muchos días a la sombra del Ciprés de la Hiedra. Para estar fresquitos y ver, mientras tanto, los pájaros beber en la poza de la Reguerilla de la Noguera. Se lo diré yo luego a él.
La Fuente de los Nenúfares nos queda a dos pasos del magnolio, un poco más arriba, pegada a la pared de los limoneros. En cuanto me voy para la fuente Sinombre se viene conmigo y por esto ya sé que lo he dejado intranquilo. Quiere saber qué es esto de los niños que vienen a verlo esta mañana. Pero sé que, lo que más intranquilo lo ha dejado, ha sido la noticia de la Princesa y Bandolero. ¡Como si no supiera yo cuánto quiere él a su Princesa! Por eso entiendo que se haya inquietado y ahora la curiosidad lo tenga nervioso. Al acercarnos a la fuente las ranas saltan desde el borde y se esconden por entre las anchas hojas de los nenúfares. A él no le asustan las ranas porque son animales divertidos. Se pasan toda la noche canta que te canta. Y hasta parece que porfían con los grillos a ver quién canta mejor. Pero tampoco le molesta a Sinombre que las ranas no paren de cantar en toda la noche.
Me agacho para lavar mis manos en el agua de la fuente cuando justo en estos momentos oigo a los niños. Por el lado de abajo del pinar de su cuadra empieza a oírse la algarabía. Dejo mis cosas y le digo: - Ya he terminado. Ya tengo las manos limpias. Y ahora vamos a darnos prisa que están aquí. ¿No los oyes? Todos los niños, con Caty, Albaluna y Mario. Estos dos niños especiales que te decía y ya verás cuando te cuente y los conozcas. Fíjate, hasta vienen cantando canciones. Venga, me doy prisa y te lo cuento todo para que estés preparado antes de que lleguen. Que los que vienen no son ni uno ni dos ni tres. Son muchos. Todo un colegio entero. Y vienen a verte a ti, a conocerte, a estar contigo, a que le des paseos. Es como si, para ellos, fuera su viaje cultural final de curso. Lo siento. No he podido evitarlo. Porque sé que a ti no te gusta la muchedumbre. Sí te gustan mucho los niños pero no en multitud y si no los conoces de nada… Aunque sabes que con los niños enseguida se hace amistad y quedan amigos para siempre. ¿Quieres saber lo que ha pasado? Ha sido “La Caty”, nuestra mejor amiga. La niña guapa de ojos negros y el cielo de nuestras vidas. La que nosotros llamamos también La Niña del Edén o La Niña Buena o La Niña Buena del Edén. Pero ella lo ha hecho con su mejor intención. Y tú la conoces bien. Es una de las tres hijas del jardinero. La del corazón grande como el tuyo. Pues ella ha sido la que ha organizado todo. ¿Que qué es lo que ha organizado y cómo? Te lo expongo en dos segundos.
Caty te quiere mucho. Más de lo que imaginas. Y, además, se siente orgullosa de ser tu amiga. Por eso ella, con la mejor intención, siempre le habla a todo el mundo de ti. A todos les dice que eres un burro bonito, que tienes un pelo muy suave, que tus ojos son los más bellos, que eres cariñoso, que tienes un gran corazón, que hay que quererte y ayudarte para que tu especie no se extinga nunca, que todo el mundo debe conocer y amar a los burros, que todos los niños del mundo deben ser amigos de los burros… A todos siempre les habla de ti y de esta manera. Que como dice el refrán: no necesita ella abuela para ponerte por las nubes. No hay otra criatura en la tierra que te quiera más y luche, para que tú y tu especie, no se extinga nunca. Y como ella está yendo al colegio, a todos sus compañeros y a todo el colegio, le ha contando cosas tuyas. Y claro, como todo lo que dice de ti son maravillas, a sus compañeros de colegio y al colegio entero se le han puesto los dientes largos. Que hablan de ti a todas horas y murmuran de todo. Unos dicen que no existes, que no eres real. Otros que sí, que existes y que eres real. Y a unos y a otros les ha entrado el deseo de conocerte. Porque según tengo entendido son mayoría los que dicen que tú eres pura fantasía de ella. Que no puedes existir de verdad. Que nunca ha existido ni existirá en la vida ni en el mundo un burro como el que ella cuenta. ¿Y sabes qué? Estas dudas de sus compañeros, el poco interés que muestran por ti y por los burros en general, a ella le han dolido en el alma y se ha puesto a defenderte como una leona a sus cachorrillos. Y tanto te ha defendido que a unos y otros los ha desafiado para que vengan a verte y a tocarte y que se convenzan por ellos mismos. Y unos y otros y, profesores del colegio, le han cogido la palabra. Albaluna y Mario, por lo visto, tienen un interés especial en ti. Que se mueren por conocerte y estar contigo. Te iré contando quienes son estos dos niños y lo que les pasa.
Ahora ya, por estos días, el curso escolar ha terminado. El verano está aquí y los niños tienen vacaciones. Pero los profesores han organizado actividades final de curso. Y todos en masa han decidido que quieren venir a verte y a conocer el rincón donde vives porque tampoco se creen que sea real el Edén Azul. En masa vienen para convencerse de si es o no verdad lo que con tanto entusiasmo anuncia y defiende la Niña del Edén. A ver si es verdad que existes y eres de carne y hueso. Así que ya sabes: la Niña Buena es la promotora de todo, con la mejor intención, con el mejor cariño, que esto también quede claro. Y ahora escucha el jaleo que se oye por ahí abajo. Vienen ya cerca los compañeros de Caty. Que esto sí pude arreglarlo un poco. Cuando me dijeron que querían venir a verte no les puse ninguna dificultad pero les pedí que no apareciera aquí todo el colegio de una vez. Son casi mil los niños que hay en ese colegio. Les rogué, por favor, que vinieran en grupos no muy grandes porque si no te volverían loco a ti, a mí y a todos.
Y tú ya sabes como opino: que a los niños hay que atenderlos y tratarlos con cariño. Así que ahora mismo ya viene por ahí el primer grupo. Unos quince o veinte con sus profesores y Caty, tu mejor defensora, al frente de la tropa. Por lo tanto te repito que lo siento mucho porque no he podido evitarlo. Y de todos modos, como sé que a ti te gustan los niños, no creo que te moleste lo que va a suceder en unos momentos. Caty ha sido la organizadora y fíjate que alto te ha puesto el listón. Como para que ahora no los recibas tú. Si en estos momentos te pierdes y los niños no pueden verte la clase entera se comerían viva a tu Corazón y Cielo. Pensarían que han sido engañados por ella y esto sería desastroso para Caty. Así que a ponerte a la altura de los acontecimientos que mira que alegres vienen. Y recuérdame luego, por si me olvido, que tengo que contarte lo de nuestra Princesa y Bandolero. Mira, aquí en el bolsillo traigo las cartas. Ya te estoy adelantando las cosas. Que esto sí que es emocionante, Sinombre.
Y ojalá que el día sí se te llene de la luz que tanto sueño. Que los niños te den muchos besos y te conviertan la mañana en cielo. Ojalá que tu corazón le guste a ellos y que os hagáis amigos en el alma. Que cuando ellos se vayan quede por aquí su dulce recuerdo y la mañana perfumada a la flor del magnolio y a fino incienso.
2- 3- La canción de los niños y tu cuadra Ir al índice
Los niños que vienen a verte son de la edad de Caty. La mejor edad para jugar y hacer amistad. Aunque la edad nunca debe importar para hacer amigos. ¿Sabes que te digo? Que los adultos serios, solo cuando se hacen niños y aprender a jugar, alcanzan la sabiduría y el cielo. Vamos a prepararnos, Sinombre, que ya los tenemos encimas y mira, mira qué contentos llegan. Hasta se han inventado una canción y la vienen cantando para que te animes. Estoy seguro que esto también es obra de Caty. Escucha, verás:
¡Qué alegres vienen, Sinombre! Celebrándolo y muriéndose en ganas de verte. No te pongas nervioso ni te asuste. Que ya sabes que los niños nunca hacen daño. Y los niños de Granada son guapos como ellos solos. ¡Ya lo verás! Así que vamos a tranquilizarnos y los recibimos como merecen. Ni tú ni yo tenemos que hacer nada. Como Caty conoce bien este rincón nuestro ella les abre la puerta. Mira, ya están entrando. Y delante de ella viene un niño y una niña. Con prisa. Como si tuvieran más ganas de llegar que los otros. ¡Cuantos son! Con sus coletas, sus trenzas, su pelo rubio, sus ojos azules como los de nuestra Princesa… ¡Hay nuestra Princesa del alma! ¡Lo que gozaría si estuviera hoy aquí! Y si estuviera Bandolero… Mira, van a subir por el camino de tu cuadra. Por entre los pinares para venir a salir justo a la Fuente de los Nenúfares, donde estamos nosotros. Pero lo que te decía ¿ves?: sonrosados como soles. Y la Niña Buena los lleva directamente a tu cuadra. Viene la primera explicando las cosas. Como ahora pasan por la misma puerta seguro que ya les estará diciendo que ahí duermes y comes algunas veces. Cuando quieres porque, como eres libre igual que el viento, casi siempre andas por estas praderas y a la cuadra vas poco. Que esto lo sabe ella también. Y sabe que tu cuadra siempre está limpia como un sol y huele a pino. ¿No la viste ayer tarde como la dejó? En tu cuadra tienes siempre cebada en el pesebre y paja y agua fresca en el pilar. Ella, el jardinero y yo nos encargamos de eso. Seguro que ahora se lo está explicando a sus compañeros. Hoy va a ser un día grande para Caty. Mira con cuanto interés, sus compañeros, la escuchan. Se lo está contando todo, con pelos y señales, para que se enteren que existes y para que se les vaya preparando el cuerpo para el momento del encuentro contigo. Que sepan que los burros sois importantes, hermosos y buenos. Esto es lo que les está diciendo ahora mismo. Se estarán muriendo en ganas de verte. Y mira, el niño y la niña que siempre van delante de Caty no se apartan de ella. Como si no quisieran perderla.
Algunas niñas entran a la cuadra, otros escriben en sus cuadernos, se lavan las manos en el agua del pilar donde bebes, tocan con sus dedos tu pesebre… Será para convencerse de que vives aquí y de que existes de verdad. O a lo mejor piensan que el agua de tu pilar es milagrosa. Seguro que querrán llevarse algún recuerdo tuyo y por eso escriben y tocan y miran y huelen y van y vienen. Pero de fotos nada. Y me alegro de ello porque es lo que le dije a Caty. Que a ti no te gustan las fotos. Que no trajeran cámaras de fotos ni aparatos de video ni nada de esto. Es lo mejor. Es mejor ver, tocar, oler, preguntar, correr y saltar... De esta manera, las cosas se disfrutan más. Se le saca a la vida más jugo y se aprende. Que hoy en día con tanta facilidad para hacer fotos y mandar mensajes y contar las cosas a los cuatro vientos, no da tiempo a que las cosas entren en el corazón y echen raíces y den frutos. La vida, Sinombre, y lo que transciende a la vida y se hace cielo y queda para la eternidad, necesita de honda vivencia en el corazón. Si no hay corazón, la vida no da semillas buenas ni frutos ni cielo. No sé si me entiendes. Que a lo mejor tampoco me explico con claridad. Pero en fin, en estos momentos no tenemos tiempo para entrar en detalles.
3- 4- Esperando a los niños en el Pino Gordo Ir al índice
Ya están aquí. ¿Y sabes qué se me ocurre? Que para recibirlos mejor, aprovechando que están ocupados viendo tu cuadra, vamos a su encuentro. Le salimos al encuentro porque esto es un detalle cortés. En lugar de esperarlos en la Fuente de los Nenúfares, que es donde estamos ahora, nos vamos al Pino Gordo, que es por donde empieza la vereda que viene de tu cuadra, y ahí los esperamos. Tienen que subir por esta senda y a donde primero llegarán es a la Reguerilla de la Ardilla, por donde la noguera y los nísperos. Así que los esperamos ahí. Como desde tu cuadra al Pino Gordo es ladera no nos verán hasta que estén a dos metros de nosotros. Mejor, porque será más emocionante para ellos verte de pronto y delante de sus ojos. Les vamos a dar la más bonita sorpresa de sus vidas. Y como no se lo esperan será más apasionante. Que dicen que la primera impresión siempre es la pura. La mejor porque luego se recuerda siempre. Así que vente conmigo por aquí. A prisa porque no tenemos tiempo pero con cuidado para que no nos vean. Ahora que todavía están distraídos en la cuadra vamos corriendo por este lado para la Fuente de los Mirlos. Sí, por esta veredilla que tanto te gusta. Venga, más rápido. Desde la Fuente de los Mirlos, bajamos por la Reguerilla de la Ardilla tapándonos con las adelfas y los granados. ¡Cuidado que te ven! Un poco más y…Ya estamos encajados en el Pino Gordo. Este es un sitio estupendo para esperarlos y el encuentro. Y no vamos a tener que esperar mucho rato.
Caty ya se retira de tu cuadra y empieza a subir por la Senda del Pinar. Y el niño y la niña que hemos visto, delante de ella. Parece que se los come la impaciencia por llegar. Guarda silencio que desde aquí hasta podemos oír lo que vienen diciendo. Todavía no nos han visto. ¡Escucha! Ahora la Niña del Edén les explica la vereda que recorren. ¡Qué emocionante oírlos y verlos y que ellos ni nos vean ni sepan que estamos a su lado! Como si fuéramos invisibles. Que lo vemos todo pero nadie nos ve a nosotros. Ve contándolos tú que yo me ocupo en escuchar lo que dice Caty. Averigua cuántos vienen a verte. Que ella, les viene diciendo: - ¡Ya veréis qué preciosidad de borriquillo! Y seguro que nos lo encontramos comiendo hierba en su pradera. Casi siempre anda libre por las praderas y a su cuadra solo viene algunas veces. Le gusta la libertad. Es él más amante de la libertad. Le gusta el cariño de las personas pero quiere ser libre. Y es libre como el aire. En sus praderas, donde se alimenta de hierba, de silencios y de libertad. Pero fijaros qué senda más especial tiene para venir a su cuadra. Por entre los pinos, escoltada de romeros, lirios, rosales y mirtos y arropada por la sombra de cien árboles. Solo recorrer este camino es como vivir un sueño. Yo lo he visto muchas veces, en su libertad y silencio, recorrerla. ¿Y qué me decís de su cuadra? A coro responden los niños: - ¡De ensueño! Y, uno detrás de otro, van aclarando: - Nunca habíamos visto la cuadra de un burro. Es como una fantasía. - Con su agua para beber cuando quiera, su cebada, su paja, su ventana para ver los paisajes y, cuánta vegetación le rodea. - Será un burro alucinante. - ¡Y qué suerte tienes tú ser amiga de él y vivir a su lado! - Caty, ¿es como los de peluche o más suave?
Y, a los comentarios de los niños, mira lo que contesta Caty: - Me alegro que os gusten las cosas pero preparar el cuerpo que enseguida veréis lo más hermoso. Una niña pregunta: - ¿Y podremos tocarlo y montarnos en él? La Niña Buena del Edén responde: - Todo lo que queráis pero tratarlo con cariño. Sinombre es muy cariños. Lo que más le gusta es que lo traten con respeto. No le agradan las burlas ni los desprecios ni las palabras feas. Si lo tratáis con dulzura, como dice la canción “Miel y seda”, os devolverá el ciento por uno. Es como un niño. No se enfadará ni hace daño. Y, atentos que estamos llegando al rincón por donde se viene, muchas veces, a comer moras y a jugar con los pajarillos. En cuanto demos esta curva de la senda remontamos y salimos a una llanura. Es la llanura de la Reguerilla de la Ardilla y del Pino Gordo. Es un sitio especialmente bonito, con mucha agua, muchas sombras y por donde el aire corre perfumado a pino. Y desde aquí, que esto es como un balcón, se ve la ciudad de Granada, la vega por donde corre el río Genil, nuestro colegio, las cumbres de Sierra Nevada… Se ve medio mundo y por eso le gusta tanto a él. Así que vamos a ir con cuidado que a lo mejor anda por aquí. Para cogerlo de improviso y darle una sorpresa. Guardad silencio. - ¿Y todo esto es verdad, Caty? - Lo que por aquí veréis hoy es como a nosotros nos gustaría que fuera la vida real. Todo esto es verdad pero como una fantasía y por eso no es copia de la vida.
4- 5- Los niños suben por la Vereda del Pinar Ir al índice
Ven, Sinombre, acércate y te digo las cosas al oído para que no nos oigan. Guarda silencio Caty y no sabe ella que lo que ha dicho se cumple ahora y aquí. Estamos esperándolos y viéndolos llegar sin que lo sepan. Quieren darnos una sorpresa pero la sorpresa se la van a llevar ellos. ¿Los has contado ya? ¿Cuántos vienen? A lo mejor no has podido porque como van subiendo en fila y por entre los pinos, dando curvas por la Vereda del Pinar, se te habrán perdido por entre los troncos. No es fácil contar niños de esta manera. Pero no importa. ¡Que más nos da que sean tantos o cuantos! No es la cantidad lo que hay que valorar sino la calidad. Imaginamos que son muchos los niños que esta mañana vienen a verte y ya los tenemos encima. No solo podemos oír lo que dicen sino que hasta el aire nos trae su fragancia. Huele, Sinombre, huele verás qué perfume más delicado. Qué bien huelen los niños de Granada. A puro y a primavera nueva en una mañana fresquita. ¡Qué olor más fino! Pero tú, Sinombre, hueles a monte y por dentro… a sueño y a cielo.
5- 6- El encuentro con los niños Ir al índice
Como los tenemos casi a nuestro lado y, nos van a ver de un momento a otro, vamos a dejar de ocultarnos detrás del tronco del Pino Gordo. Salimos al rellano de los Pinos de la Ardilla para que nos vean. Que te vean a ti y no a mí. Porque ellos vienen a verte. Para convencerse de que eres de carne y hueso. Así que venga, no lo pensemos más. Cuento tres y aparecemos ahí. Uno, dos y tres… Ya está. Hemos dado el paso y como Caty es la que viene guiando al grupo ha sido la primera en vernos. Ha mirado al frente y para arriba y por entre los troncos de los pinos te ha visto y me ha visto. Se ha parado y les ha dicho: - ¡Mirad que visión! Irreal y verdadera. Aquí lo tenéis. Se llama Sinombre y es el borriquillo más bello del mundo. Como él no hay otro. Abrid bien los ojos y convenceos.
¡Y vaya sorpresa que le hemos dado! La niña y el niño que venían delante de Caty se han quedado clavados en la senda. Como hipnotizados. Todos los niños, como si fueran una hilera de hormigas que desde el campo van a su hormiguero, también se han quedado quietos y te miran asombrados. Los hemos sorprendido como esperábamos. La bienvenida que soñábamos. ¿Los ves? Quietos todos ahí siguiendo el trazado de la senda y en la mitad de la torrentera. Te miran con los ojos abiertos como platos y no se atreven ni a pronunciar palabras. Para animarlos los saludo con mi mano dándoles la bienvenida y ellos me devuelven el saludo con sus manos y no me miran. Están pendientes solo de ti. Yo no soy importante. Tú, ahora mismo, sí y mucho. Sólo tú eres el importante para ellos. Como si no se creyeran que realmente estés ante sus ojos. Abren la boca, Sinombre, mirándote embelesados y se mueren de gusto. Satisfacción y asombro es lo que veo en sus caras. ¿Qué estarán pensando?. Te alzas sobre el rellano de la Reguerilla de la Ardilla soberbio como en un pedestal, serio frente a ellos pero exhalando gracia. ¡Qué encuentro más formal! Como si estuvierais asustados. Para romper el hielo Caty aclara: - Aquí lo tenéis. Venga, acercaros y saludarlo que no os come. Tocarlo, hablarle, acariciarlo… Todo lo que os he dicho menos hacerle burlas ni gastarle bromas pesadas ni decirle palabrotas. Sinombre es todo corazón. Una niña rubia y con ojos azules, desde mitad de la fila, pregunta: - ¿Es de verdad? Caty responde: - Es de verdad, Deyanira. De carne y hueso y tiene sangre en sus venas y orejas y patas como todos los burros. Aunque parece un sueño es real.
Al oír el nombre de la niña te digo: - ¡Vaya nombre bonito el de este ángel! Pero tú estás como embelesado. No te he visto nunca tan distraído o tan metido en ti. Ellos te miran fijamente. Quiero creer que, como Caty les ha hablado tanto de ti, al verte ahora no se lo creen. Ni ellos se creen que seas real ni tú te crees que te admiren de este modo. También yo estoy embobado y la Niña del Edén. ¡Es tan mágico el encuentro! El niño que subía el primero en la fila exclama: - Es el burro más lindo que he visto en mi vida. Y a continuación una niña pregunta: - ¿Seguro que podemos tocarlo? ¿Y si nos muerde o se enfada y nos come? Al oír las ocurrencias de esta criatura me río para mí y te miro a ti. ¿A que también te hace gracia? ¡Comerte tú a los niños! No saben ellos que en el corazón de los burros hay amor como en el de los humanos. Más quizá. Y por eso, muy bajito para que los niños no se enteren, te digo: - Vamos a ver si hoy les demostramos que eres capaz de darles ternura como sus padres. A ver si estos niños aprenden algo que nunca nadie les ha enseñado. Pero a la pregunta de la niña Caty responde: - ¡Pero mujer! Ven para acá y toca con tus manos las orejas, la cara, la nariz y el lomo verás como no te come. Seguid subiendo que yo lo estoy acariciando y no me hace nada. ¿Cuándo se ha visto que los burros se coman a los niños?
Caty ya está junto a ti, te acaricia y te echa piropos: - ¡Qué guapo estás hoy! Galán como nunca y por eso te quiero más que otros días. No te vayas a enfadar porque tus praderas pierdan la paz y se llenen de algarabía y niños corriendo sin control. Los que vienen a verte son buenos y traen mucha ilusión. ¡Recíbelos! Albaluna, mira, aquí tienes a Sinombre. Tú, al oír estas palabras de Caty miras para la Reguerilla de la Ardilla, le das un poco de movimiento al rabo y a las orejas y luego te acercas a la primera niña de la fila. Es Albaluna. Alargas tu hocico, como si quisieras olerla, y ella alarga su mano y te hace cosquillas en la frente, entre las dos orejas. Donde más te gusta que te acaricien. ¿Cómo lo sabe ella? ¿Quizá se lo has dicho tú y te ha entendido? Mira que yo sé que los niños tienen un sexto sentido, como tú y muchos animales. Y como a ti te han gustado las cosquillas mueves tus orejas y le das movimiento al rabo, de arriba a bajo y de un lado a otro. Como cuando rebuznas mirando al horizonte. Ya te estás animando. Los demás, a ver lo que has hecho y el juego de la niña contigo, se han quedado con la boca abierta otra vez. Repite ella su fantasía y tus orejas siguen bailando como locas. Sin control, como si quisieran escaparse de ti para irse con los niños. Algunos se ríen al tiempo que comentan: - ¡Qué gracioso! Y Albaluna, la niña que te acaricia, contesta: - Gracioso y garboso. Además de bonito es muy bueno. Mirad que mansito. Sigue ella acariciándote por las orejas y el cuello. Otro niño se acerca por la derecha y pone su mano en tu lomo. Es el niño que subía delante de Caty, el primero en la fila, pegado a Albaluna. También te gusta a ti su gesto y por eso sigues agitando el rabo y cimbreando las orejas. Lo miras fijo y él te mira. Tú no te ves pero yo sí. Y lo que más me llama la atención, en este momento en ti, son tus ojos. Quizá le pase igual al niño que se te ha puesto delante. ¡Tienes unas miradas que apresan! Tus dos diamantes negros se abren de par en par. Y son tan bonitos y miras con tanto misterio que hasta yo estoy algo atónito. Y eso que te conozco bien y veo tus brillosos ojos todos los días. Ahora mismo tú no los ves pero los niños sí y como tus dos lagos son tan especiales y misteriosos este niño, mirando a Caty, pregunta: - ¿Le puedo tocar los ojos? - Mario, las lumbreras del corazón de Sinombre, no se acarician porque se les pueden dañar. Pero observarlos sin prisa y veréis lo que veis. Ya sabemos, Sinombre, quién es Mario y quien es Albaluna. ¿Te has fijado en ellos? Ya te he dicho que, según dice Caty, son dos criaturas muy especiales.
|