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    Latidos del edén
    Del libro
: Aromas de Hierba
                ©  José Gómez Muñoz. Si copias me gustaría saberlo.

      

Otoño

 

      Miro, pienso y también recuerdo

       y sueño mientras me pregunto:

       ¿A quién le hablo yo, Dios mío,

       a quién le cuento mis cosas

       las de esta tarde bella,

       el horizonte azul,

       su ausencia,

       mi dolor

       y este sueño mío

       tan distinto al de los otros?

 

        ¿A quién le hablo yo, Dios mío,

       a quién le cuento mis cosas

       en la tarde limpia

       con olor a tierra mojada

       de otoño recién nacido?

 

       A lo lejos veo las montañas

       y hoy más claras que otros días

       porque los primeros vientos del otoño

       se han llevado las calinas del verano,

       más acá está la loma

       con su pasto oro,

       las casas blancas del pueblo largo,

       los olivos

       y el verde de los álamos y las palmeras

       recortándose con la tierra

       y el pasto oro.

       El sol se oculta

       y la tarde es hermosa.

 

       ¿A quién le hablo yo, Dios mío,

       a quién le cuento mis cosas

       en la tarde limpia

       con olor a tierra mojada

       de otoño recién nacido?

 

      Tarde hermosísima

       de lluvia menuda

       que cae silenciosa

       empapando a la tierra

       que el verano y las horas

       dejaron reseca

       y cubierta de hojas.

 

       Tarde menuda

       pura y silenciosa

       llevándome con ella

       recogido en su sombra

       como si ya fuera

       alcanzada la aurora

       que persiguiendo vengo

       por la tierra y a solas.

 

       Tarde bonita

       de paz redonda

       aunque haya tristeza

       y una pena honda

       que se va con el viento

       y mientras ríe, llora

       sabiendo que dentro,

       donde el alma mora,

       tiene su tesoro

       y la dicha que añora.

 

¿A quién pudiera regalarle yo esta tarde

       un beso,

       una caricia,

       un abrazo,

       o una lágrima

       para después morir?

 

       He oído decir

       que la muerte es abismo vacío

       y no estoy de acuerdo

       porque sé que la muerte es la liberación

       y el abrazo con lo que ahora no tengo,

       eso es lo que me dice mi corazón

       y por eso quiero morir.

                                                                        

       Pero esta tarde

       ¿A quién pudiera regalar

       un puñado de palabras,

       mi soledad,

       un verso sin nombre

       y el vacío que ahora mimo Dios

       ha dejado en mi corazón?

       Mañana quizá sea tarde

       y en todo caso,

       no será igual.

 

1425-  Ayer me dijeron:

       - Te he visto por la calle

       en más de tres momentos

       y al descubrirte tan metido

       en tu propio silencio

       ni me he atrevido

       a saludarte de lejos.

 

       Siempre me dije:

       “Va en su pensamiento

       por entre la masa sin nombre

       como si un misterio

       hondo y divino

       lo llevara en su seno,

       ¿Quién se atreve a distraerle

       de tan gozo pleno?”

 

       Ayer fue un amigo

       el que me dijo esto

       y ahora lo medito:

       Dios mío ¿qué misterio

       me tiene absorbido

       y en qué universo

       que no sea mi soledad,

       mi dolor sincero,

       mi espera ilusionada

       en mi propio sueño,

       en la tarde y la mañana

       del verano viejo

       y la luz plateada

                                                                     de este otoño nuevo?

 

1427-  Al amanecer

       las nieblas del otoño

       ya arropan a las montañas,

       se ve cubierto el cielo

       de hermosas nubes blancas

       y sobre las cumbres

       grandes franjas

       de cielo azul celeste

       abierto en la mañana.

 

       Al amanecer

       me asomo a la ventana

       y además de oro y fuego

       ardiendo en las montañas

       y por los bordes de las nieblas

       que remontan las cañadas,

       veo los campos llenos

       de presencias muy amadas:

       sombras y reflejos,

       tierras ya empapadas,

       hojas amarillentas,

       madroños en sus ramas

       y aromas limpias y frescas

       de la tierra que me llama.

 

           “Aquella flor,

       aquella primavera blanca,

       la cara de aquél y de éste,

       la de la hermana

       y la tarde del cielo azul

       con su mañana,

       cuando pasé por la vida

       yo la miraba

       y la metía en mi corazón

       porque la amaba,

       ahora, aquí la tengo conmigo

       ¿Me la regalas

       para que siempre quede a tu lado

       y frente a tu cara?”                                     

 

       II- Si yo pudiera acercarme tanto en Dios,

       acurrucarme en sus entrañas,

       amarlo tanto

       y hacerme tanto Él mismo

       que ya me sobrara

       o no necesitara en absoluto

       nada de lo que sobre la tierra existe,

       qué libre sería

       y qué poco me importaría

       no tener o perder

       todo lo que hoy estoy perdiendo.

 

         Si yo pudiera amar tanto a Dios

       que ya sólo Él me bastara,

       qué libertad y gozo

       y qué bien me sentiría

       aunque estuviera desnudo,

       privado de todo

       y hasta desterrado

       en el rincón más apartado del mundo.

 

       1417- El otoño está por venir,

pero como si ya hubiera llegado

palidecen las nogueras,

amarillean los álamos,

se tornan rojas las granadas

en los granados

y se visten de oro los membrillos

en sus ramas colgando.

 

       La tierra sigue reseca

con el seco pasto

que los calores de agosto

han plateado

y por entre las grietas

de la tierra en los llanos

brotan las flores otoñales

de azafrán morado

vistiendo las laderas

con su bello manto.

 

       No llueve ni queriendo

y bien que los campos

a gritos lo están pidiendo

hasta desde el callado

viento caliente y reseco

que me va rozando

cuando voy en la tarde recorriendo

los caminos amados

con tu recuerdo en mi mente

del otoño que va llegando.

 

       Hermana del alma querida

qué triste sin ti los campos.

      

       II- Me gustaría pararme y sentarme

junto al charco

del arroyo que aun corre

claro, muy claro

y mirar sin prisa sus aguas,

los renacuajos,

los berros verdes

por entre el fango

y las hojas secas amontonadas

por todos lados.

 

       Me gustaría coger moras

de los mil ramos

que cuelgan de las zarzas

y con  higos morados,

las nueces y las uvas

que bailan colgando

comérmelas sin prisa

y sentado

junto al agua del arroyo

que baja cantando.

 

       Me gustaría quedarme con calma

por la tarde y el campo

y mientras gozo del otoño

que va llegando

rezar una oración al cielo

despacio, muy despacio

para que en mi corazón tu recuerdo

sea transformado

en un beso que vuele al cielo

por ti suplicando.

 

       III- Como ayer el verano,

de puntillas y sin ruidos

se he presentado

el otoño desde septiembre

y ya está enganchado

en las ramas de los robles

y los viejos álamos.

 

       Si no fuera porque faltas

aunque estés en llanto

sé que sería hermosísimo

ir por los campos

mirando simplemente

el hermoso cambio

que se da en los bosques verdes,

por  cumbres y llanos

y junto a los ríos y fuentes

que siguen brotando.

 

       Si no fuera porque faltas

qué gran espectáculo

aquí y allá y en todas partes

y el sol besando

a la honda y hermosa sierra

con Dios gritando

tu nombre y mi nombre

y dando la mano

con el mismo amor y fuerza

de aquel día claro.

 

       IV- Las primeras señales del otoño,

el pasto seco,

las moras de las zarzas,

las flores del azafrán silvestre,

las hojas amarillas de los álamos,

la tierra reseca,

la puesta de sol ardiente

y la soledad honda de los campos,

me pertenecen.

 

       Ayer por la tarde estuve por ellos

y como los fui mirando despacio

se me fue colando en el alma

con la belleza más pura

y su sabor más sano.

 

       Las primeras señales del otoño,

la tarde entera,

las altas cumbres,

tus ovejas,

el hondo y gran barranco

con sus laderas de rotas piedras,

me pertenecen plenamente

porque Dios me los ha regalado

y como conmigo te llevo

de paseo por estos campos,

yo te regalo a ti el otoño

aunque estés tan lejos

porque a ti más que a mí

te pertenece y su canto.

 

       V- Me acuerdo yo,

cuando la tarde cae

y a lo lejos

se te adivina hermosa

entre los besos

del Dios de las estrellas,

de tus borregos

con tus ovejas

y yendo tras ellos,

a la madre buena

que te llevó en su seno.

 

       También por allí el otoño

anda apareciendo

con el frío por las noches

a lo ancho corriendo,

los días mucho más cortos,

cubierto el cielo,

los arroyos algo más enjutos,

más seco el terreno,

más pálidas las montañas,

más gris y añejos

los caminos que pisabas

no hace mucho tiempo.

 

       Me acuerdo yo esta tarde

de aquel rincón bello

que tanto te pertenece

por  llevarlo dentro

y al notar que el otoño llega

y no estás en el tiempo

todo es más dulcemente

triste y sereno.

 

       VI- Y mientras la tarde cae

a su paso lento

con este corazón mío

que busca contento,

me digo y me repito

que en el poco tiempo

que Dios me permita

ir por este suelo,

voy a dedicarme a coger

más trozos de sueños

por las cuatro montañas y arroyos

y los cuatro pueblos

que todavía tengo cerca

y tocar puedo.

 

       Nunca pretendí otra cosa

a lo largo del tiempo

sino recoger y contar

los sencillos secretos

del mundo que me rodea

aunque sean pequeños.

 

       Y ahora que eres conmigo

el único aliento

que me da vida en la tierra

aun menos quiero

volar por mundos lejanos

sino que apetezco

quedarme por el rodal de tierra

y ahí en su cerco

libar esencias

del sueño que sueño.

 

       VII- Con el otoño que va llegando

siento más vivamente

que estoy en alguna parte

sin dejar de esperar.

 

       No olvido

aunque a veces no sienta

con la fuerza de aquella tarde,

pero al ir por el camino

y pisar las hojas secas,

sentir crujir el pasto,

coger con mis manos

las flores del espliego,

desmenuzarlas y olerlas

mientras te siento ausente,

me hace creer

que en algún lugar del universo

o estrella errante,

estoy esperando.

 

       Allí estoy y no aquí

por donde al pasar

todo me grita que no es

en la abundancia que quisiera.

El otoño es hermoso,

solitario y hondo

y por eso mi alma sueña.

 

       1418-  En un trozo de la tarde 

       me he parado a escuchar

       no lo que me rodea y veo

       sino el silencio que pasa

       llevándose el tiempo

       y he oído una voz

       sin nombre ni acento

       que dice:

       - Por aquí estoy y aquí vengo

       llevando en mi zurrón especial

       sueños, muchos sueños

       y el tuyo también está,

       pero en un rincón concreto

       esperando a que te vengas

       y con él te hagas beso.

       - Irme con él ahora mismo

       yo lo quiero,

       pero fíjate como me coges:

       tumbado sobre mi lecho,

       sin ropa que vestir,

       sin amigos o compañeros,

       sin ganas de vivir

       y ya todo más que viejo

       ¿Se me permite irme contigo

       con este aparejo?

 

       Y en el trozo de la tarde

       que es también trozo de tiempo

       le voy diciendo a la vida

       que me marcho de su aposento

       porque me tiene orillado

       y en cambio, mi sueño

       no deja de llamarme

       y darme aliento.

 

       *- ¿Qué habrá pasado

       a lo largo de los meses

       de este verano?

       y lo digo por lo siguiente:

 

       Durante muchos años

       cada noche y cada mañana

       ponía la radio

       para escuchar y enterarme

       de las cosas que a lo ancho

       del mundo ocurren y pasan,

       pero desde aquel día extraño,

       hace dos meses o así,

       todo ha cambiado.

 

       Ni oigo las noticias

       ni pongo la radio

       porque aunque no quiero,

       estoy tan lejano

       que me parece que ya ni vivo

       por aquí abajo.

       A lo largo de los meses

       de este verano

       ¿Qué ha sido lo que ha ocurrido

       o a mí me ha pasado?

                                                                        

       *- Debo esperar,

       bien lo sé

       y aunque ya no tenga mucho tiempo

       y mi corazón esté impaciente,

       debo esperar,

       pero ¿cuánto es ese poco?

 

       Si al final,

       después de que pase el tiempo

       que está acompañando

       nace la primavera

       y con ella

       la limpia hierba que estoy soñando,

       qué más da

       que sea más o menos lento

       y amarga esta soledad.

                                                                        

       Yo soy espera con la tarde

       y como mi corazón sigue impaciente,

       no está conforme

       y a lo mejor tiene razón,

       pero yo debo esperar

       porque con la luz que arde

       voy llevando mi tesoro

       para quedarme

       allí donde la eternidad

       tiene su valle.

 

       1419-  Igual me ha pasado esta noche

       en no sé qué sueño perdido. 

       - Ni siquiera reces.

       Todo el momento me han dicho.

       - Ni reces

       ni gastes un pensamiento más

       en descubrirlo.

       Déjalo y que se muera,

       que se pudra

       en ese mundo distinto

       al mundo y sueño que sueñas.

 

       A lo largo de la noche

       y cuando ya estoy conmigo

       persistente me repite:

       - Era y es un sin sentido

       y desde ahora mismo ni reces

       ni te mezcles en su camino.

 

       1420-  Y esta mañana he preguntando:

       - ¿Pero en el día de hoy

       con lo que en él ocurre?

       - ¿Te acuerdas tú del día de hoy

       hace un año?

       - En un montón de días

       queda perdido en el pasado.

       - ¿Qué color tenía,

       quién iba por la calla,

       qué dijo el que miraba

       o qué iba soñando?

       - ¿Pero el día de hoy?

       - Un eslabón más

       que engancha al mañana,

       pero que ya se ha olvidado

       y no es una reflexión

       para que quedes consolado

       de la frustración y el desconsuelo

       que te ha tocado.

       - Sé que en el día de hoy,

       el del otro lado,

       lo tiene en grande y hermoso,

       sólo yo,

       el orillado,

       lo concibe un eslabón entre millones

       que sin sentido y olvidado

       queda por el montón de los días

       que van pasando.

       ¿Pero no es una forma de consuelo

       para mi fracaso?

 

       1421-  Tengo que decir

       que es  como si me hubiera quedado seco,

       hoy no tengo lágrimas,

       no me duele el corazón,

       no siento la tarde pasar

       ni quiero mirar

       ni quiero amar o ser amado.