Castellar de Santiago
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Primera muestra-concurso de relatos cortos. 
El plazo se cierra a finales de Septiembre.

 

La extensión debe ser corta, sin un mínimo de extensión.
El tema es libre. 
Los relatos deben ser originales del autor.
Los premios serán en cuantía dependiendo de las disponibilidad.
Los relatos se pueden enviar al administrador o pueden se colocados directamente en el foro

Relato Nº 1. Autor: Nacho. Título: Tronchastiles.

Vamos a ver qué tal resulta este experimento de relato corto, jejejejjee.

Después de treinta años yendo a cavar olivas a los rubiales y de odiarlas tanto como las he odiado... el cavar se va a acabar!!!!! os cuento:
Mi abuelo siempre decía que las olivas bien cavadas quedaban hermosísimas y decían mucho de su dueño. Y yo le decia: Es verdad, abuelo, dicen que somos los más tontos del pueblo. Hay que echarles herbicida con un tractor que es aún más cómodo que la mochila. Y mi abuelo me decía: - Mochila, mochila, mochila... un mochuelo es lo que eres. Si le echamos herbicida nos envenenamos "eluego con el aceite. Y si comemos aceitunas "echás en agua" no mata la herbicida esa ni la barrilla y cascamos como Felipón. Cava, tonto jodío que te voy a dar un pescozón que te voy a "escamochar".
-Abuelo, me duele la espalda. Llevamos más de dos horas haciendo hoyos y no encontramos ni agua ni petrróleo ni nada.
- Cava muchacho y no digas "tontás" que me estás haciendo hervir la sangre!!
- Abuelo, tengo hambre.
-Pues come algo.
Y me comí media docena de magdalenas del molinillo que me dieron un ardor que casi me muero cuando me agachaba.
- Abuelo, tengo ardor. Vamos a parar un poco que el azaón se ha cansado.
- ¿Que tienes "rescoldera"? ¿que se ha cansado el "azaón"? Tu lo que eres es un cacho "méndigo" y no quieres trabajar. Y acto seguido me tiró un "gasón" a la cabeza.
- Tiiiiiiiira de aquí gandul sevillano o te arreo.
El caso es que ese día me libré de cavar más y me fuí al pueblo a tomarme unas cañas al Porras.
Pero mi abuelo volvió a las andadas y otro día me hizo volver a los dichosos "Rubiales". Yo estaba maquinando cómo librarme de la cava y se me ocurrió romper el astil. Así que me ponía a hacer palanca entre los troncones, con las piedras, con todo y nada, que no se partía. En esas estaba cuando se dio cuenta este buen hombre y me dijo: - No si encima de perro es tonto. Ahora sí que te voy a partir yo el astil yo en las costillas, "Tronchastiles".
siempre tenía una excusa para cavar lo menos posible, pero al final, siempre me tocaba ir, siempre, siempre... hasta el año pasado, que me hice unas pruebas de alergia y me salió "Alergia al olivo".
- ¿Ves abuelo cómo no soy un perro ni nada de eso? es que le tengo alergia a las olivas y por eso no quería ir.
- ¿Alergia? al trabajo es a lo que le tienes tú alergia.
Mira que le dije al alergólogo: - Especifique usted. Ponga en el volante,"Alergia al olivo y en particular a los Rubiales"
Pero nada, que no me hizo caso y mi abuelo me cree un mentiroso.
Bendita alergia, y mira que lo paso peor que el que se tragó las trébedes, pero siempre es mejor toser que no echar el hígado, jajajajajaja.
Saludos a todos                                                                                                                                                                                                                                                                    
Relato Nº 2.Autor: Nacho. Título: Tronchastiles 2.

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho que vivía un chico explotado en la vendimia. No era Hidalgo, sino una persona de a pie, como galgo corredor, un teckel enano de pelo corto y la dieta muy buena, también incluía un palomino de vez en cuando con habichuelas y de corcel, una Rieju de 50cc. Como rentas 30 euros semanales puesto que hablamos de un “probecito” estudiante.
Bueno, el nombre del lugar de la Mancha lo puedo decir, Castellar de Santiago, y mas concretamente, el paraje de la Matilla De quién no quiero acordarme es de aquellos “amos que tuve en la vendimia, a cual más “asura” y que me explotaban como la dinamita.
Nos remontamos al curso universitario ´96-97´ en los que nuestro personaje en cuestión, osease, yo, andaba cursando el penúltimo año de carrera y tenía menos dinero que el que se fue a bañar. Así que me tuve que buscar el hato, y no precisamente el del Tortas y buscarme un trabajo. Como en Castellar abunda el trabajo, jejjejejejeje, pues en seguida me salió un amo pero para la vendimia, cosa que en mi vida había hecho, y ahí comienza mi particular odisea. Me dice que a las siete y media de la mañana en su casa y que no necesitaba llevar nada más que un tranchete para cortar “ugüa”. Yo por si acaso me llevé una neverilla con refrescos y comida como para una boda.
Me presento en su casa a la hora convenida ( de noche “pa tol mundo”) y sin más ni más nos sube a los cuatro o cinco que allí estábamos en una furgoneta. - ¡Coño! Dije yo- Cuánta amabilidad, esto es para que no nos hagamos polvo en el tractor!!. Jajajajaja, que infeliz!!! Era para llegar antes a la viña.
Yo le dije en tono sarcástico que dónde estaban los cascos con luces de los mineros y él me dijo que menos cachondeo y que abriese el tranchete y a vendimiar.
Podéis imaginaros, era el día siguiente a las fiestas del Cristo y la primera vez que vendimiaba y cogía una “maquina de cortar”.
Me pongo a hacer lo mismo que los demás y veo que me adelantaban hasta lo viejos. ¿Pero cómo puede ser esto que a mis 22 años me gane un carcamal de éstos? Pues no sé que hacía , pero volaban. Y yo con un dolor de riñones que no podía ni moverme. Me quedé doblado como una alcayata y me cambiaba de cepa en cepa sin levantarme porque si me levantaba era peor. Yo pensaba que me partía y ganas me daban de ponerme de rodillas, pero mi compañero me decía que no, que eso era de mujeres y claro, yo por no manchar mi apellido, pues a aguantar el tipo, aunque a veces si se hubiese mancillado un poquito... Entonces e me ocurrió una solución intermedia: yo ponía una sola rodilla en el suelo y todos apañados. Pero no, viene el asuras del dueño y me dice: - ¿Pero qué haces hombre de Dios? ¡¡¡Menuda mariconada!!!! A lo que yo le contesté que para mariconada lo que estábamos haciendo nosotros, siete hombres agachados con el culo en pompa, pero casi me tira el tranchete a la cabeza.
Entre todos estos entremeses yo ya me había cortado como tres veces y un viejito me decía que me meaba en la herida para que se me desinfectara. Me eche agua y me lié un poco de cinta aislante del tractorista. Curado de mis heridas, mi compañero le dio a un panal de rica miel de avispas que nos “hebrearon” a picotazos. ¡Lo que me faltaba!
Menos mal que llegó la hora de comer. Yo no tenía ni hambre, sino ganas de sentarme con la espalda recta. No me tomé nada más que un poco de agua y después me animé y me comí todo lo que llevaba. Me puse redondito, pero no me podía doblar, y el “ansias” ya estaba vendimiando él sólo, así que nos levantamos todos y yo es que ni podía moverme, y encima me estaba dando un ardor que “pa qué”. Pero la tarde se me pasó corta y nos fuimos para el pueblo. Ahora, como no corría prisas llegar, pues él se fue en la furgoneta y nosotros todos en el remolque lleno de uvas.
A pesar de todo aguanté días, y me gané unas “pelillas” que me vinieron de maravilla. Ese año saqué las mejores notas de mi carrera.
Saludos a todo el mundo. 

 

 
Relato Nº 3. Autor: Jonipu. Título: Relato corto.


bueno un buen día de mi edad del pavo, tal como hoy de calor, yo estaba en la piscina con un amigo que hacia mucho que no veía, entonces como en toda buena piscina obligan a ducharnos antes de meternos en el agua. Entonces me encontré con este amigo y fui a la ducha, era de estas que ponen 6 duchas en una y te puedes meter varias personas. Entonces dada la casualidad había una tía despampanante de estas que tanto se cuidan y tal en la ducha. Total que yo hablando con el le pregunto por su vida y tal y ya duchándonos le digo. Joer que te cuidas mira que pelanganos que tienes en las piernas, hay que cuidarse mas cuando vienes a la piscina que sino no das buena imagen. La tía esta me miro con una cara así un poco extrañada y veía que se miraba de reojo. Sigo con mi conversación y le digo que esos pelos de las axilas que haber que hay que cortar por lo sano que parecía que llevaba ahí erizos de mar, la siguiente sensación que note fue que esta chica me volvió a mirar muy malamente, peor todavía que la ultima vez, pero yo ni caso, ya que yo no hablaba con ella. Lo mejor estaba por llegar ya que le hice una proposición a mi compi diciéndole que vamos a reírnos del socorrista vamos a hacernos el muerto para que venga a socorrernos, que nos podíamos reír mucho, entonces esta mujer pues como que puso cara de gusto como que le gustaba la idea, pero yo ya ni sabia que le podía pasar a la pobre ya que tanto cambio de gesto mientras que me duchaba parecía algo extraño pero bueno. Lo peor fue cuando le dije a mi rompí que lo malo es que el socorrista se lo tomase muy enserio y nos hiciera el boca boca y claro sin lavarte la boca podía cantar el pozo un poco bastante. Fue un momento de mucha tensión por que nunca en la vida me habían calentado la cara de un manotazo mas agresivo, yo me quede todo marcado y con una cara de tonto que no veas. Mi compi se moría y me decía que le has dicho?????? y yo nada si hablaba contigo. mujeresssssss 

 

Relato Nº 4. Autor: Aviadora. Título: Paranoias inspiradas en otras de la red.


Como de costumbre decidí ir a la biblioteca a ojear aquellos libros que tanto me atraían sobre el mundo antiguo.
Serian sobre las 10:30 cuando llegue a la biblioteca, al entrar estaba Carmen sentada en recepción como siempre, con la cabeza agachada leyendo un libro el cual nunca me dijo de que trataba, ni siquiera el titulo.
Al entrar a la sala de lectura me percate que Antonio estaba donde solía estar los Viernes por la tarde, sentado de espaldas a la sala en su sillón giratorio, me extraño bastante porque era miércoles y el trabaja todos los días, una vez me dijo de que trabajaba pero no preste muxa atención ya que había una bella mujer que nos intentaba decir algo.
Me acerque por el lateral de la sala y me coloque a su altura el suavemente giro la cara y asintió al igual que hice yo a modo de saludo y no romper el silencio al q no estaba acostumbrada aquélla biblioteca.
Tras una hora de lectura sentí frío, un frío intenso que me subía por las piernas, que extraño pensé, si aquí no tienen aire acondicionado y estamos en pleno junio.
Levante la cabeza y me percate de que Antonio ya no estaba en su sillón, desconcertado por el frío y ya algo cansado de leer salí de la sala en dirección a la calle para fumarme un cigarrillo.
Al pasar por recepción pregunte a Carmen si había visto a Antonio salir y ella me contesto que Antonio solo viene los viernes como era de costumbre. Pensé que como estaba leyendo y Antonio es una persona q no llama muxo la atención ella no se habría dado cuenta de que había estado allí.
Me fume un cigarrito y continué leyendo hasta las 13:30 hora ala que me fui a comer.
Cuando llegue a casa mi mujer con una extraña cara que jamás antes había visto en ella me pregunto si me había enterado.
-enterado?- de que debía haberme enterado, le pregunte. Antonio el vecino de mi madre falleció anoche mientras dormía me dijo.
Me quede blanco. Por unos instantes pensé que estaba bromeando, y siguió diciéndome.
Pobre hombre, siempre estaba es su casa encerrado, el vecino del cuarto le contó a mi madre que que el poco dinero que recibía de pensión lo gastaba en pagar una conexión a Internet y el resto lo mandaba a alguien por transferencia. Pero es un cotilla, no me creo muxo lo que dice además Antonio no tenia familia a la que mandarle el dinero. Mi madre me ha dicho esta mañana que ella lo conocía de joven y era u chico muy simpático y alegre hasta que hizo un viaje a la india del cual volvió una persona muy reservada. me contó.
No entraba en mi cabeza aquello que estaba oyendo, como puede ser que falleciera ayer si lo he visto esta misma mañana en la biblioteca? se me ponían lo pelos de punta.
Aquélla comida me sentó bastante mal, sobre las 17:00 corrí hacia la biblioteca y volví a preguntar seriamente a Carmen si lo había visto aquélla mañana y su contestación fue la misma. Me quede unos segundos parado y se me ocurrió preguntar cual era el ultimo libro que había estado leyendo Antonio, Carmen me miro y me respondió que el mismo que estaba leyendo yo pero otra edición anterior.
Que extraño me parecía todo, si había muerto como podía haberlo visto yo allí sentado asintiendo con la cabeza como saludándome, acaso era su espíritu que hace lo que solía hacer Antonio, era un recuerdo que queda atrapado en el tiempo.........
No se quizás fue una alucinación mía...pero porque?
El viernes me desperté sobrecogido, tuve algún tipo de pesadilla la cual no recordaba y sentí que debía ir ala biblioteca.
Al entrar a la sala allí estaba el otra vez, sentado en su sillón de espaldas a todos, mi corazón empezó a latir fuertemente, las tripas se me estremecieron y intentando que no se me notara el miedo que sentía me volvió acercar por el lateral y la acción se repitió, el me miro pero esta vez no asintió, se quedo mirándome fijamente, yo no sabia que hacer, como podía verlo?, a mi lado había una joven, le pregunte si ella veía a aquel señor señalándolo sutilmente con el dedo pero me pregunto a que señor me refería.
Solo lo veía yo? que estaba ocurriendo? me estoy volviendo loco? que ocurre?
Antonio o aquel ente el cual yo podía ver se levanto, cerro el libro que leía y me señalo otro que estaba en una estantería, seguidamente echo a andar y tras pasar por detrás de un columna no lo volví a ver.
Estaba helado, aquel frió del miércoles otra vez me recorría todo el cuerpo.
Me levante tembloroso, asustado y me acerque a la estantería y mire aquel libro, era la Biblia y dentro de el una nota con una dirección de Internet que podría ser esta:

http://www.loquo.com/spanish/post/302490

A la que pedí información y se me contesto esto:


>Somos una empresa de reciente creación que compra almas de
particulares.
Si estás interesado en vendernos tu alma envíanos a este correo una
fotocopia de tu DNI o pasaporte más este documento escaneado con tu
firma:


Cedo mi alma al Sr. Siret por la suma total de 30 euros.


Fdo:



No es necesaria ninguna otra cláusula. Dispondremos a partir del momento en que te sean ingresados los 30 euros de tu alma para trabajar con ella con plena libertad, pudiéndola luego revender a terceros. Envíanos con tu DNI el número de cuenta donde deseas que te ingresemos el dinero.


Cordial saludo,

Relato Nº 5. Autor: Cardo. Título: Una cita a ciegas.

Te recuerdo parado en el pasillo de ese supermercado, el primer día. La barba a medio florecer, el abrigo negro rozando el piso, y tus manos delgadas sosteniendo una lata de algo. Algo que podía ser machas o duraznos. No lo recordaría. Sólo memoricé tus ojos penetrantes que invadieron los míos ansiosos. Discúlpame, no quiero sonar cursi en el relato, intento nada más describir bien lo que yo sentí al verte allí. ¿Me entiendes? El guardia de traje azul nos miró con sospecha. Recorrí el pasillo despacio. Conté, (aunque no lo creas ahora) cada uno de los cuadrados cerámicos del piso, sin despegar la vista de ellos. Te rodeé ligero y me instalé a tu lado. Dos mentiras y una verdad, me dije una vez a tu derecha. El perfume era Calvin Klein como habías dicho, pero ni eras un tipo normal, ni tenías estatura media, como te anunciaste. Tu espalda ancha tal vez te hacía parecer más macizo, y el abrigo disimulaba tu delgadez. Tu perfil no estaba mal, pero la sonrisa que me regalaste, cuando cogí del aparador la mermelada , me mató. Olerte y dejar volar la imaginación del encierro en esa tarde de lluvia, fueron una cosa. Ver al guardia nuevamente, urgirme un poco y salir con el frasco hacia la caja, fueron otra. Esto sí lo recuerdo con claridad, el producto con el que salí valía dos euros. Lo supe cuando con voz baja , levemente detrás mío, dijiste a la cajera: "eso también lo pago yo". Aún te los debo.
Dos años han pasado desde entonces. Dos años con descansos, como solías decirme a veces. Esos períodos de ausencias inexplicables para mí, te diré ahora, que sólo eran descanso para ti. Yo me refugiaba en la comida abundante, y una que otra vez en el vino que solíamos compartir. Nunca te interrogué por tus partidas abruptas. Ni adónde, ni con quién, ni cómo. Me importaba más el retorno, que tarde o temprano sucedía. Tenías las llaves de mi departamento, podías llegar sin avisar, seguro de no encontrar sorpresas a tu arribo. Llegabas y tras la puesta al día de rigor, siempre te pedía que me acompañaras a ese supermercado. Los guardias no eran los mismos, pero sus miradas eran iguales a las de esa primera vez. Me gustaba recorrer contigo, baldosa a baldosa, aquel pasillo con el silencio a cuestas. Instalarme en el mismo sitio, frente a las mismas latas y frascos. Buscaba tu perfume entre el aroma aséptico que se ventilaba. Siempre estuviste dispuesto a llevarme a ese lugar cuando estabas en la ciudad. Era tu forma de quererme, sospecho ahora. Era tu manera de dar sin darte yendo a un lugar para ti sin importancia alguna, un referente medio fetichista quizás, te decías. Seguro era una de las formas.
Cuando no estabas, acudía religiosamente a comprar mermeladas. El sabor aunque no daba lo mismo, era un accesorio. El frasco era lo que tenía significado para mí. Sabía más dulce cuando estabas, eso es verdad. A veces era un poco agria, cuando la espera se estiraba más allá de lo que me parecía prudente. Pero era más imprudente reclamarte. Era como violar tu espacio deseoso de intimidad silenciosa. Prefería dejar que el tiempo transcurriera y guardar por cada lejanía, un recuerdo similar. Por eso, cada uno de los casi cincuenta frasquitos de mermelada que alguna viste en mi cocina, tenía debajo una etiqueta, con fechas que nunca te mostré. La letra era azul si lo habíamos comprado juntos. Roja, si lo había adquirido en tu ausencia. Me llené de frascos con letras rojas, como me lleno ahora de recuerdos tuyos. Parece que estuvieran a mis espaldas, y de pronto se me ponen al frente, me dan caza en una esquina cualquiera. . Desde tu partida que no fue adiós, pero que igual me privó de ti, (disculpa, en serio no quiero parecer cursi,). Digo que desde aquélla vez, como en un anuncio siniestro, en el súper dejaron de vender aquélla marca, y unas bolsas de escandaloso mal gusto, coparon el sitio de las mermeladas.
De mal gusto debe sonarte también que ahora, sobre la placa de tu tumba, te hable de algo que tal vez sólo para mí sea importante. Discúlpame otra vez, sé que es un acto de egoísmo terrible. Vine en verdad por dos razones muy sinceras, no temas. Nada de reproches, sabes que no va conmigo el reclamo ni la excusa, lo sabes bien, tú que jamás me diste una excusa, porque nunca se me ocurrió pedírtela. Vine como te decía, a regalarte una respuesta. Recuerdas que una vez preguntaste por qué llamé a tu teléfono después de leer tu aviso en el diario?. Estaba en la sección de no clasificables. Allí sólo había mensajes de compañía femenina ofertando discreción. Nunca antes vi ninguno como el tuyo. Me pareció sutil: "Necesito conocer persona mayor de 30. Yo tipo normal, estatura media. Llamar al ……………. Calvin". Luego, cuando hablamos dijiste que tu seudónimo lo elegiste porque usabas esa marca de perfume. Sé reconocerlo, te dije. No lo parecías, pero luego me confesaste que te sorprendí, al olerte en el pasillo, tomar un frasco de mermelada e irme directo a la caja 3, y dejar que pagaras sin mediar una palabra. Eso me pediste cuando te llamé verdad?. Acordamos el sitio, el pasillo fue un azar. Te advertí que llevaría jeans, beatle Burdeos, lentes de carey y un bigote leve. Ahora que ya sabes porqué llamé, déjame adornarte con estas flores plásticas que puse en un frasco de esos que conociste. Elegí cualquiera. Todos estuvieron llenos de frambuesa alguna vez, pero de eso extrañamente jamás pudiste darte cuenta

 

Relato Nº 6. Autor: Maria. Título: Relato corto.


"Huele mucho a alcohol. No me gusta. Pero soy muy feliz. Creen que no, pero les escucho cuando hablan. Que ilusión le va a hacer cuando me vea. Siento que me acaricia, aunque no me toca. Anoche estuvo hablandome. Me preguntaba si era niño o niña. Pues claro que soy niña !!!!! Que nombre me pondrán? Eva? Ana? Beatriz? no se, todos me gustan.
Pero no se que le pasa. La noto triste. Mamá, que estoy aquí, no te preocupes, no llores, cuando sea mayor yo cuidaré de ti!!!!!! Hemos ido a una casa muy grande donde hay gente por las paredes. Ella la llamó iglesia, creo. Y ha llorado mucho. Yo no se que hacer?
Debe estar malita. Por eso estamos aquí, para curarla.
Ha salido un hombre con una bata blanca, es un poco serio. Está hablando con mi madre y con ese que la acompaña. Mi madre se ha puesto muy nerviosa. Está llorando otra vez.
Y ahora no la veo feliz.
Ya se por que llora, ya se por que estamos aquí. Mi madre ha venido para matarme.”

Relato Nº 7. Autor: Jonipu. Título: Peor que en la mili.

un buen DIA de verano haya por esos años±os de juventud, yo andaba una buena tarde con mi primo y mi prima por el huerto de mi abuelo con la excusa de que íbamos a regar. excusa por que yo soy mas alérgico que boris a la colonia de hombre. la verdad es que como excusa no estuvo mal y para pasar la tarde como que tampoco, además los melones estaban buenos y quitaban la sed, pero bueno fuimos a regar. lo malo fue cuando se estaba haciendo de noche y el melón no se había acabado y haber como dejábamos el melón hay y que lo viera mi abuelo. total que teníamos que comérnoslos, los tres como el tío kiko allí en el huerto que haber quien nos movía. se nos hizo de noche, y menos mal que tengo un primo macgiver y una prima y o algo inconscientes, por hacerle caso que na mas que se le ocurre decir que nos podemos ir al pueblo con la bici dos en el sillín y el tonto de turno, usease yo, en el manillar y de luz poníamos una lata de gasoil de las que usaba mi abuelo pa espantar las urracas, de luz de atrás de la bici atada con una pita. bueno total aquello daba mas mala imagen que don quijote subido en rocinante, nos pusimos de camino al pueblo y cual fue la sorpresa. a mitad de camino, debido al cacho melón que tengo como sujeta gorras mi primo no veía bien y nos metimos en una cuneta, y pegamos un porrascazo, que ni mi tío Ignacio toreando vaquillas en la comunión de mi hermana. total yo del porrazo pues como que me sentía un poco mal, yo le achacaba la culpa a la alergia, que tenia muchos mocos y tal pero bueno como se veía menos que una polla lía en un trapo pues no le di consideración. nos montamos otra vez ahí los cuatro en la motoreta móvil y pal pueblo. la sorpresa fue cuando llegamos al pueblo y me vio mi madre y lo primero que me dijo fue: esta aquí el santo aceituno! cuando me quise dar cuenta llevaba la cara como un santo cristo de sangre y que el problema es que no era alergia, era la cantidad de sangre que iba echando por las narices debido al aterrizaje tan forzoso. y es que ya lo dice el refrán: al ladrón, pégale un buen pescozón. 

Relato Nº 8. Autor: ¡Glup. Título: Escribanos.

Permaneció más de un cuarto de hora esperando con los papeles en la mano pero nadie lo atendía. Ropa de segunda con pelusas de otras prendas. Limpio y triste esperando.
Y volvió a insistir:-¿Me rellenan los papeles?
Mohamed entró en la papelería buscando el rescoldo de los escribanos de su zoco de Fez, Marraquesh o Casablanca que por un dirham redactaban lo imposible. Pero su tiempo era equivocado en siglos. Ya no encontró a nadie en la Puerta de los Escribanos de la catedral.
Quince minutos esperando con la mano en alto, los ojos tristes y el mundo encima. Y nadie dijo nada. Yo tampoco dije nada.
Quieto, quedó solo en Las Cuatro Calles que miran a las tres culturas. La multitud pasa y lo rodea como a un poste, como a nada, y él mira las cuatro rutas: al Norte, al Sur, a Oriente y Occidente. Perdido desapareció por las cuestas. Lo busco y no lo encuentro.
El dirham no cotiza en bolsa y no es moneda de cambio para rellenar papeles.

 

Relato Nº 8. Autor: Mónica. Título: Relato

30 de enero de 1990.

Acabábamos de comer un plato de bacalao con patatas, Juana había estado toda la noche bailando sevillanas con sus amigas, estaba cansada y decidió acostarse para poder salir esa noche otra vez.
Tenía 33 años, fue a encender el aparato de música para poder escuchar lo que tanto la relajaba, la música clásica.
Su niña mientras recogía la mesa para poder acostarse con su mama y poder disfrutar de sus abrazos y mimos.
De repente se escuchó un golpe, pero pensó que era la vecina de arriba, esa que tanto ruido hacía siempre.
Una vez lavadas las manos, pasó corriendo a la habitación, estaba oscura, la persiana estaba bajada y apenas se podía distinguir nada.
Tropezó con algo, -joroba -pensó, mientras intentaba no hacer ruido.
Intentó coger eso con lo que había tropezado, pero era demasiado grande, estaba caliente y se asustó.
Subió corriendo la persiana, asustada por intentar averiguar de qué se trataba.
Cuando la luz hizo visible lo que había motivado ese tropezón, la niña no parpadeó, corrió en busca de su tia, que estaba fregando los platos de la comida, no podía hablar, ni gritar ni nada de nada.
Su tía se asustó y corrió con ella a la habitación, mamá estaba allí tumbada, la niña se quedó paralizada mientras veía como su tía intentaba despertar a su hermana.
La tía miró a la niña y le dijo que se fuera corriendo a llamar a la vecina, no sin acordarse que ese fin de semana las hijas de la vecina, sus amigas, se habían ido a Aranjuez a pasar el día.
No había nadie que pudiese ayudarlas. El teléfono estaba roto por aquel entonces.
La niña se puso sus zapatos y corrió a la cabina de teléfono que había en el parque.
Vinieron a la hora dos señores, pasaron a la habitación y cerraron la puerta, fue entonces cuando vio a su tía  llorando. Se imaginaba lo peor.
Las montaron en la ambulancia, el cuerpo de la madre estaba tendido en la camilla, sin hacer caso a nada de lo que decía su hija.
Ya en el hospital, al cabo de mucho tiempo, salió un hombre con una bolsa de plástico en donde iba el pijama de la madre y las joyas que llevaba.
Su tía se dirigió a la niña, que inocentemente esperaba una buena noticia.
Mi tía me abrazó y lloramos las dos, nos habíamos quedado sin ella. 

Relato Nº 9. Autor: Pascual. Título: De recuerdos y emociones.

La calle mantenía su mismo suelo de tierra con las chorreras que el agua hacia y los niños empezamos a reunirnos como todos los días para jugar.
Pero hoy la calle estaba diferente.
Había muchos adultos anormalmente bien vestidos. No tenían ropa de trabajo y llevaban chaquetas de pana y zapatos limpios.
Se reunían al final de la calle. Abajo, cerca del final de ella, cerca del barbecho. Callados, con la mirado baja, murmuraban algunos entre ellos. Otros limpiaban sus lágrimas con enormes pañuelos. Hasta el día estaba gris. Triste.
Nosotros sabíamos que en esa casa sucedía algo anormal. Ahí vivía un niño que no jugaba apenas, su madre siempre estaba con el y no participaba apenas en nuestro juegos. Solo en los que no hacia falta el esfuerzo físico.
Andrés y su primo Manolo se habían esforzado muchas veces en hacer reír a este niño. Y lo conseguían. Muchas veces jugábamos en su puerta para distraerlo de su mal.. Y ese mal hoy  lo había derrotado definitivamente.
Hablaban de enfermedad incurable, de cosas caras, de que no tenia remedio.
Muy despacio nos acercamos a la ventana del dormitorio que daba a la calle y que habían dejado abierta. Su madre estaba sentada a su lado,
No lloraba. Sonreía.
Con esa sonrisa que solo vemos en nuestras madres.
El, en la cama, blanca toda, la cara pálida, los ojos cerrados. Nos sonreía.

Vaya. Cuanto polvo hay aquí. Pues no se me ha metido una cosa en el ojo y lo veo todo borroso..

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