El
otro día, estaba bebiendo en el estanque del parque, donde nadan
los sapos y las ranas, cuando apareció un mendigo:
-¿Vos sería lo suficientemente
caballero para no quitarle el agua a los peces?
-¿Es usted argentino?
-He preguntado yo antes.
-…
Me callé. Entonces imaginé
al sujeto este, no menos extraño que yo, montado a lomos de un
cerdo-corcel de rechoncho tronco y pentapatudo, con un enorme vibrador
en mano alzado al sol como la misma Excalibur empuñada por el mismo
Rey Arturo. Mi posición para beber agua en el estanque, era la
menos idónea para esa situación y más aún
en compañía de ese sujeto empuña vibradores y monta
pentapodes fruto de mi imaginación sadoeskizofrenica producida
por la inadaptación al sistema, a la moral, a la ética,
a la realidad actual y a mi mente psicotrópica.
Ahí estaba yo, arrodillado,
con los morros pegados a la ciclorepurificada agua del charcucho, con
el trasero pretuverantemente salido de mi silueta. El culo como un trombón
enfocado al infernoparadisiaco cieloazul:
-¡¡¡AAAAAAAAAhhhhhhhhh!!!
Me levante tan rápido que ni
el impulso nervioso que debía accionar mis músculos había
arribado aún. Eché a correr y desaparecí entre la
bruma de un puesto de gofres, hamburguesas, tutifruti, vino tinto y chupachups...
-No lo entiendo.- El pobre mendigo,
que también mendigo pobre, llamado, por los astronautas que para
el era la gente no vagamundos, como Ron Das Itios, no se explicaba la
reacción de aquel chico, aparentemente normal, perfecto borrego
del sistema y astronauta, como el los llamaba. Ron Das se preguntaba si
sería un astronauta de otro país, tal vez de Marte o si
mas no de Kripton o aun mas de Melmac. Hablando ya de Ron Das , éste,
a pesar de ser un pendejo que había sucumbido a los encantos del
turismo que supone ser un vagador de mundos, esos sitios no los conocía
mas que en su sabiduría espiritual de la cual no alardeaba, pues
un sabio, es sabio por el hecho de saber que es ignorante (dijo alguien...).
Ron Das, dio media vuelta y se dirigió
a los mierdapodridosservicios públicos a buscar algo de vómitos
que almacenar.
-¡OH! ¡Santísima
Faz Divina! Debe haberlo recogido antes Kam In Ata.
Kam In era una mendiga oriental, que
cuando era más joven escapó de un campo de concentración
llamado Nike al sur del país mandarín donde le obligaban
a trabajar ejercitando sus músculos y liberando su mente con jornadas
interminables. Era emocionantemente explotada en unas naves muy chulas
con poca luz, pues Nike estaba comprometido con el ahorro de energía
y las energías alternativas, y en un espacio reducido, para evitar
los prolongados, costosos y cansados desplazamientos y muchas más
comodidades fruto del progreso...
Ahora, Kam In, era la leal competencia
de Ron Das en el negocio del RecicloVómito. La producción
mundial de comida no era suficiente para toda la humanidad, pues los astronautas
que disponían de alimentos de sobra, se guardaban los excedentes
para su pronta y útil putrefacción. Por eso, un avispado
empresario, víctima de un corazón humilde y comprometido,
tuvo la brillante y espléndida idea de fundar un empresa de recogida
de vómitos para reciclarlos y poder convertirlos otra vez en sustancias
ingeribles con el sobrenombre de alimentos.
Kam In, llegó a su casa de
unos descomunales 5000 cm. cuadrados. Tenía una hija de, como ella
misma decía, unos 12 a 14 años.
-Hola mi amor.
-Hola mi mama.
-¿A qué juegas?
-Nada, juego con la Barby Puta.
-¿Y Ken?
-Se la está follando por cuatro
chavos.
-¡Ohh! Mi niña, le gusta
tanto su trabajo que lo mezcla con sus juegos.
-¿De verdad me gusta?
-...
WildRan era el nombre de la niña.
Trabajaba en el puticlub Kom Ed Mela para traer un sueldo extra a su humilde
hogar.
WildRan seguía jugando a papas y mamas con sus superdotados muñequitos
cuando un pedazo de escayola se desprendió del techo.
-¡Joooo!, le ha rompido la prótesis
de selicona a mi Barby.
Y se puso a llorar.
-¡¡¡Buuaaaa, buaaaa!!!
Maldijo su rematadamente maldita vida
de pordiosera y la emprendió, armada con la escoba, a garrotazos
contra el techo, fruto de una rabia inusitada, sorprendente e inesperadamente
violenta. Más tarde, como unos 10 segundos después del ensanguinamiento,
cayó al suelo muerta del agotamiento adquirido. Otros 10 segundos
después, otro cacho de superficie techal, rencoroso y malévolamente
diabólico y maquiavélico se dejo caer de bruces contra la
testa de WildRan.
-¡¡¡¡Catapumba!!!!
Una palmerilla de sangre brotó
de entre sus cejas, coloreando una triste y lúgubre habitación
de una inesperada luz y un destellante sangrirrojizo líquido.
Donar Leo Civinda, paseaba por entre el ajetreo rutinario de insultos,
porquería, delincuencia, racismo y soledad eólica del centro
radial del suburbio de una ciudad sin nombre que citarla. Más de
repente que de pronto, oyó el sonido de un cráneo esclafado
(tan familiar para el pues era excombatiente de la Última Cruzada
de la Evangelización de Inmigrantes Extraplanetarios en la cual
tuvo que luchar contra marcianos con miembro láser espachurra calabazas)
en el interior de un recinto casero.
-¡¡Ohhh Dios mío!!
Exclamó patidifuso nada más
entrar a la casa de una patada en la puerta.
-¡Precioso! ¡Magnífico!
¡Majestuoso! ¡Buoalá!
Quedó unos segundos admirado,
fotografió mentalmente la escena, tapó la palmerilla de
WildRan con un tapón, salió corriendo, llegó a la
cabina Timofónica más cercana, sacó unas pelillas,
las metió en la ranura, las monedas bajaron por la abertura, activaron
el teléfono, se depositaron en… y resumiendo: aviso la ambulancia.
Donar Leo se sentía satisfecho por su labor e impacientado, interrumpió
su paseo y se fue a su cutrelocal a esculpir la imagen anteriormente memorizada.
Era un gran escultor.
-¡¡¡Mierda puta!!!
Otro despojo humano, por no decir animal, ha sufrido un accidente. Vamos
compadre.
-¡¡¡Puta mierda!!!
Otro.
Van PoyFlo y Van Der PuAS se pusieron
de inmediato al volante de la ambulancia. Después de picar tanto
embrague como para hacer saltar chispas sobre mojado, salieron pitando
hacia el lugar de los hechos. Conducía Van Der PuAs, un tipo tan
hábil al volante como con la botella.
La famosa cotireportera Lemecar Tellaca se dedicaba a hacer cotireportajes
a sucedáneos de famosos y famosos cuando pasó una ambulancia
por delante de la cámara que le estaba grabando en unos de sus
reportajes. Lemecar, fascinada por el alboroto que dejó a su paso
la ambulancia al llevarse por delante tanto al maquillador como a su personaje
en cuestión entrevistado, decidió, no sin antes sumirse
en una reflexión de un ínfimo tiempo, perseguir y grabar
la ambulancia en cuestión.
Volando sobre el vehículo autor
de los hechos, el cámara grababa los sucesos mientras Lemecar los
comentaba con gran intensidad:
-¡¡¡Madre del amor
hermoso!!! ¡El conductor de esta ambulancia es un modelo a seguir
por todos nosotros, arriesga la vida de otras personas por salvar la de
otra!!!
La ambulancia encarriló una
recta larga repleta de coches, los sorteó con gran habilidad y
se dirigía ya a atravesar el semáforo en ámbar cuando
este cambio a rojo y PuAs giró a la derecha sin más bajas
humanas que un perro y un gato. Avanzó unas cuantas calles más
hasta que llegó a casa de Kam In con una cifra récord de
sólo 8 atropellos entro los que también se encontraban el
salchichero de la esquina de enfrente de la del vendedor de ciegos, la
castañera, un ejecutivo que salía de un puticlub de ancianos
y el pesado de siempre que se tiraba delante de los coches para cobrar
el seguro.
Van PoyFlo y Van Der PuAs bajaron
de un salto de la ambulancia, sacaron el botiquín y entraron donde
reposaba WildRan.
-Vamos chico, hay trabajo que cumplir.
¡¡Vaaamos!!
Kam In sollozaba abrazada a su hija y alegaba a la bondad divina para
que perdonara sus pecados y salvara a su hija, y en todo caso, se la llevara
a ella y no a su niña.
-Usted, suelte a su hija y vaya a
dar por culo a otra parte, o si quiere nos vamos y que venga su divinidad
a curarla.- decía Van Der PuAs.
-Si es que esta gente no sabe a que
aferrarse, los malditos no tienen nada… por eso será.
Comprobaron las constantes vitales
(vivía todavía), taponaron la herida, boca a boca Van Der
PuAs y masaje cardíaco Van PoyFlo. No recuperó la conciencia,
la subieron a la ambulancia y se la llevaron de camino al hospital.
Mientras tanto, Lemecar había encontrado a un famoso hurgando en
un vertedero y abandonó a sus héroes Van PoyFlo y Van Der
PuAs con su tarea.
-¡¡Rápido joder!!
PuAs, en cualquier momento se nos puede ir.
-Le haría un favor a la humanidad…-
murmuró entre dientes PuAs.
Pisó el acelerador a fondo y los 200hp de potencia de la ambulancia
dejaron huella en el suelo en forma de neumático. Habían
atado a WildRan a la camilla y PoyFlo le iba atendiendo como podía,
pues las sacudidas, acelerones, frenazos y derrapajes eran constantes.
PuAs estaba concentrado en la conducción. Se dirigió por
el camino del parque porque a esas horas de la noche había por
allí menos gentío.
El motor iba a 7000 revoluciones con
la segunda puesta y los amortiguadores al límite porque estaban
dando la curva del parque, cuando salió de entre los arbustos un
gilipollas corriendo como un desalmado. PuAs aceleró, pero al llevárselo
por delante la sangre salpicó la luna delantera: no veía
nada y en un último intento de controlar el vehículo se
empotró contra el muro de cemento armado del manicomio municipal.
Era una imagen un tanto fea, no se
la recomiendo a nadie, por lo menos en directo. Van PoyFlo y Van Der PuAs
habían derramado su inteligencia por el muro y el asfalto y la
furgoneta-ambulancia parecía un papel de aluminio estrujado y encendido.
Como salido de la nada, aquel gilipollas, irreconocible por la opacidad
de la noche, se levantó de su minuto de letargo y caminó
derecho a la bola de aluminio. Se detuvo ante ese acontecimiento y…
su cara me sonaba familiar. ¡¡¡Era yo mismo!!! ¡¡¡Y
seguía vivo!!! No se que hacía yo a esas horas, en ese sitio,
en no se lo que. Supongo que seguía huyendo del caballero corrompe
traseros, jinete de cerdos quintuextremidales, pero no tengo ni pajolera
idea.
El calor del fuego me reconforto y
me volvió la vitalidad al cuerpo. Un tanto después, recurriendo
a mis dotes de narrador, recordé que WildRan seguía enlatada
en la ambulancia. Ajeno a mis dolores por el tremendo atropello que antes
había presenciado y coprotagonizado, comencé a buscar entre
la metralla.
Allí estaba, como un ángel,
reposada sobre la camilla, con un mechón sobre la cara, los brazos
en cruz y la luz del fuego resaltando bellamente sus facciones en esta
situación macabra pero a la vez celestial. Acerqué lentamente
mis labios a los suyos y le di un beso en la frente, ya que no soy un
pederasta y ya soy mayor de edad. WildRan emitió un leve gemido
y poco a poco fue despertando de su inconsciencia. Aquellos ojazos orientales
me miraron como un perro degollado, me abrazó y la llevé
en brazos al hospital.
FIN |