CON LAS MANOS VACÍAS

Sonó el timbre de la puerta y nadie contestó. Al otro lado de ésta, esperaba impaciente un hombre corpulento, tocó por segunda vez, pero no obtuvo respuesta. Había sido muy específica, sábado 21, en su casa de la playa. Golpeó la puerta, gritó su nombre y desesperado buscó en la entrada alugna llave, estaba seguro que había guardado alguna en cualquier parte, su despiste se contrastaba con la facilidad de prevenirlo. En la ventana, pegado, había un juego de llaves. No había cambiado nada, con sus mismas manías y defectos.

El plato de la cena todavía no había sido recogido de la mesa y estaba esperando su lavado. Las rosas rojas ya estaban marchitas, ocultando entre sus pétalos secos una pequeña tarjeta de algún amigo. Tan sólo se escuchaba el murmullo de la televisión, el incesante cantar de los grillos en las noches de verano y el relajante sonido de las olas del mar acariciando las rocas. La bombilla de la lamparilla, justo al lado del teléfono, parpadeaba y necesitaqba que la ajustaran, en el contestador una luz roja marcaba el úmero doce, justo al lado, unos cuantos pañuelos usados. Estaba muy extrañado, metió su mano en el bolsillo y sacó la invitación que le había llegado dos mese antes junto a un billete de avión:

Amigo Jorge,
Reunión de antiguos compañeros
Sábado 21 de Junio a las 22.00 h.
Lugar: Mi casa de la playa en la I. de Capri
Te pido que me confirmes tu asistencia
GEMA 21 de Abril

Era el día exacto y tan sólo había llegado diez minutos tarde. No había ni rastro de sus antiguos amigos. Hacía casi diecisiete años que no se reunían todos juntos y esta cena le había ilusionado. De Gema, tan sólo había conocido por las noticias, que había ganado un gran premio en el campo de la ciencia por su teoría sobre el virus del S.I.D.A., y por ello, ganó el suficiente dinero como para retirarse a aquella lujosa casa a escribir novelas. A sus 38 años ya había ganado un Premio Planeta y sus libros habían sido traducidos a un par de idiomas. Había intentado reuir a todo el grupo varias veces, los quería cerca de ella, quería celebrar sus logros con ellos. Su vida parecía ser muy solitaria, jamás se había casado y su familia más cercana, o había fallecido, o vivía a kilómetros de distancia.

Estuvo paseando por la casa, examinando unos cuadros bellísimos con su firma, y enmarcadas, unas fotografías de su época de instituto, en dos de ellas salí Jorge. En una mesilla, en el comedor, llenos de polvo, había cuatro álbumes de fotos. Seguramente los habría sacado para mostrárselos a todos y hacer que se echaran unas risas. Sin embargo, ni siquiera había unas verduras cociéndose en la cocina, ni un cuubierto preparado en la mesa. Prosiguió con su inspección, todo parecía en orden, en calma casi irreal. Volvió al comedor y se paró dudoso junto al contestador, ¿debería escuchar los mensajes? No sabía si hacía lo correcto, pero apretó el botón que lo pondría en marcha y e sentó en el sillón de al lado a escuchar:

- Hola Gema, soy Paco, lo siento no podré asistir a tu cena Esa misma noche, actúa mi hija en un festival escolar. De verdad que lo lamento... Llámame para la próxima reunión ¿de acuerdo? Hasta luego.

- Soy Sandra, mira Gema, no me será posible estar allí esa noche, tengo un vuelo a París. Si tengo tiempo, me pasaré un día de estos, cuando esté por esa zona, y me cuentas cómo ha ido tu vida. Besos.

- Ay, cariño ! Soy Maica. Siento avisrtev con tan pco teimpo de antelación, pèro la niña se puso enferma esta mañana y mi marido debe trabajar. ¿No te importa verdad? De todas manera, mi ausencia no se notará. Un beso.

Los otros nueve mensajes eran similares, todos se disculpaban por no poder ir. Se levantó del sillón y acercó sus manos hacia las rosas, acertó a coger la tarjeta y la abrió: "Lo siento Gema, no podré asistir. Besos. Sergio" Con un bolígrafo diferente y a largos trazos, se odía leer: "¿No sabes que mis favoritas son las rosas blancas?" Algo aría a jorge en el pecho, un sentimientoentre indignación e impotencia `por no poder hacer nada. Necesitaba encontrarla, supo que allí no lo haría.

Halló una puerta trasera, una entrada hacia un precioso jardín, con vista a un acantilado. Las olas herían las rocas, como sus amgos le había herido a Gema. Tuvo un presentimiento, se podría decir que el inundó el recuerdo de ella, hablando sobre lo relajante que es el mar, lo mucho que le ayudaba a pensar y a canalizar sus sentimientos. No lo dudó un instante, y a ciegas, subió el pequeños monte y allí la encontró.

- Hola... Soy Jorge.

- Ya, ya lo sé, desde aquí te vi llegar. ¿Por qué tardaste tanto en subir aquí? ¿ No te acordabas de canto me gustaba observar el mar?- contestó Gema con una sonrisa a medias.

- Observar el amr en la noche para sí fundirte con él en la oscuridad... Siempre ha sido tu frase, no hay año que no la dijeras poco antes de finalizar las clases, cuando ibas a pasar el verano en tu apartamento de Torrevieja...

- Al menos te acordaste de mi desiste y buscaste una llave para entrar...

El viento y el silencio entrecortaban los pensamientos de ambos, y las lágrimas de ella. No sabían qué hacer, no sabían qué decir, los dos sabían todo del otro pero era como si nunca se hubieran visto.

- Lo que sí que ha cambiado un poco ha sido la grandari y la inmensidad del lugar. Recuerdo aquella vez que dormimos tres en tu habitación.

Gema le hizo callar bruscamente con un grito:

- ¿Y de qué me ha servido, dime? ¿Crees que soy más feliz por tener todo lo que tengo? Dime la verdad, ¿ lo crees? Si es así, te estás equivocando conmigo.

Jorge enmudeció, era incapaz de decir nada. Eran incontables las veces que había deseado ser ella, tener su fama, su dinero y su talento.

- No... yo no ... no pretendía decir eso...- consiguió balbucear al fin.

- Nadie pretende decir nada malo nunca. No te podrás jamás imaginar los amigos que encontré cuando alcancé la plenitud en la ciencia. Todo el mundo quería conocerme, nadi tan joven había ganado tan prestigioso premio. Me ofrecieron muchas manos a las que me agarré, pero que la izquierda, la metían en uno de mis bolsillos. Jamás me he sentido tan sola rodeada de tanta gente. Todos desaparecieron cuando compré este chalet. Nadie imaginaba que regresaría con una nvela tan polémica: "Las manos vacías". Fotógrafos y periodistas me acosaron cuando gané el Premio Planeta y aquellos amigos que se habían ido, vividores y cuentistas, volvieron con alguna excusa, disculpando us flata de compañía en los años arás. Les ignoré por completo, y os llamé uno por uo, quería celebrarlo con la gente que cuando pedí su mano, me dejó sujetarme gasta el hombro donde podría reposar mi cabeza para poder derramar todas las lágrimas que quisiese. Pero la distancia hizo difícil nuestro reencuentro, por eso sta vez os di todas la facilidades: el billete de avión a la península y el billete de barco hasta aquí.
A mediados de semana, empezaron a llegarme negativas. Ginés, en su mensaje, decía que se le había roto la lavadora, que su casa se había inundado y no podía dejar sola a su mujer con todo el problema- rió, rió y rió, con una risa irónica y triste como Jorge no las había oído nunca, pero él calló y la dejó continuar- ¿No te parece gracioso?
Dios me dio la virtud del éxito, pero me castigó a sufrir en soledad, teniendo omo único tertuliano el mar, que siempre calma is penas cuando su murmullo es silencioso, o se embravece si me quier reñir. ¿No te parece penoso?- Estalló a llorar y el mar, cada vez golpeaba con más fuerza las rocas, y el silencio martirizaba sus cabezas.

-Cuando tienes todo, te das cuenta de que no tienes nada sin esas pequeñas cosas que te hacen sonreír, como los amigos o aquella perosna que debería poder abrazar cuando me volteara en la cama, o esos ratoncillos que te despiertan por la madrugada víctimas de una pesadilla. ¡No tienes nada! ¡No tienes nada! Sólo un consejo: procura llenar tu vida con pequeñas cosas, ¡Ay, qué grande es la casa que me esepra allá bajo!

Jorge, sin vacilar un instante, se sentó a su lado y la envolvió entre sus brazos. Tras un largo tiempo abrazados, con una amarga sonrisa y en un tono irónico, dijo Gema:

-Qué lástima que esto no ufera una película, una de esas dramáticas, en las que siempre todo acaba bien, y en las que el protagonista, hace el sueño de la chica realidad. Así , mañana, los veríamos aparecer a todos por aquel camino.

-Podemos quedarnos aquí, observando el agua y oliendo su aroma, hsta que amanezca, unidos y sin pestañear. Sólo un consejo: - sonrió mientras dijo esto, esperando que ella captara su juego- procura no dejar a la ciencia ficción, lo que la realidad pueda sueperar.

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