Contador
Caracas, Venezuela.

CANCIÓN AL NACIMIENTO DE LA
HIJA DEL MARQUÉS DE ALCAÑICES


   Inspira nuevo canto, 

Caliope, en mi pecho aqueste día; 

que de los Borja canto 

y Enríquez la alegría, 

y el rico don que el cielo les invía. 

   Hermoso sol luciente, 

que el día das y llevas, rodeado 

de luz resplandeciente 

más de lo acostumbrado 

sal ya, y verás nacido tu traslado. 

   O si te place agora 

en la región contraria hacer manida, 

detente allá en buen hora; 

que con la luz nacida 

podrá ser nuestra esfera esclarecida. 

   Alma divina, en velo 

de femeniles miembros encerrada, 

cuando veniste al suelo 

robaste de pasada 

la celestial riquísima morada. 

   Diéronte bien sin cuento 

con voluntad concorde y amorosa 

quien rige el movimiento 

sexto, con la alta diosa 

de la tercera rueda poderosa. 

   De tu belleza rara 

el envidioso viejo mal pagado 

torció el paso y la cara, 

y el fiero Marte airado 

el camino dejó desocupado. 

   Y el rojo y crespo Apolo 

que tus pasos guiando descendía 

contigo al bajo polo 

la cítara hería 

y con divino canto ansí decía: 

   "Desciende en punto bueno, 

espíritu real, al cuerpo hermoso, 

que en el ilustre seno 

te espera deseoso 

por dar a tu valor digno reposo. 

   Él te dará la gloria 

que en el terreno cerco es más tenida, 

de agüelos larga historia, 

por quien la no hundida 

nave, por quien la España fue regida. 

   Tú dale en cambio desto 

de los eternos bienes la nobleza, 

deseo alto, honesto, 

generosa grandeza, 

claro saber, fe llena de pureza. 

   En su rostro se vean 

de tu beldad sin par vivas señales: 

los sus dos ojos sean 

dos luces inmortales, 

que guíen al bien sumo a los mortales. 

   El cuerpo delicado, 

como cristal lucido y transparente, 

tu gracia y bien sagrado, 

tu luz, tu continente 

a sus dichosos siglos represente. 

   La soberana agüela, 

dechado de virtud y hermosura, 

la tía, de quien vuela 

la fama, en quien la dura 

muerte mostró lo poco que el bien dura, 

   con todas cuantas precio 

de gracia y de belleza hayan tenido, 

serán por ti en desprecio 

y puestas en olvido, 

cual hace la verdad con lo fingido. 

   íAy tristes! íay dichosos 

los ojos que te vieren! huyan luego, 

si fueren poderosos, 

antes que prenda el fuego 

contra quien no valdrá ni oro ni ruego. 

   Ilustre y tierna planta, 

gozo del claro tronco y generoso, 

creciendo te levanta 

a estado más dichoso 

de cuantos dió ya el cielo venturoso".

 


Regresar
Mensajería del Colegio
Poemas Originales

 

 

1