Abril 2007 atras
http://www.xlsemanal.com/web/articulo.php?id=14777&id_edicion=1928
ATASCOS, LA GRAN RATONERA
Un millón de conductores se desesperan cada día en los atascos de las grandes ciudades españolas.
Las pérdidas en horas de trabajo, accidentes y combustible malgastado ascienden a 16.000 millones de euros anuales.
¿Se puede hacer algo más que tocar el claxon?
¿Pero cómo convencer a los ciudadanos de que renuncien a su utilitario y prefieran el transporte público, la bicicleta o ir a patita? Ahí está el quid. Y como la persuasión no funciona, las autoridades empiezan a optar por la presión y hasta por la intimidación. ¿Es suficiente? No en el caso de España, por lo menos en sus mayores metrópolis. Comparémoslas.
Madrid ha optado por las obras faraónicas y los agentes de movilidad, que tratan de espabilar con el silbato a unos conductores ya de por sí espabilados. No en vano los madrileños tienen a gala ser los más rápidos de Europa. Y, por ende, los más desconsiderados con los peatones. A un sociólogo alemán que realizó un estudio sobre modales al volante le escandalizó que un par de automovilistas madrileños rebasasen el semáforo al ponerse la luz roja en un 80 por ciento de los casos, cuando en el resto de las ciudades sólo hay un 30 de indisciplinados. Claro que los peatones tampoco se quedan cortos: tres de cada cuatro atropellos son culpa del viandante. En cuanto a las obras, Madrid las prefiere mastodónticas. La reforma de la M-30 (ocho años con el asfalto levantado) costará a cada madrileño 1.200 euros e hipotecará al Ayuntamiento durante 35 años. Un estudio sostiene que las obras ahorrarán 13 millones de horas en atascos, pero muchos discrepan y piensan que lo único que se conseguirá es que éstos sean subterráneos: la política del `ojos que no ven´ que ya practicase el emperador Adriano, que ordenó ocultar el tráfico de esclavos y carros en una red de túneles al paso por su villa para que no perturbase su siesta y sus lecturas. El problema es que los puestos de trabajo en Madrid están en el centro. La periferia es para dormir. Por el contrario, el cinturón industrial de Barcelona es mucho más tupido y los desplazamientos hacia el centro no son tan masivos. Además, los peajes por entrar en Barcelona suponen un gasto semanal de 12 a 20 euros. En Madrid, el coche no paga en la mayoría de las rondas de penetración. La ORA también es más cara en Barcelona. Por si fuera poco, Madrid concentra el 60 por ciento de los costes generados por los atascos en España. Para colmo, unos 50.000 coches se quedan sin hueco para aparcar. Un tercio de la contaminación proviene de automóviles en busca de estacionamiento. Y la polución se cobra en España 15.000 muertos anuales, tres veces más que los accidentes.
La Ciudad Condal se decanta por el transporte público. Y no le va mal. Un estudio calcula que el barcelonés invierte en sus desplazamientos una hora y cuatro minutos diarios, mientras que el madrileño roza la hora y media. En otras ciudades, el panorama no es mucho mejor. Los valencianos pierden una hora y seis minutos en sus desplazamientos diarios; en Bilbao ganan en fluidez porque los servicios de metro son más rápidos. Por el contrario, Málaga es la tercera ciudad de España más congestionada. Su red viaria concentra diez puntos negros con retenciones diarias. «La salida hacia Cádiz está imposible a cualquier hora. Y llegar a Marbella por la autovía supone una hora y luego pierdes dos en volver. La creación de grandes superficies al borde de la autovía agrava el problema», explican desde la Federación de Transportes de CC.OO. en Andalucía. El Ayuntamiento barcelonés lleva años adoptando medidas para disuadir a los conductores de recorrer el centro. De hecho, los atascos en Barcelona afectan más al extrarradio. Muchas calles de la ciudad ya sólo permiten el acceso a las personas que residen en ellas. Los carriles bici también cobran un impulso especial. Pero la bicicleta sigue siendo una asignatura pendiente en España si se compara con ciudades centroeuropeas como Graz (Austria), donde es el medio principal de transporte, junto con el tranvía.
Pero el nuevo mantra del transporte en ciudad es la movilidad sostenible, que llena la boca de los urbanistas. ¿De qué va esto? Ole Torzón Jorgensen, ingeniero de la Universidad Politécnica de Cataluña, es uno de los abanderados de este movimiento. «Que una persona se mueva sola en un vehículo de casi una tonelada debería castigarse económicamente. Igual que se habla de la instalación de cajas negras en los vehículos para mejorar la seguridad vial, se deberían instalar cajas de control ambiental que permitan cobrar al propietario del vehículo una tasa en función de la eficacia carga/tara. Si se logra aumentar el número de personas por coche en un 50 por ciento, el consumo energético bajaría un 40 por ciento.»
Europa comienza a probar coches sin volante ni pedales ni conductor para mejorar el transporte público, gracias al proyecto CityMobil. Son vehículos silenciosos y no contaminantes dirigidos por un ordenador central, que circularán por espacios adaptados hasta 2008. Si funcionan, su uso se extendería. Burgos, con otras 34 ciudades, integra el proyecto Civitas, para mejorar la ciudad. Nuevos vehículos y combustibles, restricción de accesos al centro histórico, coches y taxis compartidos y préstamo de bicicletas son algunas de las propuestas, además de la resurrección del tranvía, en marcha en Bilbao, Valencia, Alicante, Granada, Málaga y Murcia… ¿Será la señal de que los tiempos están cambiando?
Carlos Manuel Sánchez Fin noticia
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