
De la antigua Historia de la Cofradía de Ntra. Señora
de la Soledad de Martos
Sin duda alguna, una de la tareas mas arduas que se le pueden presentar a cualquier investigador o persona interesada por la Historia de Martos, es la referente al conocimiento de sus Cofradías pasionales desde que se fundaron hasta bien entrado el sigloXX, y es así porque desgraciadamente, en Martos no hay ningún archivo al que se pueda acudir en busca de documentos que proporcionen noticias a este particular. De ahí que, cuando llega el tiempo de Semana Santa y los cofrades inquietos por estos temas tratan de esbozar unas líneas sobre la Historia de sus respectivas cofradías lo tengan muy difícil de hacer y en la mayoría de las ocasiones tengan que recurrir a la Historia oral recogiendo relatos de personas de avanzada edad con buena memoria que les cuenten sus recuerdos más antiguos sobre las cofradías marteñas de Pasión.
En mi caso, gracias a un constante, paciente y laborioso trabajo por distintos archivos provinciales y nacionales, he podido encontrar varios datos importantes de la vieja Semana Santa marteña, entre los cuales figuran algunos de los que voy a reseñar en el presente artículo.
La Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad de Martos tuvo sus orígenes en las últimas décadas del siglo XVI (como ya expusimos en el Boletín número O de esta Cofradía), orígenes estrechamente relacionados con la llegada a Martos de los Padres Franciscanos (1573), que en su iglesia tuvieron la sede de la cofradía. En mi opinión, no se fundó la Cofradía hasta que no hubo una mínima infraestructura en el Monasterio, y eso tardó al menos 6 ó 7 años, debido, entre otros motivos, al hecho de que las obras del Convento no marcharon al ritmo que hubiera sido de desear, pues la ayudas económicas de los vecinos de Martos no llegaron con la intensidad y prontitud necesaria, a causa de que ya empezaban a notarse en la Villa los primeros síntomas negativos de la crisis económica de finales de siglo, por esto es muy probable que la Cofradía se fundara entre 1580 y 1582. Una vez fundada la Cofradía, y según nos dicen bastantes testimonios notariales de Escribanos marteños de fina1es~ del XVI, rápidamente caló en todos los estamentos sociales de la población marteña, que en un número apreciables se hicieron cofrades. Sin embargo, será en el primer tercio del siglo XVII cuando esta Cofradía alcance sus mejores momentos de todo el período de la Edad Moderna (1492 - 1789), pues en estos años, gracias a la cuotas de los hermanos, a las donaciones de cofrades adinerados y de personas devotas de esta advocación y a las rentas producidas por censos suyos dados a préstamo, la cofradía adquirió varias hazuelas de tierra y varias casas, así como un pequeño patrimonio de enseres cofradieros en el que figuraba unas andas doradas de madera, un hermoso guión de tafetán, varias varas para los cargos directivos, varios mantos para la Virgen, varios codales para la cera, etc. De esta brillante época de la cofradía de Nuestra Señora de la Soledad de Martos vamos a reseñar algunas de las donaciones hechas por sus cofrades. Así, en el testamento de Bartolomé Bueno otorgado el día 12 de Diciembre del año 1609 ante el Escribano público de la Villa de Martos, Felipe de la Cruz (que tenía su despacho en la actual calle Felipe y cuyo nombre se debe al hecho de vivir en ella este escribano de nombre Felipe) podemos leer esta declaración:
«Declaro que soy cofrade de la Soledad de Nuestra Señora que se sirve en el Convento del Señor San Francisco... mando que los cofrades de la dicha Cofradía acompañen mi cuerpo con su cera a sepultar en la iglesia de Santa Marta y se les dé de limosna medio real».

Fotografía de la imagen anterior a la actual de nuestra Señora de la Soledad. Desconocemos al autor de la fotografía.
El 8 de Agosto de 1611 testaba el vecino de Martos Alonso de Anguita Santiago ante el Escribano Juan de Espejo y entre otras declaraciones insertas en el mismo incluía la siguiente:
«Iten declaro que soy cofrade de la Soledad de Nuestra Señora que se sirve en el Convento del Señor San Francisco... mando que me entierren con su cera y se le dé de limosna una vela de cera blanca de a cuatro onzas».
El 24 de Agosto del mismo año y ante el mismo Escribano público hacía sus testamento Dª. Beatriz de Valenzuela, segunda mujer de D. Luis de Salazar, Alguacil Mayor que fue de la Villa de Martos de 1535 a 1589, y entre las numerosas mandas que incluía está la que dice:
«Iten mando que un monjil y ropa que yo tengo nueva de anascote batanado y un manto de burato nuevo mío se le dé de limosna a la Cofradía de la Soledad de Nuestra Señora de esta Villa».
Por estos testimonios y algunos otros más que podríamos añadir de similar contenido (por lo que obviamos) podemos comprobar cómo en esta parte del siglo XVII había en Martos muchas personas pertenecientes a la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad, a cuyo mantenimiento contribuían pagando sus correspondientes cuotas y con donaciones económicas de mayor o menor cuantía según sus propias disponibilidades.
Así mismo se puede constatar en los textos anteriores la existencia de una práctica cofradiera muy extendida en aquella época, cual era la presencia de todos los miembros de la Cofradía en todos los actos oficios y ceremonias de dar sepultura a los cofrades fallecidos, acudiendo con la cera propia de la Cofradía.
A partir del primer tercio del siglo XVII la cofradía de Nuestra Señora de la Soledad de Martos acusaría, como casi todas las demás Cofradías de la Villa, los negativos efectos producidos por la epidemias de peste, la elevada inflación, la adversidad climatológica, con años de fuertes sequías seguidos por otros de grandes inundaciones que darían lugar a frecuentes malas cosechas, la baja de la natalidad por un descenso en el número de matrimonios, el aumento de la mortalidad, a causa de las continuadas guerras de los ejércitos españoles formados por reclutas de todas las ciudades y villas nacionales, etc. A consecuencia de estos factores negativos los vecinos de Martos, como los demás afectados de España, acudieron en protección de ayuda a Dios, la Virgen y los Santos, aumentándose, si cabe, aún más la religiosidad, pero, al resentirse seriamente la economía de toda la población, hubo una restricción en los gastos de todo tipo, incluso en los religiosos, en especial, se dejó notar en el capítulo de las donaciones, que, prácticamente, quedaron reducidas a ciertas familias ricas o de economía desahogada, que en el conjunto de la Villa apenas superaban el 15%. De ahí que, sin las frecuentes donaciones y con problemas para cobrar lo que le proporcionaban las rentas de las casas que tenía y los réditos del dinero dado a préstamos, la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad vio disminuir paulatinamente la buena situación que tuvo en los treinta primeros años del siglo XVII, de manera que no pueda extrañar nada que cuando el Marqués de la Ensenada a mitad del siglo XVIII mandara la elaboración de su célebre Catastro, no apareciera en él la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad de Martos, porque no poseía bienes de ningún tipo, ni rústicos ni urbanos, cuando, como ya hemos visto en lineas anteriores, sí los tuvo en el primer tercio del siglo XVII. Es pues, un testimonio preciso y claro que la situación de esta Cofradía se había ido deteriorando desde 1630 en adelante, un deterioro lento pero continuo, del que ya no se sobrepondría, según las pruebas documentales que tenemos, hasta bien entrado el siglo XIX, y cuyo estudio analizaremos en otra ocasión.
D. Manuel López Molina
Doctor en Historia Moderna
Artículo publicado en el Boletín "Soledad" nº 2, año 1.995
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